sábado, 28 de enero de 2012

Cap 13.-

Las doce menos cinco,Miley le dijo a Rebecca que volviera a su oficina. Se estaba poniendo nerviosa.
Esa mañana había llegado enfadada por la actitud altiva que tuvo Nick por teléfono. ¿Quién se creía que era para tratarla como si fuera un testigo en el estrado? No iba a permitirle que la agobiara con el pasado. Había tardado diez años en superar lo ocurrido y no pensaba revivirlo. Tampoco iba a explicarle de nuevo sus decisiones.
 Había aguantado como una roca hasta las once, cuando comenzó a ponerse nerviosa al pensar que se aproximaba la hora de ir a comer con Nick.Hacia las once y media comenzó a mirar el reloj y a esperar que sonara el teléfono anunciando su llegada.

Durante los últimos veinticinco minutos, el teléfono no sonó ni una vez. Era muy raro, porque los lunes normalmente no paraba de sonar.
Miley miraba el maldito aparato sin moverse. Cuando las agujas del reloj marcaron las doce, la tensión que sentía era insoportable. El teléfono y la oficina permanecían en silencio, el doble cristal de la ventana impedía que entrara el ruido de los coches y las gruesas paredes el de las habitaciones contiguas.

Normalmente a
Miley le gustaba esa característica del viejo edificio. Ese día el silencio le parecía claustrofóbico.

¡A las doce y cinco, se sentía como si fuese a estallar!

Se puso en pie y comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación hablando consigo misma.
Cuando de repente sonó el teléfono sintió como si se le formase un nudo en la garganta. Se quedó paralizada durante unos segundos y después se lanzó por el auricular.
—¿Sí? —contestó casi sin aliento.
No era Janey anunciando la llegada de Nick. Llamaban de una de las floristerías con las que trabajaba de forma habitual y querían comprobar unas cosas que había encargado para la boda del siguiente fin de semana.
Miley tuvo que hacer un esfuerzo para recomponerse, se sentó en una esquina de su escritorio, cruzó las piernas y de algún sitio sacó una voz seria.

Sabía por experiencia que si actuaba y hablaba como si todo estuviera bajo control, al poco rato conseguía estarlo.
Miley estaba contestando a las preguntas de la florista cuando llamaron a la puerta. En un abrir y cerrar de ojos se abrió la puerta y Owen asomó la cabeza:

—Disculpa un segundo —le dijo a la florista—, ¿qué ocurre Owen?
—Er… estabas hablando por teléfono, así que Janey acompañó a Nick  hasta mi despacho. ¿Puede pasar?
Miley sintió una gran presión en el pecho y como si su estómago se llenase de mariposas.

«¡Ya basta!», se dijo, «sólo es un hombre, no un demonio. ¡Contrólate!»

—Sí —le dijo a Owen con indiferencia—, tardo un momento. Dile que entre y tome asiento.
Se retiró de delante de la puerta para no estar de cara a Nick cuando entrara. Así no tendría que mirarlo, o sonreírle, sólo tendría que aparentar estar metida en una discusión acerca de qué flores elegir si las no-me-olvides no llegaban esa semana. Por el rabillo del ojo vio cómo él entraba, cerraba la puerta tras de sí y se sentaba en el sofá que había junto a la puerta.
—Mientras sean azules, Gillian —continuó diciendo a pesar de notar que Nick le miraba las piernas y la parte del muslo que se veía debido a la postura en que estaba sentada.

Quedaría ridícula si descruzara las piernas, se estirara la falda y juntara las rodillas como si fuera virgen.
De todos modos, Nick  ya había visto mucho más que sus piernas desnudas.
Se puso tensa sólo de pensarlo. ¿Estaría sentado allí, mirándole las piernas y recordando?
Al principio,
Miley era pudorosa y se sentía intimidada por Nick, pero no le duró mucho. Después de un tiempo juntos, le permitió que le quitara la ropa y todos los prejuicios e inhibiciones que tenía a la hora de hacer el amor.
Aunque físicamente no era virgen cuando se conocieron, lo era de otra manera, ignoraba la locura que se apoderaba de una chica cuando se enamoraba, y no estaba preparada para sentir el placer de recibir el cuerpo que la cautivaría.
Y Nick la cautivó. A una velocidad y con una experiencia sobrecogedoras. Cuando llevaban un mes saliendo, se volvía loca por él y sentía una pasión inextinguible que no conocía tabúes. Hizo todo lo que él quería, a veces antes de que se lo pidiera. Había sido su amante incondicional, su Desty nunca-dice-que-no.

Una vez fue suficiente… para ambos.

¡Cuántos recuerdos!,
Miley continuó hablando de las flores, simulando indiferencia ante la presencia de Nick.
Aunque por fuera mantenía la compostura, por dentro su corazón latía cada vez más rápido. Una ola de calor se abrió camino desde el interior hasta su piel y le produjo un cosquilleo en las zonas erógenas de su cuerpo. Y se le hincharon los pechos; una situación muy incómoda ya que no llevaba sujetador. A través de la blusa negra de raso se marcaba la dureza de sus pezones.

Estuvo tentada de agarrar un bloc de notas para abanicarse. De repente sintió que toda su ropa estaba caliente y demasiado apretada.
En cambio, con la mano libre se desabroché el botón de abajo de la chaqueta. Entre palabra y palabra tomaba mucho más aire del necesario.
—Sí… sí… Eso estará bien… Ahora tengo que dejarte… Un cliente… Sí.… adiós, Gillian.
Colgó y sin mirar a Nick  se bajó de la mesa, se abrochó la chaqueta y rodeó el escritorio para sentarse en su silla. Una vez sentada, levantó la vista.
Él también la miraba. Estaba muy sexy, llevaba un traje oscuro de los que a ella le encantaban.
No es que Nick  necesitara ponerse ropa especial para atraerla. Para ella, estaba estupendo de cualquier manera. Y sin nada estaba especialmente estupendo.
Miley  tragó saliva e intentó luchar para no seguir pensando esas cosas. Había tenido suficiente imaginando que él la desvestía con la mirada mientras ella estaba sentada sobre el escritorio. Si ella comenzaba a desnudarlo mentalmente pronto habría non compos mentis.

Le resultaba difícil mirarlo y no imaginarse qué aspecto tendría desnudo. Era más musculoso que antes, más ancho de hombros y con más consistencia. Sin duda, Nick, desnudo, estaba mejor de mayor que cuando tenía veinte años.
Eso significaba mucho.
Porque por aquel entonces ya estaba muy bien.
Miley no había visto nada igual, ni antes ni después.
¿No era bueno que pensara en ello mientras intentaba permanecer calmada.
Se aclaró la garganta, miró al escritorio y colocó unos papeles de forma que Nick  pudiera verlos.
—He preparado todo lo que me dijiste que querías mirar. Las cartas de recomendación. El álbum de fotos. Y una copia del contrato para que lo leas cuando tengas un rato. Si te acercas un poco… —añadió levantando la vista.
Sus miradas se encontraron. La de él era fría y dura. La de ella, pragmática y de negocios.
Nick se levantó de golpe y agarró la manija de la puerta.
—Eso puede esperar —dijo mientras abría la puerta—. He aparcado en un espacio de tiempo limitado y tengo que retirar el coche.
Ella abrió la boca para replicar, pero se lo pensó mejor y se calló. Discutir con él sería dejar traslucir las emociones.
Miley no quería que Nick  supiera que todavía la afectaba lo que él hiciera.
Se puso en pie, agarró el bolso y caminó con decisión hasta la puerta.

 ¿Dónde vamos? —preguntó.
Su respuesta la desconcertó.
—A Balmoral Beach.

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