miércoles, 6 de junio de 2012

Capitulo 5.-


-Ya lo he hecho. Dice que Demi no le interesa sexualmente. Creo que esa elegante imagen de dinero viejo no le excita.
 -¿Y eso es todo? ¿Lo que necesita es solo una buena minifalda y sujetadores que marquen buen escote? Ya sé lo que tengo que regalarle a Demi para su cumpleaños.
 -¿Es que nunca te cansas de inmiscuirte en la vida de otras personas, Beryl?
- Es mejor que cultivar orquídeas. Además, no te preocupes porque Joe pueda descubrir que Miley es solo una acompañante. La podrás tener toda para ti.
-¿Y qué te hace pensar que la quiero solo para mí?
-La manera en la que la estás mirando.
-No es lo que tú te imaginas, Beryl. Esto es solo un acuerdo. Ella no es nadie. Solo es una modelo.
- En eso te equivocas. Esa chica tiene algo, Nick.
 -Por favor, no me vuelvas a decir lo dulce que es.
 -No es solo eso -dijo Beryl-. Tiene... carácter. Tiene capas que la protegen de su verdadera personalidad. ¿Es que no lo ves?
-Se suponía que ella era una mujer sin complicaciones.
-Quien quiera que te haya dicho eso, es culpable de publicidad engañosa -concluyó Beryl.
Miley cerró los ojos mientras Nick la llevaba a casa en su Jaguar. Le había costado mucho mantenerlos abiertos pero lo hizo dada la falta de conversación y el estado de agotamiento de su mente. En general, creía que su actuación aquella noche no merecía más de un aprobado.
Había empezado bastante bien, representando su papel a la perfección pero, a medida que había ido pasando la tarde, el cansancio la había transformado de una rubia sin cerebro en una arpía. Sabía perfectamente que no debería haber sacado el tema de sus deberes como «golosina para el brazo» ni mucho menos haber mencionado lo que pensaba de Nick.
Había estado a punto de estropeado todo.
Cris no se sentiría muy satisfecho si aquella actuación acababa por traerle repercusiones negativas a él. Después de todo lo que él había hecho por ella, Miley le había defraudado. Incluso, se había defraudado a sí misma, poniendo en peligro la oportunidad de conocer a las hijas de Beryl Van Aucken. Aquella oportunidad podría haber sido suficiente para sacar su trabajo a escena.
Pero Nick la odiaba tanto que jamás la invitaría al museo.
 -¿Está dormida?
-No -respondió Miley, abriendo los ojos.
Nick detuvo el coche en un semáforo en rojo sin mirarla. Nick era un enigma, un inglés medio hostil con un tremendo atractivo y un aire de misterio.
Miley no sabía nada de él excepto que había estudiado Derecho en Oxford y solo lo sabía porque Cris se lo había dicho.
Durante las horas que habían pasado juntos, Nick Jonas no le había hecho ninguna revelación personal ni le había preguntado nada sobre ella.
Miley se había sentido intimidada toda la tarde. No le gustaba el hecho de sentirse acorralada por nadie. Tal vez solo había sido producto del cansancio o una reacción. a la animosidad que él parecía llevar a su alrededor como una armadura.

-¿Le importa si fumo? -preguntó él.
-¿Quiere que le diga la verdad o que me limite a acceder cortésmente? -le espetó ella, al ver que él sacaba la cajetilla de Dunhill.
 -Que acceda cortésmente.
- En ese caso, adelante -dijo ella, bostezando-. Me importaría más si esta fuera una cita de verdad. Los hombres que fuman no son buenas presas.
-No me dé la charla sobre el cáncer y las enfermedades coronarias -replicó él, volviendo a meter los cigarrillos en el bolsillo.
 - y el enfisema. '
 -¿Por qué había creído yo que no me iba a echar la charla? .
-y las disfunciones sexuales.
-¿Cómo dice?
-Fumar provoca impotencia. Lo vi en un programa de televisión.
- Eso es una tontería.
-No, es cierto. Fumar reduce el suministro de sangre al... bueno, umm.
-Gracias, ya me lo imagino -respondió Nick, accionando los limpiaparabrisas al ver que empezaba a llover.
-Y eso por no hablar del mal aliento. Yo besé a un fumador una vez. Y no creo que vuelva a hacerlo -concluyó ella, haciendo un gesto de asco.
-Siéntase libre de echarse a dormir cuando se lo pida el cuerpo
. -Creo que ahora me siento mucho más despejada.
-¿Es eso una amenaza?
-¿Por qué tiene tanto miedo de mantener una conversación conmigo?
- No es que tenga miedo pero lo encuentro un poco aburrido, dada su naturaleza beligerante.
-Eso es solo porque estoy cansada.
-Y, para ser completamente sincero, no veo motivo alguno. Usted misma lo ha dicho. Esto no es una verdadera cita. No tenemos obligación alguna de entretenemos o de impresionarnos, o sea lo que sea lo que hace la gente en la primera cita. Creo que lo mejor que podemos hacer es guardar silencio y, si a usted no le importa, me encantaría que así fuera.
-Siempre tiene que dominarlo todo. Es usted un dominador obsesivo.
-Diez minutos. Solo hasta que lleguemos a su casa y ya no tendrá que soportar mi obsesión por la dominación total nunca más. ¿Cree que lo podrá conseguir?
Miley se cerró, imaginariamente, una cremallera en la boca y se recostó en el asiento del pasajero.
El coche tenía un olor especial, como a nuevo que Cris había descrito una vez como el mejor afrodisíaco del mundo. Miley nunca había montado en un Jaguar antes.
Había estado a punto de mencionarlo al verlo aparcado al lado de casa de Cris, pero se lo había pensado. Nick Jonas hubiera asumido que una modelo de mundo estaría acostumbrada a ese tipo de coches.
Por las luces de la calle, no pudo evitar mirarle las manos. Las tenía muy hermosas, fuertes y capaces pero al mismo tiempo elegantes. Poco a poco, los ojos se le fueron cerrando y entre el ruido de la lluvia, el de los limpiaparabrisas y la vibración del motor se fue quedando dormida.
 Sin embargo, una imagen se le clavó en la mente la de las manos de Nick Jonas acariciando el cuerpo de una mujer. Miley no pudo dejar de imaginarse el fuego que encenderían a su paso, los suspiros y los gemidos... Aquellas eran las manos de un hombre que sabía cómo tocar a una mujer, que le gustaba tocar a las mujeres, que sabía los lugares que debía acariciar y explorar y las maneras infinitas de hacerlo...
Nick mantuvo la mirada fija en la carretera a medida que la lluvia arreciaba, agradecido y desilusionado de que Miley Cyrus se hubiera quedado en silencio.
Sabía que se había excedido. Había crecido para mimar a las mujeres, tratarlas con respecto y atender sus necesidades, por lo que le dolía haberla tratado de aquella manera.
-Señorita Cyrus -dijo, sin dejar de concentrarse en la carretera-. Sé que no tiene muy buena opinión de mí y no la culpo. Solo quiero que sepa... Debería saber que no es usted. Esta noche no lo ha hecho del todo mal y yo no quería resultar ser un... bueno, supongo que sí quería. Pero solo quería que supiera que no es usted. Soy yo... y ciertos asuntos que no tienen nada que ver con usted. Sé que no quiere que le cuente la historia de mi vida y Dios sabe que yo no tengo deseo alguno de compartirla, pero... Por eso, si le hecho que la velada le resultara imposible, quiero que sepa que...
Nick se dijo que, por lo menos en aquel instante, debía mirarla.
Pero al hacerlo, la disculpa se le heló en la garganta.
Ella estaba dormida. No había oído ni una palabra de lo que él había dicho. Sin embargo, Nick se dijo que no importaba.
No volvería a verla después de aquella noche. ¿Por qué avergonzarles a los dos con un despliegue de penitencia? Probablemente, solo conseguiría que ella se riera de él cuando se lo contara a Cris y a su novio.
Se suponía que aquella mujer no iba a traerle complicación alguna. Entonces, ¿por qué sentía como si sus planes, cuidadosamente preparados, se le fueran escapando poco a poco de las manos?
 Al entrar en la calle de Cris, se dirigió directamente al edificio del piso de él y aparcó delante de la puerta.
-Señorita Cyrus. . .
Ella no se movió. Seguía acurrucada en el asiento, con la cabeza inclinada a un lado y las manos en el regazo.
-Señorita Cyrus. Hemos llegado.
Nada.
 Ella ni pestañeó. Las sombras de la calle se filtraban a través del parabrisas, lleno de gotas de lluvia y le daba al rostro de ella una luminosidad que parecía algo vivo.
Los mechones del cabello se le habían soltado y caían sobre los hombros y el pecho. La chaqueta se le había abierto, revelando unos senos maravillosos luchando voluptuosamente con la ligera seda que los contenía.
Extraordinariamente hermosa, bañada con la luminosidad de la juventud, Miley Cyrus parecía una ninfa de los bosques durmiendo en una gruta secreta.
Nick se dio cuenta de que se estaba llevando por la imaginación y se obligó a volver a la realidad.
 Encendió un cigarrillo y bajó su ventanilla hasta la mitad. El agua entraba por la ventana pero no le importó. Aspiró ansiosamente el fragante humo pero entonces recordó lo que ella le había dicho y acabó por tirar el cigarrillo por la ventana.
-Maldita sea... Señorita Cyrus... -insistió él.
Ella no respondió.
Tras un momento de duda, él extendió una mano para acariciarle la mejilla-. Señorita Cyrus. Despiértese. Hemos llegado.
 Ella se rebulló un poco y levantó una mano para tocarse la mejilla que él le había rozado. Pero: luego se acomodó de nuevo, como si tuviera la intención de pasar la noche allí. .
Nick se inclinó sobre ella y le recogió el pelo detrás de una oreja.
Un poco más fuerte, volvió a decir:
-Es hora de despertarse.
Aquella vez, ella abrió los ojos, asustándose un poco al ver lo cerca que él estaba de ella.
-Se ha quedado dormida. Ya hemos llegado.
 -¿Adónde?
-A la casa de su primo en Chelsea.
-Oh -musitó ella, volviendo a la realidad. luego se frotó los ojos-. Pensé que estaba todavia en ese tren.
 -¿Qué tren?
 -En el tren de Cleve... Tahití -corrigió Miley con rapidez-. En el tren de Tahití.
-No hay trenes enTahití.
-Los sueños son así -dijo ella, estirándose como una gata.
-Bueno... escuche comentó él, llenándose de deseo al imaginarse esos mismos movimientos bajo ella-, compóngase un poco y la acompañaré hasta la puerta.
-No tiene por qué hacer eso.
 -Claro que sí. Es más de medianoche y no me gusta este barrio. No hace mucho tiempo que lo llamaban la cocina del infierno.
 -Si insiste... Gracias -dijo ella, inclinándose para recoger su bolso, que estaba a sus pies. Entonces, se le soltó todo el pelo, cayéndosele las agujas que se había puesto para sujetado, Nick le recogió una mientras ella se ponía a buscar la otra.
Nick encendió la luz interior del coche pero el pequeño objeto parecía. haberse desvanecido.
Cada vez que ella movía el pelo, este desprendía el suave olor de la lavanda.
Esto, junto con el roce del pelo de ella cada vez que se inclinaba, lo estaba volviendo loco.
- Lo encontraré luego y se lo devolveré mañana -afirmó él, apagando la luz-. Es muy tarde. Es, mejor que vayamos dentro.
Al ver el modo en que ella lo miraba, Nick supo que ella también había sentido el tirón del deseo. No era posible que ella estuviera fingiendo.
Sin embargo, lo mismo había pensado de Delta y de las demás, pero se había equivocado.
Nick abrió rápidamente la puerta. Al ver que ella hacía lo mismo le dijo:
-No, espere un momento. Yo daré la vuelta al coche.
El salió del coche y se dirigió a la puerta de ella, extendiendo una mano para ayudada a salir mientras le resguardaba con el abrigo de la lluvia. Rápidamente se dirigieron a la puerta principal pero Miley tardó un rato en averiguar cuál era la que abría.
-Gracias -dijo ella, entrando y dándole el abrigo.
- Voy a subir con usted. Cuando dije que la acompañaría a la puerta, me refería a la puerta de su apartamento. Este no es un edificio tremendamente seguro y podría haber alguien al acecho en los pasillos.
 Ella permitió que él la acompañara hasta el montacargas y subieron en él hasta el sexto.
Allí ella, tuvo que probar varias veces hasta que consiguió abrir la cerradura
-Gracias otra vez -afirmó ella.
-Gracias a usted por amoldarse a mis planes tal con tan poco tiempo. Bajo la macilenta luz de aquella bombilla, con el pelo alborotado y el maquillaje corrido, Miley era capaz de cortarle a Nick la respiración.
Su mirada era más lán da que nunca y tenía las mejillas sonrojadas.
El bajó la mirada y contempló el colgante que todavía no había conseguido ver.
-Si me permite -observó él, sacándose las gafas del bolsillo.
Luego, levantó una mano y tomó el gran huevo de entre los senos de Miley.
 Ella se quedó muy quieta al notar que él tomaba el huevo.
Nick se dio cuenta de que su tacto era muy suave, pero no tanto como la piel de Miley Entonces, vio que era un insecto, notablemente entero y hermosamente colocado.
Las alas, como de encaje, y las largas antenas lo hacían parecer una mariposa. Nick giró el huevo para ver el insecto desde diferentes ángulos, notando la calidez que desprendían los pechos de Miley. Cinco meses eran demasiados sin haber tocado a una mujer.
La respiración de ella se aceleró al sentir el roce de sus nudillos subiendo y bajando por su piel.
El se sintió aliviado de que ella sintiera algo cuando la tocaba, aunque solo fuera indignación.
-En realidad, es un poco triste -dijo él, refiriéndose a la pequeña criatura que había terminado en aquella bola de resina para la eternidad-.El pobrecillo no ha tenido ninguna oportunidad. .-
 -Mírelo de este modo -replicó ella-. Ha alcanzado un esplendor en la muerte que nunca tuvo en vida. En cierto modo, se ha hecho inmortal . No creo que sea un destino tan terrible para un insecto.
-Supongo que algunas trampas son mejores que otras -respondió Nick, dejando que los dedos la rozaran una vez más al soltar el colgante-. Sin embargo, no por eso dejan de ser trampas.
Él se quitó las gafas y se las guardó en el bolsillo.
 Al levantar la mirada, notó que ella lo estudiaba con una expresión de melancolía, como si se estuviera preguntando qué era lo que le había provocado tanta amargura a Nick.
 -Buenas noches, señorita Cyrus -dijo él, antes de marcharse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario