—He olvidado preguntarte una cosa —dijo—. ¿Tú estás a favor de besarse en la primera cita?
—No, definitivamente, no.
—Yo tampoco —repuso él, entrando de nuevo y cerrando la puerta tras de sí—. Así que será mejor que consideremos ésta como nuestra segunda cita —y rodeándola con sus brazos, acercó su rostro al suyo y la besó.
Cuando Nick se separó al fin, Miley mantuvo los ojos firmemente cerrados, temiendo romper el encantamiento. No podía ser cierto, no podía estar pasándole a ella. Un simple beso no podía ser tan maravilloso. Evocó la sensual calidez de sus labios, el efecto deslumbrante sobre sus sentidos, el descubrimiento de que en lo más profundo de su ser despertaba una necesidad de él que fácilmente podía convertirse en pasión y deseo.
—Hey —dijo Nick suavemente—, ¿te has quedado dormida?
—No —respondió Miley con una sonrisa, pero manteniendo los ojos cerrados—, claro que no, pero me parece que estoy soñando.
—¿Y eso es bueno o malo?
—Buenísimo —dijo Miley roncamente, tras dirigirle una larga mirada—. ¿Siempre provocas el mismo efecto en las mujeres a las que besas?
—¿Qué efecto?- Lentamente, ella alzó la mano para acariciarle el rostro, trazando con sus dedos la línea de la mandíbula.
—Devastador —declaró sencillamente. Él suspiró satisfecho.
—¡Gracias a Dios! Hubiera sido terrible que sólo lo hubiera sentido yo.
Ella abrió los ojos de golpe.
—¿Quieres decir que tú… que tú también has sentido lo mismo?
—Por supuesto —musitó Nick—. Aunque quizá fuera mejor que lo hagamos otra vez para estar seguros del todo. -Eso era precisamente lo que Miley más deseaba en el mundo, pero una vocecita en su interior la instaba a ser más precavida.
—E… esto, tú… Todo está yendo demasiado rápido. No te conozco.
—Bueno —repuso Nick con una carcajada—, yo tampoco te conozco a ti, pero estoy deseando tener la oportunidad de hacerlo. Miley —continuó en un tono más serio, al ver el rostro preocupado de ella—, ¿qué pasa? Sólo estaba bromeando.
—Ya, pero lo cierto es que no me conoces.
—Tendremos que conocernos el uno al otro, me parece. Podemos hacer esa cosa tan anticuada de «salir juntos», tomarnos algo de tiempo y todo eso.
—¿Y entonces, qué pasa con… esto?- Sabiendo lo que ella quería decir, él la apretó contra sí con más fuerza.
—No quiero agobiarte ni nada parecido —dijo suavemente—. Iremos paso a paso si tú quieres, pero ahora quiero besarte otra vez, ¿puedo? -No esperó su respuesta; asió su rostro y puso sus labios sobre los suyos, levemente al principio, explorando su boca con suavidad, cubriéndola de besos, mordisqueándola con ternura. Pero poco a poco, su lengua se abrió camino al interior de su boca, y el beso se hizo más ardiente y furioso.
Miley gimió, cerró los ojos y le dejó que la llevara a una espiral de placer, haciendo que el mundo se diluyera a su alrededor, y que lo único que le importara fuera su cercanía, la llama de la pasión que recorría sus venas, despertando el deseo.
Nada era tan maravilloso como lo que estaba viviendo, nada le importaba tanto como ese instante. Nick no dejaba de besarla, y entre caricia y caricia, pronunciaba su nombre una y otra vez. El beso fue creciendo en intensidad, hasta que, de repente, él se retiró, recordando su promesa. Apartando la cabeza, la atrajo hacia su pecho, y allí cobijada, Miley pudo oír la violencia de los latidos de su corazón.
—Estoy asustada —dijo, con una sinceridad que le dejó desarmado.
—Lo sé, pero no tienes por qué estarlo, cariño. Yo cuidaré de ti.
—Por favor… creo que es mejor que te vayas.
—No confías en mí, ¿verdad? —Nick le sonrió tiernamente—. Bueno, puede que tengas razón. Nunca hasta ahora me he visto en una situación como ésta.
—¿Qué situación? -Sus ojos chispearon maliciosamente; le dio un leve beso antes de responder.
—Estoy loco por ti.
Sin más, abrió la puerta y se marchó, dejando a Miley con los ojos muy abiertos, completamente atónita.
Nick pasó a por ella a la mañana siguiente, ardiendo del deseo de abrazarla de nuevo. Miley estaba también exultante, pero llena de temor. Podía ver la dicha que tenía ante sí, pero temía confiarse demasiado.
—¡No! ¡No me toques! —exclamó, sabiendo que si él la abrazaba perdería toda posibilidad de control. Sin embargo, él la asió por los hombros, mirándola atentamente.
—¿Miley? ¿Qué es lo que pasa?
—Es… es la atracción que sientes por mí. Puede ser sólo una reacción química o algo así que nos esté alterando.
—Así que admites que tú también estás alterada, ¿eh? —dijo Nick satisfecho.
—Puede que se desvanezca de forma tan repentina como ha aparecido —se explicó Miley, ignorando su comentario—. Puede que te despiertes una mañana odiando sólo la perspectiva de verme.
—Si me despierto a tu lado, todo me parecerá maravilloso, absolutamente perfecto —repuso Nick.
Ella intentó argumentarle que algo que había surgido tan rápidamente difícilmente podía durar, pero él se echó a reír, limitándose a abrazarla aún con más fuerza.
—¡Oh, eres un tonto! —exclamó Miley exasperada—. ¿Por qué no escuchas lo que te digo? Tienes que tomarme en serio. -Pero justo entonces él consiguió besarla, e inmediatamente Miley olvidó todos sus temores, y de algún modo, supo además que siempre sería así, que siempre que se besaran iba a sentir exactamente lo mismo, la misma exaltación en alma y cuerpo. Por fin lo aceptó, disfrutando de cada segundo, sabiendo que él sentía lo mismo que ella. Y pudo comprobarlo las semanas que siguieron a aquel día, en las que se vieron tan a menudo como podían.
La primera semana, él estuvo a su lado casi todo el tiempo, llevándola a donde hiciera falta, invitándola a comer, mostrando siempre una solicitud conmovedora por el estado de su muñeca herida. Después de esas vacaciones, cuando tuvo que volver a Londres para reincorporarse a su trabajo, recorría un montón de kilómetros en su Jaguar sólo para llevarla a cenar o al teatro, lugares a los que ella nunca había tenido la oportunidad de ir.
No parecía faltarle el dinero, y aunque no lo derrochaba, se mostraba siempre muy generoso, reservando las mejores localidades en cines y teatros, así como mesas en los restaurantes más conocidos. Aunque respetaba escrupulosamente las normas que se habían impuesto, Nick era muy capaz de echar abajo sus defensas.
A menudo ocurría que, cuando se despedían, él la besaba tan apasionadamente que casi le hacía arrepentirse de su determinación. De algún modo, conseguía desasirse de su abrazo y enviarle a su casa insatisfecho, tan frustrado al menos como ella misma.
Fue un largo y caluroso verano. Un día, cuando ya hacía seis semanas que se conocían, Nick alquiló una barca con el fin de hacer una excursión por el río que rodeaba la ciudad; procuró hacerse con muchos cojines, para que ella estuviera cómoda, aunque para entonces su muñeca estaba casi curada. Preparó asimismo una cesta con la merienda, y una botella de vino, que mantuvieron en el agua durante todo el recorrido con el fin de que estuviera fresca.
Al fin llegaron a un tranquilo rincón, cubierto de árboles; Nick amarró la barca y la ayudó a bajar. Dispuso una manta sobre el césped, donde se tumbaron para comer, mientras escuchaban viejas melodías de jazz en un cassette. Hacía mucho calor, así que Nick se quitó la camisa; aunque intentara resistirse, Miley no podía evitar sentirse atraída una y otra vez por su poderoso torso y la visión de los músculos que se tensaban en los hombros y brazos.
La brisa hacía que se movieran las ramas de los árboles, y que entre las hojas se proyectaran sombras y luces que jugueteaban con su piel desnuda, iluminando un momento el hombro, después el pecho, y también la espalda, cuando él se volvió para guardar las cosas otra vez en la cesta. Le resultaba de lo más sexy, como si un malicioso Cupido se estuviera entreteniendo con ella.
Miley ahogó un gemido, mientras sentía crecer en ella un deseo, una emoción tan fuerte que anulaba cualquier resistencia. De repente, alzó la mano y acarició su espalda, recorriendo con los dedos la espina dorsal. Pudo notar el estremecimiento de Nick antes de que éste se volviera hacia ella; era patente en sus ojos la necesidad que sentía por ella, hecha de puro deseo, e igual asimismo a la que ella sentía por él.
—Miley —pronunció su nombre en un largo suspiro, mezcla de descubrimiento y placer. Levantando una mano temblorosa, le acarició la mejilla; lentamente, acercó su rostro, y sin dejar de mirarla a los ojos, la besó. Sus labios eran cálidos, hambrientos.
Miley le puso la mano en el hombro, sintiendo su piel caliente y húmeda por el sudor, provocado no por el calor del sol, sino por la excitación de saber que ella lo deseaba. Casi sin aliento, Nick se separó de ella un instante, mirándola intensamente; sin dudarlo, Miley le puso la mano en la cabeza y lo atrajo hacia ella de nuevo, devolviéndole el beso con un fuego que nunca hasta entonces había sentido.
Con un gemido, Nick la empujó sobre la manta, besándola sin parar en los labios, los ojos, la garganta… Después, con la respiración entrecortada, se apoyó sobre un codo, yaciendo a su lado, y empezó a desabotonarle la camisa. Suspiró con una mezcla de placer y casi de dolor cuando vio por primera vez sus pechos, tersos y firmes, con los tiernos pezones erectos.
—¡Eres tan hermosa! —exclamó, y sin poder resistirse más, empezó a besarlos y acariciarlos, hasta que ambos alcanzaron un estado de excitación poco menos que insoportable.
—¡Dios, cómo te deseo! —gimió Nick—. Me estoy volviendo loco: no puedo dormir, ni trabajar siquiera. Me paso todo el día pensando en ti.- Miley abrió los ojos, mirándolo directamente.
—¿Quieres decir en hacer el amor conmigo?
—¡Oh, sí! Me muero por eso, pero pienso más en…
Se interrumpió bruscamente cuando vio que Miley empezaba a desabrocharle el cinturón.
—Tendrás que ayudarme —le dijo—, no creo que pueda hacerlo sólo con una mano.
—Miley —Nick se la quedó mirando—, ¿estás segura?
Ella le sonrió.
—Segurísima. No eres el único que se ha pasado noches sin dormir ¿sabes? —admitió al fin—, así que, ¿por qué no hacer que nuestros deseos se conviertan en realidad? —le propuso provocativamente. Nick, con expresión maravillada, se arrodilló y empezó a desnudarla muy lentamente, como guardando cada instante en su memoria.
Le pareció maravillosa, tendida ante él, expectante; saber que en un instante sería suya por fin le hizo gemir de nuevo. Le temblaban las manos al acariciarla, y el sentimiento de alegría y placer que experimentaba se le hacía casi insoportable.
—Te adoro, amor mío —susurró cuando la vio al fin completamente desnuda.
—Entonces, tómame —le urgió Miley—, tómame ya.
Desvistiéndose a su vez, Nick la cubrió de besos otra vez antes de penetrarla. Al principio, intentó mostrarse comedido, pero el creciente placer, cada vez más acuciante, le invadió hasta casi hacerle perder el control. Con un grito ahogado, le puso una mano bajo las caderas y la atrajo hacia así, empujando con tal pasión, que fue Miley la que gritó, enfebrecida por el deseo; fue ella entonces la que lo besó con ansia incontrolada, abrazándolo con fuerza.
Les invadió una ola de sensualidad como nunca antes habían sentido, y sus gemidos resonaron al unísono en la tranquilidad de la tarde, mientras sus cuerpos se fundían en el acto más antiguo, y a la vez más hermoso, del mundo. Cuando al fin todo terminó, permanecieron uno en brazos del otro durante largo rato, demasiado cansados para moverse, aún tan inmersos en la belleza que acababan de compartir, que temían que se desvaneciera como por ensalmo si hablaban.
Por fin, Nick alzó una mano para retirarle a Miley un mechón de la frente empapada. Cuando ella abrió los ojos y lo miró, vio su rostro iluminado por la más pura felicidad; parecía resplandecer, y en el fondo de sus ojos brillaba una llama de triunfo.
—Este ha sido —dijo sencillamente tras besarla suavemente— el momento más maravilloso de toda mi vida.
Miley suspiró, sintiéndose perfectamente feliz y satisfecha, con el cuerpo saciado por el placer compartido.
—¿Y para ti? —preguntó Nick—. ¿Ha sido así para ti también? -No pretendía ser tan apasionado, pero las cosas se me fueron un poco de las manos.
Alzando su mano, Miley le acarició los labios con la punta de los dedos, para luego juguetear con sus pequeños pezones.
—No sabía que pudiera haber terremotos en Inglaterra —dijo al fin. Él sonrió complacido.
—Parece que el suelo se movió, ¿verdad?
—¡Y cómo! -Incorporándose un poco, Miley empujó a Nick sobre la manta, y empezó a besarlo. Su larga melena era como una cortina, lo que hizo que la caricia resultara más íntima, privada.
—Me alegro de que perdieras el control—dijo suavemente contra su boca, mientras que con la mano le acariciaba el cuerpo, explorando cada rincón—. Eres tan fuerte…- Tomó una de sus manos y la comparó con la suya, asombrada al ver lo pequeña que parecía.
Fascinada por las diferencias físicas entre ellos, Miley se fijó en cada detalle de su cuerpo. Recorrió la línea de su cuerpo, desde el cuello hasta el pecho, para seguir por los muslos, las musculosas piernas, y llegar hasta los pies.
—Eres muy hermoso —declaró admirada—. No podía imaginar que un hombre desnudo fuera tan bello.- La mano inició el ascenso por el cuerpo masculino, pero se detuvo, sorprendida, al darse cuenta de que volvía a estar excitado.
Con un suspiro satisfecho, exploró un poco más, hasta que Nick no pudo resistirlo. Gimiendo, la colocó debajo de él e hicieron el amor una vez más. El regreso por el río, con el sol del ocaso proyectando sombras alargadas sobre la superficie del agua, fue un momento más para recordar de aquella tarde de descubrimiento.
Miley nunca se había sentido tan satisfecha y feliz, y eso se traslucía en su rostro feliz y radiante. Había sido un día de plenitud para los sentidos, en el que se había saciado de comida, vino, sol y sexo, lo que la hacía sentirse más viva que nunca. Nick apenas podía apartar la vista de ella; nunca le había parecido tan hermosa.
Cada gesto de Miley, su mano lánguida en la superficie del agua, las miradas de complicidad que le dirigía, evidenciaba que era una mujer que había sido plena e intensamente amada. Sólo mirarla tenía un poder afrodisíaco para sus sentidos.
—¿Te acuerdas cuando antes te dije que me pasaba el día pensando en ti? —dijo Nick—. Lo que quería decirte es que no simplemente estaba obsesionado por hacer el amor contigo.
—¿Simplemente? —repitió ella con una sonrisa divertida. Él hizo una mueca, evidentemente complacido por haber sido capaz de proporcionarle tan gran placer.
—Bueno, ya sé que es una forma un poco tonta de exponer las cosas, pero lo que quiero decirte —continuó más serio— es que quiero más que eso, Miley. Quiero estar contigo, saber que eres mía. Sueño con volver a casa y encontrarte allí esperándome. No quiero marcharme nunca más después de haber pasado la tarde contigo —su voz se hizo más ronca, más apremiante—. Me parte el corazón tener que dejarte.
Ella pensó que le estaba pidiendo quedarse a dormir con ella en el apartamento esa noche, y así poder hacer el amor de nuevo.
—Yo también lo deseo. Quiero que te quedes tanto como puedas.
Estaban llegando al pueblo, así que Nick se concentró en amarrar el bote.
—Tienes hierba en el pelo —le susurró mientras la ayudaba a bajar.
—¡Vaya! —exclamó Miley con una sonrisa.
Mientras se peinaba con los dedos, le dirigió una tierna mirada, llena de la nueva intimidad que empezaban a compartir. Nick la había ayudado a descubrir una nueva dimensión de su feminidad, al permitirle darse cuenta del poder que ejercía sobre él.
Pusieron la cesta de la merienda y la manta en el maletero del coche; Nick quitó la capota y se dirigieron a un pub para tomar algo fresco en la terraza que daba al río.
—Quiero quedarme en tu casa esta noche —empezó a decir Nick—, pero no solamente eso —le tomó la mano antes de continuar—. Me he enamorado de ti, Miley, y quiero estar contigo siempre. Cariño, te estoy pidiendo que nos casemos tan pronto como podamos arreglarlo. -Miley se le quedó mirando atónita.
—Pe… pero yo creía que sólo querías que…
—¡Oh, Miley! ¿Cómo puedes estar tan ciega? Creía que te habías dado cuenta de lo mucho que me importas.
Ella retiró la mano, con una mirada de desconcierto en sus ojos.
—Pero es demasiado pronto. Sólo hace unas semanas que nos conocemos.
—¿Y eso qué importa? Sé que me quieres, hoy lo has demostrado… Eso no puedes negarlo, ¿verdad? -Ella asintió lentamente, sabiendo que no tenía ningún sentido protestar.
—Es demasiado pronto —se limitó a repetir obstinadamente.
Nick alargó una mano para acariciarle el rostro.
—Sé lo que quieres decir, pero te aseguro que estás equivocada, amor mío. Creo que te quise desde el primer momento en que te vi. Para mí todo esto es como un milagro, un milagro maravilloso… y no veo que pueda dejar de quererte. Nada de lo que tú o cualquiera me diga me hará cambiar lo que siento. No pienso dejarte escapar, Miley. Créeme, esto es para siempre. Ella lo miró directamente.
—¿Tú me querrás, sin importarte lo que yo haya hecho? —preguntó en voz muy baja.
Nick sonrió, con la mirada llena de tal calidez y ternura, que ella supo que nunca olvidaría ese momento.
—Sin importarme lo que hayas hecho —declaró—. Es el destino lo que nos ha unido, y no pienso dejarte marchar después de haberte encontrado por fin.
—Podemos vivir juntos, si tú quieres —propuso Miley en un último y desesperado esfuerzo por hacerle cambiar de idea—. Puedo dejar el trabajo y mi apartamento, e irme a vivir contigo.
Nick se quedó callado un instante.
—No te creas que no aprecio tu propuesta, Miley, pero ¿qué sentido tiene hacer eso? Si nos vamos a vivir juntos, si estamos tan comprometidos el uno con el otro como para desear estar juntos todo el tiempo posible ¿por qué no casarnos? Además recuerda que ya tengo treinta años, es tiempo de sentar cabeza.
—¿Cómo?
—Pues que quiero casarme, tener una familia —para su deleite, ella se ruborizó al oír estas palabras—. ¡Oh, Miley! ¡Cariño mío! Te has confiado a mí hoy, ¿no quieres hacerlo para el resto de tu vida?
—Sí, quiero hacerlo —dijo ella tras un segundo de dicha perfecta, en el que presintió un futuro lleno de felicidad—, claro que quiero—. Pero no podía seguir adelante sin ser completamente sincera con él—. Sin embargo —empezó a decirle—, hace unos años…
De inmediato, él le puso la mano sobre los labios, haciéndola callar.
—Eso es el pasado, ¡olvídalo! Lo único que me importa es el futuro: nuestro futuro.
Ella lo miró, sabiendo en su fuero interno que eso no era del todo cierto, que el pasado no podía ser eliminado de ese modo, pero sus palabras habían sido tan apasionadas, tan convincentes, que decidió dejarse llevar por su optimismo y su fe en el futuro.
—Muy bien, haremos lo que tú quieras entonces —declaró.
—Entonces, ¿te casarás conmigo, mi amor? —dijo él, incapaz de reprimir su felicidad.
Miley asintió con un gesto, y las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas, impidiéndole articular palabra.
—Sí —dijo al fin con firmeza—. Sí, me casaré contigo.
Pero a la mañana siguiente, después de que Nick se marchara, cuando ya no podía contar con su fuerza y confianza para sostenerla, volvieron a acecharle todas las dudas y temores con fuerza renovada. No le había dicho la verdad sobre su pasado, no le había contado que había estado en la cárcel. Y durante tres largos años.
Ahora temía que él llegara a saberlo, que el pasado se volviera contra ella.
wow me encanto
ResponderEliminarsiguelaaa
porfaaaa