—Si crees que voy a irme contigo a tu casa, ¡te equivocas!
Nick se quedó sorprendido con su reacción.
—¿Cómo sabes que vivo en Balmoral?
agradeció poder pensar con rapidez.
—Me lo dijo tu madre.
—¿Sí?
—Sí. ¿Por qué? —lo retó.
—Sólo me preguntaba cómo lo sabías. No tienes por qué tener miedo. No te voy a llevar a mi casa. He reservado en el restaurante Watermark para comer. Está justo en Balmoral Beach.—¿Sí?
—Sí. ¿Por qué? —lo retó.
Miley no podía creerse lo irónica que era la situación.
Ese restaurante era el mismo al que pensaba llevarla Joe después del trabajo. Había insistido en que era muy especial, exclusivo y caro. Quería impresionarla.
—Sí, lo conozco —dijo ella.
Nick sonrió y dijo:
—Lo suponía.
—¿Qué quieres decir?
—Que una chica con tanto éxito como tú seguro que ha estado allí alguna vez.
—¿Quién dice que tenga éxito?
Él la miró de arriba a abajo, deteniendo la vista sobre sus pechos.
—Vamos Miley, aunque prefiera la versión antigua, no estoy ciego y puedo ver tu atractivo actual. Imagino que siempre tendrás una cita para cenar con alguien, o un ligue dispuesto a colmar tus necesidades insaciables. Puede que ahora se llame Joe, pero es posible que el año pasado se llamase Roger. El próximo año puede que se llame Tom, ******* o Harry. No te importa cómo se llamen, ¿no? Siempre y cuando no estén demasiado tiempo a tu alrededor.
Miley se quedó paralizada ante ese ataque verbal. Valía con que pensara que era una pieza ligera, incapaz de profundizar en los sentimientos o en el amor. Reconocía que la mala opinión que él tenía acerca de su fidelidad era el resultado de las mentiras de hacía diez años y de su desencuentro con su segundo matrimonio.
¡Pero eso no era razón para que la llamara pelandusca!
Ella quería defenderse, pero se detuvo a tiempo. ¿Para qué quería hacerle cambiar de opinión? El hecho de que él se equivocara al opinar acerca de su forma de vida actual le daba cierta seguridad.
—¿Y qué? ¿A ti qué más te da?
—Nada. Pero me da pena por Joe.
—¿Ah, sí? Dudo que necesite que le tengas lástima, pero esta noche le comunicaré tus sentimientos. Vendrá a recogerme después del trabajo. Por eso me he vestido tan elegante.
—Nunca pensé que fuera en beneficio mío.
—Que inteligente. ¿Nos vamos? ¿No querrás que te pongan una multa, no?
De repente pasó un niño gritando cerca del coche. Miley volvió a la realidad y se dio cuenta de lo que estaba pasando en su cuerpo y en su mente.
Tenía que actuar. Sonrió con falsedad y buscó la manija para abrir la puerta.
—¡Menos mal que ya está todo aclarado! Vamos a comer y a solucionar cosas más importantes. ¡Tu boda! —salió del coche en un segundo, se estiró la falda y respiró hondo.
Nick tardó un poco más en bajarse. Parecía malhumorado.
—Pensé que íbamos a dejar los detalles de la boda en manos de mi madre.
—La mayoría. Pero me gustaría saber qué quieres tú.
—Lo que quiero, Miley, es comer contigo sin hablar de la boda para nada. ¿Crees que podremos dejarlo para más tarde, cuando volvamos a tu oficina?
Ella se quedó perpleja al escuchar su pregunta. Y preocupada. La boda era un tema tan seguro. Se encogió de hombros y continuó con la indiferencia que había decidido mostrarle:
—Si eso es lo que quieres.
—Es lo que quiero —dijo él muy serio. La agarró por el hombro y la acompañó hasta el restaurante—. Además —dijo parándose en la puerta—, todavía no he resuelto todo lo que pasó hace años, todavía tengo una pregunta que hacerte.
Miley intentó no parecer preocupada.
—Bien, pregunta.
—Ahora no, puede esperar —abrió la puerta y la dejó pasar primero.
Miley sonrió como pudo y entró.
Balmoral quedaba a sólo diez minutos en coche de la oficina de Miley quizá a quince si Pacific Highway estaba en obras, cosa que siempre ocurría cuando ella tenía prisa. Había aprendido a salir un poco antes de tiempo, sobre todo los días que tenía boda.
El estar dentro de un coche que olía a cuero nuevo mezclado con el aftershave de Nick no le sentó bien ni a la mente ni al cuerpo de Miley.
Los diez minutos le parecieron una eternidad, a pesar de retomar la conversación entablada en la oficina como si no tuviera ninguna preocupación en la vida. Cosa nada fácil, ya que por dentro se sentía tirante como la piel de un tambor.
Nick no disimuló su mal humor. Sentado al volante y mirando al frente, sólo contribuyó a la conversación con monosílabos. Cuando torcieron en Military Road y ya estaban muy cerca de Balmoral, se relajó un poco y dejó de agarrar el volante de manera tensa. Su cara permanecía sin expresión.Miley no podía entender por qué Nick seguía tan enfadado con ella. Era demasiado fantasioso pensar que durante todos esos años ella siguiera siendo el amor de su vida y que aún estuviera loco por ella. Buscó una razón más lógica y sensata.
Se le ocurrió bastante rápido.
Orgullo masculino. Seriamente dañado en un momento concreto y aún dolido.
Sí, esa era la razón de su ironía. Nick siempre había sido orgulloso. ¿Cómo no iba a serlo con todo el talento que poseía? Seguro que a los veinte años ya había sido víctima de la persecución de un montón de mujeres, más de las que Miley se podía imaginar. ¡No había conseguido la fama de amante magnífico por correspondencia!Miley estaba segura de que ninguna de las novias de Nick había roto con él de forma voluntaria.
Hasta que apareció ella.
Era posible que a Nick no lo hubieran rechazado antes, y que simplemente no fuera capaz de asumirlo.Miley supuso que la mayoría de los hombres no eran capaces de hacerlo, y menos cuando se trataba de Destiny. ¡Por favor, hasta ella comprendía que Nick pensara que Destiny sería su amante cautiva el resto de su vida, pequeña *******!
«Destiny murió hace mucho tiempo», se reafirmó ella. Miley vivía en su lugar, y ella no era naїve, ni ingenua. No estaba dispuesta a aguantar que Nick le preguntara por qué habían roto. Ni se le ocurriría decirle la verdad.
El masoquismo no iba con ella.
El Jaguar torció por una calle y la playa apareció frente a los ojos de Miley . Ella había ido de compras a la calle principal de Balmoral, pero nunca había bajado hasta la playa.
La belleza del paisaje le cortó la respiración.
—Oh, qué bonito.
—Sí —admitió Nick mirándola desconcertado—, ¿creía que habías estado antes en Watermark?
—No, en realidad sólo había oído hablar de él.
Nick detuvo el coche en la explanada que había frente a la cala. Miley se imaginó lo bonito que sería vivir allí para poder pasear y sentarse en la arena cálida o a la sombra de uno de los grandes árboles que perfilaban el pavimento.
El agua era azul. No había olas grandes. Relajante. Refrescante.
En la bahía había un viejo pantalán, y en él unos cuantos barcos que se balanceaban amarrados a las boyas.Miley miró hacia las casas que estaban situadas en la colina y que daban al mar. Sintió envidia, no por las casas en concreto, sino por las vistas que tenían al mar. Estaban cerca de la ciudad, pero a la vez muy lejos, escondidas en ese oasis de paz y perfección.
—Sí, lo conozco —dijo ella.
Nick sonrió y dijo:
—Lo suponía.
—¿Qué quieres decir?
—Que una chica con tanto éxito como tú seguro que ha estado allí alguna vez.
—¿Quién dice que tenga éxito?
Él la miró de arriba a abajo, deteniendo la vista sobre sus pechos.
—Vamos Miley, aunque prefiera la versión antigua, no estoy ciego y puedo ver tu atractivo actual. Imagino que siempre tendrás una cita para cenar con alguien, o un ligue dispuesto a colmar tus necesidades insaciables. Puede que ahora se llame Joe, pero es posible que el año pasado se llamase Roger. El próximo año puede que se llame Tom, ******* o Harry. No te importa cómo se llamen, ¿no? Siempre y cuando no estén demasiado tiempo a tu alrededor.
Miley se quedó paralizada ante ese ataque verbal. Valía con que pensara que era una pieza ligera, incapaz de profundizar en los sentimientos o en el amor. Reconocía que la mala opinión que él tenía acerca de su fidelidad era el resultado de las mentiras de hacía diez años y de su desencuentro con su segundo matrimonio.
¡Pero eso no era razón para que la llamara pelandusca!
Ella quería defenderse, pero se detuvo a tiempo. ¿Para qué quería hacerle cambiar de opinión? El hecho de que él se equivocara al opinar acerca de su forma de vida actual le daba cierta seguridad.
—¿Y qué? ¿A ti qué más te da?
—Nada. Pero me da pena por Joe.
—¿Ah, sí? Dudo que necesite que le tengas lástima, pero esta noche le comunicaré tus sentimientos. Vendrá a recogerme después del trabajo. Por eso me he vestido tan elegante.
—Nunca pensé que fuera en beneficio mío.
—Que inteligente. ¿Nos vamos? ¿No querrás que te pongan una multa, no?
De repente pasó un niño gritando cerca del coche. Miley volvió a la realidad y se dio cuenta de lo que estaba pasando en su cuerpo y en su mente.
Tenía que actuar. Sonrió con falsedad y buscó la manija para abrir la puerta.
—¡Menos mal que ya está todo aclarado! Vamos a comer y a solucionar cosas más importantes. ¡Tu boda! —salió del coche en un segundo, se estiró la falda y respiró hondo.
Nick tardó un poco más en bajarse. Parecía malhumorado.
—Pensé que íbamos a dejar los detalles de la boda en manos de mi madre.
—La mayoría. Pero me gustaría saber qué quieres tú.
—Lo que quiero, Miley, es comer contigo sin hablar de la boda para nada. ¿Crees que podremos dejarlo para más tarde, cuando volvamos a tu oficina?
Ella se quedó perpleja al escuchar su pregunta. Y preocupada. La boda era un tema tan seguro. Se encogió de hombros y continuó con la indiferencia que había decidido mostrarle:
—Si eso es lo que quieres.
—Es lo que quiero —dijo él muy serio. La agarró por el hombro y la acompañó hasta el restaurante—. Además —dijo parándose en la puerta—, todavía no he resuelto todo lo que pasó hace años, todavía tengo una pregunta que hacerte.
Miley intentó no parecer preocupada.
—Bien, pregunta.
—Ahora no, puede esperar —abrió la puerta y la dejó pasar primero.
Miley sonrió como pudo y entró.
Balmoral quedaba a sólo diez minutos en coche de la oficina de Miley quizá a quince si Pacific Highway estaba en obras, cosa que siempre ocurría cuando ella tenía prisa. Había aprendido a salir un poco antes de tiempo, sobre todo los días que tenía boda.
El estar dentro de un coche que olía a cuero nuevo mezclado con el aftershave de Nick no le sentó bien ni a la mente ni al cuerpo de Miley.
Los diez minutos le parecieron una eternidad, a pesar de retomar la conversación entablada en la oficina como si no tuviera ninguna preocupación en la vida. Cosa nada fácil, ya que por dentro se sentía tirante como la piel de un tambor.
Nick no disimuló su mal humor. Sentado al volante y mirando al frente, sólo contribuyó a la conversación con monosílabos. Cuando torcieron en Military Road y ya estaban muy cerca de Balmoral, se relajó un poco y dejó de agarrar el volante de manera tensa. Su cara permanecía sin expresión.Miley no podía entender por qué Nick seguía tan enfadado con ella. Era demasiado fantasioso pensar que durante todos esos años ella siguiera siendo el amor de su vida y que aún estuviera loco por ella. Buscó una razón más lógica y sensata.
Se le ocurrió bastante rápido.
Orgullo masculino. Seriamente dañado en un momento concreto y aún dolido.
Sí, esa era la razón de su ironía. Nick siempre había sido orgulloso. ¿Cómo no iba a serlo con todo el talento que poseía? Seguro que a los veinte años ya había sido víctima de la persecución de un montón de mujeres, más de las que Miley se podía imaginar. ¡No había conseguido la fama de amante magnífico por correspondencia!Miley estaba segura de que ninguna de las novias de Nick había roto con él de forma voluntaria.
Hasta que apareció ella.
Era posible que a Nick no lo hubieran rechazado antes, y que simplemente no fuera capaz de asumirlo.Miley supuso que la mayoría de los hombres no eran capaces de hacerlo, y menos cuando se trataba de Destiny. ¡Por favor, hasta ella comprendía que Nick pensara que Destiny sería su amante cautiva el resto de su vida, pequeña *******!
«Destiny murió hace mucho tiempo», se reafirmó ella. Miley vivía en su lugar, y ella no era naїve, ni ingenua. No estaba dispuesta a aguantar que Nick le preguntara por qué habían roto. Ni se le ocurriría decirle la verdad.
El masoquismo no iba con ella.
El Jaguar torció por una calle y la playa apareció frente a los ojos de Miley . Ella había ido de compras a la calle principal de Balmoral, pero nunca había bajado hasta la playa.
La belleza del paisaje le cortó la respiración.
—Oh, qué bonito.
—Sí —admitió Nick mirándola desconcertado—, ¿creía que habías estado antes en Watermark?
—No, en realidad sólo había oído hablar de él.
Nick detuvo el coche en la explanada que había frente a la cala. Miley se imaginó lo bonito que sería vivir allí para poder pasear y sentarse en la arena cálida o a la sombra de uno de los grandes árboles que perfilaban el pavimento.
El agua era azul. No había olas grandes. Relajante. Refrescante.
En la bahía había un viejo pantalán, y en él unos cuantos barcos que se balanceaban amarrados a las boyas.Miley miró hacia las casas que estaban situadas en la colina y que daban al mar. Sintió envidia, no por las casas en concreto, sino por las vistas que tenían al mar. Estaban cerca de la ciudad, pero a la vez muy lejos, escondidas en ese oasis de paz y perfección.
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