domingo, 29 de enero de 2012

Cap 28.-



capituloo 27

Él sonrió.

—¿Sabes todo lo que me gusta, verdad?

A ella le hubiera gustado darle una bofetada.

— Nick—dijo ella.

—¿Sí, cariño?

«Eso es rastrero», pensó Miley, «e irónico».

—Tenemos que hablar de lo de anoche.

—¿Qué ocurre?

—Sobre lo de que yo acepté…

—¿Sí?

—Me temo que te engañé.

Él la miró de forma aterradora.

—¿En qué sentido? —preguntó.

—Nick, la cosa es que yo quiero algo más que sexo.

Él arqueó las cejas como si realmente estuviese sorprendido.

—¿De verdad?

—Sí, de verdad. No quiero jugar a ser la amante cautiva de ningún hombre,

ni siquiera contigo.

—Anoche hiciste muy buen trabajo.

—Te lo permití porque sabía que estabas dolido.

—¿Me lo permitiste?

—Sí.

—Te lo permitiste a ti, Miley. Disfrutaste de cada minuto.

Ella no podía negar que había disfrutado mucho.

—Sé perfectamente qué buscas en la relación con un hombre, cariño—continuó con tono de mofa y cinismo—. Y eso es lo que te di anoche. También sabía que tus hombres tienen fecha de caducidad, pero no esperaba que la mía fuese hoy. Owen me contó que los amantes te duran más de una noche.

Miley se quedó muy sorprendida. ¿Owen? ¿Qué le habría contado a Nick sobre sus amantes?

Tenía que haberle dicho algo, pero se distrajo al ver que Nick retiraba la sábana y salía de la cama.

—Veo —dijo pavoneándose desnudo delante de ella— que tienes tus prioridades.

El trabajo es lo primero —le dio una palmadita en la barbilla y después un beso en los labios—, ¿y si quedamos después del trabajo? Podemos ir a cenar a algún sitio. Puedes tenerme después —añadió con una sonrisa que hubiera seducido a una monja.
Miley lo hubiera tenido allí mismo, en ese momento, si no hubiese estado tan enfadada.

—¿Qué te ha dicho Owen sobre mí?

—Nada más que la verdad, así que no te pongas hecha un basilisco. Mira, me parece muy bien que no quieras casarte ni tener hijos. Yo ya he abandonado la idea. En serio, parece que no tengo mucha suerte en ese tema —Miley no sabía si gritar o llorar. Estaba enfadada y desesperada—. Por favor, cuando llegues al trabajo no montes una escena. El pobre Owen creía que estaba haciendo lo correcto, advirtiéndome de cómo eres. Seguro que no se imaginaba que lo que tú ofreces a los hombres es justo lo que yo busco ahora, para superar lo de Delta. Así que cálmate y deja de actuar como una hipócrita.

Miley se puso furiosa, y eso la alivió un poco.

—Tienes que hablar. Me dijiste que no te gustaba. Que era demasiado delgada.

—Mentí. La verdad es que llevo mintiendo desde que me reencontré contigo. Nunca debí haberme casado con Delta. Tenía razón cuando dijo que yo no la quería de verdad. ¿Cómo iba a hacerlo, si sólo podía pensar en ti?

Miley lo miró. ¿Qué quería decir? ¿Qué estaba enamorado de ella? No parecía verdad, pero no podía ser que la pasión que reflejaban los ojos de Justin fuera sólo deseo sexual.

— Nick —dijo ella y los ojos luminosos de Nick perdieron el brillo.

—No te preocupes, cariño —dijo con una sonrisa irónica—. No te estoy declarando mi amor eterno, sólo estoy diciendo que un hombre que esté enamorado de una mujer no pasa las horas deseando tener relaciones sexuales con otra. Y créeme, he querido hacer el amor contigo durante las últimas diez semanas. Y por cómo reaccionaste anoche creo que tú sufres el mismo mal. ¿Pero estamos en recuperación, no? Dentro de seis meses, más o menos, se apagará la llama para siempre. Entretanto, intentaré dormir bien por la noche. ¿A qué hora quieres que te recoja?

Miley no podía casi ni responder.

—¿Qué?

—Esta noche. ¿Quieres que te recoja en tu casa o en el trabajo? Creo que voy a pasar el día con mi madre, no tengo nada más que hacer y supongo que querrá que le haga un poco de compañía después del fracaso de anoche.

—Pero… yo tengo que ir allí también —protestó ella—, para ver si todo ha quedado bien recogido.

—Perfecto. Entonces te veré allí.

¡A Miley no se le ocurría nada peor!

—Pero… pero…

—¿Miley, qué pasa, cariño? —le preguntó abrazándola—. ¿Te has disgustado por algo? Mira, claro que tendremos otra relación además de la sexual. Saldremos y pasaremos tiempo juntos. Hasta hablaremos de vez en cuando. Lo que no haremos son planes de futuro. No tiene sentido, ¿no crees?

—Supongo que no.

—Bien. Eso ha quedado claro.

—Pero…

—¿A qué hora vas a ir a Kenthurst?

—Sobre las dos.

—Nos vemos a las dos.

—¿Y qué hacemos con tu madre? —preguntó por fin.

—¿Qué ocurre?

—No quiero que se entere de lo nuestro.

—¿Por qué?

—Porque… porque me cae bien y yo a ella y no quiero que se avergüence de mí.

—¿Quieres decir que te importa lo que piense de ti?

—Sí. Me importa.

—Sorprendente. Bueno, vale, no le diré nada. Tampoco pensaba decírselo. Te veo a las dos —le dio un beso de despedida en los labios y entró en el baño.

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