domingo, 29 de enero de 2012
capitulo 20
Como él no dijo nada, ella levantó la vista. Deseó no haberlo hecho. Nick estaba muy cerca. Demasiado cerca.
La miró de forma intensa y cautivadora, dejando traslucir que él también sentía algo por ella.
—¿Por qué me dejaste? —preguntó enfadado—. ¿Por qué, maldita seas?
Al escuchar su voz angustiada, a Miley se le encogió el corazón y le acarició la mejilla con la mano temblorosa.
—Oh, Nick —fue todo lo que pudo decir.
Él no la advirtió de que tenía intención de besarla. De repente, la agarró por los hombros, la atrajo hacia sí e hizo que sus bocas se encontraran.
Miley se quedó sin respiración, con la boca entreabierta; necesitaba que le entrara aire.
¿Pensaría Nick que separó los labios para invitarlo a que introdujera la lengua en su boca?
Debió de ser así, porque fue lo que hizo después de apoyar a Miley contra el espejo y de sujetarle la cara con las manos.
Nick siempre había besado como si estuviese hambriento, pero… esa vez era algo más.
Al principio Miley se quedó paralizada. En seguida, comenzó a invadirla una ola peligrosa de excitación. Se besaron, él la abrazó con fuerza y se restregó contra ella. Miley gimió y se retorció.
Cuando él se retiró, ella lo miró, tenía la cara sonrojada y le brillaban los ojos. Lo acarició por encima de los pantalones y provocó que Nick se excitara aún más.
—Cielos —susurró él.
Alguien llamó a la puerta del probador y los dos se quedaron paralizados.
—¡Nick! ¿Estás ahí?
Nick entornó los ojos. Miley no podía creerse lo rápido que se podía pasar de la locura a la mortificación. Pasó de sentir un fuerte deseo sexual a querer morirse.
Retiró la mano de los pantalones de Nick . Tenía la cara cada vez más colorada.
Él volvió rápido a la realidad, casi como disgustado. Abrió los ojos y le echó una mirada fría y acusadora.
—Sí, Steve. Estoy aquí. Espera un momento. Miley está intentado colocarme la pajarita.
—¿Quién demonios es Miley?
—La organizadora de bodas que Delta y mi madre contrataron.
—Ah, ya. Mira, estoy en el probador de enfrente. Me voy a probar el traje que has elegido.
—Vale.
Durante todo el rato que estuvo hablando, Nick no dejó de mirar a Miley con frialdad. En cuanto Steve se marchó, le dijo:
—¿Qué diablos te crees que hacías, tocándome así? —preguntó.
Miley se asustó por la injusticia del ataque.
—No pude evitarlo —contestó confundida antes de recuperarse—. Además, tú me besaste primero ¿recuerdas?
—Después de que acariciaras mi mejilla y me miraras con sentimentalismo. ¿Y qué quieres decir con que no pudiste evitarlo? ¿Qué excusa es esa? ¿Qué eres? ¿Una ninfómana que no puede mantener las manos lejos de un hombre?
—¡No seas ridículo! No soy nada de eso. Normalmente, por lo menos.
—Ah, ¿sólo es conmigo? Sería gracioso si no fuera tan lamentable. ¿Por qué no lo admites, Miley? Eres una maníaca sexual. Siempre lo has sido y lo sigues siendo.
—El sexo no tiene nada que ver con por qué te acaricié al principio.
Él se rió.
—Créeme, cariño, el sexo tiene mucho que ver con cómo me has tocado al final.
—Eso ha sido después de que las cosas se nos fueran de las manos. ¿Y quién eres tú para llamarme maníaca sexual? Me besaste primero. Y no me diste un beso cariñoso. ¿Quién eres tú, Nick? ¿Un maníaco sexual que no puede mantener las manos lejos de una mujer?
—Sólo contigo Miley—confesó—, sólo contigo. Viejos recuerdos, supongo —continuó antes de que ella pudiera disfrutar de la confesión—. Pero son recuerdos poderosos. Y perversos. Si Steve no hubiera llamado, te hubiera dejado continuar. Lo admito. Hubiera engrosado tu lista de víctimas masculinas por segunda vez —dijo entre risas—. Ahora me doy cuenta de por qué he tenido tantos problemas para olvidarte, Miley. Pero, te advierto, cariño. Mantente alejada de mí. Tuviste tu oportunidad hace diez años y la desaprovechaste. Quiero a Delta y me voy a casar con ella.
—Sí, ¿pero ella te quiere? —preguntó Miley.
Nick la miró incrédulo, después se contuvo.
—Sal de aquí ahora mismo. Y no quiero volver a verte hasta el día de mi boda, y allí sólo si es estrictamente necesario. ¿Te queda claro?
Miley vio su expresión decidida y supo que había perdido la oportunidad. Decir algo más hubiese sido peor.
¡Pero no podía marcharse sin decir nada!
—Sé que tú no te lo crees, Nick —intentó explicarle—, pero a mí me importas. Todo lo que he dicho, lo he hecho con mis mejores intenciones. Siempre he querido lo mejor para ti.
—Tienes una manera graciosa de demostrarlo. Ahora vete, por favor.
—¿Y qué pasa con los trajes de boda? Owen me preguntará, eso es todo.
—Dile a Owen que el novio se encargará de todo. Y que te quita toda responsabilidad.
Miley se estremeció ante su frialdad.
—Lo siento de verdad, Nick.
—Vete, por favor.
Ella lo miró una vez más y se marchó.
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