—¡Oh, Sam, Sam! —exclamó abrazándolo, sintiendo un alivio sólo comparable al miedo anterior.
—Un hombre fue al colegio para traerme —dijo Sam, tratando de soltarse—. Me trajo en su coche, pero tú no estabas. Me dijo que te esperase. Has tardado mucho.
De repente, la furia desplazó al alivio.
—¿Por qué te has ido con él? ¿No te he dicho mil veces que no debes irte con extraños?
Sam trató de contener las lágrimas, pero no pudo.
—Me dijo que era tu amigo. Me dijo que tú le mandaste y me ha dado esto —dijo el niño, y sacó un sobre del bolsillo de su anorak.
Miley se quedó mirando el sobre, pálida.
Podía imaginar su contenido, pero lo abrió.
Ya no le temblaban las manos, como habían hecho desde que saliera en busca de Sam.
La próxima vez me lo llevaré.
Llévame el dinero que falta y cien libras más pasado mañana.
Si no quieres que le pase nada al chico, y paga.
Miley abrió la puerta y entró.
Dejó que Sam viera la televisión, mientras se hacía un té, al que añadió brandy.
Fue a sentarse al comedor, que daba al salón, para poder ver a su hijo mientras se bebía el té, muy despacio. El tormento que había sentido mientras buscaba a Sam todavía la abrumaba, pero también aguzó su razonamiento, porque se había dado cuenta de que debía pensar sólo en él. Y empezó a pensar objetivamente, tal vez por primera vez desde que Rick empezara a amenazarla.
Se daba cuenta de que Rick estaba arruinando no sólo su vida y la de Nick, sino que también afectaba a la de Sam.
Y eso no podía permitirlo.
De modo que sólo tenía tres alternativas.
La primera era contárselo todo a Nick, pero eso no detendría el chantaje, Rick podía presionarlos a los dos, porque todavía tenía el recorte de prensa con su fotografía o podía vender su historia a algún periódico o a los adversarios políticos de Nick, lo que arruinaría su carrera.
Se le ocurrió pensar que quizás el propio Rick quisiera que ella se lo contara a Nick, para poder así obtener más dinero. De modo que decírselo a Nick no era una solución. La segunda alternativa era acudir a la policía, decírselo todo y confiar en ellos. ¿Si les decía que Rick había secuestrado a Sam, la ayudarían?
Sí, encontrarían a Rick y lo meterían entre rejas.
Pero antes de eso habría un juicio y todo saldría a la luz.
Tampoco eso era una solución.
Había una tercera posibilidad.
No tuvo que pensar mucho en ella, en el fondo sabía que era la única solución y tenía que llevarla a cabo cuanto antes, aquella misma noche, porque las sesiones de otoño habían comenzado y Nick no volvía hasta el viernes.
Se acercó al teléfono y marcó el número de su suegra, para contarle otra mentira, lo que, después de haber dicho tantas, le resultaba muy fácil.
—Han entrado a robar en casa de tía Kate, pero ella está fuera y tengo que ir a ver qué ha pasado. ¿Te importa quedarte con Sam?
Obviamente, la madre de Nick estaba encantada.
—Puede que esté fuera dos o tres días, no estoy segura, así que, ¿puedes llevarlo al colegio? Pero, por favor, asegúrate de que puedes llevarlo y recogerlo —insistió Miley.
—Claro, querida, no te preocupes.
Después de hacer una maleta y reunir algunos juguetes para Sam, Miley lo llevó a casa de sus abuelos.
Al despedirse de él volvió a abrazarlo con fuerza, y se marchó, tenía prisa, dijo, por llegar a casa de Kate. En realidad, lo que quería era ocultar su cara angustiada.
De vuelta a casa, hizo un par de maletas y escribió una nota para Nick.
Una nota muy corta, porque le temblaban las manos y no podía contener las lágrimas.
Necesito estar sola algún tiempo.
Por favor, no trates de encontrarme.
Cuida de Sam.
La metió en un sobre y la puso en la mesita del recibidor, para asegurarse de que Nick la vería, luego abandonó su hogar, su vida, su felicidad y se marchó hacia un futuro incierto y que no deseaba.
Miley pasó aquella noche en casa de tía Kate.
Llegó tarde, a las once de la noche, demasiado tarde para llamar a sus suegros y preguntar por Sam. Pero sabía que estaba bien; era un niño muy sociable y quería mucho a sus abuelos. ¿Les comentaría que Rick había ido a recogerlo al colegio?
Tal vez, pero ella se había enfadado con él por ese motivo, así que quizá no les dijera nada para no ganarse otra regañina. Estaba exhausta, después del viaje y de todo lo que había ocurrido aquel día, pero no esperaba dormir. Tal vez haber tomado la decisión por fin, haber dado el único paso posible para librarse de Rick, le hubiera dado alguna paz, porque se quedó dormida en cuanto se metió en la cama y durmió profundamente por primera vez desde hacía mucho tiempo.
Al principio, cuando se despertó, a la mañana siguiente, Miley no se dio cuenta de dónde estaba, pero al recordarlo sintió una gran tristeza y desolación y lloró y sollozó con el corazón roto por todo lo que había perdido. Cuando se tranquilizó un poco, se le ocurrió que no era demasiado tarde, que podía volver a casa, destruir la nota y proseguir con su vida.
Pero su vida se había hecho insoportable debido al daño que les estaba haciendo a las dos personas que más amaba en el mundo. Había tomado una decisión y debía seguir adelante con ella, de una vez para siempre. No podía haber vuelta atrás, ni debilidad, tenía que ser fuerte, por el bien de Nick y de Sam.
Había disfrutado de cinco años maravillosos, perfectos, y ése debía de ser su consuelo para el resto de su vida. Después de las ocho, llamó a los padres de Nick, habló brevemente con Sam, que estaba bien, y les dijo que tenía que quedarse en Derbyshire algunos días.
—Hay que hacer muchas reparaciones y la policía quiere que haga un inventario de todo lo que se han llevado —volvió a mentir.
Sus suegros comprendieron la situación y le dijeron que no se preocupara, para ellos era un placer estar con Sam. Al colgar se preguntó cómo se sentirían cuando Nick les hablara de la nota y se dieran cuenta de que tendrían que cuidar de Sam indefinidamente. Después de la llamada, trató de concentrarse en su propio futuro.
Le habría gustado quedarse en casa de tía Kate, pero sería el primer lugar en el que Nick la buscaría. Porque la buscaría, de eso no tenía duda, a pesar de que le hubiera pedido que no lo hiciera. Tendría, se dijo con gran sentido de culpa, que haber escrito una nota más definitiva, diciendo que no volvería, pero pensó que, sugiriendo que volvería, ganaría tiempo.
Puede que Nick no hiciera nada al principio, esperando que volviera cualquier día. Sin embargo, sabía que Nick no aceptaría una simple nota como fin a su matrimonio. De modo que tenía que irse antes de que él volviera a casa y encontrara la nota. Tenía que buscar un sitio para perderse, cambiar de nombre y de existencia. Porque no sería más que eso, existir, su vida se había acabado; ya no podía esperar nada. Sacó un mapa de carreteras de una bolsa y decidió ir a Manchester.
En una gran ciudad, donde podía perderse con facilidad entre la multitud, y no estaba muy lejos. Allí encontraría algún lugar donde empeñar el resto de sus joyas, el reloj y el anillo que Nick le había regalado en el quinto aniversario de su boda, cosas que hasta entonces no había podido empeñar porque Nick se habría dado cuenta. También pensó en empeñar su alianza de casada, pero le pareció una idea insoportable.
Todo lo que necesitaba era suficiente dinero para vivir hasta encontrar un empleo. Y si para cuando ese dinero se hubiera acabado, todavía no tenía empleo, siempre le quedaba el coche. Era suyo, un regalo de Nick, un regalo de cumpleaños. Aunque quería quedarse con él, porque en el fondo, tenía la esperanza de que, cuando estuviera muy desesperada, podría ir a ver a Sam, y tal vez a Nick, aunque eso sería muy arriesgado. Sin embargo, sabía que tendría que venderlo cuando naciera su hijo.
Probablemente por todo el estrés que había sufrido, todavía no había señales de su embarazo, lo que al menos, pensaba, sería una ayuda a la hora de encontrar un empleo. Salió hacia Manchester, deteniéndose a desayunar en un café de carretera, para dirigirse al norte de la ciudad. Nunca había estado allí, y el tamaño de la enorme urbe la abrumó. ¿Por dónde empezaría a buscar un empleo? Pasó junto a los edificios de la universidad y se detuvo junto a un pub. Estaba abierto y entró. Había, como suponía, muchos estudiantes.
Se acercó a un par de chicas y les preguntó si sabían de algún alojamiento barato, o dónde podía encontrar información. Pretendía dar la sensación de ser una estudiante de cursos más avanzados. Las chicas eran muy amables y la ayudaron, proporcionándole una larga lista de direcciones. Buscó los teléfonos en la guía y llamó.
La mayoría de los sitios estaban ya completos pero encontró una casa con una habitación libre, que un estudiante había cancelado sólo un par de días antes. Afortunadamente, también encontró una tienda de empeños. La habitación era pequeña y el mobiliario barato y escaso, pero era bastante nuevo y todo estaba muy limpio.
Había un lavabo, pero tendría que compartir el baño y la cocina. Sin embargo, se dijo, había encontrado algo, y eso la animaba. Al fin y al cabo, después de haber vivido en una celda durante casi tres años, aquella habitación era el paraíso.
Comparada con la casa que acababa de abandonar, sin embargo, era terrible, pero no debía pensar en ello. De manera que lo único que le quedaba por hacer era encontrar un trabajo.
También tuvo suerte en eso. Como no tenía limitaciones de horario y podía empezar enseguida, encontró empleo como vendedora de chucherías en unos multicines. La empleada anterior había tenido que ausentarse para ser sometida a una operación de urgencia. Tendría trabajo durante al menos seis semanas.
El horario era muy incómodo, de dos de la tarde a diez de la noche, de lunes a viernes, pero a Miley no le importaba en absoluto. Cuanto más tiempo trabajara, menos tiempo tendría de pensar. Era extraño, pensó, acababa de abandonar su casa, acababa de abandonar su vida, y empezaba a tener suerte.
Tal vez las diosas del destino quisieran decirle que había tomado la decisión adecuada. Tenía que luchar constantemente contra la tentación de llamar a sus suegros o a Nick. Por las tardes, en el trabajo, le era más fácil resistirse, a pesar de que era la mejor hora para llamar, pero la tortura que suponía pensar en Nick y en Sam era insoportable.
No podía olvidar a Nick ni un solo instante y cuando no estaba trabajando pasaba el tiempo imaginando lo que estaría haciendo. Imaginando lo que habría hecho al leer la nota, preguntándose cómo se sentiría.
Sabiendo que su matrimonio se había convertido en un desastre, al principio trataría de ser comprensivo, pero luego, a medida que pasara el tiempo sin recibir una palabra suya, se impacientaría. Y cuando eso ocurriera, saldría en su busca. Pero estaba utilizando un nombre falso y se sentía segura, tanto de Nick como de Rick.
Y no sentir la amenaza de Rick era haberse quitado un gran peso de encima. Lo terrible era que ese peso se había alojado en su corazón. En el trabajo, tenía media hora de descanso, que pasaba en una sala habilitada para el personal, donde leía el periódico, el mismo que Nick y ella solían comprar.
Aunque tenue, era un lazo con su casa, y le gustaba recordar a Nick, hojeándolo durante el desayuno y leyéndole algún artículo que lo divertía o interesaba. Trataba de pensar en qué artículos le gustarían más aquel día.
En su tercera noche en Manchester, un anuncio en la sección de anuncios personales le llamó la atención: «_(inicial)., cariño, por favor, vuelve a casa o llama. Te queremos y te necesitamos. N y S.» Miley se quedó mirándolo fijamente, sabiendo que iba dirigido a ella.
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