—Tienes mucha suerte de vivir aquí —le dijo.
—En verano no está tan bien —dijo Nick quitando el contacto—. Hay mucha gente y muchos coches, todos buscando un pedazo de paraíso. Pero, sí. Estoy de acuerdo contigo. La primera vez que vi este sitio pensé en comprarme una casa con vistas al mar. Me costó bastante ahorrar para poder comprarme la casa que quería. El año pasado lo conseguí.
—Pensé que podías haberte comprado la casa que quisieras sin ningún problema, eres hijo único y además heredero.
—Sí, pero hay algo curioso acerca del dinero heredado, gastárselo no es tan placentero como hacerlo con el dinero que gana uno mismo.
—¿Por eso te hiciste abogado criminalista, en lugar de abogado de empresa? ¿Porque cobran más?
—No. Me hice abogado criminalista porque los asuntos de empresa no se ajustaban a mi espíritu competitivo. Yo nunca fui jugador de equipo, ni siquiera cuando iba a la escuela. Yo era un luchador solitario. Mis deportes favoritos eran el tenis, el judo, la esgrima… Nunca me gustó el cricket, ni el fútbol. Ni las tabernas —añadió con una sonrisa—. El tribunal es más de mi estilo. Una plaza de arena donde el hombre lucha contra el hombre. Me parece un reto apasionante.
La pasión que había en el tono de su voz hizo que el corazón de Miley latiera con fuerza. Eso era lo que diferenciaba a Nick del resto de los hombres que había conocido durante los últimos diez años. La intensidad de su pasión.
—Te encanta, ¿verdad?
—Supongo que sí —dijo él. Parecía sorprendido de haberlo descubierto—. ¿Pero por qué me lo preguntas así? ¿No te gusta tu trabajo?
Miley apartó la vista e intentó pensar en ello.
¿Le gustaba? Sentía cierta satisfacción después de haber organizado una boda que saliera bien. En realidad no le resultaba fácil trabajar con parejas enamoradas que el día de la boda estaban radiantes, y que luego se iban de luna de miel llenas de optimismo y felicidad. Era un recuerdo constante de lo que ella había perdido y de lo que nunca llegaría a tener.
—Me gusta ser mi propia jefa. Y cobro un buen sueldo.
—El dinero no lo es todo.
—Ya lo sé, Nick —se defendió—. No soy tan superficial como tú quieres creer. Y aunque lo fuera, me gustaría saber por qué te molesta tanto mi forma de vida actual.
Él arqueó las cejas y dijo:
—No debería molestarme, ¿verdad?
—No —dijo ella muy seria.
Nick pensó un poco en el comentario que había hecho y continuó:
—Tienes razón, tienes todo el derecho a vivir la vida que quieras. Yo no tengo por qué juzgarte. Si he sido un maleducado, perdona. Es que…
Una sombra de preocupación se reflejó en sus ojos y se calló.
—¿Sólo qué? —preguntó ella.
—Nada. Me doy cuenta de que en mi imaginación he idealizado nuestra relación. Quizá hasta idealicé a destiny. Puede que no fuera como yo creía. En aquel momento me costó creerla cuando me dijo que sólo se había casado conmigo por el bebé, y que una vez que lo había perdido no tenía sentido continuar con nuestro matrimonio. Fue más duro cuando me dijo que no estaba enamorada de mí, que era sólo una atracción sexual y que tarde o temprano desaparecería.
Miley lo miraba intentando averiguar hasta dónde iba a llegar, temía tener que repetirle todas esas mentiras otra vez.
Él se rió.
—No tienes que preocuparte tanto, Miley, ya me he quitado mis gafas de color rosa. Me alegro de que entonces no me mintieras. Nuestra relación sólo se basaba en el sexo. Si nos hubiéramos casado nos habríamos divorciado antes o después, como ocurrió con tu segundo matrimonio. Yo fui el romántico tonto. Tú la sensata. Por aquel entonces habría jurado que era al revés — Miley abrió los ojos y lo miró fijamente—. Mirando hacia atrás, la verdad era evidente. Me sorprende que no me haya dado cuenta hasta hoy. ¿Hicimos algo además de hacer el amor? Nunca salíamos. Sólo nos quitábamos la ropa mutuamente y lo hacíamos. Como tú has dicho, eso no es amor, sólo sexo.
Miley se sobresaltó al escuchar la negación de lo que ella siempre había considerado el amor magnífico. La seguridad con la que habló Nick hizo que a ella se le ocurrieran algunas preguntas.
¿Sólo era sexo, incluso por su parte? ¿Se le había roto el corazón por una ilusión que se hubiera desvanecido por sí sola si hubiese continuado? ¿Había hecho el último esfuerzo para nada?
Mientras buscaba las respuestas miró a Nick de arriba a abajo.
No encontró ninguna, sólo se sintió más confundida al ver que su cuerpo reaccionaba ante el cuerpo masculino que tenía delante.
La conversación acerca de cuántas veces habían hecho el amor no la ayudó mucho. Comenzó a recordar cuántas veces lo habían hecho en el asiento trasero del coche, cómo el volante y el cambio de marchas eran pequeños obstáculos que superar cuando intentaban llegar a la parte de atrás. En ese coche, habían inventado posturas y distintas actividades que el Kama Sutra no recogía.
Recordando, se le aceleró la respiración, se le secó la boca y comenzó a sentir que la cabeza le daba vueltas
En el restaurante todo el mundo lo conocía. Les dieron una de las mejores mesas; abajo, en una esquina privada con una vista maravillosa.
No era que el resto de las mesas no tuvieran vistas bonitas. El Watermark se llamaba así por algo. Aprovechando que estaba situado en primera línea de playa, tenía unas ventanas enormes. La decoración era discreta y no distraía la atención del paisaje exterior.
A Miley le gustó la vista. Lo hubiera dicho si no hubiese estado tan distraída. ¿Qué quería preguntarle Nick si ya aceptaba lo que Destiny le dijo hacía diez años? ¡No podía imaginarse qué era lo que todavía lo inquietaba!
Además, todavía estaba dándole vueltas a las preguntas que se le habían ocurrido antes.
¿Lo había amado, o no?
No tenía dudas acerca de que lo que había sentido fuera, mientras estaban en el coche, era algo puramente sexual. Era lógico, ella ya no lo amaba.
Eso no significaba que siempre hubiera sentido lo mismo. Se negaba a admitir que su relación pasada sólo estuviese basada en el sexo.
Ella lo había amado. Lo sabía. Nadie hacía el sacrificio que ella había hecho si no fuera por un amor verdadero.
Una vez satisfecha, levantó la vista del menú que había dejado el camarero y que ella miraba sin prestar atención.
Nick estudiaba en silencio la carta de vinos, estaba muy serio, y muy guapo. Ella lo observó durante unos instantes y miró de nuevo a su alrededor.
—Es el sitio perfecto para un restaurante. Imagino que vienes aquí a menudo ¿no, Nick?
Él levantó la vista de la carta y ella le sonrió, estaba decidida a actuar con naturalidad. Nick tenía la cabeza un poco ladeada y era evidente que estaba pensando.Miley se preguntaba en qué estaría pensando.
—Bastante a menudo. Es un sitio donde puedo cenar y tomarme unas cuantas copas de vino sin preocuparme de tener que conducir después. Puedo ir caminando a casa.
—Siempre te ha gustado el vino. ¿Sabes qué? Antes sí que hablábamos. Sobre todo al principio. ¿Recuerdas la primera noche que salimos juntos? ¿En aquel restaurante elegante de la ciudad? Pediste una botella de vino y a mí me escandalizó el precio. Estuvimos allí hasta que cerraron, hablando. Me contaste montones de cosas. ¿Te acuerdas?
—Claro que me acuerdo. Y muy bien. Intentaba impresionarte con el vino y la conversación.
—Entonces lo conseguiste.
—¿De verdad?
Al escuchar el tono cínico de Nick , Miley se encrespó.
—Sí, Nick, de verdad.
—Dudo que ahora sea tan fácil impresionarte. Así que, ¿qué quieres beber, Miley? —le preguntó cuando volvió el camarero—. Yo no puedo beber mucho, y menos si luego voy a conducir. Una copa o dos, quizá.
—Podemos compartir una botella.
—¿Blanco o tinto?
—Blanco. Chardonnay.
Él arqueó las cejas y le tendió la carta.
—Entonces, elige tú.Miley dudó un segundo antes de mirar la carta. Eligió un Tasmanian Chardonnay que no había probado nunca pero que esperaba fuera tan bueno como el precio garantizaba. Lo pidió con voz segura y le devolvió la carta al camarero. Después miró a Nick con tranquilidad.
Él la observaba con admiración.
—Veo que sabes qué vino te gusta —le dijo.
—Hay muchas cosas que ahora sé y que antes no sabía.
Nick se recostó en la silla y miró a Miley pensativo.
—Ya lo veo. Y tengo que admitir que tengo curiosidad. ¿Cómo pasaste de ser Dest a ser Miley? Es algo más que una transformación superficial. Haces todo de manera diferente. Tú forma de vestir y de maquillarte. Todo. No pudo ser fácil, ni barato.
—No lo fue.
—¿Y quién pagó la transformación? ¿La pensión de tu ex marido camionero? ¿O algún papaíto que conociste después del divorcio?Miley frunció el ceño. Sí que tenía un mal concepto de ella…
—Te diré que lo he pagado todo con el dinero que gané yo. La escuela de modelos. Las clases de locución. Las interminables clases nocturnas. Todo.
—¿Y qué hacías?
—La escuela superior. ¿Cuánto crees que dura?
—No quería decir eso, aunque estoy seguro de que no te llevó mucho tiempo. Siempre fuiste inteligente, aunque no te lo creyeras. Quería decir que ¿cómo ganaste el dinero para pagar todos los cursos? No debió ser fácil.
—Trabajé en una fábrica empaquetando carne entre semana, y de camarera los fines de semana. En un salón de bodas. Ahí aprendí mucho acerca del negocio. Owen también trabajaba allí. Él…Miley dejó de contar la historia porque el camarero regresó. Le enseñó la botella con la etiqueta a la vista, la dejó sobre la mesa para abrirla, y una vez abierta sirvió un poco de vino en una copa para que Miley lo catara.
Ella lo probó y dijo que estaba bueno. Después esperó con impaciencia a que el camarero rellenara las copas y dejara la botella en la hielera. Estaba deseando terminar de contarle a Nick cómo había conseguido todo lo que tenía. La gustaba la manera en que él la miraba mientras hablaba, con respeto y admiración, mucho mejor que la idea de que ella era una pelandusca que había conseguido todo a base de acostarse con hombres.
—¿Quiere pedir ya, señor Jonas? —dijo el camarero.
Cuando Nick le dijo que volviera un poco más tarde, Miley se alegró. Él se inclinó hacia delante, la miró intensamente a los ojos y dijo:
—Continúa. ¿Decías que Owen también trabajaba allí?
—Sí. Estaba encargado de colocar las mesas y las flores. Es muy creativo. También trabajaba durante la semana en una tienda que alquilaba ropa formal. Su madre era una modista profesional y le enseñó mucho sobre ropa, en especial de trajes de boda. Eran su especialidad. Solíamos tomamos un café juntos cuando terminaba un banquete y hablábamos de nuestros planes para el futuro. Yo le conté que quería conseguir un trabajo de relaciones públicas y él me dijo que iba a montar un negocio para organizar bodas. Como lo que los dos queríamos estaba relacionado, decidimos montar juntos el negocio. Encontré trabajo en una empresa que se dedica a organizar bodas y aprendí a llevar el negocio. Los dos empezamos a ahorrar. En menos de un año, Five-Star Weddings se hizo realidad. No exagero cuando digo que hemos tenido mucho éxito.
—Impresionante. Tu padre debe estar muy orgulloso de ti.
—Er… no exactamente. Ya no nos vemos.
—¿Por qué?
—Para empezar, no le gustó que me separara de Liam. Además él se casó de nuevo y a Doreen no le importo en absoluto. Cree que soy muy señoritinga, y ahora mi padre también lo piensa —sonrió con tristeza—. ¿Es raro, verdad? Un día tu madre me dijo que era vulgar y corriente. Ahora mi padre me llama esnob. Nunca se gana, ¿verdad?
—Eso me recuerda que…
—¿Qué te recuerda?
—Lo que quería preguntarte…Miley se puso tensa y Nick la miró con curiosidad.
—La noche de nuestra boda…
—¿Qué pasó?
—¿Te acuerdas cuando el médico se marchó y mi madre me mandó a comprar las pastillas que él te recetó?
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