Miley retrocedió al recordar lo apasionada que había sido su relación. Cuando estaban a solas no eran capaces de mantener las manos lejos el uno del otro. No tenían tiempo suficiente ni de desnudarse.
—No es que a Delta y a mí no nos vaya bien en la cama. Nos va muy bien. Así que no hay ningún peligro en que vengas a comer conmigo. Prometo que no te recostaré sobre la mesa para devorarte en un ataque de frustración sexual.
Miley se sonrojó al sentir que las palabras de Nick evocaban recuerdos más explícitos: recordaba a Nick haciendo exactamente lo que acababa de decir. Por supuesto, no fue en la mesa de un restaurante, sino en la mesa de comedor de nogal que había en el apartamento de su padre en Double Bay.
Ella nunca había experimentado nada parecido, ni antes ni después.
Miley lo miró y el corazón empezó a latirle con más fuerza. Él la miró de forma penetrante.
—Al mediodía. ¡Espérame allí! —dijo y salió de la habitación.
Cinco segundos más tarde se oyó un portazo en la puerta principal. Después el motor del Jaguar.
Cuando Denise regresó a la habitación, Miley seguía allí sentada.
—¿No me digas que Nick se ha ido sin decir adiós?
Miley no sabía por qué salió en defensa de Nick:
—Me ha pedido que me despida de parte suya. De repente se acordó de Delta y dijo que tenía que marcharse.
—Oh, bueno, supongo que aquí tampoco tenía mucho que hacer. Los hombres son tan inútiles en cuanto a los preparativos de una boda. Hay que decirles cómo se tienen que vestir y el día de la boda explicarles dónde está la iglesia. Eso es todo. Pero no podríamos vivir sin ellos, ¿verdad? —añadió sonriente.
—Er… no, supongo que no. Gracias —dijo ella cuando Denise le tendió un plato con un sándwich. Tomó un pedazo y le dio un mordisco. Pensó que la excusa de su desmayo podía ser cierta, estaba tan preocupada por su aspecto, que no se preocupó de desayunar.
—No creas que soy una cotilla —dijo denise dubitativa—, pero todo este asunto del desmayo, ¿no tendrá que ver con que estés… mmm…?
Miley se sobresaltó.
Tragó e intentó aparentar estar más calmada de lo que se sentía.
—No. Sin duda, no lo estoy —siempre se aseguraba de que no le ocurriera otra vez nada parecido. Se tomaba la píldora en secreto e insistía en que sus novios tomasen las medidas oportunas.
—Eso es bueno. Espero que no te hayas ofendido por mi pregunta, pero hoy en día las chicas tienen hijos sin haberse casado. Dijiste que tenías novio, entonces pensé que… bueno… —sonrió como pidiendo disculpas—. ¿Dijiste que tu novio es médico, no? Supongo que sabrá qué hacer para no dejar embarazada a su novia.
—Espero —dijo Miley pensando que Joe era tan poco de fiar como cualquier otro hombre a la hora de utilizar un preservativo. No podía contar el número de veces que ella había tenido que recordárselo.
—La razón por la que se me ha ocurrido que podías estar embarazada es porque yo siempre me desmayaba al principio de mis embarazos.
—¿Embarazos?, pero yo creía que…
—Sí. Nick es mi único hijo, pero tuve varios abortos antes de poder completar un embarazo. Nos advirtieron que después de Nick no tuviéramos más hijos, así que no los tuvimos. Una pena. Tener un hijo único nunca fue buena idea.
—¿Por qué? ¿Porque se los mima demasiado?
—Oh, no, Nick nunca fue un niño mimado. Paul lo crió con mano dura. Por desgracia, mi marido tendía a presionarlo mucho. Nick tenía que ser el mejor en todo. El colegio, los deportes, los juegos. Educarlo de esa manera fue la receta para conseguir un desastre.
—¿Desastre?
—No me gusta pensar en ello. Es muy angustioso. Es suficiente con que te cuente que cuando Nick dejó nuestro hogar para vivir en el campus de la universidad, se rebeló. Entre otras cosas, dejó embarazada a una chica poco conveniente y quería dejar la universidad para casarse con ella.
—¿Qué… qué pasó? — Miley se atragantó.
—Ella perdió el bebé. El día de su boda. Después, Paul se las arregló para anular su matrimonio. Oh, no debería de contarte estas cosas, pero no sé por qué hay algo que me dice que puedo hablar contigo. ¿No te importa, verdad?
Lo único que Miley pudo hacer fue negar con la cabeza.
—Siempre pienso que al final todo salió bien, sobre todo ahora que nick se va a casar con Delta. A veces pienso en esa pobre chica y me preocupo. Yo no la traté muy bien, y ahora me arrepiento. Espero que a ella también le hayan ido bien las cosas.
Un incómodo silencio llenó la habitación. Miley estaba hecha un lío. Por un lado quería contar la verdad, decir que ella era esa pobre chica, pero por otro, ¿de qué le serviría confesarlo? Avergonzaría a denise, y posiblemente se angustiase. Nick se pondría furioso. Y Owen también.
¿Y ella… ella… qué?
¿Se curaría?
La idea era irrisoria. Nada curaría el dolor de lo que le pasó aquél día. Había muerto algo más que su bebé. Murió parte de su alma.
Aun así le gustó escuchar que Denise sentía haberla tratado mal. Nick tenía razón. Había cambiado.
—No sólo me preocupaba la chica, también Nick. Después de eso, ya no era el mismo. Perdió el interés por sus estudios y ese año aprobó por los pelos. Hasta dejó de interesarse por las chicas. En serio, pensé que ya nunca se enamoraría y que no se casaría. Poco a poco, comenzó a salir con chicas otra vez. Nada serio. Entonces fue cuando conoció a Delta —continuó mucho más animada—, es la chica adecuada. Se llevan tan bien. Nunca discuten. Ella es tan dulce. Nadie podría enfadarse con ella. Lo mejor de todo es que los dos quieren lo mismo, formar una familia inmediatamente. Por eso su compromiso ha sido tan corto. Ella no quiere tener una profesión, sólo quiere ser la esposa de Nick y la madre de sus hijos. Lo siento, querida —dijo Denise—, no debería molestarte con esto.
Miley contestó haciendo un esfuerzo:
—No, no, está bien. Me gusta conocer a la gente a la que voy a organizarles la boda. ¿Imagino que querrás una gran boda?
—¡Oh, Sí! He esperado mucho tiempo para ver a mi hijo felizmente casado. Nada será demasiado para él. O para Delta.
—¿Una boda de iglesia? —preguntó Miley pensando en la iglesia desconocida en que se casó con Nick. Ella llevaba un traje blanco a pesar de que Denise insistía en que ese color no era el apropiado.
Desde entonces, nunca se había vuelto a vestir de blanco.
—No, Nick insiste en celebrarla en otro sitio, y a Delta le parece bien. Dice que todo lo que él quiera estará bien. Ella es así. Creo que mi jardín sería un bonito sitio para la boda. Será en octubre, espero que no llueva.
—¿La boda es en octubre?
—Sí, el último domingo del mes. Delta regresa de Indonesia el viernes de esa semana.
—¿Y no tendrá jet-lag?
—Dice que no. Como ves, no tenemos mucho tiempo.
—Tienes razón. Bueno, lo primero es lo primero. Las invitaciones — Miley se enderezó y se puso en actitud de trabajo, pura eficiencia—, ¿tenéis una lista de invitados?
—Sí. Delta la hizo el pasado fin de semana. Me temo que es un poco larga. Unos doscientos.
—No te preocupes. No vendrán todos. ¿Te ha dicho Delta qué es lo que quiere, o tienes carta blanca para tomar decisiones?
—Yo soy la que tomo decisiones, delta dice que confía en mí.
Miley no podía aclararse, no sabía si la tal Delta era lista, perezosa, o si no estaba interesada en su propia boda. Nunca había conocido a una novia como ella. Puede que la novia de Nick fuese una de esas extrañas criaturas: una chica de la alta sociedad que no fuera engreída, mimada ni egoísta.
—Por supuesto que Delta quiere elegir el vestido de boda —continuó Denise—. Aunque dice que no le importa que no se lo hagan a medida. Se marcha dentro de una semana, y a veces encontrar el vestido adecuado lleva más tiempo.
—Mañana me encargaré de eso con ella, denise. No te preocupes. Ese es mi trabajo, asegurarme de que la familia de los novios disfrutan de la boda y no terminan con un ataque de nervios. La gente cree que las bodas son divertidas, pero créeme, pueden ser muy estresantes. Las cosas pueden irse de las manos.
—Sí, eso dicen. Tengo la sensación de que, contigo al mando, la boda de mi hijo va a ser una experiencia maravillosa, Miley . Estoy tan contenta de que te recomendaran. Puedo decir que has sido una bendición, y que la boda de Nick va a dar mucho que hablar durante los próximos años.
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