capitulo 19
—¿No habías quedado con Nick y con el padrino hoy por la mañana en el centro? —dijo Owen cuando Miley entró a las ocho y media en la oficina el martes siguiente.
—A las once —contestó ella con un tono alegre que disimulaba el nudo que tenía en el estómago—. Tomaré el tren de las diez y llegaré de sobra.
Owen se fijó en el traje verde de lino que llevaba Miley.
—¿Es nuevo, verdad?
—Sí —se lo había comprado para las bodas de primavera. Ese día pensaba vestir de gris o marrón, pero por la mañana el orgullo femenino tuvo la última palabra—, ¿te gusta?
—Pareces una ráfaga de aire fresco.
—¿Y eso es malo?
—Sólo si vas a ver a tu ex.
—Déjame tranquila, ¿vale, Owen?
—Lo haré… después de que regreses sana y salva y con la boda en marcha. Por lo menos después de hoy no tendrás que ver a Nick hasta la semana de la boda.
El comentario de Owen le recordó a Miley que ese día era la última oportunidad que tenía de hacer algo con respecto a Delta.
—¿Eso te preocupa, verdad? —dijo Owen. Era verdad, pero Miley trató de parecer despreocupada.
—No, ¿por qué?
—Comprobando. Mi detector de problemas sigue pitando. Lleva haciéndolo desde que aceptamos este trabajo.
—Un trabajo que tú insististe que aceptáramos —señaló Miley.
—Sí, sí, no me lo restriegues. ¿Cómo van las cosas?
—Sobre ruedas. Nunca he tenido menos problemas. Hacen lo que digo. Nunca había visto una boda como esta. Además, si todo sale como está planeado, será algo que hay que ver.
—¿Qué quieres decir con… si?
Miley no se creía que pudiera detener esa boda. Lo único que podía hacer era asegurarse de que Nick sabía con quién se iba a casar.
—Ya sabes, siempre hay cosas que no se pueden controlar. Actos de fuerza mayor.
—No me preocupan los actos de fuerza mayor —le dijo Owen—, sino los actos del demonio.
Miley se rió. ¿De verdad que Owen pensaba que ella iba a seducir al novio? Aunque quisiera, y sí, quería, Nick no entraba en el juego de la seducción.
Había dejado muy claro lo que pensaba de ella. ¡Muy, muy claro!
Por eso ella no se sentía culpable de llevar el modelito verde. Podía quedarse desnuda delante de él y dudaba que a Nick se le moviera un pelo.
Bueno… quizá un pelo pequeño…
A las once estaba delante del hombre en cuestión, y a decir verdad, él la miraba con frialdad. También tenía un aspecto estupendo con un traje gris oscuro y la camisa azul claro que llevaba.
A Steve no se le veía por ningún sitio.
—Steve siempre llega tarde —dijo Nick mirando el reloj.
—¿Lo esperamos? —preguntó Miley. Estaban en la entrada de Formal Wear for Men, la tienda que estaba situada en King Street.
—No, mejor no. No tengo mucho tiempo. Tengo una reunión con un cliente después de comer. Podemos dejarle un mensaje en recepción.
Lo hicieron y después entraron en la tienda acompañados por un dependiente que fue enseñándole a Nick los trajes de novio más modernos que habían recibido en los últimos días. Nick lo detuvo nada más empezar.
—Mi prometida quiere que vaya con un esmoquin negro, una camisa blanca y una pajarita negra. Lo tiene muy claro, así que enséñeme qué tiene de ese estilo.
—Bueno, pues si usted y su prometida quieren acompañarme… —dijo sonriendo a Miley .
Nick le echó una mirada seria a Miley y ella le dijo al dependiente que no era la prometida. El vendedor se quedó sorprendido y pidió disculpas por la equivocación.
—Y yo que pensaba que hacían muy buena pareja —continuó entre risas.
— Miley trabaja para Five-Star Weddings —dijo Nick .
—Ah, sí. Ahora la reconozco.
Después de eso, Miley se quedó un poco apartada mientras el vendedor le mostraba a Nick diversos tipos de esmóquines, con diferentes estilos y formas.
Nick eligió uno muy elegante pero clásico, con solapas de raso negras y un solo botón en la cintura. Lo combinó con una camisa blanca que tenía los botones negros y dos pliegues verticales a cada lado. La pajarita también era negra, como Delta quería.
—Me voy a probar este —le dijo al dependiente—. Cuando llegue el padrino, quiero que se vista exactamente igual. Y no se te ocurra sugerirle uno de esos fracs espantosos, Miley. Ninguno de los dos nos los pondríamos ni muertos.
Justin entró en uno de los probadores y Miley se alegró al ver que tenía una buena puerta. Ya tenía bastante con esperarlo fuera pensando en cómo se iba desnudando. Lo que le faltaba era poder ver alguna parte de su cuerpo desnudo por debajo de esas puertas que sólo cubrían hasta la mitad.
Miley suspiró mientras esperaba. Nada estaba saliendo como ella esperaba. Steve no estaba allí y Nick se comportaba de manera fría y distante. Era imposible sacar el tema de su novia.
De repente, se abrió la puerta del probador y Justin salió.
—No consigo ponerme esta maldita pajarita. —murmuró buscando al empleado, quien por desgracia estaba atendiendo a otra persona—. Miley —dijo desesperado—, entra y pónmela.
Sin mucho entusiasmo, ella entró en el probador, que aunque era un poco más grande que los de otras tiendas, si se cerraba la puerta, el espacio seguía siendo reducido.
Y gracias a uno de esos muelles que se colocan detrás de la puerta, se cerró en cuanto la soltaron.
Miley intentó permanecer tranquila. Se volvió cara a Nick para hacer lo que había hecho cientos de veces antes. Cuando se organizan bodas, se aprende a hacer cosas tan complicadas como poner pajaritas o flores en las solapas. Normalmente, la gente que va a las bodas es bastante patosa, y Miley se encargaba de ayudarlos con una mente tranquila y una mano firme.
Pero estar tan cerca de Nick hizo que le ocurriera algo en la mente y en las manos. No funcionaban de la manera adecuada.
El primer intento fue fallido y Miley se rió con nerviosismo.
—Lo siento —dijo y tiró de los extremos—, lo intentaré de nuevo.
No se atrevió a mirarlo a los ojos. Miró al frente e intentó de nuevo colocarle la pajarita.
Una vez más la dejó torcida.
—Creo… mmm… creo que se lo vamos a tener que pedir a otro —dijo desalentada.
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