-Tranquila -susurró él, al ver que ella se retorcía de placer cuando le tocó un pezón-. Tranquila... Con la otra mano, le levantó la falda, revelando unas medias a la altura del muslo.
Él gruñó de placer al acariciarle el trasero y notar que estaba desnudo a excepción de las pequeñas tiras del tanga.
Miley se tuvo que morder los labios para no gemir de placer.
Al mirar de nuevo al espejo, vio un cuerpo que, henchido de deseo, parecía no pertenecerle ya. Vio cómo Nick deslizaba la mano hacia delante y le acariciaba la parte frontal del tanga. Él se detuvo un momento, observando el reflejo de su mano sobre el satín, pero sin dejar de mover ligeramente un dedo, atormentándola.
Miley sintió que el corazón estaba a punto de estallarle en el pecho. Nick la estrechó aún más contra él y Miley notó que él estaba tan excitado como ella. Nunca antes había sentido la erección de un hombre.
A través de la tela, le parecía una columna de acero. Miley miró de nuevo al cuadro hindú y notó que a través de la pequeña abertura de la ropa, el hombre estaba penetrando a la mujer. La expresión de la mujer era estática.
Miley se preguntó lo que se sentiría al tener un hombre dentro de ella, acariciándola al mismo tiempo que el placer mutuo iba en aumento. Muy pronto lo descubriría...
Nick deslió la mano bajo la tela del tanga. Ella contuvo el aliento mientras él la tocaba donde ningún hombre la había tocado antes.
-Sigue estando muy nerviosa, señorita Cyrus-susurró él-. Déjese llevar. Relájese.
Miley sintió que su delirio sensual se evaporaba casi instantáneamente. Le tomó la mano y le hizo detenerse. .
-¿Señorita Cyrus?
-Se llama así -dijo él, mirándola a través del cristal.
-Me llamo Miley.
-Bueno, vale, entonces, te llamaré Miley. ¿De acuerdo?
-No -le espetó ella, sacándole la mano del tanga y la otra del escote.
Luego, sin volverse, se compuso la ropa-. No, no vale. Solo lo estás haciendo para que yo me contente. ¿Cómo pudiste llamarme «señorita Cyrus» mientras estabas... estabas... ?
-De acuerdo, cálmese...
-¿Qué es lo que dijiste esta noche en el coche? ¿Que era mejor mantener una relación impersonal? Por eso me llamas señorita Cyrus, ¿verdad? ¿Para que lo nuestro sea... sea impersonal?
- Efectivamente.
-¡Me has estado tocando! -le gritó ella, temblando de rabia-. ¿No te parece que eso es bastante personal?
- No necesariamente.
-¿Cómo dices?
-Esperaba que, dada la naturaleza de nuestro acuerdo, podríamos mantener cierta perspectiva en lo del... bueno, en el aspecto físico y no liado todo con toda clase de...
Miley se dio cuenta de que lo que le atraía de ella era su cuerpo, no ella misma.
Solo había sido amable con ella para que bajara la guardia y él pudiera entrar a matar. Había estado jugando con su presa, como los gatos que tanto admiraba.
Por primera vez en su vida, Miley había dado a un hombre el beneficio de la duda solo para descubrir que él no sentía nada por ella. ¿Acaso esperaba él que se tumbara y se limitara a abrirse de piernas?
Ella lo miró a través del cristal, tan guapo, tan frío, tan arrogante y se preguntó si él sentiría algo por alguien.
-Ni siquiera eres humano -le espetó ella, recogiendo su chaqueta y su bolso-. Voy abajo a parar un taxi. .
Él salió detrás de ella, poniendo las manos a ambos lados de su cabeza para cerrarle la puerta e impedir que ella saliera.
Armándose de valor, ella se volvió para mirado, sujetando su chaqueta y su bolso delante de ella, como un escudo.
-Soy demasiado humano, señorita Cyrus -le dijo en voz baja-.Y mi paciencia tiene un límite.
-¡Déjame marchar! -exclamó ella, con voz temblorosa.
Nick luchó por recobrar la compostura a pesar de que lo que deseaba era bajarle el vestido allí mismo y poseerla contra la puerta.
-No te hagas la inocente conmigo. Los dos sabemos por qué me dejaste que te trajera aquí.
-¿De dónde te sacas eso? -le preguntó ella, sintiéndose ultrajada.
-Mira, si lo que ha hecho que se te haga un nudo en las bragas es que te haya llamado señorita Cyrus, te llamaré lo que... Lo que quieras, ¿de acuerdo? -añadió, apretando la mandíbula-. Pero no me pidas que finja una intimidad que no existe. Eso nos insultaría a los dos.
Nick no podía entender por qué Miley se había puesto así en medio de tanta exquisita pasión. Sabía que había metido la pata al llamarle «señorita Cyrus» cuando tenía una mano metida en sus bragas pero, considerando que aquello era un acuerdo, ¿qué le importaba a ella lo que la llamara?
Sin embargo, él nunca había sentido tanta pasión por poseer a una mujer, por lo que no estaba dispuesto a permitirle que se marchara así como así.
-No te vas a ir a ningún sitio -añadió él, quitándole la chaqueta y el bolso y tirándolos a una mesita que había al lado de la puerta-. Ya sabes el trato, así que no disimules.
-No sé de qué estás hablando -replicó ella, intentando apartarle.
-Has hecho un pacto con el diablo -afirmó él, tomándola por la cintura y empujándola contra la puerta-. Y me parece recordar que tú prometiste cumplirlo -añadió, empezando a levantarle la falda con una mano mientras la sujetaba con la otra.
-Este no fue el trato que acordamos -respondió ella, intentando apartarle la mano.
-¿No? -preguntó él, empezando a bajarle el tanga.
-¡Maldita sea, no! -exclamó ella, lanzando los puños.
Inesperadamente, uno de ellos fue a darle en la nariz, provocándole un dolor que le hizo apartarse-. ¡No! Nick que la nariz le palpitaba de dolor y la mejilla le ardía.
Sin comprender, vio cómo ella tomaba su bolso y su chaqueta y recogía el alfiler del pelo.
-¡Mantente alejado de mí! -le espetó, blandiendo el alfiler como un arma.
-De acuerdo -dijo él, sintiendo que era imposible que hubiese interpretado tan erróneamente aquella situación. Dio un paso hacia ella . Mira...
-¡No te muevas! -gritó ella, temblando, mientras abría la puerta y salía al descansillo-. ¡Te clavaré esto en un ojo si te acercas! ¡Te lo juro!
-Por favor... Escúchame -susurró él, comprendiéndolo todo de repente.
- No vuelvas a acercarte a mí -concluyó ella, cerrando la puerta de un portazo.
Nick se quedó mirando la puerta, en un terrible silencio, con las manos todavía levantadas.
Desde fuera, oyó que la puerta del ascensor se abría y se cerraba.
-Oh, no -gimió él, mesándose el pelo desesperadamente y preguntándose cómo había podido hacer aquello-. Soy un idio*ta, estú*pido, estú*pido, estú*pido...
¿Qué era lo que le pasaba? ¿En qué se había convertido para ser capaz de atraer a una mujer a su casa e intentar forzada cuando ella quiso marcharse?
Evidentemente, él había leído mal la situación.
¿Acaso la deseaba tanto que se había vuelto ciego a todo razonamiento?
-Maldita sea -dijo. Tenía que encontrarla, explicárselo todo. .
Rápidamente abrió la puerta y corrió .por el pasillo, escaleras abajo hasta llegar al vestíbulo.
Allí encontró a Tom, apoyado contra la pared, leyendo una novela.
-¿La has visto? -preguntó Nick, desesperado-.A mí... bueno a la señorita.
-¡Señor Jonas! -exclamó el portero, con la boca abierta-. ¿Qué le ha pasado en la cara? ¿Sabe que está sangrando? .
-¿La has visto? -repitió él, gritando.
-¿A la dama con la que vino antes?
-Sí, sí...
-Claro. Salió corriendo hace como un minuto.
La llamé, pero ni siquiera se detuvo.
-¿Te diste cuenta de adónde se dirigía? -preguntó Nick, cruzando ya el umbral.
-Me temo que no. Estoy muy metido en esto -confesó, señalando el libro, de una serie romántica-. Están a punto de... bueno, ya sabe.
Nick salió por la puerta a la acera, iluminada por las farolas.
La calle estaba casi desierta y el tráfico era escaso a aquella hora de la noche. No se veía a Miley por ninguna parte pero, al mirar hacia el parque, le pareció que algo se movía en aquella dirección.
A pesar de que el parque contribuía al alto precio de los apartamentos en aquella zona, y lo agradable que era .durante el día, todo el mundo sabía, especialmente una mujer sola, que no era recomendable entrar allí por la noche, cuando las ratas callejeras estaban al acecho.
Todo el mundo sabía que Central Park no era seguro por la noche.
Nick intentó recordar lo que Cris le había dicho de Miley. Había estado viviendo en Milán. De eso se acordaba porque era algo que tenían en común, a pesar de que él nunca se lo había comentado para que no tuvieran la posibilidad de comparar sus puntos de vista.
Pero antes de Milán, había vivido en Nueva York, ¿no? Cris no se lo había, dicho específicamente pero esa era la impresión que a Nick le había dado.
Miley nunca habría entrado en el parque. Aquel movimiento solo habría sido producto de su imaginación. O tal vez había sido un drogadicto buscando a alguien a quien robar. Un taxi se dirigió hacia él al notar que estaba de pie en el bordillo.
Nick le hizo una seña para que siguiera y salió corriendo hacia la entrada del parque. Entró unos pocos metros y vio que el sendero principal se dividía en varios y se preguntó cuál hubiera tomado ella si hubiera entrado en el parque. De repente, se dio cuenta de que ella jamás podría haber entrado allí y que lo único que iba a conseguir era que le atracaran. Sin embargo, no era eso lo que le preocupaba.
Era Miley, vestida con aquel minúsculo vestido era un blanco fácil.
Se dirigió hacia el norte, por uno de los caminos, mirando a los jardines de Strawberry Fields, que quedaban a su izquierda y los bosques a la derecha, mientras intentaba vislumbrar algún movimiento.
Mirara por donde mirara, todo estaba vacío. Miley no había entrado en el parque.
Nick volvió a salir por dónde había entrado. Había estado perdiendo el tiempo. Lo más probable era que se hubiera metido en un taxi en cuanto hubiera salido del edificio. Tenía su bolso y llevaría dinero y sus llaves. Estaría bien. O por lo menos, todo lo bien que se podía estar después de que él casi la hubiera violado.
Nick se tocó el bolsillo de los pantalones, esperando llevar ahí sus cigarrillos y su mechero y se lo fumó mientras volvía a casa, apagando la colilla al entrar en el edificio.
-¿Todo bien, señor Jonas? -preguntó Tom, abriéndole la puerta.
- Creo que sí -respondió Nick.
«Estará bien», se aseguró mientras se dirigía al ascensor. Probablemente, ya estaría en el apartamento de su primo.
Nick decidió llamarla al día siguiente, explicárselo todo y solucionarlo. Mejor aun, iría a Chelsea para hacerlo en persona.
Tal vez, cuando le hiciera comprender el monstruoso malentendido que él había imaginado, se pudieran reír juntos. Sin embargo, algo le decía que no sería así.
Miley se quedó de pie, temblando, en la convergencia de dos pequeños senderos del parque, preguntándose dónde estaba y reflexionando sobre el terrible error que había cometido al ir a la ciudad de Nueva York.
Una ligera brisa hizo que las hojas de los árboles se movieran, trayéndole malos presagios. Una hoja le cayó en la cara, y dejó caer el bolso y el alfiler del pelo. Encontró el bolso enseguida pero el alfiler parecía haberse desvanecido.
Un ruido, probablemente de un pájaro, rompió el silencio de la noche. Tal vez no era un pájaro sino otro animal pequeño. No podía ser humano. ¿O tal vez sí? ¿Qué estaba haciendo ella allí?
Escapar de Nick Jonas. Al dejar el edificio, ella había cruzado al otro lado de la calle, donde parecían estar pasando más taxis. Sin embargo, al ver que Nick salía tras de ella, se había metido en el parque, asustada de que él la estuviese siguiendo. Al ver que él se dirigía también al parque, había echado a correr por el primer sendero y se había metido en el bosque, siguiendo un sendero tras otro.
Al final, había terminado por perderse. Perdida, helada y aterrorizada. Había saltado de la sartén al fuego. A tientas, con las manos y rodillas en tierra, volvió a oír el ruido.
Era la risa de un hombre, llena de lascivia. Y estaba muy, muy cerca.
-¿Has perdido algo, bonita?
De repente, un hombre salió de la oscuridad y se abalanzó sobre ella. Tenía algo naranja en la mano, que brillaba.
Era un porro. Miley lo identificó por el olor. Miley no se podía creer que aquello le estuviera pasando a ella.
-Tal vez yo y mi amigo podamos ayudarte.
La luz naranja se cayó al suelo y se extinguió.
Miley intentó ponerse de pie pero el hombre que había detrás de ella le aplastó la cara contra el suelo.
Apestaba a marihuana, a cerveza y a la acidez del sudor.
-No tan rápido -le susurró al oído mientras se bajaba la cremallera de la bragueta-. Todavía no has encontrado lo que has venido a buscar.
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