Al oír a «Bob» hablar de aquella manera, Miley casi podía imaginar que él se estaba refiriendo a alguien completamente diferente.
-De Un modo u otro, acabó en Oxford estudiando Derecho, pero realmente no tenía claro que quisiera excluir todo lo demás para concentrarse solo en eso. Tenía demasiados intereses, principalmente el de la fotografía, pero desde luego, eso ya lo sabes.
-No...
- Es una actitud típica de él el no haberte hablado de la fotografía. Se le daba bastante bien, no era brillante pero estaba bien. Incluso consiguió vender un par de fotografías a los periódicos. Un día, preparó su cámara, se marchó de Oxford y nunca volvió a mirar atrás. Vivió en Japón, durante un tiempo, luego en Indonesia, en el Tibet, en Italia, India, Brasil...
-¿Qué era lo que hacía? ¿Era fotógrafo?
-Al principio sí. Vendió unas cuantas fotos cuando empezó, especialmente las de áreas del mundo en las que había ocurrido algún desastre. La erupción de un volcán, mujeres y niños siendo masacrados sin razón, hambre... Nick empezó a darse cuenta de algo. Descubrió que estaba utilizando su cámara como escudo, una manera de despegarse emocionalmente de las pesadillas que estaba fotografiando, de distanciarse de aquellas personas, personas reales, como él. Cuando por fin entendió eso, dejó la cámara y nunca más volvió a tomarla. En vez de eso, se dejó implicar en los problemas de la gente e intentó buscar soluciones para sus vicisitudes, la mayoría de las cuales eran muy caras. Su herencia desapareció al cabo de un año y entonces tuvo que buscar soluciones en otra parte. Por primera vez, descubrió algo que no solo le interesaba sino que también se le daba bien.
-Conseguir donaciones -dijo Miley.
-Bingo.
-¿Cómo terminaste -dijo- cómo terminó Nick trabajando en Nueva York?
-Se dio cuenta de que hay muchas más oportunidades para conseguir fondos para causas internacionales a un nivel en el que podría empezar a hacer efectiva su ayuda. En esta ciudad hay mucho dinero y los norteamericanos suelen darlo sin problemas, tal vez por la cosa de la igualdad que vosotros tenéis tan dentro.
-Entonces, ¿se ha asentado aquí permanentemente o...?
-Oh, sí. Ha llegado un momento en el que ha sentido la necesidad de echar raíces. Ha sido bastante feliz aquí, bueno, aparte de su grotesca vida amorosa, pero eso lo debes tú saber muy bien.
-Me temo que no.
- No te ha contado nada, ¿verdad? Bueno, creo que bastará con que te diga que su gusto por las mujeres cayó en picado inexplicablemente cuando se mudó a Nueva York. Hasta que... bueno, conoció a esta extraordinaria mujer hace un par de meses. Fue algo rara la manera en la que la conoció. Se había hartado tanto de sus relaciones con las mujeres que optó por algo que se llama «golosina para el brazo» ¿Sabes lo que es?
-Tiene algo que ver con las drogas, ¿no?
-Se suponía que aquella relación no tenía lazos emocionales, no había obligaciones ni ninguno de los dos esperaba nada. Y, sobre todo, no había sentimientos, lo que era justamente lo que él esperaba. Pero entonces, ocurrió algo extraño.
Nick se volvió a mirarla con una expresión grave en el rostro.
Miley lo miró expectante, sin decir ni una palabra.
-Él se enamoró de ella -añadió él.
Miley sintió que el mundo se sacudía bajo sus pies-.
- Pero eso no implica que él quisiera admitirlo, el muy beep.
-¿beep? -preguntó Miley, divertida.
-Beryl me llamó... bueno, llamó a Nick beep una vez. Se le pegó.
Ella se echó a reír hasta que los ojos le empezaron a picar. O tal vez fuera la brisa del río que le hizo llorar de aquella manera. O tal vez...
-¿Miley?
Entonces, ella vio que él se inclinaba hacia ella, con un brazo extendido a lo largo del banco. Luego, él levantó una mano para apartarle el pelo de la cara.
-y ahora es cuando tú me cuentas algo de tu vida dijo él-. Quiero saberlo todo, hasta el último detalle.
Ella parpadeó, haciendo que las lágrimas se le desparramaran por las mejillas.
Él sacó un pañuelo del bolsillo y se las enjugó.
-No te va a gustar, Nick -le avisó ella, respirando profundamente.
-Soy Bob -le corrigió él, sonriendo-. No me digas que en realidad eres un hombre. Creo que, aparte de eso, podría con todo.
Miley trató de sonreír pero no pudo hacerlo.
Ella fijó la mirada en el río, sin en realidad mirarlo. Armándose de valor, le dijo:
- No he sido del todo sincera contigo sobre mi vida. Tú crees que soy modelo, pero en realidad no lo soy. Tú habías esperado que tu «golosina para el brazo» fuera modelo, así que simulé que lo era pero- añadió, mirándolo para ver que él la miraba con intensidad-. Hago joyas. Todas esas joyas que llevo son ejemplos de mi trabajo. Las hice yo, no una amiga.
- Esos encargos que te hacían en todas las galas a las que asistíamos...
- Estoy intentando establecerme profesionalmente como joyera por encargo -confesó ella.
Efectivamente, lo había conseguido. Su negocio iba tan bien que muy pronto podría tener su propia casa-. Esos encargos han sido...
Nick estaba mirando al río, completamente pálido, lo que hacía que las ojeras que tenía bajo los ojos fueran más pronunciadas. Había algo en la mirada de él que la llenó de temor.
Luego, él cerró los ojos y se frotó la frente.
-Por eso... por eso accediste a salir conmigo, ¿verdad? No para ayudar a Cris sino para que tú pudieras dar publicidad a tu propio...
-Fue por ambas razones. Nick...
Él se levantó del banco en cuanto ella le tocó el brazo. Se dirigió al lugar donde terminaba el césped, justo cuando la pared caía en picado para dirigirse al río. No levantó la vista del suelo. Se limitó a sacudir la cabeza como si hubiera algo que no pudiera creer.
Ella se levantó, sin poder creer que aquello estuviera ocurriendo. Se acercó a él y lo rodeó con sus brazos.
-Lo siento, Nick. Lo siento mucho. Pero estoy segura de que podremos hacerlo funcionar. Haré lo que sea para compensarte por... por haberte engañado así. Dime cómo puedo volver a ganarme tu confianza.
-Lo que ocurre con la mentira -dijo él, sin darse la vuelta, es que acaba con la confianza para siempre. Lo mata todo.
-Nick-susurró ella-, me has dicho que estás enamorado de mí.
Entonces, él se volvió a mirarla, con un aspecto tan distante y tan severo como ella no recordaba haberle visto.
-Entonces, no te conocía.
Ella cerró los ojos, luchando por recobrar la compostura y por no llorar.
-Oye, mira, ¿por qué no te lleva Cris de vuelta a la ciudad? -le espetó él, con voz cansada.
-Nick... -dijo ella, muy sorprendida.
-Me tengo que marchar ahora -replicó él, cuadrando la mandíbula-. Tengo que marcharme de aquí...
-Nick, por favor -suplicó ella, intentando acercarse a él.
Sin embargo, él se dio la vuelta secamente y se marchó.
El teléfono empezó a sonar en cuanto Nick metió la llave en la cerradura de su apartamento. No se dio prisa por entrar a contestar ya que no había respondido ninguna llamada de teléfono en los tres últimos días, justo desde aquella mañana en el Castillo de Gatwick en la que Miley había admitido que...
«No lo pienses más. Eres un patético. Tienes que intentar superarlo para que así pueda servirte de lección», se decía. Sin embargo, Nick recordó que ya había aprendido la lección después de lo que le había ocurrido con Delta y las otras.
Haberse visto engañado una vez más por las mismas manipulaciones era tan vergonzante como devastador. Con la pequeña bolsa de papel que había llevado de la tienda de la esquina, la primera vez que había salido de la casa en aquellos tres días, se quitó la chaqueta de tweed y la tiró en la mesita que había al lado de la puerta. La prenda acabó por caerse al suelo, pero él no hizo intento de recogerla.
Su casa parecía últimamente más bien una pocilga. Ya no parecía importarle nada. Después de la tercera llamada, saltó el contestador automático.
- Nick, soy yo otra vez.
Era la voz de Miley. Él cerró los ojos y se frotó la frente. Hortense, su gata, se frotó contra sus piernas, pero él no la prestó atención.
-Como veo que no me devuelves las llamadas, me imagino... me imagino que lo he estropeado todo.
Nick se dirigió a su dormitorio, con la vista puesta en la pequeña máquina que había al lado del teléfono.
-Sé que ha sido así -añadió ella, con la voz cansada y triste; como si hubiera estado llorando. Quería que supieras que... entiendo que te hayas tomado tan mal lo que te conté... no estuvo bien engañarte tanto tiempo de aquella manera mientras me estaba beneficiando de los contactos que conseguía a través de ti. Esta mañana he llamado a Beryl para contarle la verdad sobre mí. Me ha hablado de Delta Goodrem y de las otras mujeres. Nick, lo siento. Por favor, créeme cuando te digo que no era eso lo que yo buscaba. Realmente estaba enamorada de ti. Y todavía lo estoy.
Nick se sentó en el borde de la cama y dejó la bolsa de papel en el suelo, al lado de la mesilla de noche. Sin embargo, no podía dejar de mirar al contestador.
-Por el amor de Dios -continuó ella-, creo que eres un hombre excepcional. Si esto es un adiós, me gustaría decírtelo en persona. Si pudiéramos encontrarnos en algún sitio, solo por unos minutos... Te prometo no hacer una escena. Es que no puedo decir adiós a un contestad...
- Miley -dijo Nick, tomando el auricular del teléfono.
-Estás ahí -musitó ella, tras una pequeña pausa.
-No puedo volver a verte, Miley -afirmó él, cerrando los ojos no podría soportarlo.
- Entonces, esto es una despedida -dijo ella, ahogando un suspiro.
-Mira, Miley-añadió Nick, tras una larga pausa, frotándose la barbilla, barbuda después de tres días sin afeitarse una cosa. Si descubres que estás embarazada, debes prometerme que me lo dirás. Me casaré contigo para que el niño pueda llevar mi nombre. Puedes divorciarte de mí tan pronto como quieras... te daré todo lo que quieras en el acuerdo de divorcio.
-Caballeroso hasta el final -le espetó ella, tras lanzar una triste sonrisa-. Pero no estoy embarazada, Nick. Me vino el periodo ayer.
-De acuerdo. Bueno, entonces...
-Sin embargo, muchas gracias por querer hacer lo correcto. A pesar de las cosas que te he dicho antes, admiro esa cualidad caballeresca que tienes.
-Te deseo todo lo mejor, Miley.
Ella dijo algo, entre sollozos, que podría haber sido un «adiós» y luego se oyó un click, seguido del tono del teléfono.
Nick recogió la bolsa y la abrió. ¿Qué significaba el hecho de que se había sentido algo desilusionado cuando ella le había dicho que no estaba embarazada? Probablemente era que seguía enganchado a ella. ¿Cuándo iba a aprender?
Sacó de la bolsa cuatro paquetes de cigarrillos que había comprado y los tiró encima de la cama. .
El teléfono volvió a sonar. Nick no lo prestó atención y se limitó a arrugar la bolsa y tirarla al otro lado de la habitación. Le faltó más de treinta centímetros para conseguir meterla en la papelera.
Tendría que practicar un poco antes de seguir con sus partidos de baloncesto. El teléfono volvió a sonar dos veces más mientras él le quitaba el papel de celofán a uno de los paquetes y se ponía un cigarrillo en los labios para encenderlo después.
-Nick, soy yo, Beryl. Contesta el teléfono -dijo una voz. Nick se puso a toser al notar el humo en los pulmones-. Venga, Nick –insistió la voz-. He intentado localizarte en el trabajo, pero me han dicho que no has ido desde el viernes. He hablado con Miley esta mañana. Ella me dijo que creía que todo se había terminado entre vosotros. ¿Es que estás loco? Ella es lo mejor que te ha pasado, pedazo de beep.
Nick, sintiéndose algo raro al sentir la nicotina de nuevo en el cuerpo, se echó en la cama y miró los adornos que cubrían el techo del dormitorio. Probablemente no le habría afectado tanto si hubiera tenido algo en el estómago. Eran las cuatro de la tarde y todavía no había comido.
-De acuerdo, si no quieres contestar, esto es por lo que te he llamado -continuó Beryl-.A mí me parece que, si realmente piensas romper con Miley, tal vez te apetecería sacar al mercado una nueva «golosina».Alguien nuevo.
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