- Lo tendré en cuenta. ¿Estás seguro de que está lista?
- O tal vez podríamos usar un hangar o un almacén -insistía Cris-. O incluso, podríamos sacar a la gente de la ciudad en un autobús a una bodega o incluso a un casino. Ahora estoy hablando de un tipo diferente de acontecimiento social, del tipo que gustaría a los de mi generación.
- Me parece que esa gente tiende a ser algo egoísta y no dan demasiado dinero... Tienen los brazos cortos y bolsillos bien profundos.
-Olvídate de eso. Hay jóvenes empresarios en los campos de la comunicación y la informática que tienen los bolsillos a rebosar y muchas ganas de vaciados por una buena causa, pero solo si se les pide del modo adecuado. Los bailes benéficos de corbata negra no les van... Miley pensó que aquel momento era el más adecuado para su aparición.
-Miley -dijo Cris, poniéndose de pie mientras la miraba con aprobación-. Permíteme que te presente a Nick Jonas.
Él, que estaba de espaldas, se inclinó sobre la mesa para apagar el cigarrillo y se volvió hacia ella.
Lo primero que ella pensó fue que él era muy alto al ver la figura vestida de esmoquin. Lo segundo que pensó fue que era muy atractivo. Los ojos no eran oscuros, sino azules y el pelo era negro como el ala de un cuervo. En resumen, aquel hombre era la imagen perfecta del hombre urbano, civilizado pero tremendamente atractivo.
Cuando la miró, el aire civilizado pareció desaparecer, solo por un segundo, para mirada con un primitivo interés.
Enseguida, la imagen civilizada tomó su lugar, haciéndole pensar a Miley que lo había imaginado. Era mejor así porque ella no buscaba despertar el interés de un hombre como Nick Jonas. Solo hacía aquello para hacerle un favor a Cris, nada más.
La única razón por la que esperaba despertar su interés era por todas las molestias que Daniel se había tomado para arreglada.
-Miles -dijo Cris-.Es Nick. Nick, Miley pero los amigos le decimos Miles.
-Señorita Cyrus -dijo él, dando un paso al frente.
-Señor Jonas -respondió ella, aliviada de que él hubiera optado por un tratamiento formal, con una sonrisa.
- Espero que os divirtáis -dijo Daniel, entrando con una chaqueta de brocado dorado y un bolso de malla.
Con una mirada de resignación, Cris presentó también a Daniel, quien metió las llaves de la casa en el bolso antes de dárselo a Miley.
Cuando ella tomó la chaqueta para ponérsela, Nick dio un paso al frente y extendió una mano.
- Permítame.
Miley dudó un instante antes de darle la chaqueta. No estaba acostumbrada a aquellas cortesías.
Él se puso detrás de ella, para que ella pudiera meter las manos por las mangas. Cuando él le subió la chaqueta, no pudo dejar de rozarle los brazos, lo que le puso la piel de gallina a Miley.
Como las solapas se le habían quedado por dentro, Jonas se puso delante de ella para colocárselas. Ella no sabía donde mirar por lo que le miró las manos.
Eran fuertes y no estaban muy cuidadas. Podían haber sido las manos de un labrador pero había algo aristocrático en la longitud de sus dedos.
Al levantar la vista y cruzar su mirada con la de él, Miley se dio cuenta de que había cometido un grave error al ir a Nueva York.
-Está bostezando otra vez -dijo Nick, poniendo su taza de café en la mesa.
No era solo que estuviera bostezando sino que los párpados de los ojos se le habían ido poniendo cada vez más pesados, dándoles un aire de lo más seductor.
-Pensé que me las estaba arreglando muy bien para ocultarlo -respondió ella, parpadeando.
- Hasta ahora sí.
Nick había estado contemplándola. De todas las mujeres que había en aquella fiesta, Miley Cyrus era con mucho la más hermosa.
Era una rubia platino con un rostro que podría rivalizar fácilmente con el de sus compañeras. Hermosos pómulos, una sonrisa arrebatadora Y unos enormes ojos castaños que lo miraban con una franqueza aplastante. Era precisamente aquella franqueza lo que más le enervaba. Aquella mirada era rara entre las altas esferas de la sociedad neoyorquina, donde normalmente las acompañantes se pasaban la velada buscando con la mirada una compañía que fuera más prestigiosa.
Además, el vestido de Miley y el primitivo pero espectacular collar resaltaban aún más el toque indomable de la belleza de aquella mujer.
El collar no dejaba de llamar la atención de Nick, no solo porque fuera extraño sino porque descansaba en uno de los pechos más lozanos y de piel más cremosa que había visto jamás.
Nick no acertaba a distinguir lo que había en el interior del ámbar y maldijo una vez más el hecho de que su visión le hubiera obligado a llevar gafas de lectura a la edad de treinta y cuatro años.
Le parecía un insecto pero no podía asegurado por lo que, constantemente, tenía que reprimir los deseos de mirarle el pecho, como si fuera en realidad un adolescente.
Miley le recordaba una de las bailarinas balinesas que le habían hipnotizado con sus rituales movimientos. Sin embargo, la ilusión de que Miley fuera una encantadora pagana, chocaba fuertemente con la opulencia de la Gran Sala de Baile del Waldorf Astoria, en cuya planta superior se encontraban.
Para alivio de Nick, el acto benéfico de aquella noche había reunido a tantas personas como podía albergar aquella sala. Todas las plantas de la sala de baile estaban adornadas con mesas cubiertas de manteles rosas con centros florales a las que se sentaban los que habían accedido a contribuir a la Cruz Roja solo por el privilegio de estar allí.
Aquel acontecimiento social había sido un éxito, pero ya era cerca de medianoche Y las celebraciones estaban a punto de terminar. Los discursos habían terminado hacía mucho tiempo y los camareros servían café y champán a ritmo de la música de las sonatas de Beethoven.
Miley ocultó un nuevo bostezo tras la palma de la mano.
-¿Tan aburrida está? -preguntó él.
Cuando llegaron al Waldorf, ella se había comportado completamente del modo opuesto.
Se habían mantenido a su lado, sonriendo a los invitados que se acercaban a saludarles. Durante los discursos, había escuchado muy atentamente Y se había tomado la cena con gusto.
Aquella muestra de apetito le había sorprendido, ya que ella pertenecía a una profesión famosa por su pavor a la comida. Sin embargo, ella estaba más generosamente proporcionada que sus delgadísimas colegas.
-No me aburro -respondió ella-. Solo estoy cansada. He estado levantada toda la noche.
-Ah -respondió él, asumiendo que había estado de copas-. Evidentemente, este no es el tipo de personas que le atraen.
-¿El tipo de personas que me atraen? –dijo ella, quitando con los dedos la capa superior del postre que estaba comiendo-. ¿Y cuál cree usted que es el tipo de personas que me gustan?
- Estrellas de rock, pseudo nobles con títulos de pega, modelos que se imaginan actores y actrices... En resumen, cualquiera cuya idea de divertirse es llegar destrozado a una habitación de hotel.¿Ando cerca?
-Ni siquiera podríamos decir «caliente» -replicó ella, lamiendo suavemente la capa de crema, que saboreó con los ojos cerrados.
Nick sintió que, si le ponían al lado de una llama, explotaría, por lo que tomó dos copas de champán que le ofrecía un camarero.
-Salud.
-No debería beber esto -dijo Miley, tomando un sorbito-. Me va a dar más sueño, pero me encanta el modo en el que las burbujas me hacen cosquillas en la nariz.
Ella parecía más relajada entonces que cuando estaban cenando. Todos los comensales eran buenos conversadores, pero Miley solo había hablado cuando se dirigían a ella. Tal vez era porque no sabía cómo hablar con personas que le doblaban la edad y solo le interesaba lo que se llevaría la próxima temporada.
- Tal vez esté equivocado en lo del tipo de personas que le atraen pero, sinceramente, pareció encontrar algo aburridos a las personas que compartían mesa con nosotros.
- En realidad, me cayeron bastante bien -respondió ella, tomando un poco más de pastel y un buen sorbo de champán.
-¿De verdad? Pues a mí me pareció que estaba muy incómoda. Casi no dijo ni una palabra.
-Según tenía entendido, era mejor que mantuviera la boca cerrada.
-Con esto entiendo que su primo le ha estado dando consejos para su papel esta noche.
-¿Es que esperaba lo contrario?
-Bueno... nunca hubiera esperado que él le dijera que era mejor que no hablara.
-Él no me lo dijo exactamente así -dijo ella, examinando un trozo de pastel antes de comérselo-. Pero en resumidas cuentas era eso. ¿Es que mi primo está equivocado?
-Bueno, es cierto que yo prefería que usted mantuviera una actuación... discreta.
-¿Discreta? ¿No le parece que esa es una manera muy diplomática de decirme que mantenga la boca cerrada y esté mona? -sugirió ella.
Nick sonrió-.
- Mi función aquí esta noche es de ser la fantasía de cualquier hombre. Decorativa y sumisa. Yo acepté ese papel he intentado cumplir mi parte del trato. Y ahora, usted me recrimina por haber hecho justamente eso...
-No estoy recriminándola -replicó él-. Solo es que pensé que usted parecía... casi asustada de hablar. Pero no le estoy pidiendo que mantenga un voto de silencio. Se le permite hablar.
-Hasta cierto punto.
-¿Es usted siempre tan beligerante, señorita Cyrus? .
-Me pongo de mal humor cuando estoy cansada. Pero intenté comportarme bien, delante de los demás.
Miley se lamió un poco de crema de un dedo, de un modo tan poco ceremonioso que hubiera podido parecer que ella no sabía lo provocativo que podía resultar y el efecto que aquello podría tener en un hombre.
Por su profesión tenía que ser consciente del efecto que sus gestos podían tener. Se pasaba la vida haciéndole el amor a la cámara. ¿Cómo no iba a saber lo que estaba haciendo? Sin embargo, el aire de inocencia que rodeaba a Miley Cyrus le irritaba.
Sabía que era un acto calculado, artificial, hecho únicamente para ensalzar su atractivo. Sin embargo, era completamente embrujador.
Nick no pudo evitar sentirse incómodo al verse tratado de aquel modo, especialmente cuando aquella «cita» era solo de conveniencia, sin siquiera el susurro de una promesa sexual. . Sin embargo, ella estaba incumpliendo las reglas.
¿Por qué? ¿Era acaso la seducción algo intrínseco en ella? ¿O sería algo más?
-¿Sabes lo que pienso sobre ti? -añadió ella, lamiendo otro poco de crema-. Creo que estás obsesionado por controlado todo.
-¿De verdad? -dijo él, con fingida indiferencia, anhelando con todas sus fuerzas un cigarrillo para tener algo que llevarse a las manos ya que no podía ser ella.
-Quieres controlado todo, Yo no debería hablar demasiado pero tampoco debería hablar demasiado poco. Tienes estas estrictas reglas para tus «golosinas», que se supone que yo debo cumplir pero si intento clarificadas lo único que se te ocurre decirme es: «señorita Cyrus, ¿es usted siempre tan beligerante?» añadió ella, imitando el acento inglés de Nick, que tuvo que morderse los labios para no reírse-. Cris dice que es usted un buen tipo.
-Qué cosa tan extraordinaria.
- No, no lo es. Le he visto a usted hablar con él y con los comensales que había sentados a nuestra mesa esta noche. Efectivamente, creo que es usted un buen tipo, considerado, encantador, divertido incluso, con todo el mundo. Excepto conmigo. Parece que yo soy la única que es capaz de sacarle el mal humor -explicó ella.
Nick casi se ahogó con el champán que estaba tomando. Poco se imaginaba ella que era capaz de sacarle otras cosas-.
- No puedo dejar de preguntarme por qué es así. ¿Son las mujeres en general las que le molestan o soy solo yo? ¿Es que le he estado apretando alguna clavija sin darme cuenta?
-Dudo mucho que haya algo que usted haga sin darse cuenta, señorita Cyrus...
-¿Qué significa eso?
-Absolutamente nada. Es tarde -dijo él, enfadado consigo mismo por haberse dejado llevar en aquel tete-a-tete . ¿Damos ya por terminada la noche?
-Solo estaba intentando entablar conversación.
-Si lo que quiere es que clarifiquemos las reglas básicas, ¿puedo sugerirle que no incluya entre sus tópicos para entablar conversación la disección de los fallos de mi personalidad?
-Fallo. En singular -corrigió ella-. No es que no tenga otros, sospecho que los tiene en abundancia, pero de lo que yo estaba hablando era de su obsesión por controlado todo.
-Que es un asunto de lo más apasionante.
-Pues usted podría haber presentado otro.
- Para eso está presuponiendo un deseo de conversación por mi parte. Esto no es una cita normal y corriente, señorita Cyrus. No hay necesidad de evitar los silencios con una conversación inane.
-Pues creo que eso era lo que usted estaba haciendo cuando me dijo: «está bostezando otra vez» -dijo ella, imitando de nuevo su acento-. No está hablando lo suficiente, señorita Cyrus. Deje ya la maldita conversación, señorita Cyrus.
-¡Qué extraña imitación! -exclamó él, intentando así cubrir la carcajada que se le había escapado.
-Es uno de mis muchos talentos –replicó ella, entre bostezos.
-Está cansada -dijo él, intentando no pensar en los otros talentos-. Voy a llevarla a casa.
Miley le apartó la silla y le hizo un gesto para que ella saliera delante de él. Él estuvo a punto de ponerle una mano en la cintura pero al ver el pronunciado escote que ella llevaba y que terminaba casi en su bien torneado trasero, se preguntó si sería acertado hacerlo.
Al final, decidió que como no la volvería a ver jamás, no importaba si lo hacía de todos modos. Encontró que la piel era deliciosamente suave al tacto.
Ella se tensó un poco al sentir la mano de él pero no dijo nada. Él dejó caer la mano un poco más, hasta perderse en los sedosos pliegues del traje e imaginó cómo sería explorar la íntima feminidad de aquella mujer, rasgarle el ligero vestido y hundirse en ella.
Aquella fantasía era tan real. que le turbó. «No eres más que un pobre hombre», se dijo. Al llegar al piso de abajo, él decidió tomarla del brazo y llevarla así a través de la pista de baile. No era que no hubiera tenido oportunidades de practicar el sexo desde que había roto con Delta el abril anterior.
A pesar de que no había salido con ninguna mujer más de dos veces, hubiera podido acostarse con cualquiera de ellas si hubiera querido. Sin embargo, no lo había hecho para no implicarse en una nueva relación en la que todo acabase por escapar a su control.
- ¡Nick! -exclamó una voz de hombre cuando estaban llegando al guardarropa. Al mismo tiempo una mano le dio un buen golpe en la espalda-. ¿Dónde has estado? Mi madre ha estado preguntando por ti.
-Joe -dijo Nick, estrechando la mano de su colega Joe Van Aucken, quien no dejaba de mirar a Miley-. Si hubiera sabido que ibais a estar aquí, os habría buscado.
-¡Mentiroso! -le acusó Beryl Van Aucken, acercándose con una sonrisa en los labios. La señora Van Aucken era una de las principales interesadas en las causas filantrópicas de la ciudad.
Al contrario de su hijo, un joven alto de pelo rubio, Beryl Van Aucken era menuda y tenía el pelo muy blanco.
Al contrario de sus amigas, iba vestida con una chaqueta de estilo chino con pantalones negros.
-Lo que estabas haciendo era esconder a esta preciosidad de mi hijo -añadió la mujer-. Y, conociendo a Joe, no te culpo
. - Me has descubierto, Beryl -bromeó Nick, saludándola con verdadero afecto con un beso en la mejilla-. Me alegro mucho de verte, aunque solo sea para decir adiós.
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Siento no haber subido mucho este mes, pero el colegio me tiene colapsada:/ intentare subir lo mas seguido posible:) son un amor♥
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me encantoooooo
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