domingo, 29 de enero de 2012

Cap 25.-



Todo salió como estaba planeado, el Jaguar arrancó rápido sin que nadie se diera cuenta del engaño. Cuando Justin torció a la derecha en la carretera, las ruedas chirriaron.

—¿Tienes que conducir tan rápido? —se quejó Miley.

—Sí —soltó él, pero disminuyó la velocidad. 
Miley respiró con más facilidad,

sabía que Nick   debía de estar muy triste. Lo que le acababa de ocurrir tenía que ser horrible. Si estaba o no enamorado de Delta no era lo importante. Le importaba y se iba a casar con ella. Esa misma noche se iba a ir de luna de miel con una chica guapa que decía que lo quería y que iba a ser la madre de sus hijos.

En cambio, estaba conduciendo de noche, con una mujer a su lado que, aparte de la atracción sexual, ya no le gustaba.

No iban a ningún sitio.

—¿Dónde me llevas?

—¿Qué más da?

—A mí me importa.

—¿Por qué? ¿Por tu maldito Joe? No lo quieres.

—Nunca dije que sí.

—¿Entonces por qué sigues acostándote con él?

—Ya no.

Nick  se volvió para mirarla.

—Mira a la carretera.

Nick  se quedó ensimismado durante unos segundos.

—¿Cuándo has roto con él?

—Hace un tiempo.

—¿Cuándo?

—No me acuerdo exactamente.

Él le echó una mirada despreciativa.

—No te importamos nada, verdad? Para ti sólo somos cuerpos masculinos,

para utilizar y tirar a tu antojo.

—Eso no es cierto. Por lo menos no contigo.

—Ah, bien. Eso me hace sentir mucho mejor.
Miley suspiró.

— Nick, se que hoy lo has pasado muy mal. Lo siento mucho. Si hay algo que pueda hacer para que te sientas mejor, lo haré.

—Sí que lo hay. Créeme. Vamos de camino para que puedas hacerlo.

—¿Perdón?

—No te hagas la inocente conmigo. Sabes exactamente adónde te llevo y qué vamos a hacer cuando lleguemos.

—No, no lo sé.

—En ese caso, déjame que te lo diga. Nos dirigimos hacia la suite que he reservado para mi luna de miel. Está ahí, esperando a que llegue con mi novia, tiene vistas al puerto, champán, sauna y sábanas de seda. Dijiste que querías hacer algo

para que me sintiera mejor. Conviértete en mi novia por esta noche.

A
Miley comenzó a latirle el corazón con fuerza.

—No, retiro lo dicho, no quiero una novia. Quiero una mujer que sepa exactamente lo que hace. Abreviando,
Miley, te quiero a ti.

—No quieres decir eso —dijo ella impresionada por cómo había reaccionado ella.

Una excitación oscura comenzó a recorrerle las venas, atormentándola, tentándola.

—Si tú no quieres complacerme, cariño, encontraré a alguien que lo haga. No tendré problema. Iré a algunos de los bares de mala fama de la ciudad y encontraré a alguien cualificado. Quizá hasta sea guapa. No es que me importe mucho después de que me haya bebido unas cuantas copas. No bebí mucho en la cena porque sabía que tenía que conducir, y quería estar en buenas condiciones para mi novia. Pero el juego ha cambiado, ¿no? Una vez deje este carruaje en manos del guarda del hotel,

va a correr el alcohol que haga falta.

—¡Nick! No puedes ir a emborracharte y a buscar a una mujer cualquiera. Nunca se sabe que enfermedades puede tener.

—¿Entonces, te ofreces voluntaria?
Miley no sabía qué hacer. Quería irse con él. No podía negarlo. Se estaba excitando sólo de pensar en estar con él.

También sabía que no tenía futuro.

—Parece que tienes problemas en decidirte. ¿Cuál es el dilema? ¿Te preocupa contagiarte de algo?

—No…

—No puede que te preocupe quedarte embarazada. Una mujer independiente como tú tiene que tener esa base bien cubierta.

—Sí, tomo la píldora. Pero normalmente no se lo digo a mis amigos. Siempre insisto en que utilicen protección.

—Caray, sí que eres precavida. Lo siento, pero no llevo condones. Esta noche no tenía previsto tomar medidas. Podemos parar en una farmacia, si quieres.

—Todavía no he aceptado ir contigo.

—Decídete. Cuanto más cerca estemos de la ciudad más difícil será parar.
Miley trató de parecer tranquila y de no dejar translucir sus pensamientos.

—La cosa es, Nick , que yo no me acuesto con hombres que piensan que soy una pelandusca. O que me tratan como una. ¡Porque no lo soy! No sólo soy perspicaz con mis compañeros sexuales, exijo que me respeten.

—Yo te respeto.

—No, no me respetas. Por alguna razón me desprecias. En serio, no sé por qué. Si es porque me he acostado con hombres por otras razones que por amor, entonces deberías despreciarte a ti también. Sé por tu madre que no te habías enamorado desde que rompimos, hasta que apareció Delta, y dudo que hayas mantenido el celibato todos estos años.

Él la miró sorprendido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario