«He esperado demasiado... Debería haberme arrojado a sus brazos...»
Miley tuvo que reconocer que Nick tenía mucha experiencia y era muy apasionado y... Lo amaba. «Si hubiese podido tener una parte de él...»
Desde el otro lado del bullicioso vestíbulo, Nick la miró y sonrió de aquel modo misterioso, íntimo que siempre conseguía perturbarla. Él dio un paso atrás, perdiéndose en la oscuridad hasta que todo lo que ella pudo ver de él fue su mano, llamándola para que le acompañara arriba.
«Hagas lo que hagas, Miley, no dejes que pase ese momento».
Tan pronto como Nick hubo cerrado la puerta de su habitación, se volvió a Miley y la tiró encima de la enorme cama. A continuación, sin ninguna ceremonia le subió la falda para dejar al descubierto las enaguas Y el par de polainas que llevaba debajo.
-Mira que conveniente -dijo él, al notar que las polainas llevaban una pequeña abertura cerrada con una fila de preciosos botones.
El mero pensamiento de desabrocharle aquellos botones uno por uno hizo que se sintiera excitado sexualmente. Sin embargo, sabía que eso nunca ocurriría dado que no podía desnudarla. Miley se bajó la falda y se incorporó.
-Me estás aplastando el sombrero.
- Entonces, es mejor que te lo quitemos -afirmó él, desatándole el lazo de satín y lanzando el sombrero como si fuera un plato-. Y no tenemos por qué paramos allí -añadió, haciendo lo mismo con la esclavina que le había estado cubriendo el pecho toda la noche.
-No, no -replicó ella, levantándose de la cama-. Tú tienes que quitarte una prenda de ropa por cada una de las que me quites a mí.
-Eso está hecho. Se puso rápidamente de pie y se quitó la capa, haciendo lo mismo con la esclavina de ella.
Una por una, se fue quitando chaqueta, camisa, cuello duro, chaleco, tirantes y gemelos y los intercambió por las numerosas enaguas y la falda de ella.
Para cuando Miley se quedó en polainas, blusa y el pequeño peto, el deseo de Nick había hinchado tremendamente su masculinidad. Luego ella se sentó en la cama y se quitó un zapato por cada uno de los de Nick.
-Bueno, pues ya está -dijo ella, sentándose en el borde de la cama.
-¿Hay algo más de lo que te pueda convencer que te quites? -preguntó él, separándole las piernas para ir a arrodillarse entre ellas-. Me quedaré con gusto desnudo si así lo consigo.
-Me podría soltar estas -sugirió ella, señalando las cintas que llevaba en las trenzas.
-Qué graciosa. Nick la tomó entre sus brazos y la besó profundamente mientras le acariciaba los pechos a través de la camisa de lino.
Le gratificó notar que ella no llevaba sujetador debajo, por lo que le acarició los pezones hasta conseguir que se le pusieran erectos.
-¡Qué no daría yo por poder desabrocharte esto! -exclamó él, tocando el delgado cordón que le recogía la camisa a Miley.
-De acuerdo. Pues hazlo.
Él la miró sorprendido. Sabía que el quedarse desnudos estaba fuera de su acuerdo. Dos semanas atrás, ella había protestado cuando él le había desabrochado el corpiño.
-Adelante. De verdad - dijó ella.
Nick tiró suavemente del cordón, que se desató sin dificultad. La tela se separó suavemente, dejando enseguida uno de los hombros al descubierto.
Nick terminó de separarle los corchetes, dejando todo el esplendor de RobyMiley al descubierto.
- Eres tan hermosa, Miley. Tanto que es casi imposible.
Nick le tomó los pechos en las manos, besándola muy suavemente. Luego bajó la cabeza mientras ella le guiaba con las manos para dejarle saber que ella también quería aquello.
Él cerró los labios sobre uno de los pezones, chupándolo rítmicamente, sintiendo que los latidos del corazón de Miley se incrementaban al mismo tiempo que se abría aquella pequeña flor.
Él se aferró a ella, haciendo que se moviera hacia delante para acurrucarse contra su cuerpo.
- Hazme el amor, Nick. Al mirada, él descubrió que ella hablaba en serio.
Después de pensarlo un momento, él volvió a besarla suavemente y luego la volvió a cubrir con su camisa, atando de nuevo el cordón.
A continuación, se puso de pie y se sentó en la cama al lado de ella, abrazándola mientras se acurrucaba con ella en los almohadones.
-En realidad no quieres eso, Miley.
-Sí que lo quiero -replicó ella, bajando la mano hasta tocarle la dura entrepierna-. Y veo que tú también.
Ella nunca le había tocado tan íntimamente, como si hubiera tenido miedo de excitarle hasta el punto de no poder parar.
Al sentir el roce de la mano de Miley, Nick emitió un suave gemido.
- Después te arrepentirías. Te lamentarías de no haberte reservado para un hombre que... -dijo él, deteniéndose antes de terminar la frase.
-¿Que me ame? -añadió ella-. He cambiado de opinión.
-Ya hubo una vez antes en la que cambiaste de opinión -le recordó él-. Después, agradeciste que yo fuera lo suficientemente fuerte como para decidir por los dos. Si esta vez soy débil, me despreciarás para siempre.
-No, no lo haré. Esta noche no quiero que seas fuerte, Nick -dijo ella, sentándose en la cama para mirado mientras se desataba la cinta de una de las trenzas-. ¿No lo entiendes? Quiero hacer que seas débil. Quiero volverte tan loco de deseo que te olvides de que te gusta mantener el control. Siempre has sujetado con mucha firmeza las riendas. ¿Es que no puedes soltarlas por una vez y dejar que otra persona tome las decisiones?
-No es mi estilo.
-Tal vez yo pueda hacer algo al respecto afirmó ella, llevándole a uno de los laterales de la cama.
-¿Qué estás...?
-Ya verás -dijo ella, atando una banda de encaje alrededor de la muñeca de él para luego engancharla en la cama.
Sorprendido por aquel giro de los acontecimientos y un poco divertido y excitado a la vez, Nick no ofreció resistencia alguna, ni siquiera cuando ella repitió la operación con la otra mano.
-¿Qué diablura tienes planeada? –preguntó él, dando a sus ataduras un tirón para ver si estaban firmes.
El corazón empezó a latirle más rápidamente al verse en aquella situación. Las ataduras nunca le habían excitado, excepto cuando él lo hizo con Miley, que había sido su experiencia amorosa más ardiente.
Siempre había sido la mujer la que se sometía a sus impulsos, sin embargo, aquel papel a la inversa no le disgustaba.
Una pequeña sensación de pánico le empezó a palpitar por las venas, llenándole de anticipación erótica.
- Esta cama no tiene pies, así que no tengo nada a lo que atarte los pies -dijo ella, montándose a horcajadas sobre él Y abriéndole la camisa. Luego le pasó las manos por el vello del pecho
-Tendré que sujetarte lo mejor que pueda.
-Miley, esto no es muy sensato. En primer lugar no tenemos ningún preservativo...
-¿Es que no llevas ninguno en la cartera?
-No creí que los fuera a necesitar. No es que haya ningún riesgo sanitario... Siempre he tenido mucho cuidado, pero podrías quedarte embarazada. Y ninguno de los dos querría eso. Es mejor que me sueltes antes de que esto vaya más allá.
-Siempre nos queda como solución que te retires antes de llegar al orgasmo.
-Creo que eso es un poco difícil en la postura en la que me encuentro.
-Yo soy una mujer de recursos.
-Miley... Antes de que él pudiera continuar, ella se inclinó sobre él.
Ella nunca había sido la que tomara la iniciativa antes en lo que se refería a los besos y Nick encontró que le gustaba.
Ella le tomó la boca con un erotismo que le quitó el aliento al mismo tiempo que le acariciaba por todas las partes que podía alcanzar: pelo, pecho, tripa y más abajo...
Nick emitió un gemido cuando ella empezó a acariciarle, aplicándole la suficiente presión para lanzarle rápidamente hacia el final. Sin embargo, él volvió la cabeza para detener el beso.
-¡Para! -exclamó él, deseando que ella le tocara-. ¡Para, Miley, para!
- Tienes razón -dijo ella, con una pícara sonrisa, bajándose un poco para agarrarle la bragueta-. Sería mejor sin los pantalones.
- Miley, no -suplicó él, mientras ella le bajaba la cremallera-. Por favor; Miley, cariño... no sabes lo que estás haciendo.
-Tengo pensado ir aprendiendo sobre la marcha -replicó ella, frunciendo el ceño al ver que él llevaba unos bóxer blancos. Sin embargo, no pudo reprimir una sonrisa al ver que eran de los tradicionales, cerrados con un botón.
Miley pasó los botones a través de los ojales y se detuvo, con una mano encima de él. Parecía estar reuniendo fuerzas para lo que iba a hacer.
El pecho de Nick, igual que su miembro viril, estaban a punto de estallar.
Lentamente, ella le abrió los calzoncillos, sacando a la luz la masculinidad que llevaba casi dos meses intentando ignorar y lo estudió con una fascinación que Nick encontró cautivadora.
Finalmente, ella lo tocó con la punta del dedo, asustándose un poco al sentir que palpitaba.
Nick abrió la boca para preguntarle si se había arrepentido, pero ahogó las palabras en un gemido al ver que ella cerraba la mano alrededor del pene y empezaba a acariciarlo.
Nick arqueó la espalda y se aferró con ambas manos a la cama.
-¡Miley por favor para! ¡Por el amor de Dios!
-¿De verdad quieres que pare? –preguntó ella, deteniéndose.
-¡Sí! -susurró él, contra su voluntad-. Por favor, Miley. No debes hacerme eso. No debes tocarme de esa manera.
-De acuerdo.
Aliviado y desilusionado a la vez, Nick se dejó caer sobre los almohadones y cerró los ojos.
Sintió que algo de tela le rozaba sobre la carne expuesta y pensó que ella debía de estar cerrándole los calzoncillos. Sin embargo, al abrir los ojos, encontró que ella se había movido de manera que estaba sentada sobre las caderas de él otra vez.
-Supongo que no está mal que me toque a mí misma de esa manera -dijo ella, empezando a desabrocharse la abertura de las polainas.
En aquel caso, las palabras le fallaron. Lo único que pudo hacer fue contemplarla mientras ella se abría hasta el último botón. Cuando terminó, ella deslizó los dedos dentro.
Nick pudo ver el vello rubio a través de la tela, pero nada más.
-Una vez me pediste que hiciera esto -añadió ella. Lentamente, empezó a mover la mano y cerró los ojos.
Nick sabía lo que estaba haciendo. Miley había aprendido bien lo que le excitaba, lo que despertaba su apetito sexual y estaba utilizando ese conocimiento para excitado hasta el punto en el que él no podría contenerse.
Nick pensó, al verla echar la cabeza hacia atrás, que tal vez aquella vez lo conseguiría. Ella se estaba dando el placer que se había negado a compartir con él.
Probablemente todavía se sentía avergonzada por aquellos gestos. Por eso había cerrado los ojos.
¿Sería tan importante para ella hacer el amor que había sido capaz de ir hasta aquel extremo para excitarle? Evidentemente, así era.
En aquellos momentos, Miley tenía el aspecto de una de aquellas postales francesas de comienzo de siglo, con las trenzas, la ropa interior...Además, aquel efecto se veía incrementado por el revestimiento de madera de roble de las paredes y los tapices que las adornaban.
Poco a poco fue sintiendo que ella apretaba los muslos y se le aceleraba la respiración. Las caderas le temblaron suavemente, produciendo una sutil pero enloquecedora caricia contra su carne desnuda. Tenía que hacerlo muy deprisa.
Nick tembló con el esfuerzo de no tratar de hundirse en la carne de Miley. Su propia respiración se estaba acelerando.
Con un gemido, él se irguió y gritó con voz ronca:
-Miley, desátame.
-Todavía no -susurró ella, sin abrir los ojos.
-¡Ahora! Nick sentía que estaba cerca, demasiado cerca.
Sus impulsos se iban haciendo cada vez más urgentes e iba perdiendo rápidamente el control. Vio que ella también estaba cerca. El rubor le cubría la garganta y temblaba ligeramente.
-¡Miles, desátame! -insistió él, tirando de las ataduras-. ¡Maldita sea, Miley! -añadió él.
Ella no entendió que él estaba a punto de alcanzar el orgasmo y por eso no le desató-. ¡Miley!
Nick sintió que el deseo se apoderaba de él como una bomba a punto de estallar. Sabía que iba a ocurrir a los pocos segundos y ya no podía detenerse.
Con un tirón frenético, Nick tiró de sus ataduras y rompió el encaje que le ataba la mano derecha.
Miley gimió al verlo. Rápidamente, y todavía con la mano izquierda atada, él pudo darse la vuelta y ponerse encima de ella, separándole las piernas.
Luego le rasgó la abertura de las polainas. Asiéndole la cadera con la mano derecha, la penetró, deleitándose en lo estrecho y tenso que estaba el pasaje hacia ella, sintiendo que algo cedía, en ese momento Nick se sintió en el paraíso.
Ella contuvo el aliento... A punto ya de alcanzar el orgasmo, él empujó dos veces más, salvajemente, como si le resultara imposible controlar su cuerpo.
Miley gritó, aferrándose a la camisa de él. Nick pensó que debía parar, que estaba haciéndole daño, pero estaba ya tan dentro de ella, tan profundamente, que no quería salir de allí, nunca…..¿nunca? ese pensamiento lo alarmó, pero después tendría tiempo para pensar en eso.
Sintió los temblores del orgasmo de Miley, él alcanzó el suyo y explotó dentro de ella, con tal fuerza que sintió un placer enorme que le alcanzo hasta el corazón.
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