sábado, 28 de enero de 2012

Cap 5.-

¿Y a quién tenemos aquí, madre? ¿No nos vas a presentar?
A pesar de que  Miley se había relajado un poco, sintió cierta desazón al darse cuenta de que ¡él no la había reconocido! No tenía por qué estar decepcionada. Pero, lo estaba. Él le dijo una vez que nunca la olvidaría, que la amaría el resto de su vida.

Al parecer, el resto de su vida había caducado diez años después. Aunque en realidad empezó a agotarse desde el momento en que ella salió de su vida.


—Es espantoso, Nick, cómo te olvidas de las cosas estos días —dijo su madre sin percatarse de la ironía que contenían sus palabras—.  Miley es la organizadora de bodas de Five-Star Weddings de la que te hablé el viernes. Estoy segura de que te comenté que hoy comía con ella. Miley, este es Nick, el novio olvidadizo. Nick, esta es  Miley  Miley Kirby, ¿verdad, cariño?
—¿Cómo está señora Kirby?
—Señorita.
—Lo siento, señorita Kirby.
—Oh, no la llames así,Nick, ya nos estamos tuteando,¿verdad, cariño? Cómo le he dicho a ella, vamos a pasar mucho tiempo juntas, así que tenemos que ser amigas.


Miley quería gritar y salir huyendo. ¿Amigas? No sería capaz de ser amiga de Nick y de su madre, antes preferiría ser amiga de un par de asesinos.
Por el momento, estaba atrapada. Owen la odiaría si despreciase a una familia tan influyente como los Jonas y encima dañase la fama de Five-Star Weddings. Ella lo comprendía. Había sido ******* al ir allí en persona y arriesgarlo todo sólo por el maldito orgullo.
—¿Ya has decidido que Five-Star Weddings organice la boda? —preguntó Nick a su madre con el ceño fruncido.
—Sin duda. Desde el momento en que vi a Miley, supe que ella era la persona adecuada para hacerlo.
—¿Ah, sí? Qué interesante. De todos modos, a mí me gustaría saber qué idea tiene antes de tomar alguna decisión o de firmar algún contrato.
—¡Abogados! —exclamó Denise—. Ven problemas en todo lo que hacen.
—Nada de eso, simplemente no me gusta precipitarme, y menos en los negocios. El mundo está lleno de tramposos. No sé nada de Five-Star Weddings, sólo lo que tú me contaste por teléfono. Tampoco conozco a la señorita Kirby, sólo lo que veo aquí. Aunque por fuera sea muy atractiva, por dentro puede ser cualquiera.
Miley se quedó de piedra. Le daba igual lo que pensara Owen. Al diablo con todo. No permitiría que Nick la insultara de esa manera.
Se quitó las gafas y lo miró con frialdad, al ver que él seguía sin reconocerla, se puso aún más furiosa.
—Señor Jonas, Five-Star Weddings tiene una reputación impecable —afirmó—, al igual que yo. ¿Me permite recordarle que fue su madre la que solicitó esta cita y no al revés? Sin embargo, puedo enseñarle muchísimas cartas de recomendación y un gran álbum de las bodas que he organizado. Aunque no se lo crea, estoy muy ocupada y sólo he venido aquí para hacerle un favor a mi socio, que aceptó esta cita sin consultarme. Dadas las circunstancias, será mejor que encuentres a alguien más, Denise. Encantada de haberte conocido.
Denise le agarró el brazo antes de que ella pudiera escapar.


—¡No te vayas, por favor! —dijo antes de mirar a su hijo y continuar con la voz temblorosa y llena de rencor—, ¿y qué pasa contigo, Nick? ¡No sabía que eras tan maleducado!
—No he sido maleducado. Estaba siendo sensato. Además, en vista de que la señora Kirby está tan ocupada, será mejor que busques a otra persona.
—¡No quiero a otra persona! Quiero a Miley . Es a ella a quien me recomendaron. Además, me cae bien. ¿Si te pago el doble de lo normal, harás el trabajo personalmente, verdad querida?
—Bueno, yo… yo…
—¡Por favor, madre! No…
—¡NICK! —lo interrumpió Denise. Durante unos minutos reapareció la Denise obstinada y mandona de hacía diez años—, Delta y tú me pedisteis que os ayudara a organizar vuestra boda y estoy muy contenta de hacerlo. Sólo quedan diez semanas y tu prometida pasa la mayor parte del tiempo en el extranjero, así que voy a necesitar ayuda. Y quiero que Miley me ayude. Por favor, no dificultes más las cosas.
Nick se quedó en silencio durante unos segundos.
Miley no sabía si reír o llorar. Era una situación extraña.
De repente, él se quitó las gafas de sol y la miró fijamente a los ojos.
Lo más atractivo de Nick siempre habían sido sus ojos. Eran de color chocolate y alrededor del iris tenían un reborde negro que acentuaba su color y su expresión. La primera vez que él la miró, años atrás, a Miley le temblaron las piernas como si fuesen de gelatina.


Y ese día, él también la miraba. Ella le devolvía la mirada desafiante y las rodillas sólo le temblaban ligeramente.
Nick la miraba de forma minuciosa, como si buscase algo. «¿El qué?», pensó ella enfadada. «¿Tendría al fin algún indicio de que estaba ante alguien conocido? ¿Quizá su subconsciente estaba jugándole una mala pasada y le recordaba todas las veces que él le había dicho que era la chica más adorable e irresistible del mundo?».
—Lo siento. No pretendía calumniar tu reputación. He de reconocer que, hoy en día, hay cierto cinismo en el tema de los negocios. Estoy seguro de que Five-Star Weddings no es así y de que tú eres una de las organizadoras principales.
—Claro que lo es —dijo la madre mirándolos aliviada—. Tenías que haber oído los comentarios del fotógrafo. Dijo que Miley era la mejor en el negocio.
—Estoy seguro. Aun así,  Miley podía complacerme entrando y contándome algo acerca de sí misma. Pero primero, estoy deseando tomarme un buen café, querida madre. ¿Podrías prepararme uno? Sé que hoy es el día libre de Brenda, pero además tú lo haces muchísimo mejor que ella.
—¡Camelador! —contestó Denise.
—¿Y tú qué,  Miley ? —dijo Nick con ese tono suave que ella deseaba y despreciaba en un hombre—, pareces una chica cafetera.
—Un café me sentará bien —respondió. Le hubiera gustado decirle dónde echar el café, pero tal y como estaban las cosas, tenía que dejar de discutir u Owen la mataría. 
—Iré con  Miley a la terraza —informó Nick a su madre.
—Muy bien. Hace un día estupendo. Yo no tardaré mucho.
Denise corrió a preparar el café para su hijo. Otro gran cambio en el carácter de esa mujer. En el pasado, nunca era dulce ni servicial. Esperaba que todo el mundo estuviese a su disposición.
—Por aquí —murmuró Nick, agarrando a  Miley por el hombro y llevándola adentro; cruzaron el recibidor de mármol y continuaron por el ancho pasillo que dividía la planta baja de la casa.
Miley ni siquiera tuvo tiempo de tomar aire antes de llegar a una terraza soleada que ocupaba todo el largo de la casa.


Nunca había visto ni estado en esa zona.


Mientras Nick la llevaba hacia la mesa de la terraza, ella se volvió a poner las gafas de sol y echó un vistazo a su alrededor, sacando en seguida su faceta de organizadora de bodas. Denise no tendría que alquilar ningún sitio para celebrar el banquete. Ese espacio quedaría estupendo en cuanto le pusieran los toldos y la luz adecuados.


No sólo había una terraza, sino dos. La de más arriba estaba cubierta con un tejado de estilo pérgola que se podía abrir o cerrar. La siguiente terraza, mucho más grande que la anterior, tenía una gran piscina con columnas corintias de mármol gris a cada lado. En los extremos de las terrazas había unos jardines extensos al estilo tropical, llenos de helechos, palmeras y arbustos de todo tipo. Lo curioso era que no estaban fuera de lugar. Además segregaban un aroma exótico y sensual, que hacía apacibles las cálidas tardes de verano.
Miley no le costaba imaginarse a Nick medio desnudo, tumbado en el borde de la piscina y con una mano dentro del agua azul. Podía sentir sobre su piel caliente la frescura del agua, se imaginó nadando hacia él, parándose a su lado, agarrándole la mano para que acariciase su cuerpo húmedo y caliente.
Al acercarle una silla. Nick  interrumpió el sueño erótico de Miley. Ella se quedó desorientada durante unos instantes y al ver cómo agarraba la silla con sus fuertes manos, se acordó de lo hábil que él era con ellas, de cómo las utilizaba para acariciar su cuerpo consiguiendo así que ella se abandonase a su voluntad.
«Claro que lo más seguro es que ya no pueda hacer esas cosas», pensó mientras experimentaba una profunda ola de deseo.


Miley retiró la vista de esas manos ofensivas, después se sentó despacio. No miró cómo Nick daba la vuelta alrededor de las sillas para sentarse justo enfrente de ella y no levantó la vista hacia él hasta que estuvo sentado.
—Bien —dijo Nick mientras se ponía las gafas de sol—. Ya basta de hacer teatro, Destiny. ¿Qué diablos pretendes?.

No hay comentarios:

Publicar un comentario