sábado, 28 de enero de 2012

Cap 11.-

Se levantó, agarró los zapatos y los llevó al vestidor. Comenzó a desvestirse colgando la ropa en perchas. Una vez en ropa interior volvió a la habitación y entró en el baño. Se desnudó, dejó la ropa interior en el lavabo y abrió el grifo de agua caliente.

Cuando vivía en un estudio sin lavadora, se acostumbró a lavar a mano la ropa interior. Todavía lo hacía así, a pesar de que ya vivía en un apartamento decente donde tenía lavadora y secadora.

Estaba aclarando la ropa cuando se miró en el espejo y vio cómo al lavar se balanceaban sus pechos desnudos. El comentario de Nick acerca de que necesitaba unas libras más le vino a la cabeza.
«Se equivoca», pensó. Era cierto que estaba más delgada que cuando se conocieron, pero todavía tenía un busto decente, un trasero redondeado y unas piernas estupendas. Reconocía que tenía los brazos, el cuello y los hombros bastante delgados. Ya no tenía la cara tan redondeada, tenía más pómulos y la mandíbula mejor definida. La boca y los ojos parecían más grandes.
Puede que a Nick le gustaran las mujeres gordas. A Owen sí.
Quizá Delta era gorda. O por lo menos metida en carnes.
No, no podía ser así. Denise había dicho que sería una novia preciosa, y evidentemente Denise era de las que pensaba que nadie es demasiado rico ni demasiado delgado.
No, delta no podía estar gorda. Tendría forma. Sería guapa. Muy, muy guapa.

El teléfono sonó de nuevo.
 todavía estaba lavando. Se secó las manos y desnuda corrió a la habitación para contestar.

—Miley Kirby.
—Soy Nicholas, señora Kirby. Nicholas Jonas.
Miley se sorprendió de que dijera su apellido. Era evidente que Delta estaba cerca.

Inmediatamente se los imaginó en la cama, desnudos como ella, abrazados y con el cuerpo caliente después de haber hecho el amor.
—¿Sí, Nicholas Jonas? —contestó.
—Delta quería que yo contactara primero con usted. Es muy tímida. Ahora se pone…

Miley se lo imaginó dando el auricular a su prometida, estarían tan cerca el uno del otro que él podría escuchar la conversación.
—¿Hola? ¿Miley? Soy Delta —sonó una voz agradable y alegre.
Miley sonrió para sonar contenta.
—Hola, Delta. Denise me ha contado tantas cosas buenas acerca de ti.
—¿Sí? Qué amable. Es un encanto, ¿verdad?
—Sí, lo es. Bueno, como tenemos poco tiempo,Delta, creo que debemos quedar lo antes posible. No puedo planear la ceremonia ni el banquete, hasta que no sepa qué vestido vas a llevar, o de qué color van a ir las damas de honor. Todo gira en torno a eso.
—En realidad, todavía no sé qué vestido quiero llevar. Carmel me prometió que vendría conmigo para elegirlo. Siempre acierta con lo que me queda mejor. Ella es mi mejor amiga. Puedo decirte que sólo va a haber una dama de honor. Y será Carmel, por supuesto. Y ha decidido que irá de negro.
—¿Sólo una dama de honor? —repitió Miley alucinada.
—Sí, Carmel es mi mejor amiga y no tengo hermanas. Nick tampoco, así que no tiene sentido hacer una gran fiesta.
—Ya. Bueno, tú eres la novia, Delta. Yo estoy aquí para hacer lo que tú quieras. Lo único es que Denise me dijo que sería una gran boda.
—Lo será, con los invitados. Papá va a invitar a todos sus amigos. ¡Y la familia Jonas parece que no se acaba nunca! Oh, Nick, basta ya —se rió—, sabes que es verdad. Tus primos tienen un crío cada semana. Lo siento Miley, es Nick, que me hace muecas.
—¿Sí? Bueno, ¿esta semana, cuándo podrás quedar con Carmel para ir de compras?
—Cualquier día de esta semana. Carmel está de vacaciones y se está quedando en mi casa. ¿Qué dices, Nick? Ah, Nick me dice que mañana no. Dice que va a ir a verte mañana. ¿Qué, Nick?

Delta esperó a que él terminara de hablar en la lejanía. Por lo menos no estaban en la cama, él sonaba como si estuviese muy lejos.
—Nick dice que te va a invitar a comer para agradecerte que hayas dejado todo por nosotros. Miley, dile que te lleve a Moby *******. Es un sitio nuevo que está frente al agua en The Rocks. Te gustará.
«Qué dulce es. Y nada celosa», pensó Miley.
«Si Nick fuese mi prometido no le permitiría que saliese con una mujer desconocida, que podía ser cualquiera», pensó Miley. «Y lo soy».
—Por desgracia no tengo mucho tiempo para comer, Delta. Tendrá que invitarme a un café rápido en la cafetería más cercana. ¿Qué tal el martes? ¿Os recojo sobre las diez?
—Perfecto —dijo delta y le dio la dirección.
—¿Ahí es donde estás ahora?
—Oh, no. Estoy con Nick  pasando el fin de semana en la casa de su familia en Double Bay.
—Ahh. Ya veo…

Miley cerró los ojos a punto de llorar.

Era muy injusto. ¿Cómo podía estar tan celosa por un hombre al que ya no amaba?
Desesperada, puso la mano sobre el corazón y encontró la causa por la que había reaccionado así.
Decidió que no eran celos lo que sentía, sino envidia. Envidia de que Nick hubiera superado lo que ocurrió hacía diez años. De que fuera capaz de querer cosas normales, como una esposa y una familia. De que hubiera encontrado a alguien con quien compartir su vida.
Y había encontrado a alguien agradable. Delta era un encanto.  Miley quería odiarla, pero en realidad se odiaba a sí misma por ser tan rebuscada.
—Nick  quiere hablar contigo otra vez, Miley  —dijo Delta—. Se pone. Yo voy a preparar un café. Hasta el martes, Miley.
—Hasta pronto.
Miley contuvo la respiración hasta que Nick se puso al teléfono.
—Es posible que llegue más tarde de mediodía. Tengo que ir a los juzgados a primera hora. No debería entretenerme mucho, pero las cosas no siempre salen bien. Así que no te preocupes si llego un poco tarde.
—Vale. Pero, como le dije a Delta, no iremos a comer. Te lo agradezco, pero estoy muy ocupada, ya te lo he dicho. No puedo perder tiempo esperando a que me sirvan la comida, casi todos los días como corriendo.
—Quieres decir cuando comes.
—¿Por qué te obsesiona tanto mi peso? Te diré que peso lo que corresponde a mi altura. Aunque no te lo creas solía pesar más de lo que debía. Si pudieras verme en este momento, comprobarías que estoy muy saludable.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que estoy tal y como vine al mundo y que tengo suficiente carne sobre mis huesos como para satisfacer a la mayoría de los hombres.
—Estoy seguro, Miley  —se mofó él—. Estoy seguro. Pero yo no soy la mayoría de los hombres, y ya no me interesa tu cuerpo. Todo lo que quiero de ti, cariño, es terminar.

¡Terminar! ¿De qué diablos hablaba?

—Ya lo sé. Sé que es una palabra horrible, pero es muy adecuada para la situación. Hay un par de cosas que siempre quise preguntarte, y otras que se me han ocurrido después de hablar contigo hoy. Quiero escuchar la respuesta de tu propia boca. Así que te sugiero que hagas un hueco para comer conmigo mañana. De otra manera, Five-Star Weddings no obtendrá la comisión por la organización de mi boda, ni el prestigio ni la publicidad que ello conlleva. ¿Has entendido?
Miley se quedó en silencio. Estaba furiosa y aturdida. ¿Qué preguntas?
—Estoy encantado de que seas sensata y dejes de discutir. Asegúrate de que mañana no me vas a crear más problemas con esto de la comida. Y ve preparada para contarme la verdad y nada más que la verdad.

Y colgó.

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