martes, 10 de abril de 2012

Capitulo 10.-

Miley se quedó helada. Sintió una mezcla de ansiedad y sentimiento de culpa. Ella era responsable de la descompostura de su padre.
Con una sola mirada, ¡la había confundido con su madre! ¿No le había dicho siempre Jean que se parecía mucho a su madre? Debería haberlo recordado.
Nick había ido a socorrer a su padrino, y Miley lo siguió.
Elvira se levantó lentamente de su asiento y llamó a una de las criadas con la campanilla. Solo Terrina se quedó dónde estaba, mirando.
— ¡No es nada! — exclamó Marcus cuando Nick se inclinó encima de él y le aflojó el cuello de la camisa—. Estoy bien. Ha sido un shock, simplemente. Y no quiero que llaméis a un médico —afirmó, cuando vio que Nick le daba instrucciones a doña Elvira para hacerlo—. Si viene el médico, me negaré a verlo.
—Se ha recuperado, evidentemente —murmuró Nick cuando apareció Paquita con el agua que había pedido doña Elvira.
Detrás de Nick, Miley apenas se atrevía a mostrar su cara, por si ocasionaba otro desmayo. O peor. ¡Sería terrible que le pasara algo a Marcus antes de que pudieran tener la oportunidad de hablar!
El señor Marcus Troone se puso de pie. Nick se dio la vuelta, rodeó la cintura de Miley y la obligó a que mirase a Marcus.
Miley simplemente se quedó mirando. No pudo evitarlo. Era un hombre apuesto todavía, no había cambiado mucho desde la foto que había visto ella. Solo una cara algo menos fresca, una cintura más ancha. Los mismos ojos azules... que la miraron con intriga. Luego su voz habló amablemente al pedir disculpas:
—Lo siento. ¡No suelo saludar a los invitados desmayándome! Tú me recuerdas a alguien que conocí hace tiempo...
—Miley... —le dijo Nick —. Ahora, creo...
— ¿Ahora? —preguntó Miley, comprendiendo.
—Sí.
— ¿Se puede saber de qué estáis hablando? —Marcus los miró mientras hacía un movimiento con la mano para rechazar el agua que le ofrecía Elvira.
Miley respiró profundamente.
Nick tenía razón. Después de haber pronunciado el nombre de su madre, no podía haber rodeos. Además, intentó tranquilizarse. Marcus había recobrado el color en su cara y se lo veía fuerte como un toro. ¡Mucho más fuerte que ella!
Sintiéndose más segura por sentir la mano de Nick en la cintura, Miley reunió coraje y dijo suavemente, antes de que su padre se pusiera impaciente:
—Yo le recuerdo a Molly Cyrus, mi madre.
El gesto de Marcus pareció tensarse. Luego se relajó y sonrió:
—Molly. Claro, la hija de Molly. Eres igual a tu madre —se le hizo un nudo en la garganta—. Hace años que perdí el contacto con ella. ¿Cómo está?
Miley tragó saliva. ¿No se daba cuenta de lo que pasaba? Su adulterio había tenido un embarazo como resultado. Él no había querido saberlo. ¿No era capaz de adivinar quién era ella? ¿O quería negarlo?
—Mi madre murió hace unos meses. Es por ello que quería encontrarlo. Mi madre no me dijo nunca quién era mi padre, pero antes de morir, me dio un colgante que le había regalado mi padre...
—Tenemos razones para pensar que Miley es tu hija, Marcus —le dijo Nick.
Marcus se puso pálido. Los ojos se le llenaron de lágrimas y volvió a hundirse en su butaca. Luego dijo:
— ¡Siento tanto que Molly haya muerto! ¡Demasiado joven!
Miley miró con resentimiento a Nick por revelar aquel secreto de un modo tan directo. Luego acercó una silla a la de Marcus, se sentó y le tomó ambas manos.
Elvira exclamó:
— ¡Oh, Dios mío!
Miley no supo por qué lo decía, si por su hijo o por ella. Pero no le importaba. Porque toda su atención estaba en Marcus, aquel hombre atormentado que era el padre que había perdido hacía tanto tiempo.
—Por favor, tranquilícese —le dijo suavemente—. Le prometo que no he venido a causar problemas. Como ha dicho Nick, hay razones para toda esta historia, pero es tan larga que puede esperar hasta mañana.
— ¡Oh, por favor! ¡Cuéntala de una vez! —exclamó Terrina con dureza.
—Quiero que me cuentes todo lo que sepas sobre Molly —le dijo Marcus—. Ella desapareció hace muchos años. Sus padres se negaron a decirme dónde estaba ni por qué se había marchado. Aun después de todos estos años, ¡quiero saberlo! Si... Si de verdad eres mi hija... —apretó más los dedos de Miley—. Necesito saberlo todo.
Marcus no debía agitarse, pensó Miley, y decidió contarle todo:
—Mamá se fue de su casa, de su pueblo, y dejó los estudios porque se quedó embarazada de mí. No quiso decirme quién era mi padre, pero me dijo que era un hombre casado. Supongo que pensó que si le decía que estaba embarazada, iba a causar muchos problemas, así que tomó la decisión de desaparecer. Pero sé... —sintió un gran dolor en su pecho—. Sé que lo amó siempre. Jamás miró a otro hombre. Era guapa, y tuvo oportunidades de casarse, pero las rechazó.
Los ojos de Marcus se llenaron de lágrimas.
Si aún podía sentir esa pena, quería decir que su amor por su madre había sido sincero e intenso. Como el de su madre. Los ojos de Miley también se llenaron de lágrimas. Era una historia muy triste.
—Podría habérmelo dicho —dijo Marcus con tristeza—. No tenía necesidad de arreglarse sola. Ambos sabíamos que yo no podía dejar a mi esposa, pero me habría ocupado de Molly y de mi hija. Os habría amado a ambas. ¡Tanto amor desperdiciado!
—O sea que admites haber tenido una aventura adúltera —dijo Nick con tono intimidante.
Miley se sintió culpable por haber desvelado aquella historia que causaba tanto dolor.
—Debo hacer unos cambios en la cena —dijo Elvira bruscamente—. Algo en bandejas, creo que será mejor. Más tarde. Por favor, disculpadme. ¿Vienes conmigo, Terrina?
—No, me quedo -dijo Terrina con resentimiento.
Miley notó su mirada de desprecio.
Evidentemente no tenía el mismo tacto que doña Elvira.
—Si voy a tener que aguantar a una hijastra madurita, tengo que enterarme de todo esto.
— ¡Terrina, déjanos solos! —le ordenó Marcus. Miley se sintió peor aún. Estaba causando problemas, y lo lamentaba sinceramente.
Soltó las manos de Marcus y se abrazó con sus brazos. Esperaba que Nick pudiera perdonar a su padrino.
Terrina no pudo ignorar la orden de Marcus. Y cuando los tres estuvieron solos, Marcus miró a su ahijado, que era a la vez su sobrino político.
Nick lo miró con dureza.
—Intenta no despreciarme, Nick—le ordenó Marcus, no fue un ruego.
Miley observó el duelo de titanes.
—Yo amaba a Lucía. Jamás le hubiera hecho daño. Pero con la transformación que sufrió por su enfermedad, mi amor por ella pasó a ser más el amor de un padre por su hija enferma, que el amor de un marido.
—Entonces buscaste alivio, casi delante de los ojos de Lucía —comentó Nick.
— ¡Sucedió, simplemente! — respondió Marcus—. Nick... Yo era un hombre normal y sano, con las necesidades normales de un hombre sano. Pero jamás busqué otra mujer. Hasta ese verano en que conocí a Molly. ¡Oh...! Yo sabía que los Cyrus tenían una hija, debía de haberla visto. Pero ese verano, en que trabajó con nosotros, fue como si hubiera sufrido el golpe de un rayo. Simplemente, sucedió. No pudimos evitarlo. ¡Lo intentamos, por Dios, te juro que lo intentamos! —Marcus se encogió de hombros, como si estuviera resignado a que nadie que no hubiera experimentado algo así pudiera comprenderlo.
Suspiró profundamente y continuó:
—Tuvimos cuidado. Lucía ni siquiera lo sospechó. Molly sabía que yo jamás dejaría a Lucía por ella. Y lo comprendió. Tu tía se apoyaba en mí para todo, no solo en la supervisión de su cuidado durante las veinticuatro horas del día, que empezó a necesitar por entonces, sino que también necesitaba mi compañía. Puesto que quería estar con alguien que sabía que se preocuparía sinceramente por ella y por su bienestar, que la cuidaría y la ayudaría a luchar contra esa cruel enfermedad.
—Así que sacrificaste a tu amante y a tu futura hija solo por salvar tu reputación —afirmó Nick.
— ¡Maldita sea, hombre! ¿No me has escuchado?
Marcus estaba perdiendo la calma. Miley se preguntó si debía intervenir. Pero ninguno de los dos parecía darse cuenta de su presencia. Ella hubiera deseado salir de allí y esconderse en algún sitio. Pero no podía hacerlo.
— ¡Yo no sabía que Molly estaba embarazada! ¡Si lo hubiera sabido, me habría puesto loco de alegría! Siempre he querido tener un hijo. Una hija de Molly... —dijo emocionado, luego, cuando pudo continuar, añadió—: Si lo hubiera sabido, la hubiera puesto una casa al otro lado del pueblo, una casa con jardín, a Molly le encantaba sembrar plantas... La habría mantenido a ella y a nuestra hija. Hubiera arreglado algo discreto. Pero Molly desapareció. En aquel momento yo pensé que había encontrado las fuerzas que yo no tenía para separarse de mí. Yo no tenía ni idea de la verdad. Así que, ¿cómo podría haberla ayudado? ¡Dime!
Aunque Miley tenía los ojos nublados por las lágrimas, notó que los hombros de Nick se habían relajado.

Marcus se volvió hacia ella y siguió hablando:
—Pero Molly me dio una hija... —Marcus extendió una mano.
Pero Miley no se la dio. Estaba intentando comprender lo que Nick tenía en su mente. Se preguntó si era capaz de comprender que el amor era algo devastador...
Ella lo había comprendido. Desde que se había enamorado de Nick, lo comprendía. Y desde entonces había sido capaz de perdonar a sus padres por lo que había sucedido. Pero si Nick no había experimentado la salvaje pasión de un amor como aquel, si no sabía el efecto que podía tener en una persona, jamás sería capaz de perdonar a su padrino.
Nick la miró y se dirigió hacia la puerta.
—Te he juzgado mal, Marcus. Dudé de tu honor. Perdóname por ello —dijo con tono de cortesía—. Como no sabías que tu amante estaba embarazada, no se te puede culpar por no ayudarla. Ahora... —se detuvo frente a la puerta de madera tallada—. Necesitáis estar solos. Os dejo tranquilos, y haré todo lo posible para que no os molesten.
O sea que era por eso por lo que había estado tan enfadado. No había tenido nada que ver con ella, o muy indirectamente. El jamás rehuiría sus responsabilidades, por ello quería estar seguro de que ella no estaba embarazada. Y había estado furioso porque había creído que Marcus no las había asumido.
Al menos el malestar que ella había causado parecía haberse solucionado
—Miley...
Entre lágrimas, Miley vio a Marcus acercarse a ella. Este le tomó las manos y la hizo poner de pie.
— ¡La hija de Molly! ¡Mi hija! -dijo emocionado—. ¡Qué regalo tan maravilloso!

Miley miró el corredor que se extendía delante de ella. No sabía si ese era el camino a su habitación. Deseaba ver a Nick. No para hablar. Solo para tenerlo cerca.
Su padre había querido saber todo acerca de su vida y de la de su madre. Y ella se lo había contado, sin ahondar demasiado en los fragmentos más tristes de la historia, puesto que hubiera sido añadir más pena a su sentimiento de culpabilidad.
Se había tocado el colgante y le había dicho que se lo daría por la mañana. Pero su padre le había dicho:
—Es una joya de la familia desde hace años. Ahora es tuyo. Una de las mayores penas de mi vida ha sido no tener un heredero, y ahora te tengo a ti.
— ¡Oh, no! ¡Yo no quiero nada! ¡No he querido encontrarte por lo que pudiera obtener! Solo quería conocerte. Mi madre y yo no hemos tenido familiares, desde que murieron mis abuelos.
Y hasta ellos les habían dado la espalda.
—Luego cuando mamá murió... Quise sentir que tenía a alguien...
Se alegraba de que su padre fuera una persona honesta, y no el canalla que se había imaginado. Eso era lo único que le importaba.
— ¿Crees que no lo sé? Eres hija de tu madre, y como ella, no tienes nada de codiciosa. Y si eres tan generosa con los demás como ella, aceptarás pasar un tiempo conmigo, en Troone Manor. Podemos irnos conociendo mientras decides qué quieres hacer con tu futuro. De momento, es todo lo que te pido.
Habían sido dos o tres horas realmente agotadoras emocionalmente. Y ya era tarde, y ella, como una tonta, se había perdido en el edificio.
Vio otro pasillo que atravesaba el corredor en el que ella se encontraba.
De pronto oyó la voz de Terrina saliendo de una habitación, diciendo que prefería que el cheque fuera en dólares, con un tono un poco chulo.
Terrina la ayudaría a encontrar el camino.
Luego oyó la voz de Nick:
—Si eso es lo que quieres, tómalo y considérate afortunada. Te servirá para pagar tus perfumes y tu esmalte de uñas hasta que consigas otro hombre rico con quien casarte. Por supuesto que no estará a la altura de lo que podrías haber tenido siendo la esposa de Marcus. Pero es preferible esto a irte sin nada, si le cuento a Marcus lo que sé de ti. Recoge tus cosas y prepárate para marcharte mañana por la mañana.
Miley sintió pena. No podía creerlo. Sabía que no debía estar escuchando detrás de las puertas, pero no podía moverse...
¡Nick estaba chantajeando a la prometida de su padrino! ¡No se detendría ante nada para que su padrino no se volviera a casar! ¡Todo para no perder su riqueza!
— ¡Te felicito! ¡Has logrado que yo no me interponga entre tu herencia y tú! —exclamó Terrina—. Pero todavía no estás a salvo. ¡Será mejor que le pongas una alianza a la hija de Marcus, si quieres la herencia! ¿No crees? Es el único modo de asegurarte su fortuna.
—Créeme... —dijo Nick con ironía—. Eso es lo que tengo intención de hacer.
Oyó el ruido de las patas de una silla.
¡Era una pesadilla! ¡Había encontrado a su padre! ¡Pero su corazón estaba destrozado!
Ahora todo parecía cobrar sentido. Nick no dejaría que nadie le quitase la herencia. Había evitado el matrimonio de su padrino, ¡y ahora lo que tenía que hacer era casarse con ella para asegurarse la fortuna!
Había conseguido lo que quería.
Cuando ella le había dicho quién era, había representado el papel de ahijado que no creía en el deshonor de su padrino. Luego había terminado por aceptar toda la historia, cuando había visto la prueba del colgante y la carta. Y había vuelto a ser amable con ella desde entonces.
Había decidido seducirla y prepararla para la propuesta de matrimonio que pensaba declarar próximamente, como le había confesado a Terrina.
«¡Desgraciado!», pensó.

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