sábado, 14 de abril de 2012

Capitulo 3.-


EL SOL se hundía en el mar mientras Miley lo miraba apoyada en la barandilla del barco. No quería pensar en lo que se avecinaba.
Nick Jonas iba a ir a cenar con su padre, y ella tendría que hacer las veces de anfitriona, ser amable y graciosa, manteniendo una conversación interesante para que la velada transcurriera sin problemas.
¿Pero cómo iba a ir bien aquello? Era una pesadilla.
La noche anterior no había dormido nada, irritada como estaba consigo misma, y se había pasado todo el día pensando angustiada en el momento de la cena. ¿Cómo iba a soportar ver de nuevo al hombre que la había dejado en ridículo la noche anterior, besándola primero a ella y después desapareciendo con una prostituta?
Pero tendría que soportarlo, pues si inventaba alguna excusa, su padre tomaría represalias. Represalias financieras. Así era como la controlaba, amenazándole con quitarle el dinero.
Y ella no podía arriesgarse a eso. No cuando necesitaba tan desesperadamente el dinero de su padre.
Por eso empezó a prepararse para la cena. Su madre la había enseñado bien a sonreír aunque no tuviera ganas, pues así era como ella vivía su vida. En cuanto a su fantasía, estaba muerta.

Aquella noche, Nick cenaba con el diablo. Al menos, con su diablo personal. Pero al día siguiente, cuando se diera a conocer la noticia de la adquisición en Australia de AC Internacional, el golpe de gracia a la lucha de Cyrus, su diablo sería por fin exorcizado.
Los años de planificación y cálculos habían acabado, y por fin se haría justicia con Giles Cyrus. Nick sabía que no sería el golpe mortal, pero de eso no tendría que ocuparse él; Cyrus tenía enemigos más despiadados que él, y lo que tenía que hacer era entregarlo a la justicia para que ella se encargara.
Nick observaría un rato a su rival mientras éste creía aún que había escapatoria hasta que él le hiciera una oferta final, pero por el momento, la conversación discurría por otros derroteros muy distintos. Miley Cyrus había elegido el tema…
Nick la miraba con los ojos entrecerrados. Habría deseado que ella no estuviera allí. Su presencia lo distraía de su objetivo final de ver la aniquilación de Cyrus. Aunque sabía de antemano que ella estaría allí, a Nick le había costado enfrentarse a la realidad de volver a verla más de lo que había supuesto. En las últimas veinticuatro horas, Nick no se había permitido a sí mismo pensar en ella, pero, a pesar haber tomado una decisión en cuanto a ella, fue un golpe el volver a verla en el barco.
Aún no se había recuperado del todo, pero sabía que tenía que mantener sus pensamientos ocultos bajo su expresión impasible para que ella no pudiera usar sus armas sobre él como lo había hecho el día anterior.
Aquella noche ella llevaba un fino vestido color crema con un cierre en forma de perla en cada hombro, y Nick casi tenía que contenerse para no levantarse, pasarle las manos por los brazos desnudos y atraerla hacia sí como había hecho la noche anterior, bajo la luz de la luna a la orilla del mar.
Pero entonces recordó que Miley Cyrus no era una mujer, sino un espejismo. Miley Cyrus estaba dispuesta a acostarse con los hombres que su padre eligiera para ella que le pudieran proporcionar ayuda en sus negocios.
Y sin embargo, nadie diría eso de ella, y no sólo por su apariencia fría e intocable, sino por sus gestos y su comportamiento. Ella charlaba de modo agradable, moviéndose con gracia y elegancia, pasando de un tema a otro como una atenta anfitriona. No hizo ni una referencia a lo que había pasado la noche anterior entre ellos.
Era como si nunca hubiera ocurrido.
Pero, en realidad, se dijo Nick torciendo el gesto, lo que había pasado en realidad no era lo que él recordaba, sino que ella lo había sometido a una prueba.
Lo de esa noche era distinto. Miley Cyrus estaba actuando en un papel distinto, el de anfitriona, que ejecutaba a la perfección.
— ¿Colecciona arte, señor Jonas? —preguntó ella después de agotar los temas de las maravillas naturales de Dalaczia.
—No —respondió él.
Era casi cierto. Sólo poseía una naturaleza muerta de un pintor holandés; era un cuadro pequeño, pero las flores y las mariposas pintadas parecían casi reales. Aquella obra se había convertido en casi un icono para él.
«A Ileana le encantaban las flores...»
Por un momento, el dolor fue más agudo que nunca.
Volvió a verla junto al arroyo, recogiendo flores y sonriéndole. Tenía una sonrisa tan especial...
No, pensó, y cerró de nuevo la puerta al doloroso pasado para volver al presente. El pasado nunca volvería y tenía delante el futuro: hacer justicia. Eso era lo único que quería.
— ¿No le atrae el arte? —preguntó de nuevo Miley Cyrus con su voz cristalina.
Nick se llevó la copa de vino a los labios.
—El arte no se puede consumir ni es una inversión financiera —replicó.
—Una admirable respuesta de un purista —dijo ella.
¿Puro? ¿Qué sabía ella de pureza? Nick deseó corromper esa imagen serena e intocable, tan susceptible de confusión, que tenía ella.
—Además —y la miró directamente—, el arte en algunos casos roza la pornografía. Al rey Luis XV de Francia le gustaba ver los cuadros de sus amantes desnudas para su propio placer.
Miley Cyrus no se inmutó ante el provocador comentario.
—La decadencia de Luis XV desde luego fue un factor que influyó en la decepción del pueblo con la monarquía en el siglo XVIII —comentó, casi con indiferencia.
—Hablando de desnudos, Jonas —interrumpió la voz bronca de Giles Cyrus—. Tengo una colección privada de películas que puedo mostrarte. Hay chicas para todos los gustos, y algunas fueron grabadas a petición mía. Todas trabajan para la misma agencia, y vienen enseguida cuando yo las llamo. Además, la agencia consigue chicas nuevas cada poco tiempo, y no hay posibilidad de aburrirse —se reclinó en su silla y se acabó la copa de vino. Nick había perdido la cuenta de cuántas había tomado—. La última vez me mandaron a una que podía hacer unas cosas increíbles con los muslos —rompió a reír a carcajadas—. Tienes que venir alguna vez. Ya organizaré algo especial para ti.
Otra carcajada siguió el comentario y Cyrus hizo un gesto a un camarero para que le sirviera más vino. Mientras lo hacía, Giles Cyrus miró a su invitado.
—Tendrás que decirme de qué tipo te gustan, Jonas, y los accesorios que quieres. Todo es de la máxima calidad, así que sólo tienes que decirlo, y lo tendrás.
Nick se había quedado inmóvil, completamente inexpresivo. Sus puños empezaron a cerrarse y notó una rabia asesina fluyendo por sus venas.
Pero no, no le pondría una mano encima a Cyrus. Ya estaba acabado, así que se obligó a relajarse mientras miraba a Miley Cyrus, que seguía comiendo como si nada, como si estuviera acostumbrada a los comentarios sexuales de su padre.
Pero... Nick se dio cuenta de que ella apretaba la mandíbula de una forma inusual, y que sus ojos estaban entrecerrados, como si quisieran evitar ver lo que tenía delante.
—Recuerdo haber leído un artículo sobre el estudio de los hábitos nutricionales de las distintas épocas y sociedades a través del arte. Tal vez fuera un poco pretencioso, pero supongo que tiene algo de base. Después de todo, ¿quién considera a las rotundas Gracias de Rubens mujeres sanas hoy en día? —dijo ella, sin dejar de mirar su plato.
En su voz había el toque justo de humor, habilidad de buena anfitriona. Nick la miró y no pudo contenerse de responderla desde un lugar muy profundo de su alma, un lugar que creía que había dejado de existir para Miley Cyrus. Aquello tenía que ver con la rigidez del cuello de Miley, de cómo apretaba el tenedor con el que estaba comiendo, la tensión de sus hombros.
Intentaba ocultarlo, pero Miley Cyrus estaba terriblemente estresada.
¿Por qué? Sólo podía haber un motivo: Miley Cyrus  sentía la misma repugnancia por su padre que Nick.
¿Podía ser eso lo que ocultara aquella perfecta pose de mujer de clase privilegiada?
Pero estaba claro que en aquel momento, ella tenía que esforzarse para mantener la compostura. Al empezar a hablar, sintió que una emoción lo atravesaba.
«¿Me habré equivocado con ella? ¿Puede no ser igual que su padre, después de todo?»
Entonces, ¿los rumores sobre sus amantes elegidos por su padre serían falsos? ¿El momento mágico que compartieron la noche anterior, la sinrazón que hizo que saliera en su busca y la besara... no fue una ilusión después de todo?
Nick nunca había sentido algo así, pero era una sensación muy poderosa. Y por eso debía controlarla. Por completo.
—La salud y la belleza parecen ir por caminos opuestos en la actualidad. La obesidad era algo raro en el pasado, y aún lo es en Oriente, pero en el mundo occidental, los extremos parecen lo habitual —comentó con sequedad.

—Es cierto —respondió ella al hilo de lo que él había dicho—. Estamos tan obsesionados con la delgadez que descuidamos nuestra salud.
—Sin embargo, tú has logrado alcanzar ese perfecto y escaso término medio—y Nick levantó su copa como en un brindis, sin dejar de mirarla... las perfectas curvas de su cuerpo esbelto, ocultas por la gasa del vestido, tan exquisita.
Por un momento, Nick bajó la guardia férrea que se había impuesto toda la noche. Había sido un segundo, pero el daño estaba hecho. Estaba seguro de que había dejado ver algo en sus ojos, algo igual a lo que había en ellos la noche anterior, cuando la vio, tan remota y bella como ninguna otra mujer del mundo... Sabía que había bajado la guardia porque había empezado a dudar de ella; ya no sabía quién era, si la chica que él creyó al principio, o el instrumento de su padre... La duda lo quemaba; tenía que saber la verdad. De repente, aquello se convirtió en la pregunta más importante del mundo.



Miley dejó la copa de vino sobre la mesa en un gran ejercicio de autocontrol. Era esencial no mostrar nada de lo que estaba sintiendo, pero el volver a ver a Nick Jonas estaba siendo desastroso.
Cuando le había estrechado la mano, aunque sólo fue un momento, volvió a verse en los jardines del hotel, en la oscuridad, sola con el hombre que...
«El hombre que quiere quedarse con la empresa de tu padre y que compra sexo».
Aquella reflexión acababa con sus esperanzas.
Se había sentado a la mesa y había charlado animadamente, como buena anfitriona, pero no podía evitar desear mirar a Nick Jonas todo el rato. Sus ojos gélidos, sus finos dedos alrededor de la copa de vino, sus largas pestañas, las líneas de su rostro moreno y sus anchos hombros bajo el esmoquin.
¿Cómo podía seguir alterándose por aquel hombre cuando ya sabía quién era?
Era un tormento exquisito y humillante al mismo tiempo. Aquel hombre estaba cortado por el mismo patrón que su padre y le tentaban los mismos vicios.
Al menos, él no dijo nada de su encuentro la noche anterior y a su estúpido comportamiento, ni en el jardín del hotel, ni en la sala de baile. Pero no había nada en él del hombre que estuvo junto a ella en esos momentos.
Entonces, sin avisar, hizo ese comentario sobre su aspecto. La miró a los ojos y... el resultado fue devastador.
Ella no pudo prepararse para aquello, y sintió algo que no había esperado de Nick Jonas.
Gratitud.
Se sintió agradecida por haber seguido su conversación después del repugnante comentario de su padre, invitándolo a participar en una de sus «fiestas». No pensó en preguntarse por qué Nick Jonas no habría aceptado la invitación y había decidido continuar con la charla y con aquella farsa de velada.
Miley se empezaba a encontrar mal. Pensó que cuanto antes acabara la cena, antes podría retirarse a su camarote. Y antes podría escapar de su padre.
Y del hombre cuya presencia era como una burla cruel de sus esperanzas y sus inalcanzables fantasías.

Nick se reclinó en su asiento jugando con la copa de vino casi vacía entre las manos. Por fin estaba solo con su presa. Giles Cyrus había dado permiso a su hija para retirarse, junto con los camareros, se había desabrochado la chaqueta del esmoquin y se había puesto cómodo con un puro entre los dedos.
Nick observó a Miley Cyrus retirarse, en cómo la luz se reflejaba sobre su pelo, en sus largas piernas bajo los pliegues del vestido... estaba impresionado por su elegante belleza. ¿Sería tan corrupta como su padre? ¿Era aquella apariencia un espejismo?
Fue entonces cuando Giles Cyrus, con ojos pesados y voz grave, presentó su última oferta para salvar su empresa. Nick sintió ganas de echar a reír, pero también de ahogarle con sus propias manos hasta matarlo.
En su lugar, no se movió de su asiento, los ojos velados tras las largas pestañas, mientras Cyrus presentaba punto por punto su complejo plan de intercambio de acciones, venta de bienes inmobiliarios e intervenciones de terceras partes para intentar mantener el control de su imperio personal. Nick no lo escuchaba; Giles Cyrus ya no tenía salvación, pero había algo más aparte de su presa que ocupaba su mente.
«¿Cómo puedo saber si ella...?»
La pregunta lo obsesionaba y mientras, Giles Cyrus intentaba escapar por todos los medios posibles del destino irremediable que Nick había trazado para él.
¿Por todos los medios posibles?
Nick se quedó paralizado. De repente, comprendió cómo podría averiguar la verdad sobre Miley Cyrus.
Esperó pacientemente al momento propicio, y entonces, tomó un sorbo de vino.
—Una fusión —le dijo—, requiere mucho más que intercambio de acciones y compartir estructuras —se detuvo a ver cómo cambiaba la expresión de Giles Cyrus, que creía que su treta había funcionado.
—Continúa —le dijo, y su voz sonaba afectada por la cantidad de alcohol que había consumido aquella noche.
—Hay un valor en tu posesión que aún no has puesto sobre la mesa —dijo Nick con voz baja y controlada.
Cyrus miró el brandy de su copa, ausente.
—Ilumíname.
—Tu hija —le dijo relajado, sin dejar de mirarlo—. Es muy hermosa.
Giles Cyrus sonrió ampliamente.
—Ah, claro. Miley —asintió lentamente—. Una relación con ella... no estaría fuera de lugar, Jonas. Nos convertiríamos en... socios.
Nick entrecerró los ojos y sacudió la cabeza.
—El matrimonio no es para mí.
La respuesta de su interlocutor fue una sonora carcajada.
—Veo que eres de los que tienen sangre en las venas y les gusta un buen...
Usó una palabra cruda, sin eufemismos, y la pronuncio con total naturalidad. Nick no hizo nada ni mostró nada. Simplemente esperó.
Giles Cyrus tomó un sorbo de brandy, se acomodó en su silla y sonrió vicioso.
—Así que Miley te ha llamado la atención. Es normal... si no fuera mi hija, no me importaría... —volvió a romper a reír y alargó la mano para tomar otro puro.
Nick  veía que su anfitrión estaba más animado, y mientras él, controlaba sus emociones igual que se controla un arma cargada. Eligió sus siguientes palabras con cuidado.
—Oh, es verdad que es muy guapa, pero —cerró los ojos un segundo—, las apariencias pueden engañar. Algunas mujeres son guapas, pero frías... ¿Ella es buena?
Giles Cyrus dejó el puro sobre el cenicero. Miró a Nick directamente y habló sin tapujos.
— ¿Por qué no la pruebas?

Ella estaba tumbada en la cama; el pelo suelto por fin, sobre la almohada. La fina sábana apenas le cubría las delicadas piernas. Llevaba una especie de negligé, y Nick vio que uno de los tirantes se le había deslizado por el brazo.
Estaba dormida.
O pretendía estar dormida. La miró un buen rato. No había luz en el camarote que Giles Cyrus le había indicado, y la única luz era la del exterior del barco que entraba por las ventanas abiertas y sin cortinas.
El aire era fresco y silencioso en el camarote. Apenas se oía el Dulce ruido del mar. Cyru ni siquiera podía oír su respiración, pero veía sus pechos subir y bajar lentamente y sus ojos grises cerrados.
Parecía tan inocente... tan pura...
Por un momento, pensó que algo así no podía ser... Pero Miley Cyrus no era nada inocente. El velo de su belleza era una mentira, pues aquella mujer estaba dispuesta a complacer sexualmente a cualquier hombre que su padre deseara agradar. La corrupción les había afectado a los dos.
Quería la verdad sobre Miley Cyrus y ya la tenía.
Intentó contenerse, pero no pudo evitar alargar la mano para tocarla. Aquella mujer estaba más allá de sus tentaciones a partir de ese momento. La palma de su mano rodeó uno de sus pechos, y un inmenso deseo surgió en su interior. Por un momento, dejó el pecho deslizarse bajo su mano. Notó el duro pezón al llegar a él, y un Dulce gemido salió de sus labios, que se abrieron ligeramente.
Nick sintió que su cuerpo se contraía, que sus defensas se retiraban. Estuvo a punto de sucumbir, de quitarle el minúsculo camisón para ver bien sus pechos y acariciar sus pezones. Para despertarla de su falso sueño. Porque de otra manera, si estuviera dormida de verdad, su cuerpo no respondería a sus caricias. Quería acariciar todo su cuerpo, separar sus muslos y buscar la húmeda entrada a su cuerpo y prepararla para el placer.
Ella volvió a gemir. Sus ojos aún estaban cerrados, pero se estiró lentamente, mostrando que estaba lista para cumplir con la petición de su padre.
Nick apartó la mano. Se había quedado helado. ¡Ella había estado a punto de ganarle la partida! ¡Había estado a punto de hacer que sucumbiera a lo que ella tenía que ofrecerle!
Bruscamente, se apartó y se giró para marcharse. De repente, sintió mucho calor en el camarote, como si la bajeza moral de aquellas personas hubiera corrompido el aire. Tenía que salir de allí disfrutando del hecho de que su presa no tuviera escapatoria y que él no había caído en sus redes.
En el salón aún estaba Giles Cyrus, fumando y bebiendo brandy. Cuando vio a Nick, su expresión cambió, pero no llegó a hablar.
Ncik olvidó toda compasión y se lanzó a la yugular de su presa: el juego había terminado.
—Echa un vistazo a las noticias de Australia. Acabo de comprar Rencorp, y eso me da la mayoría de las acciones de Cyrus. Estás acabado.
Y salió de allí.
Se había hecho justicia con Giles Cyrus.
En cuanto a su hija, ella también estaba acabada.

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