sábado, 28 de enero de 2012

Cap 15.-

Miley sentía cómo los sentimientos se apoderaban de ella. No podía derrumbarse delante de Nick. Tenía que ser fuerte. Y dura. No había sobrevivido todo ese tiempo para debilitarse en ese momento.
—No he decidido no tener niños, sino no casarme. No creo en la posibilidad de tener niños sin casarme. No por causas morales, sino porque creo que los niños, para poder crecer y ser adultos adaptados y no neuróticos, necesitan padre y madre, casados y enamorados.
—¿Y eso es lo que tú crees que eres? ¿Una neurótica?
—A veces. Oh, bien, el camarero. ¿Qué pido…?
Pedir la comida era una buena distracción. Por desgracia, el camarero se marchó enseguida y los dejó a solas una vez más. 
Miley nunca se había sentido más angustiada. No sabía cómo iba a resistir las dos horas siguientes.

No soportaría seguir hablando del pasado. No podía mirar a Nick y recordar los momentos felices que pasaron juntos.
Sin duda era una neurótica. Quizá siempre lo había sido.
—¿Has elegido al padrino? —dijo rompiendo el silencio que se había apoderado de la situación.
—¿Por qué? —dijo Nick.
—Tendré que llevaros a encargar los trajes cuanto antes. Es más, será mejor que lo hagamos la semana que viene. Hay un sitio que yo recomiendo siempre y que tiene una amplia selección de ropa, aun así, es posible que tengan que encargar algo de vuestra talla. ¿Queréis comprarlo o alquilarlo?
Nick parecía preocupado.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
—El padrino. Es Steve.
—¿Steve, de la universidad?
—Ajá.
Steve era un cliente habitual de la tienda and chip de Newton, donde ella trabajaba diez años antes. Allí iban muchos estudiantes porque estaba cerca del campus y la comida era barata. Fue Steve quien llevó a Nick a la tienda con la excusa de que la chica que había tras el mostrador era un encanto.
Cuando Nick salió de allí, había quedado con Dest para esa noche y Steve se puso un poco celoso. A él también le gustaba ella.
Miley suspiró. La cosa se estaba poniendo un poco complicada.
—¿Y tiene que ser él tu padrino?
—Es mi mejor amigo. Y ya se lo he pedido.
Miley agarró la copa de vino y dio un sorbo.
—Lo más probable es que no te reconozca. Pero si lo hace, le diré la verdad. No se lo contará a nadie si yo se lo pido.
—¿A él no le gusta Delta, verdad?
—¡No! ¡Por favor! ¿Por qué dices eso?
—Porque antes le gustaba yo.
—Ah, ya. Bueno, no le gusta Delta. Es más, no creo que ni siquiera le importe.
—¿Y por qué?
—No estoy seguro. Steve tampoco lo sabía cuando se lo pregunté. Su punto de vista acerca de las mujeres es un poco cerrado. Le gustan las mujeres por lo evidente.
—¡Gracias por el cumplido!
—Vamos, 
Miley, tienes que admitir que antes eras muy sexy.
—Ya no.
—Si cuando vayamos por el traje llevas la ropa que te pusiste el domingo, Steve ni se dará cuenta, pero sí llevas la minifalda de hoy, la lengua le llegará hasta el suelo.
Miley trató de parecer ofendida pero no pudo. La imagen era divertida y se rió.
—Quizá lo haga, si Steve sigue tan guapo como antes. ¿Y tu lengua? Hoy no he visto que te llegara hasta el suelo.
—No es la lengua lo que me preocupa.
Miley abrió los ojos sorprendida.
—Creí que habías dicho que ya no me encontrabas atractiva.
—No empieces a coquetear conmigo. Guárdate esa faceta para los Joe de este mundo. Y no te fijes en Steve. Está buscando mujer y no creo que tú seas la adecuada, ¿vale?
—Intentaré controlarme.
—Hazlo.
Llegaron los aperitivos y 
Miley comenzó a comer intercalando los bocados con tragos de vino. Cuando empezó a sentir que la cabeza le daba vueltas, dejó de beber y de comer.
Nick levantó la vista después de comerse una docena de ostras.
—¿Le pasa algo a tu comida?
—No. No estoy acostumbrada a comer mucho. ¡Un solo comentario acerca de mi peso y eres hombre muerto!
—Ni lo sueñes. Hoy veo que no estás tan delgada como creía. Puede que sea porque no llevas sujetador.
Miley se dio cuenta de que se le había abierto la chaqueta y que la blusa negra de raso se pegaba a su cuerpo resaltando los pechos. Apretó los dientes, agarró la chaqueta y la abrochó desde la cintura.
—No lo hagas por mí. Estaba disfrutando de la vista.
—Todos los hombres sois iguales.
—¿A Joe también le gustas sin ropa interior?
—Sí que llevo ropa interior —dijo sonrojándose al recordar la de veces que no se la había puesto porque a él le gustaba así—. Ya vale de avergonzarme.
—Lo siento.
—¡No, no lo sientes! ¡Para nada! Eso demuestra lo equivocada que estaba sobre ti.
—¿Con respecto a qué?
—Pensé que no habías cambiado demasiado, excepto que estabas aún más guapo. Ahora veo que sí que has cambiado. ¡Y no a mejor! Te has convertido en un cínico,Nick.
—¿Sí? Bueno, la gente cambia,
Miley. Sólo tienes que mirarte al espejo para darte cuenta.
—Era el tipo de comentario que esperaba de ti.
—¿En serio? Intentaré domar mi lengua cínica y ser más educado a partir de ahora.
—Hazlo.
Un camarero se acercó a retirar los platos mientras otro rellenaba las copas.
—¿Brindamos por una tregua? —sugirió Nick  llevando la copa hacia ella.
—Sólo si prometes cumplirla. Y sólo si abarca todos mis requisitos de comportamiento.
Él volvió a dejar el vaso en la mesa.
—Podías decirme qué tipo de comportamiento esperas.
—Muy bien. Nos trataremos de forma educada todo el tiempo, incluso cuando estemos solos. No volveremos a hablar del pasado. No diremos nada sarcástico ni haremos nada para avergonzar al otro desde este momento hasta que te vayas de luna de miel.
—Mmm. Difícil.
—¡Haz como si nos acabásemos de conocer!
—Eso es imposible —dijo él riéndose.
—Inténtalo. Tómatelo como un reto personal.
—¿Un reto, 
Miley? Es más una prueba de estoicismo —Nick  levantó la copa sonriendo con ironía—. ¡Por la tregua!
Miley levantó la copa con desgana y brindó con él. Nick la miró fijamente, se llevó la copa a los labios y bebió

—S… sí…
—¿Te dijo algo ella cuando yo me marché? ¿Te presionó para que olvidaras nuestro matrimonio? Por lo que dijiste ayer, sus críticas te afectaron más de lo que yo pensaba. Me preguntaba si ella te había hecho algún tipo de chantaje emocional, o incluso si te había sobornado para que tú…
—¡Sobornarme! —interrumpió Miley sorprendida y enfadada—. ¿Te crees que iba a aceptar dinero de tu madre para abandonarte?
El rostro de Nick  permaneció inmóvil.
—Se me pasó por la cabeza,
 Miley . Cambiaste de forma radical mientras yo no estaba. Estabas abrazada a mí llorando porque habías perdido el bebé y luego, media hora más tarde, estabas muy fría conmigo. Ni siquiera me miraste cuando me dijiste que habías decidido terminar con nuestra relación. Es normal que me pregunte si mi madre tuvo algo que ver en esa decisión.
—Esa noche no hablé con tu madre. No podía soportar ni mirarla porque seguro que estaba aliviada porque yo había perdido el bebé.
—Ya veo. Bueno, sólo quería asegurarme.
—Por favor, Nick , ¿podemos dejar el tema?
—¿Todavía te afecta?
—Claro que me afecta. Ese día perdí mi bebé. No me gusta pensar en ello.
—¿Por eso has decidido no tener más niños? ¿Porque tienes miedo de que vuelva a ocurrir?

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