Una docena de hombres, vestidos de Eleanor Roosevelt, bailaban el cancán en un número que formaba parte del espectáculo en el que colaboraba Daniel.
El New York Times lo había tildado de «profundamente surrealista-».
Nick miró a los espectadores, todos jóvenes, que habían donado quinientos dólares cada uno para la investigación contra el Sida por el privilegio de estar allí aquella noche. Tuvo que admitir que Cris había estado en lo cierto con aquella idea para convertir a las generaciones más jóvenes en filántropos. Por ello, Nick ya le había dado el visto bueno para preparar una fiesta de Halloween, que tendría lugar en un viejo hotel cerca del río Hudson, que tenía fama de estar encantado.
Los beneficios irían a parar a la Asociación para la Investigación contra el Cáncer. Miley, que estaba sentada a su lado, sonreía con su maravilloso gesto de siempre, al ver los gestos de los actores en el escenario. Aquella noche, tenía un aspecto algo victoriano, con un vestido de terciopelo color ciruela, de corte modesto, que abotonaba en la parte delantera. Resaltaba su generoso busto y su estrecha cintura.
Tenía el pelo recogido en la nuca y llevaba unos preciosos pendientes de amatista y oro. A Nick le pareció que estaba tremendamente hermosa. Era la mujer más deseable que había conocido y le enloquecía saber que nunca podría tenerla.
Su relación física, por muy electrizante que fuera, estaba destinada a no verse consumada nunca. Tres semanas atrás, en la demostración que él le había hecho del Kama Sutra le había hecho ciertas promesas, que había cumplido a rajatabla Como resultado, ella había confiado lo suficiente en él como para explorar juntos la sensualidad que Miley había tenido reprimida tanto tiempo.
Sin embargo, aquello era una espada de doble filo. Por un lado, él se sentía honrado de que ella le hubiera dado tanto. Pero por otro, él se veía consumido más que nunca por el deseo sexual. Siempre había podido controlarse, pero no le había resultado fácil. Solo con pensar en besar a Miley, sentía que el deseo le llenaba hasta casi hacerle estallar.
Nick había descubierto que a ella le agradaba hacerle gozar, lo que contrastaba agradablemente con el resto de sus últimas amantes. Durante su última cita, él había mencionado el gusto que sentía por la ropa interior femenina antigua, como los corsés, los ligueros y otro tipo de prendas.
Aquella noche, al ir a recogerla, se la había encontrado vestida como una versión de una institutriz del siglo diecinueve y sintió la esperanza de que ella hubiera extendido la fantasía de su gusto por el vestir a las prendas de ropa que no estaban visibles. Durante la cena en su restaurante de siempre, el preferido de Miley, él no había parado de preguntarse lo que llevaría bajo aquel vestido de terciopelo.
Tendría que esperar a la medianoche, cuando la acompañara a su apartamento, para poder descubrirlo. Tan preocupado estaba con aquellos pensamientos que no había seguido mucho la obra. Sin embargo, los dos ya la habían visto antes, así que Nick pensó que, tal vez, a Miley no le importaría perderse el final.
-Vayámonos -susurró él al oído de Miley.
-¿Ahora? -preguntó ella, pensando en la responsabilidad que él tenía como organizador del acontecimiento.
-Solo durante un rato -añadió él, acariciándole el brazo y rozándole a la vez el lateral del pecho.
Ella pareció enrojecer pero se dio cuenta de que nadie los estaba mirando. El único espectador que parecía no estar atento a la obra era Joe Van Aucken, más preocupado por seducir a una dama pelirroja.
-Venga -dijo Nick, tomando a Miley del brazo, acompañándola hasta el vestíbulo de la sala, que Cris había transformado mágicamente en una impresionante versión del Monte Olimpo, con columnas griegas, ramas de olivo y laurel por todas partes.
-¡Nick! ¡Miley! -les gritó Cris, desde detrás de una columna-, ¿Dónde vais? No os iréis a marchar de la fiesta, ¿verdad?
-Solo vamos a estirar un poco las piernas -respondió Nick-. Creo que vamos a explorar un poco este edificio, que parece muy interesante.
- Pero si es solo un almacén -replicó Cris haciendo un gesto de sorpresa-. No creo que haya mucho que... .
De repente, Cris notó que los dos iban de la mano y pareció comprender.
Nick se arrepintió mentalmente de ir así con ella, ya que habían intentado evitar toda demostración de afecto en público. Había sido educado en la reserva de sus sentimientos. Con aquel descuido, Nick le había dado a Cris la oportunidad de sumar dos y dos.
Aquello era especialmente vergonzante porque Cris había sido el instrumento de su unión. Y, según le había dicho a Miley, tenía miedo de que él le rompiera el corazón.
-Pues explorad -dijo Cris, dándose la vuelta.
Más allá del escenario, pasando un pequeño almacén lleno de objetos, en el que se detuvieron para besarse, había lo que parecía ser un camerino común para todos los actores.
Había sombreros y zapatos por todas partes, pero los vestidos estaban todos ordenados en perchas. Un gran espejo, rodeado de pequeñas bombillas blancas, llenaba una pared del cuarto.
Miley se acercó hacia el espejo mientras Nick cerraba la puerta con el pestillo y la seguía.
-¡Mira todas estas cosas! -exclamó ella, al ver la amplia selección de lapiceros de labios-. ¿Has visto alguna vez tantos...? -añadió, interrumpiéndose cuando él la apretó contra su cuerpo agarrándola por los senos.
-llevo pensando en ti y en lo que llevaras debajo de ese vestido todo este tiempo. Miley lo miró y sonrió para desabrocharse el vestido hasta la cintura. Él separó la tela, dejando escapar un suspiro de deseo carnal.
En vez de sujetador, ella llevaba puesto un rígido corsé negro, que resaltaba sus pechos casi sin esconder los pezones.
-Nunca te he deseado más que en estos momentos -añadió él, empujándola encima de la tabla que servía de mesa-. Podría poseerte aquí mismo...
Ella lo miró a través del espejo, pero él notó en sus ojos algo nuevo, un reflejo del poder sexual que sentía. A Nick le gustaba aquel poder, le gustaba que ella tuviera el control...
Él le acarició los brazos, pero ella empezó a apartarse de la tabla.
-Todavía no -dijo ella. Sin embargo, él la empujó de nuevo suavemente y le levantó la falda-. Ah... La parte inferior del corpiño, a pesar de cubrir más piel que el tanga, revelaba un hermoso trasero, digno de ser tocado.
Las medias negras, de costura, estaban enganchadas al liguero y le daban a las piernas un aspecto muy provocativo. Además, llevaba unos borceguíes que le llegaban hasta la rodilla.
-Creo que se me acaba de parar el corazón -susurró él, sin poder dejar de mirada.
Ella rió-.
-Eres mala, porque me ofreces deliberadamente lo que sabes que no puedo tomar por la promesa que te he hecho..
- Tú dijiste que querías que me pusiera algo como esto -replicó ella, mirándolo con picardía por encima del hombro.
-Solo te dije que me gustaban este tipo de cosas -dijo él, metiendo un dedo por el encaje. -Sé cuando se me está echando una indirecta -respondió ella, arqueando la espalda como una gata ante las caricias de Nick. .
-¿Crees que se puede morir de frustración sexual? -preguntó él con voz ronca al ver el maravilloso escote que ella le ofrecía a través del espejo.
-Si es así, creo que entre los dos hemos firmado un pacto de suicidio -respondió ella, sintiéndose cada vez más excitada.
Nick encontró una costura entre las piernas de Miley y supuso que era por dónde ser abría el corpiño. Con un rápido gesto, lo desabrochó.
Miley se irguió y se volvió para mirado, dejando que la falda volviera a su sitio. Él había prometido tocarla siempre por encima de la ropa.
-Nick, si vas a empezar... a tocarme de ese modo, creo que ya podrás imaginarte dónde vamos a llegar.
-Entonces, hazlo tú -musitó él, levantándole de nuevo la falda.
-¿Hacer qué?
-Tócate tú -sugirió él, llevándole la mano a la entrepierna.
Ella abrió mucho los ojos, como si aquella petición le hubiera sorprendido e intentó apartar la mano. Sin embargo, él la volvió a apretar contra ella y se acercó tanto a ella que la dejó inmóvil entre la tabla y él.
- Me encantaría ver cómo alcanzas la cima del placer así, aunque yo no te esté tocando...
-Dijimos que no llegaríamos tan lejos...
-Dijimos que no nos los haríamos el uno al otro. Nunca dijimos que no nos lo pidiésemos hacer a nosotros mismos.
-¿No crees que ya hemos estirado más de la cuenta la definición de «besar»?
-Por favor, Miley -insistió él, besándola y moviéndole la mano suavemente-. Me paso la noche despierto imaginándote cuando tienes un orgasmo, cómo te mueves, qué sonidos haces...
Nick la besó con pasión y aumentando el ritmo del movimiento que estaba aplicando a la mano de Miley.
Pero ella apartó la cara.
-Nick, por favor... No puedo... No delante de ti.
- No seas vergonzosa. Sería tan hermoso, tan excitante...
-No, Nick.
Él se detuvo y la miró, viendo que ella tenía un gesto serio en la cara. Entonces, a lo lejos, se oyeron los aplausos, que fueron acrecentándose con exclamaciones d aprobación del público.
-Lo siento -dijo ella-. Quiero satisfacerte pero... -Ya me satisfaces -respondió él, silenciándola con un beso-. Y mucho. Nunca lo dudes. Siento haberte obligado como lo he hecho. Es que te deseo con tanta desesperación... Soy avaricioso.
-No es avaricia querer lo que deseas, lo que los dos deseamos. Es natural -replicó ella-. Tal vez no sea muy buena idea que nos pongamos a generar este fuego si no pensamos apagarlo. A mí me está volviendo loca. Tal vez estamos yendo más allá de los límites que debiéramos. Tal vez tuviéramos que dejar de tener tanto... contacto físico.
El ruido que procedía del escenario pareció llegar al punto máximo.
Entonces, él le besó la punta de la nariz.
-Tal vez lo mejor sería que dejaras de cuestionar algo que es bueno.
-¿Tú crees que es bueno? Sé que me has dicho que estás dispuesto a tomar lo que yo te dé pero, ¿no te parece que...?
Miley se interrumpió porque notó que el pomo de la puerta empezó a moverse. Luego se oyó que alguien ahogaba una maldición al otro lado de la puerta y sacaba un manojo de llaves.
-¡Maldita sea! -murmuró Nick, empezando rápidamente a abrocharle el vestido a Miley desde la cintura mientras ella lo iba haciendo desde el cuello.
La puerta se abrió y alguien encendió la luz del techo.
Era Daniel, mirándolos con reprobación al ver que ellos estaban abrochando los últimos botones del vestido.
- No se permite el sexo en los camerinos. Es mi regla número uno.
-No es lo que parece -respondió Nick, negando lo evidente, para intentar proteger la reputación de Miley.
-Pues a lo que a mí me parece, amigo -replicó Daniel, imitando su acento-, es que os lo estabais montando detrás de una puerta cerrada con llave, lo que a mí me parece normalmente una idea excelente, pero que simplemente no tolero en mi camerino.
-¿Montando? -repitió Miley.
-Así que pensabas que yo no tenía un alma romántica -dijo Daniel, haciéndose a un lado para dejar paso a una procesión de actores, todos hablando y riendo.
Los hombres empezaron a quitarse los zapatos y los sombreros. Había Eleanor Roosevelt, Juana de Arco e incluso una estatua de la libertad pintada de un color grisáceo.
Éste último, se metió entre Miley y Nick para tomar un bote de crema de la tabla.
-No se puede hacer ñaqui-ñaqui en el camerino. Si lo hacéis, Daniel os dará una azotaina.
hahahah me encanto el cap yas♥ estuvo lindo & divertido gracias por subir yasmin siempre me devuelve la alegria saber k as subido c:
ResponderEliminartq♥ por favor sige subiendo amo tus adaptaciones♥
sigelaaaaaaaa sube mas y pronto por fis C:
psdta: feliz dia NILEY♥ amo♥ este diaa byee xoxox