domingo, 29 de enero de 2012
Cap 22.-
Bill no necesitaba ayuda, así que Miley volvió abajo para comprobar que todo estaba preparado para la ceremonia y para el banquete. El sol empezaba a ponerse y la luz con que alumbraba el jardín y la piscina era dorada.
Todo estaba preparado. Miley echó un último vistazo a la carpa. Estaba decorada con mucha elegancia, con drapeados en el techo y las mesas muy bien puestas. No habían escatimado en gastos.
Miley estaba satisfecha de haber conseguido que la boda fuera realmente memorable, aunque el pánico se apoderó de ella cuando se dio cuenta de que el novio no había llegado. Lo llamó al móvil y se tranquilizó al averiguar que estaba de camino, a la vuelta de la esquina.
Denise apareció de nuevo. Estaba muy guapa, pero parecía un poco estresada. Las bodas causaban ese efecto en las madres. Y también en las organizadoras. Miley le dijo que estaba preciosa y le colocó una orquídea de color malva en la chaqueta, después le sirvió otro brandy.
—Tómate tú uno, Miley —insistió ella.
Miley no dijo que no.
Hacia las seis y cuarto llegaron los primeros invitados. Denise y Miley hicieron de anfitrionas acompañando a la gente hasta el salón, donde servían bebidas y una orquesta tocaba música tranquila. Más tarde, los músicos saldrían a tocar a la terraza.
—¿A que todo el mundo está guapísimo de blanco y negro? —le dijo Denise a Miley en la puerta cuando el reloj dio las seis y media.
Miley no estaba escuchando ni a Denise ni al reloj. Se había quedado sorda al centrar su atención en el coche que acababa de detenerse frente a la puerta de entrada.
Un Jaguar negro.
—Tengo que comprobar las luces de la piscina, Denise —dijo apresurada y se marchó.
Miley agonizaba mientras escapaba a través de la casa, se le estaban descolocando las emociones y estaba a punto de perder el control. «Pensé que podría hacer esto, pero no puedo. ¡No puedo!»
Se movía tan rápido como el vestido y los tacones se lo permitían y no se detuvo hasta que se chocó con una de las columnas de mármol. Se agarró a ella con fuerza para estabilizarse y también para aliviar la impotencia que sentía. Deseaba estrujar la columna con las manos, derribarla.
Tuvo que hacer un gran esfuerzo para soltarla. Se dio la vuelta despacio y se apoyó en ella, cerró los ojos y respiró hondo.
«Cálmate», se ordenó. «¿Qué vas a conseguir así? ¿Dónde crees que ibas? Tienes que pasar por esto. Beber de esta agua».
Al sentir un golpecito en el hombro, abrió los ojos.
—Nick —exclamó, luchando para recomponerse—. Me… me has asustado.
—Lo siento. Me pareció raro que estuvieras ahí apoyada, con los ojos cerrados. Pensé que quizá no te encontrabas bien. No porque tengas mala cara —añadió—. Es más, diría que estás para comerte.
Miley lo miró y el sonrió.
—¿En estos momentos el novio no debería decirle eso a ninguna mujer que no sea su novia? —bromeó
—Quizá no, pero no puedo evitar cómo me haces sentir, Miley. Parece que estás conectada con mis hormonas masculinas.
—Nick, yo… yo…
—Sí, lo sé, lo sientes y yo también lo siento. Los dos lo sentimos. Ah, ahí está el padrino, Steve, viene a rescatarme. No te preocupes, no le he dicho nada y no te reconocerá.
No la reconoció.
«También ha cambiado mucho», pensó Miley cuando vio que se acercaba. Estaba más guapo y parecía más seguro de sí mismo. Pero no superaba a Nick.
Él sonrió mientras la miraba de arriba a abajo.
—Así que esta es Miley, la que creí que nunca iba a conocer. Nick no me dijo que fueses una diosa.
— Miley tiene novio formal —dijo Justin —, así que ahórratelo.
—Las chicas como ella siempre lo tienen. Pero no lleva anillo, y en el amor y la guerra todo vale. ¿Qué vas a hacer después de la boda, encanto?
Hacía diez años, Miley se hubiese sentido adulada por la expresión de celos que puso Nick. Ese día, sólo se sintió triste.
—Lo siento, Steve, pero Nick tiene razón. En este momento hay otro hombre en mi vida, y con él tengo suficiente. Ahora tengo que marcharme. Vosotros quedaos aquí y yo voy a ver si siento a los invitados. Estoy segura de que Delta llegara un poquito tarde, pero por favor,Nick, no te vayas.
—No me voy a ningún sitio, Miley. Estoy aquí para casarme.
—Y yo estoy aquí para asegurarme de que lo haces —se fue sin mirar atrás, ni siquiera cuando Steve le silbó.
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