Le diré a delta que te llame esta noche —dijo Nick—. ¿A qué teléfono? ¿Al móvil?
—No, los domingos nunca utilizo el móvil, a menos que ese día tenga una boda. Si no, no tengo forma de estar tranquila. Te escribiré el teléfono de mi casa en la tarjeta —sacó un bolígrafo del bolso y escribió el número.
—¿Qué hora es buena para llamarte? —preguntó Nick cuando ella le devolvió la tarjeta.
—Antes de las ocho y media.
—¿Vas a salir?
Los domingos por la noche Miley no solía salir. Le gustaba acomodarse enfrente de la tele y mirar la película que empezaba a las ocho y media. Mientras ponían anuncios se hacía la manicura y preparaba la ropa que se pondría durante la semana. Ese día ya se había hecho la manicura y en la tele ponían otra vez una de sus películas favoritas.
Nick habló en tono de mofa y por tanto Miley decidió mentirle.
—Pues sí, voy a salir —dijo ella.
—¿A algún sitio especial?
—No. Voy a visitar a un amigo.
—¿Un novio?
—Me parece que Joe es bastante mayor como para llamarlo novio.
—¿Cuántos años tiene? —insistió Nick.
—Treinta y muchos.
—¿Y a qué se dedica?
—¡¡Nick!! —exclamó su madre y miró a Miley con exasperación—, ¿ves lo que te decía? ¡Abogados! No pueden evitarlo.
—Sólo estoy dando conversación —dijo Nick con tono inocente. Miley sabía que no estaba haciendo tal cosa. Era evidente que él intentaba incitarla. Y lo consiguió.
Pero él no se iba a enterar.
—No pasa nada, Denise. No me importa. Joe es médico —dijo dirigiéndose a Nick—. Cirujano. Nos conocimos en una cena hace seis meses y desde entonces salimos juntos.
En realidad, sólo habían pasado tres meses. Pero parecían seis. Joe tenía todas las cualidades necesarias para que Miley lo encontrase atractivo. Era alto, moreno y guapo. También culto e inteligente. Y en la cama, tampoco estaba mal.
Lo malo era que pensaba que ya era hora de sentar la cabeza y de transmitir sus perfectos genes. Ella pensaba romper con él esa semana, pero había cambiado de opinión. Sería mejor que siguiera con Joe hasta que Nick se hubiese casado y desapareciese de su vida.
Miley estaba segura de que no amaba a Nick, pero por desgracia entre ellos seguía habiendo química. Podía sentirla cada vez que lo miraba, y sospechaba que Nick no sólo también la sentía, sino que estaba igual de resentido que ella. Por eso indagaba en su vida privada.
—¿Dónde conociste a Delta? —preguntó Miley, desviando la conversación acerca de su vida y volviendo a la de Nick.
—No lo recuerdo bien. Creo que en alguna obra benéfica que organizó ella.
—Parece que hace muchos trabajos benéficos.
—Así es.
Eso significaba que no tenía un trabajo de verdad. Sin duda, era la hija de un hombre rico. Era de esperar, al fin y al cabo Nick se movía en esos círculos.
—¿Cuántos años tiene?
—Veinticuatro.
Lo que ella pensaba. Joven.
—¿Es rubia?
—Ajá —pronunció Nick. Miley había acertado otra vez. Recordaba que él le había dicho una vez que le encantaba el cabello rubio.
— Guapa, no lo dudo.
—Muy guapa.
—Será una novia preciosa —dijo Denise—. Es una pena que su madre no esté viva para verla. ¿Te puedes creer que yo fui al colegio con su madre? Ella murió cuando Delta era pequeña. El padre es George Latham, un senador. Quizá hayas oído hablar de él.
¿Y quién no? George Latham no era poca cosa, ni en tamaño ni en personalidad. Era extremadamente rico. O su familia. Sí, Miley había acertado. Sería una boda de la alta sociedad y Owen estaría encantado.
De repente sonó un teléfono y Nick se levantó para sacar un móvil del bolsillo.
—Perdonadme. Nicholas Jonas —contestó y se retiró un poco.
Las dos mujeres dieron un sorbo de café. Miley podía escuchar bastante bien la conversación de Nick.
—Estupendo… No, no, no me importa… Está bien, Delta… Hasta pronto, amorcito.
Volvió a la mesa y se guardó el teléfono.
—Era Delta. Se encuentra un poco mejor y quiere que vaya a cuidarla. No puedo decirle que no, y menos cuando se va dentro de una semana. Lo siento por la comida, madre. Miley y tú lo pasaréis estupendamente planeando la boda del año.
—Claro que sí, ¿verdad? —dijo Denise sonriendo a Miley.
Miley intentó sonreír, pero no le resultó fácil. Estaba impresionada por cómo había reaccionado al escuchar que Nick llamaba amorcito a su prometida. Esas palabras cariñosas le hirieron el corazón y evocaron el recuerdo de la primera vez que hicieron el amor y él la llamó amorcito, su más preciado amorcito.
Y ese día él se iba con su nuevo amorcito, la llevaría a la cama y pasaría el resto de la tarde haciéndole el amor de manera maravillosa. Una tarde como esa, diez años antes, él le confesó a Miley que se había roto el preservativo y la vida de ella se arruinó de forma irrevocable.
Miley sintió un nudo en el estómago. Comenzó a sentirse sudorosa y sentía que la cabeza le daba vueltas. No estaba segura de si se iba a desmayar o a vomitar. Temblorosa, se levantó de la silla y la retiró.
—¿Estás bien, Miley ? Estás muy pálida —preguntó Denise.
—Me… me…
No dijo ni una palabra más. Casi no tuvo tiempo ni de parpadear antes de que la oscuridad se apoderase de ella.
Más tarde, Miley se preguntaba por qué se habría desmayado de forma tan repentina. Era la primera vez que se desmayaba. Siempre pensó que era algo paulatino. Pero, no. Estaba despierta, y al minuto siguiente… ¡nada!
No se dio cuenta de que Nick la había agarrado a tiempo, antes de que su cabeza golpeara el suelo, ni de la cara de angustia que puso al tomarla en brazos para llevarla dentro de la casa. Ella no vio ni sintió nada hasta que volvió en sí. Estaba tumbada en un sofá y Nick la miraba..
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