miércoles, 6 de junio de 2012

Capitulo 7.-


-Aprecio mucho que haga esto por mí, señorita Cyrus-dijo Nick, sin mirar a Miley, mientras se dirigían en coche hasta el Museo de Arte Moderno.
 -Puedes llamarme Miley-replicó ella, algo cansada de un tratamiento tan formal. Esta es nuestra segunda cita.
 -Sí, pero recuerde que no es una verdadera cita -le espetó él-. Si no le importa, yo preferiría seguir llamándola señorita Cyrus.
-De acuerdo -respondió ella, entendiendo con eso que él no quería que le llamara por su nombre de pila.
-Es mejor que mantengamos este asunto a un nivel impersonal. Estoy seguro de que estará de acuerdo conmigo -añadió él, en un tono de voz algo más amable.
 -A mí me da igual, señor Jonas -dijo ella, encogiéndose de hombros-. Bueno, supongo que será «señor Jonas» y no «Lord Jonas» o incluso «Su Excelencia» .
Nick evitó sonreír pero la miró de un modo que, en otro hombre, hubiese podido ser confundido por un gesto de diversión.
El la miró, apreciando los detalles del vestido de encaje, sin mangas, que ella llevaba puesto. Era uno de la media docena que Daniel le había arreglado antes de marcharse al aeropuerto aquella mañana. llevaba el pelo recogido con muchas horquillas y unos aalísimos zapatos de tacón de aguja plateados, a juego con el bolso, junto con una chaquetilla corta de cuero.
Sin embargo, el accesorio más importante que Miley llevaba eran sus joyas, ya que tenía la intención de mostrárselas a las hijas de la señora Van Aucken.
Había elegido sus piezas más modernas, que había realizado a lo largo de la semana anterior: un juego de collar, anillo, pulseras y pendientes realizados en la forma de hojas de viña entrelazadas e incrustadas con perlas y cristales de cuarzo.
Nick, al igual que la semana anterior, iba vestido de negro y blanco. La mayoría de los hombres en la gala del Waldorf se habían puesto una nota de color.
Pero Nick Jonas no. Había algo austero en su atuendo. La única diferencia era que los botones de su camisa parecían ser de ónice. Los de la semana anterior habían sido de perlas.
-Otra vez parece estar enfadada -dijo Nick-. Pensé que solo se ponía así cuando estaba cansada. ¿Es que salió anoche también hasta el amanecer?
-Estoy perfectamente descansada -replicó ella, con fingido buen humor-. No estoy enfadada en absoluto, solo le estoy pinchando para divertirme. Se llama tener sentido del humor. Mire, no se ofenda, señor Jonas, pero por mucho que yo le agradezca que me dé las gracias por hacer esto, supongo que usted sabe que realmente no lo estoy haciendo por usted.
-Eso ya lo sé. Lo está haciendo por su primo. Le saqué la verdad cuando estuvimos comiendo ayer.
Él me dijo que usted accedió a todo esto porque cree que se lo debe.
 No me dio más detalles pero me imagino que usted se siente terriblemente en deuda con él.
 -Se lo debo todo -contestó ella-. También es mi primo favorito... mi persona favorita, si quiere saber la verdad. Yo haría cualquier cosa por Cris. Cualquier cosa.
-¿Incluso tolerar mi desagradable compañía con tanta frecuencia?
 -Sí.
- Ha hablado como una mujer que se acaba de dar cuenta de que ha hecho un trato con el diablo. ¿Es que se lo está pensando ahora?
-Si se refiere a que me esté pensando no asistir con usted a esta gala, se equivoca mucho. Un trato es un trato.
 -Su sacrificio es digno de alabanza. Y de hecho ya ha dado fruto para su primo. Cris me contó unas ideas ayer durante el almuerzo, apropiadas para atraer a los donantes más jóvenes. Al principio, creí que le faltaba un tornillo, pero un par de sus propuestas tienen en realidad algo de mérito. Vamos a poner una en práctica cuando él vuelva de vacaciones.
 -Lo del musical de Daniel. Me lo ha contado.
El día de antes, Cris había vuelto a casa de lo más emocionado. Le había sugerido a Nick una representación del musical de Daniel, seguido de una fiesta en el vestíbulo del teatro, en la que el público podría conocer a los actores. Todos los beneficios irían a la investigación para el Sida.
Nick le había dado el visto bueno y los productores lo habían confirmado por medio de una llamada de teléfono. Se había preparado todo para el dieciséis de octubre, unas cinco semanas a partir de entonces. Si todo salía bien, Nick apoyaría un proyecto más ambicioso para organizar una fiesta de Halloween.
El único problema era que Cris había prometido convencer a Miley para que le acompañara con frecuencia. Cuando Miley  se hubo recuperado del hecho de que Nick quisiera que ella volviera a acompañarle, se puso a reflexionar en las dos ventajas, y en la única desventaja.
La primera era el beneficio que supondría para la carrera de Cris. La segunda era el beneficio para la carrera de Miley, de lo que Nick no podía enterarse, ya que él pensaba que era modelo.
Había intentado solucionar este pequeño problema tratando de convencer a Cris de que le hablara a Nick de su verdadera vocación, pero su primo se negó en rotundo.
Le había dicho que Nick se pondría furioso si se enteraba de que le habían mentido. Pero la desventaja era lo más importante.
Miley tendría que engañar a Nick sobre lo que ella era y lo que hacía para ganarse la vida.
Le resultaba difícil engañarle, pero era mucho más fácil que pensar que podría marcharse de Nueva York, ciudad que había empezado a adorar, y volver a Ohio a trabajar en aquel grasiento restaurante si no podía hacer prosperar su negocio.
 Hacer de «golosina para el brazo» para Nick Jonas era su oportunidad de oro para conseguir contactos en Nueva York.
Después de pensarlo todo muy bien, había llegado a la conclusión de que no podía dejar pasar la oportunidad. En lo último en lo que había pensado había sido en el propio Nick Jonas.
Encontraba muy difícil definir cómo había reaccionado ante él. Con ella era exasperante e incluso insultante. ¿Qué significaba aquello? ¿Y qué significaba el hecho de que ella se hubiese obsesionado con él como una adolescente con su último enamoriscamiento? No podía dejar de pensar en el roce de las manos contra su piel.
Miley había sido acariciada por hombres antes pero nunca había sentido aquella reacción visceral.
Nunca antes había sentido la necesidad de ir más allá.
Miley miró a Nick, tan atractivo y tan distante. Para ella era un completo enigma. Tal vez aquello era lo que le daba su atractivo.
¿Desaparecería aquella aura si ella pudiera rasgar el aura de misterio que lo envolvía?
-Cris me ha dicho que usted estudió Derecho en Oxford -dijo ella.
-En ese caso, le han informado mal.
-No creo. Recuerdo que me lo dijo con mucha seguridad.
-Mire, no quiero resultar grosero pero... -respondió él, tras una pausa. -... pero realmente preferiría que no intentara entablar conversación con una charla inane.
-¿Es que le he dicho yo eso antes?
-Sí, creo que ya ha pasado el límite de la grosería hace mucho.
 -Creo sinceramente que si los dos intentamos recordar que esto no es más que un acuerdo de negocios, nos sería muy beneficioso. No creo que le interese que yo haya estudiado en Oxford o no. Solo está intentando ser... sociable, lo que estaría muy bien. en otras circunstancias. Pero para lo nuestro, no es necesario y tal vez sería mejor si simplemente nos quitáramos de encima la carga de tener que conversar cada vez que estamos juntos. ¿Qué le parece?
 -Está bien.
Si eso era lo que él quería, no había problema. ¿En qué había estado pensando ella? Si le hubiese sacado algo, habría tenido que contarle algo a cambio, algo no muy deseable ya que ella le estaba mintiendo.
Era mejor mentir por omisión dejándole creer que ella era modelo. Él le había dicho claramente que no quería saber nada de ella. Pensó en el hecho de que Cris le había aconsejado que dejara de poner barreras entre ella y los hombres pero sabía que Nick Jonas no sentía ningún interés por ella.
Tal vez encontrara que ella era sexualmente atractiva pero era lo único que ella iba a poder inspirar en él
-Entonces, ¿nos entendemos? -preguntó él.
-¿Cuándo estemos solos, tengo que mantener la boca cerrada? Sus deseos son órdenes para mí. Yo soy solo una geisha.
Nick la miró con curiosidad, como si ella hubiera dicho algo raro, pero luego se quedó en silencio y permaneció de ese modo hasta que llegaron al museo.
 «Sus deseos son órdenes para mí. Yo soy solo una geisha».
Nick no pudo dejar de pensar en aquellas palabras a lo largo de la recepción que tuvo lugar en el museo. Tampoco podía dejar de mirada mientras iban saludando a todos los invitados que se habían reunido en el elegante restaurante del museo.
 En aquellos momentos, Nick estaba en el jardín que había fuera del restaurante, tomándose un whisky en bendita soledad mientras evaluaba aquella intrigante situación. Desde allí, se veía perfectamente el restaurante y cómo Miley, sonriendo de aquel modo casi incandescente, les mostraba las joyas a Carrie y Mina Van Aucken.
Nick no podía imaginarse una modelo mejor para mostrarlas.
 Aunque Miley Cyrus se pusiera un saco, los compradores se alinearían para hacer pedidos.
Aquella noche, aparte de la maravillosa joyería, llevaba un vestido plateado que relucía con cada movimiento que ella hacía.
Era un vestido corto que mostraba sus interminables piernas realzadas por aquellos zapatos de tacón tan alto. Su luminosa belleza, su altura y aquellas voluptuosas curvas la convertían en la criatura más resplandeciente de la sala. Una resplandeciente criatura, que, a menos que él hubiera entendido mal, se le había ofrecido en el coche.
«Yo soy solo una geisha».
Nick se sentó en un banco y encendió un cigarrillo. Entre los hilos de humo que se iban perdiendo en la oscura noche, se materializó un bello rostro de porcelana.
El rostro de la geisha Mutsumi.
 Durante el año en que Nick había vivido en Tokio después de abandonar la universidad de Oxford, la tradición de las geishas había sido uno de los aspectos que más le había fascinado de la cultura japonesa. Había pasado más tiempo del que debería haber pasado en una casa de geishas.
Era joven y poco capaz de controlar sus pasiones y sabía que allí encontraría a Mutsumi. Durante semanas le había hecho la corte solo para descubrir que ella estaba en manos de un magnate de la electrónica y solo podía servirle té y sonreír cada vez que él intentaba hablar en japonés.
Las geishas tradicionales no son prostitutas sino cortesanas y la mayoría de ellas tenían ricos protectores que se reservaban en exclusiva sus favores sexuales. Y, años después, Miley Cyrus le estaba ofreciendo ser su geisha. ¿Se daba cuenta de lo que eso implicaba? Desde donde estaba, podía verla recogiendo tarjetas de ambas hermanas para pasárselas, presumiblemente, a su amiga, Beryl y su hijo se les acercaron, acompañados por Demi Crane.
Joe la llevaba de la mano y no podía dejar de mirarla, a pesar de la presencia de Miley. Nick se preguntó cuánto tiempo tardaría en darse cuenta de que no podía vivir sin ella.
Nick volvió su atención a Miley.
La semana anterior y recordó las palabras que ella le había dicho la semana anterior.
«Mi función aquí, esta noche, es ser la fantasía de cualquier hombre, ser decorativa y complaciente».
Contemplándola, se preguntó cuánto de la fantasía de un hombre estaría ella dispuesta a cumplir. ¿Cómo sería ella de complaciente? Durante el almuerzo del día anterior, le había preguntado a Cris sobre lo dispuesta que Miley estaba a seguir siendo su acompañante.
Nick, refiriéndose al hecho de controlar su conversación, le había preguntado a Cris si ella sabía lo que se esperaba de ella.
«He hablado con ella. Sabe de lo que va esto y estará encantada de complacerte. No te desilusionará».
Nick recordaba perfectamente la respuesta de Cris, que debía de haberle pedido a su prima que explotara su seducción al máximo.
Cuanto más complaciente fuera ella, más en deuda se sentiría Nick con cris y más probable sería que este consiguiera sus planes.
La disposición de Miley a prostituirse por su primo, al parecer al cambio de su generosidad para con ella, era solo una más en el laberinto de intereses que se entrelazaban en aquella extraña historia.
«Le debo mucho. Haría cualquier cosa por Cris».
 Lo único que quedaba por resolver era lo que él, Nick, iba a hacer al respecto.
Él había pagado algunas veces para conseguir sexo en ciudades extranjeras, pero en general, era algo que evitaba.
 Nunca le había costado mucho conseguirlo. Sin embargo, lo que Miley le ofrecía era sexo por una remuneración que no era para ella, sino que se esperaba que Nick pagara utilizando los servicios de Cris, lo que, de todos modos, ya había empezado a hacer.
Entonces, ¿qué razón había para seguir rechazando los servicios de Miley? Considerando los problemas que había tenido con las mujeres, aquel acuerdo en el que todos se beneficiaban tenía sus atractivos.
Él podría aliviarse de su abstinencia sexual sin verse implicado en una relación emocional.
Miley no pretendería estar enamorada de él, como Delta o las otras. No habría mentiras ni falsas promesas.
Sería solo una relación física. Sería perfecto. Tendría que ocurrírsele alguna excusa para hacer que ella fuera a su apartamento, pero no tendría que ser particularmente ingenioso.
¿A quién estaba tratando de engañar? Tal vez incluso ella se había preguntado por qué no la habría llevado después de la primera cita e incluso Cris y ella se habrían estado riendo sobre lo lento que era Nick Jonas en darse cuenta de las cosas.
 Tal vez por eso los dos le habían lanzado unas indirectas tan claras que Miley había terminado de reforzar con lo de «soy tu geisha».
Nick pegó una última calada a su cigarrillo contemplando cómo Miley se reía por algo que Beryl había dicho.
 Aquella risa le sonó como un gemido de placer, lo que le hizo pensar cómo expresaría ella su placer cuando tuviera un hombre dentro de ella.
¿Gritaría al alcanzar el orgasmo?
«Lo descubriré esta noche», pensó él, apurando lo que le quedaba de whisky.

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