—¿Estas bien?
Ella miró sus bonitos ojos miel y agradeció que se hubiera quitado las gafas de sol. Durante un instante se sumió en la cara de preocupación de Nick y en el tono amable de su pregunta.
Enseguida volvió a la realidad.
— ¿Me he desmayado? —dijo incrédula.
— ¿Increíble, verdad? Eres humana después de todo —dijo él.
La ironía de Nick hizo que Miley se recuperara más rápido, tanto física como emocionalmente.
«¡Qué tontería disgustarse de esa manera y desmayarse! No tiene sentido».
Enfadada consigo misma, se incorporó y se sentó. Nick tuvo que quitarse de su camino.
— ¿Dónde crees que vas? Debes quedarte tumbada durante un rato. Mi madre está llamando al médico.
— ¡Estoy bien! —protestó Miley, y para demostrarlo se puso en pie.
No estaba del todo bien y se tambaleó. Nick la agarró por los hombros y la obligó a sentarse de nuevo.
— ¡Por favor,Miley, haz lo que te digo y siéntate! Te has desmayado delante nuestro. No pretenderás que lo ignoremos. Tenemos que comprobar por qué.
— Te digo que estoy perfectamente bien. Sólo me he desmayado.
— Me acabas de decir que nunca te habías desmayado.
— ¡Bueno, tampoco… tampoco salgo nunca sin desayunar!
— Hmm, pues por tu aspecto, parece que no desayunas a menudo.
— ¿Insinúas que estoy muy delgada?
— No voy a discutir sobre lo que debe pesar una mujer. Sólo digo que podías pesar un poquito más.
— ¿Ah, sí? ¡Supongo que te gustaba más cuando estaba gorda!
— Nunca has estado gorda. Rellenita, quizás, pero no gorda.
— Debes de ser el único de toda tu familia que pensaba eso.
Él iba a decir algo pero cuando vio que su madre entraba en la habitación con cara de preocupación y llevando un vaso de agua, se calló otra vez.
— El médico no está en casa —dijo Denise. Le tendió el agua a Miley y se sentó junto a ella—. Todavía estás pálida. ¿Quieres que Nick te lleve a una clínica de urgencias?
— Claro que no. Estoy perfectamente bien. Le estaba contando a Nick que no he desayunado. Me encontraré bien en cuanto coma algo.
— Oh, querida, tenías que haberlo dicho. Te habría traído algo de comer con el café en lugar de esperar a la hora de comer. Voy a prepararte un sándwich. Siéntate ahí y no te muevas.
Se marchó y una vez más dejó a Miley impresionada por su dedicación. ¡Iba a necesitar algún tiempo para acostumbrarse a esa nueva Denise, cariñosa y amable!
— No te quedes así. Sólo pretende ser amable —dijo Nick.
— Lo sé, lo sé. Sólo que…
— ¿No creías que fuera capaz de ser tan dulce?
Miley asintió y Nick suspiró.
— Tengo que admitir que era egoísta. Y un poco esnob. Siempre la mimaron mucho, primero su padre y después el mío. Él la adoraba. Era esclavo de sus deseos. Pero ha cambiado un poco desde que la viste la última vez. Ha sufrido mucho durante los últimos años. ¿Sabes que papá murió, supongo? Salió en todos los periódicos.
— Sí —asintió ella.
— No ocurrió exactamente como lo contó la prensa. No murió en paz. Su lucha contra el cáncer fue muy larga y dolorosa.
A Miley le dio un vuelco el corazón. El padre de Nick era un hombre decente. No se merecía una muerte lenta. Él nunca la juzgó como había hecho Denise, ni hizo que se sintiera despreciable. Por eso Nick decía madre cuando hablaba de ella y papá cuando se refería a él.
Durante unos momentos Nick estuvo sumido en los recuerdos de su padre. Después se aclaró la garganta y dijo:
— Creo que la muerte de un ser querido hace que uno cambie. No es que mi madre haya cambiado por completo. Sigue siendo muy estricta con las buenas maneras y con las apariencias, estoy seguro de que te has dado cuenta.
— Imagino que Delta pasa todas las pruebas —dijo Miley .
— ¡Cielos! ¡Delta! Me había olvidado de ella. Será mejor que la llame para decirle que llegaré tarde.
— Mejor, ¿por qué no te vas, Nick? No hay nada más que puedas hacer aquí.
Él dudó.
Miley no sabía por qué. Estaba segura de que él querría librarse de su compañía cuanto antes.
— Si sigues preocupado por mi desmayo, olvídalo. Ni yo, ni mi salud son responsabilidad tuya. Por lo menos hasta que no me contrates.
Él arqueó las cejas y Miley se dio cuenta del alcance de lo que había dicho. Lo miró a los ojos y aunque su corazón latía cada vez más rápido, su expresión se mantenía con entereza. No iba a permitir que Nick la desconcertara con su sarcasmo.
— Si insistes —dijo él—. Le diré a Delta que te llame esta tarde, antes de las ocho y media. Y yo me paso mañana por tu oficina, ¿al mediodía?
— ¿Es necesario? Yo confío en ti acerca de los honorarios si tú confías en mí respecto al contrato. Podemos hablar de esos temas otro día.
— ¿Hay alguna razón por la que no quieras que pase por tu oficina?
Miley se quejó en silencio del tono cínico de Nick y de su mirada de sospecha. Él no la creía acerca de Owen. Seguro que pensaba que estaba liada con su socio de Five-Star Weddings y que pasaban cada minuto haciendo el amor sobre el escritorio de Owen.
— No se me ocurre ninguna. Sólo intentaba facilitarte las cosas. Debes de ser un hombre muy ocupado, y más con todos esos casos que has llevado últimamente.
— No estoy tan ocupado como para no poder asegurarme de que mi boda va a ser un éxito. Me gustaría ver alguna de esas cartas de recomendación de las que me hablaste y ese álbum de fotos. Después, si todo es como tú dices, te invitaré a comer y podrás comentarme algunas ideas.
En su interior, Miley estaba furiosa, pero por fuera mantenía la calma.
— Muchas gracias, pero esa no es mi manera de hacer negocios.
— ¿Se enfadará Owen si te invito a comer?
— No, pero puede que Delta sí.
Él se rió y dijo:
— Lo dudo. No tenemos ese tipo de relación.
— ¿Qué tipo?
— Posesiva, de celos.
— ¿Ah, no? ¿Y cómo es?
— De esas que durará. Está basada en metas compartidas y cosas en común, en lugar de en una pasión pasajera.
— Parece muy aburrida.
— Para nada. Delta y yo disfrutamos de estar juntos, pero no sentimos la necesidad de quitarle la ropa al otro cada vez que nos vemos.
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