sábado, 23 de junio de 2012

Capitulo 10.-


Por otro lado, Nick tampoco la rechazaba. En realidad, sonreía, sin dejar de mirarla, concentrado en algo que le estaba diciendo. Era un jardín muy grande, con manzanos y perales, árboles viejos de gruesos troncos y ramas cargadas, de grandes hojas. La pareja se alejó de ella bailando hacia el otro lado del grupo y luego desapareció detrás de los árboles. Miley esperó a que volvieran a aparecer, por detrás de los faroles chinos que rodeaban la pista de baile. Esperó durante diez agonizantes minutos, pero no aparecieron.
Se levantó y caminó junto a la verja, al abrigo de las sombras, junto a un seto, hasta llegar a los árboles. Anna llevaba vaqueros blancos, así que sería fácil localizarla. Al rodear el tronco de un árbol se detuvo de repente. El jardín daba a un campo abierto, separado de él por una cerca de madera. Nick y Anna estaban apoyados en la cerca y sus siluetas se recortaban contra el cielo dorado.
Pero no miraban el crepúsculo, se miraban a los ojos. Miley, inmóvil, vio que Anna echaba los brazos al cuello de Nick e inclinaba la cabeza para besarlo en la boca. Esperaba que su marido la rechazara, pero, en vez de eso, debió abrazarla, aunque ella no podía distinguirlo, porque el beso prosiguió. Incapaz de soportarlo, Miley se dio la vuelta y volvió corriendo hacia la casa, rozándose con algunas ramas en su ciega carrera.
Sentía la más terrible desesperación, pero, en alguna parte, encontró el sentido que la hizo detenerse al llegar a la pista de baile. Nick había dejado la chaqueta en el respaldo de una silla. Buscó las llaves y fue a buscar a Sam, tratando de aparentar la mayor tranquilidad. No estaba dispuesta a permitir que nadie viera el estado en que se encontraba.
Había recibido el mayor golpe de su vida. Sam estaba en el salón de la casa, sentado junto a los demás niños, concentrado en la pantalla de la televisión. No quería irse. Miley, esforzándose por mantener la calma, se agachó y lo agarró por un brazo. Sam se opuso, se sentía demasiado mayor para que tuvieran con él aquella actitud, y menos delante de amigos.
Pero Miley se lo llevó del brazo, sin despedirse de nadie, porque no era capaz de hacerlo. Condujo a toda velocidad, sin que la imagen de su marido y de su amiga besándose se le borrara de la mente, pero, afortunadamente, sólo había un par de kilómetros hasta su casa. Al entrar en su hogar y ver todas las cosas que amaba, todo lo que Nick y ella habían reunido a lo largo de los años, su desesperación aumentó. ¿Cómo se atrevía Anna a jugar con su marido? ¡Cómo se atrevía Nick a dejarla !

Metió a Sam en la cama, sin bañarlo y sin contarle un cuento, como acostumbraba. Sam guardó silencio y se limitó a mirar a su madre, que siempre era amable con él. Cuando Miley lo dejó acostado y se fue, lloró en silencio.
Miley bajó y se sentó en el sofá, a esperar a Nick, cada vez más furiosa. Más de una hora después, oyó que un coche se detenía junto a la puerta y a dos personas que se despedían, deseándose buenas noches.
Miley se había llevado sus llaves, de modo que Nick se vería obligado a llamar al timbre. Y así fue. Miley tardó en abrir, porque después de una hora esperando, estaba todavía más furiosa. Cuando corrió el cerrojo, tuvo que apartarse para dejar paso a Nick, que la empujó con fuerza.
Se quedó en el vano unos instantes, mirándola, luego pasó y cerró de un portazo.
—¿Qué demonios te pasa? —preguntó Nick—. ¿Lo has pensado bien antes de salir corriendo de la fiesta y dejarme allí?
Miley había tenido miedo al ver la mirada furiosa de Nick, pero su propia furia no tardó en apoderarse de ella.
—¿Pensar en qué? ¿En lo que diría la gente? Me importa muy poco.
—No, ya veo —replicó Nick—. Ya veo que no te importo nada.
—¿Y por qué me ibas a importar?
Nick la miró fijamente y su actitud cambió, de la ira a la fría amenaza.
—¿Y eso qué significa?
—Oh, no te hagas el inocente —dijo Miley apretando los puños— porque no te servirá de nada. ¿Cuánto tiempo dura ya?
—¿De qué demonios estás hablando?
—De tu lío con mi mejor amiga. Y no intentes mentirme, porque los he visto —dijo Miley, con rabia y con dolor—. Te he visto besándola.
Nick pareció perder parte de su tensión.
—No, Miley, no lo has visto. Lo que has visto…
—¡Mentiroso!
Nick, con una voz fría como el hielo, dijo:
—Supongo que debería alegrarme de que te importe lo suficiente como para que estés celosa. Después de cómo has estado actuando últimamente, empezaba a preguntarme si yo te importaba algo.
—Por supuesto que me importas —dijo Miley con voz trémula.
—Tienes una forma muy rara de demostrarlo.
—Y tú también. Y todavía no has respondido a mi pregunta. ¿Cuánto tiempo llevas acostándote con mi mejor amiga?
—¿Qué te importaría más, que yo te fuera infiel o que te traicione tu mejor amiga?
—Así que es verdad —dijo Miley con voz rota..

De repente, Nick volvió a ponerse furioso y la agarró por los brazos.
—No, tonta, no es verdad. Por lo menos, no por mi parte. Aunque, Dios sabe que algo de calor y de comprensión no me vendría mal. Pero no, Miley, no te he sido infiel, de ningún modo, ni siquiera con el pensamiento. He hecho votos de amarte hasta que muera y no importa lo que hagas, yo siempre seré fiel a ese voto —dijo, mirándola a los ojos—. Porque tú eres lo único que quiero, lo único que siempre he querido. No sé qué es lo que te pasa, lo que nos pasa, pero nada va a cambiar lo que siento por ti. ¿Lo entiendes?
Miley asintió lentamente, pero frunció el ceño.
—Entonces era Anna.
Nick profirió una exclamación de impaciencia y la soltó.
—¿Cómo se ha atrevido? —dijo Miley, recordando el beso, y que Nick no había rechazado a Anna—. Tú no la apartaste.
—Lo intenté —dijo Nick—, pero se abrazó a mí. Luego dejé que viera que yo no estaba interesado, pero sin hacer una escena.
Aquello debió tranquilizar a Miley, pero no fue así.
—Supongo que te ha gustado besarla —dijo.
Nick recobró la mirada de furia que tenía anteriormente.
—No —le espetó a Miley—. Los besos que me gustan son éstos —dijo y, agarrándola por los brazos, la besó con furia, con una fuerza que obligó a Miley a echarse hacia atrás.


Miley protestó, lo que sólo sirvió para que Nick la forzara todavía más. Miley se sentía indefensa e impotente. Trató de darle una patada, pero Nick la levantó del suelo.
—¡No! —protestó, pero aquel hombre, que siempre la había tratado con ternura y con cariño, que, hasta entonces, siempre había entendido sus negativas, la echó sobre sus hombros y subió hasta la habitación. Lo iba golpeando en la espalda, pero Nick seguía imperturbable.
Al llegar a la habitación, la dejó sobre la cama y fue a cerrar la puerta. Miley quiso levantarse, pero Nick se echó sobre ella.
—Si crees que voy a dejar que me toques después de besar a Anna, estás loco. Y si crees que…
—Me importa muy poco lo que tú pienses —dijo Nick y se sentó sobre Miley, reteniéndola. Durante algunos minutos se debatieron, rodando sobre la cama. Miley le daba puñetazos, pero Nick era mucho más fuerte que ella. Ella nunca se había dado cuenta de su fuerza porque nunca la había utilizado contra ella.
Pero cuando la agarró por el pelo, para volver a besarla, Miley, con gran sorpresa para ella, se excitó, algo que no sentía desde hacía muchas semanas. A pesar de ello, siguió luchando por soltarse. Nick trató de besarla una vez más, y, ella se propuso morderlo, pero al ir a hacerlo, al sentir sus labios, separó la boca y le echó los brazos al cuello.
Se desnudaron frenéticamente y frenéticamente se echaron el uno en brazos del otro. Ni siquiera entonces se trataron con ternura, habían sucedido demasiadas cosas entre ellos. Nick la tomó como un hombre hambriento ante un banquete dispuesto ante sus ojos. Miley lo agarró por la cintura y se dejó llevar por él, perdiéndose en una plenitud física y un torbellino de sensualidad que no sentía desde hacía mucho tiempo, sumergiéndose en una espiral de deseo que ahogó sus preocupaciones y sus miedos.
Echó la cabeza hacia atrás y profirió largos gemidos de placer, arqueando el cuerpo para albergar el de Nick, que sentía tenso y duro. Cuando Nick alcanzó su propio clímax, su aliento se transformó en apresurados gemidos, mientras su corazón palpitaba con tanta fuerza que parecía que fuera a salírsele del pecho.
Abriendo los ojos, Miley, sumida todavía en el placer de la unión, alzó una mano lánguida y le tocó el rostro. Nick tenía la cabeza echada hacia atrás y la respiración entrecortada, y al sentir que Miley lo tocaba la movió para mirarla. Miley esperaba ver su sonrisa, como siempre después de hacer el amor, que le dijera que era maravillosa y que la amaba, pero Nick tenía una expresión fría, sin el menor atisbo de ternura.
Nick se levantó y se dirigió al baño.
Miley oyó que abría el grifo de la ducha, mientras permanecía en la cama, desconcertada y confusa, preguntándose si Nick seguía enfadado con ella por haberse marchado de la fiesta sin él. Hizo un repaso de la discusión que habían tenido y recordó las palabras de Nick, al recordarle sus votos de matrimonio y de amor eterno y asegurarle que siempre sería fiel a su promesa.
Avergonzada y desolada, se dio cuenta de que apenas lo había escuchado, que estaba tan enfadada con él por lo sucedido con Anna que no pudo pensar en otra cosa. Él había hablado muy en serio, dando gran importancia a lo que decía, pero ella no había prestado atención a sus palabras. Por eso Nick se había puesto furioso, por eso se había levantado de la cama sin dirigirle la palabra.
Sopesando las palabras de Nick, Miley entrevió veladamente que tal vez había sido una ocasión propicia para decirle la verdad, porque, de lo que sí se daba plena cuenta, era de que empezaba a ser imposible soportar sola aquella carga. Estaba a punto de perder los nervios y se sentía débil y enferma.
Todo lo sucedido era culpa suya.
Si no se hubiera negado a bailar con Nick, Anna no habría salido a la pista con él y luego no… ¿Qué excusa utilizaría Anna para justificar el beso ante sí misma? ¿Que quería consolar a Nick?
La cuestión era cómo contárselo todo a Nick. Había mucho en juego, él tendría que dejar de lado demasiadas cosas, pero la seguía queriendo, tal como había dicho, y ella necesitaba su fortaleza, la misma que había demostrado aquella noche. Se sentó en la cama, apoyando la espalda en el cabecero, y lo esperó.
Tal vez no fuera demasiado tarde.
Cuando saliera del baño, trataría de hablar con él, llevarlo de nuevo al estado en que estaba cuando le había dicho que siempre la querría, que siempre sería fiel a sus votos de matrimonio.
Y no sería difícil, no después del placer que habían compartido. Empezó a sentirse mejor al pensar que se libraría del peso que llevaba sobre sus hombros y empezó a ponerse impaciente, mientras lo esperaba.
Oyó que se abría la puerta del baño, pero Nick se dirigió al piso de abajo para cerrar y apagar las luces. Volvió a subir al cabo de unos minutos, pero entonces oyó que se metía en el cuarto de invitados y cerraba con pestillo.
Permaneció allí el resto de la noche...
Las vacaciones de verano terminaron y Sam ingresó en una escuela primaría de las afueras de la ciudad más cercana. Necesitaba uniforme, libros y equipo escolar, que costaban una fortuna. Nick, que se había convertido en un extraño, le dio un cheque, pero aun así, no tenía dinero para cumplir con el pago de las cien libras de Rick. Sólo pudo reunir sesenta y cinco libras, de modo que le dejó a Rick una nota explicando la situación, diciendo que trataría de compensarlo en cuanto pudiera.
Durante algunos días estuvo sin noticias de él, aunque estaba en ascuas cada vez que sonaba el teléfono. Al cabo de un tiempo, empezó a sentirse más tranquila, con la esperanza de que Rick hubiera comprendido. Un día, fue al colegio a buscar a Sam, pero le resultó muy difícil encontrar aparcamiento y sólo pudo aparcar a unos quinientos metros del colegio.
Cuando llegó a la puerta del colegio vio que los niños ya estaban saliendo y muchas madres ya se iban con ellos. Entró en el patio y, mirando por todas partes, comprobó con alivio que Sam todavía no había salido. Anna estaba allí, esperando a Adam. Le dirigió a Miley una mirada de preocupación y parecía que tenía intención de decirle algo, pero Miley le dio la espalda, no había olvidado ni perdonado.
Los niños seguían saliendo.
Adam, que estaba en la misma clase de Sam, salió, exhibiendo un dibujo, y se marchó con su madre. Cada vez salían menos niños, pero no había rastro de Sam. Quizá se hubiera quedado hablando con su profesora, pensó Miley con una sonrisa. Le gustaba mucho el colegio. Esperó otros diez minutos, pero comenzó a inquietarse.
Ya no salían más niños, de modo que entró.
La clase de Sam estaba al fondo del pasillo; se dirigió hasta ella.
La profesora estaba aún allí, una chica de edad parecida a la suya, ordenando el aula, pero no había rastro de Sam.
Miró a Miley con una sonrisa.
—¿Puedo ayudarla en algo? Es usted la señora Jonas, ¿verdad?
—Sí. ¿Dónde está Sam?
—¿Sam? Pero si su marido ha venido a buscarlo.
—¿Nick? —dijo Miley con incredulidad.
—Sí, vino algo antes, para llevarse a Sam al dentista.
—¿Y no ha…? —Miley se interrumpió, presa de un repentino pánico—. ¿Qué aspecto tenía? —dijo acercándose a la profesora y agarrándola del brazo—. El hombre que se ha llevado a Sam, ¿qué aspecto tenía?
—Bueno, era alto y moreno…
—¿Qué más? —dijo Miley, estrujando el brazo de la pobre mujer.
La profesora frunció el ceño, luego recordó.
—Ah, ya. Tenía un tatuaje en la muñeca. Un águila o algún pájaro. Me acuerdo porque pensé que…
Pero Miley ya se había marchado.
Corrió hasta el coche, angustiada, llena de temor por su hijo. Más pendiente de las aceras que de la carretera, Miley condujo por el pueblo, por todas las calles cercanas al colegio, rogando a Dios que Rick hubiera ido a pie y pudiera encontrarlos.
Si los encontraba, ¿qué haría? No lo sabía, lo único que sabía era que nunca en su vida había tenido tanto miedo.
—Por favor, haz que los encuentre. Por favor, que no le haga daño —balbucía, con los ojos llenos de lágrimas, que no dejaba de limpiarse con el dorso de la mano para poder ver.
Su miedo era como un profundo dolor físico, y no podía pensar, no podía razonar, lo único que sabía era que debía encontrar a su hijo.
Agarró con fuerza el volante, al ver, en el otro extremo de una calle, a un hombre con un niño. Levantó el pie del acelerador y se acercó a ellos muy despacio, hasta llegar a su lado. No pudo evitar un frenazo, los frenos chirriaron y el hombre y el niño se giraron para mirarla, y ella vio, con desesperación, que el hombre no era Rick y que el niño era algo mayor que Sam.
Un coche tocó el claxon detrás de ella y tuvo que proseguir la marcha, buscando, buscando. No había rastro de ellos. Rick debía de tener un coche. Seguramente, en esos momentos estaban a kilómetros de allí.
Tenía que llamar a la policía. Se dirigió a su casa a toda velocidad y, al girar, en la curva de entrada, vio a Sam sentado en el escalón de la puerta. Se bajó del coche apresuradamente y fue corriendo hasta él, estrechándolo entre sus brazos.
—¿Estás bien? ¿Estás bien?
El niño parecía asombrado y un poco perdido, pero no lloraba, así que no debía de haberle hecho daño.

2 comentarios:

  1. dios yaz me fascino sigelaaaaaaa plis C: amo tus adaptaciones :D son geniales me muero por saber que pasa !!!
    sube lo mas pronto posible porfis :3'

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  2. pobre miley lo que esta sufriendo
    que ya le diga a nick su secretooo
    porfaaa sigueeee

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