sábado, 28 de enero de 2012

Continuación, cap 1.-

Normalmente, a Owen no le preocupaba la personalidad obsesiva de Miley. Era buena para el negocio. Conseguía las cosas.
 Pero en esa ocasión temía que más que conseguir las cosas, las estropearía.
 —¡Ah, no, ni se te ocurra! —dijo él saltando de la silla y señalando a Miley con el dedo—. ¡Ni lo pienses!
 —¿Qué no piense qué?
 —En intentar engañar a Denise Jonas. Ya te imagino con gafas y una peluca rubia, hablando con acento exagerado y rezando para que tu suegra no te reconozca.
 —Pero no me reconocerá, Owen —dijo Miley convencida—. Y no tendré que cambiar mi aspecto ni un poquito. Cuando la madre de Nick me conoció hace diez años, yo era rubia. Tenía el pelo rizado y teñido de un color espantoso. Llevaba más maquillaje que un payaso, pesaba veinte libras más y vestía como si trabajase en un salón de masajes. No podía llevar tops más apretados ni faldas más cortas.

Owen no podía dejar de mirar la melena castaña y ondulada que rodeaba la cara de su socia, ni a su esbelta figura que siempre adornaba con un discreto traje de moda.
Desde que él la conocía, Miley siempre había vestido con clase y elegancia. El aspecto que ella acababa de describir no concordaba con la mujer actual. Owen no podía imaginársela como una rubia devastadora.

Y si así era, ¿por qué Nick Jonas se habría casado con esa criatura? Él no lo conocía personalmente, pero los hijos de una familia tan especial sólo podían casarse con mujeres encantadoras que parecían modelos, o con las hijas de otras familias igual de adineradas.

>A menos que, fuera por sexo.

Tenía que admitir que Miley emanaba un fuerte atractivo sexual, que incluso a veces él sentía. Y ella no era su tipo. Le gustaban las mujeres mayores que reían mucho, jugaban al Scrabble y cocinaban para él. Nunca se fijó en una mujer menor de cuarenta años.
 Miley volvía locos a la mayoría de los hombres. Una vez que se acostaban con ella, los castigaba duramente. Tenía grandes problemas para librarse de ellos cuando se cansaba.
 Y al final, siempre se cansaba de ellos.
 Owen opinaba que ella era un poco cruel con el sexo masculino, a pesar de que Miley nunca había prometido fidelidad y de que no comprendía por qué se empeñaban en una mayor implicación de la que ella ofrecía. Quizá, el misterio de esa crueldad estaba en el matrimonio con esos dos hombres supuestamente simpáticos.
—Y con respecto al acento exagerado —dijo  Miley —, no necesito fingirlo. Ahora hablo de una manera muy distinta. Créeme. Por aquella época hablaba como Cocodrilo Dundee. No, Owen, la señora Jonas no me reconocerá. Y el señor Jonas no tendrá la oportunidad, murió hace un par de años.
 —¿Sí? No lo sabía.
 —De cáncer —lo informó  Miley —. La prensa no le dio mucha importancia. El funeral fue privado.

Sólo publicaron una foto en la que salía Denise subiendo a un gran coche negro cuando terminó el funeral. De Nick, ninguna.
Nick no era como su madre, ni como el resto de los Jonas. Evitaba a la prensa y la publicidad. Miley no lo había visto nunca, ni en la televisión, ni en los periódicos, en los últimos diez años.
 —¿Y cómo era? —preguntó Owen.
 —¿Qué? ¿Quién?
 —El padre del novio —contestó Owen.
 —Pues… muy simpático.
 —¡Por favor,  Miley ! Parece que tu pasado está lleno de hombres simpáticos. ¿Entonces, por qué en el fondo odias a los hombres?
Miley  se quedó paralizada, después se defendió:
—Eso es un poco fuerte, Owen, y no del todo cierto. A ti te quiero, y eres un hombre.
—No estoy hablando de mí,  Miley . Me refiero a los hombres con los que has salido y de los que después te has apartado sin mirar atrás. Ellos creían que te importaban, pero la verdad es que sólo los utilizaste. Eso no está bien, y lo sabes.
—Siento que pienses eso, Owen, pero todos ellos sabían lo que había. Además dudo que de verdad me quisieran. Los molestaba que hubiera herido su ego, pero en seguida se liaban con otra mujer. Ahora, volvamos al tema inicial: que Denise Jonas no me reconocerá. Puede que Nick sea el único que lo haga. Y ya te digo, puede. Además, es la madre la que nos preocupa ¿no? Es a ella a la que yo voy a ver. Créeme cuando te digo que ella no me conocerá.

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