miércoles, 6 de junio de 2012

Capitulo 6.-


- Tiene a la señora Van Aucken por la línea uno -le informó a Nick su secretaria a través del intercomunicador.
-Gracias, señora Watley -respondió Nick, levantando el auricular y apretando el botón correspondiente-. Buenos días, Beryl. ¿A qué debo...?
-¿Se lo has pedido ya?
-¿Que si se lo he pedido a quién?
-¿Le has pedido ya a Miley Cyrus que te acompañe a la gala benéfica en el museo de arte? -replicó ella, con un suspiro-. Es mañana por la noche. ¿No me irás a decir que no se lo has pedido todavía?
 -Nunca te dije que lo iba a hacer -replicó él, devolviendo una pluma al bote que guardaba sus objetos de escritorio y que, desde hacía seis días, alojaba también un adorno del pelo que tenía intención de devolver en alguna ocasión.
 -Eres un beep, Nick.
-Lo que me haría un beep es intentar empezar una relación con la señorita Cyrus-observó Nick reclinándose sobre la silla para resistir la tentación de ponerse a juguetear con el adorno.
-¡Quiero que llames a la señorita Cyrus! -insistió Beryl-.¡Eres un reprimido! Te apuesto algo a que te planchas los calzoncillos.
-Muy graciosa -replicó él, sin querer admitir que así era.
-Pídele ,que te acompañe. ¿O es que ya se lo has pedido a otra persona?
-En realidad, estaba pensando en no asistir.
 -¿Hablas en serio? No creo que los fideicomisarios del museo se alegren mucho si no asistes a un acontecimiento tan importante, especialmente cuando tú fuiste quien los convenció para organizarlo.
-Yo tampoco lo creo.
-En ese caso, llama a Miley.
-Nuestra cita de la semana pasada se estableció como algo imposible de repetir. Además, estoy seguro de que ella no disfrutó mucho. Confía en mí si te digo que ella estará encantada de no volverme a ver.
-¡Dios, que tonto eres! Y, además, estás más ciego que un topo. ¿Es que no te acuerdas de la manera en que la mirabas la otra noche?
-No.
- Bueno, pues ella te miraba a ti del mismo modo.
-Si eso es cierto, ¿cómo es que yo no me he dado cuenta?
 - Porque eres un beep, tonto y ciego -le espetó la mujer.
-Ha sido un placer hablar contigo, Beryl pero ahora tengo que...
-No seas necio, Nick. Llámala.
-Me colgará el teléfono en cuanto sepa que soy yo. Seguro que para ella ahora no soy más que un recuerdo molesto. Aunque es mucho más probable que se haya olvidado de mí.
-¿Igual que tú te has olvidado de ella?
Touché. Efectivamente, Miley había ocupado sus pensamientos toda la semana.
Nick rebuscó entre sus papeles su cajetilla de tabaco.
-Además, deberías dejar de fumar -dijo Beryl, al oírle encender el cigarrillo-.Ahora dicen que causa impotencia. Lo dijeron en un programa de la televisión. Creo que deberías comprarte esos parches...

-Lo pensaré -replicó él, aspirando el humo con fuerza.
 -Si ese es tu modo de decirme que te deje en paz...
 -¿Cómo dice, señora Watley? -exclamó Nick, a voz en grito-. ¿Que tengo otra llamada por la línea dos? ¿Quién? No, no. Tiene razón. No debemos permitir que Su Eminencia tenga que esperar.
 -Muy gracioso Nick pero escúchame. Quiero que Miley Cyrus vaya a esa gala contigo mañana por la noche. E incluso a la de la Fundación del Riñón la semana que viene. ¡Ah! Y, además, está la de la Prevención del Cáncer de Mama dentro de dos semanas.
- Ella es solo una acompañante, no una novia estable.
- Eso podría cambiar. Me cae bien. Y a ti te gusta, más de lo que probablemente crees, dado lo cortito que eres. Mira, por lo menos tienes que llevarla a la gala de mañana. He hablado de esas joyas con mis hijas y están como locas por verlas.
- y Joe igual.
-Demi Crane va a asistir, lo que significa que Joe va a comportarse como un ángel mañana.
-No creo que eso sea posible. Mira, Beryl, sé que en realidad te da igual que tus hijas le compren joyas a la amiga de Miley Cyrus. Lo único que pasa es que crees que hay un gran romance esperándonos. Pues te equivocas, te lo prometo. Y, aunque fuera verdad, y especialmente si así fuera, me mantendría con más motivo alejado de ella: Lo último que quiero en mi vida en estos momentos es un romance.
-Los romances son tortuosos si se eligen parejas que saben cómo apretarte bien las clavijas, lo que parece que es tu fuerte. Pero, dado que alguien de mejor juicio elijo a Miley para ti, deberías darle una oportunidad antes de desecharla, ¿no te parece?
 -No, Beryl no. Sé que lo haces con las mejores intenciones, pero no va a ser así. No voy a meterme en líos empezando una relación ni con Miley Cyrus ni con cualquiera otra mujer. Gracias por preocuparte de mí lo suficiente como para convertirte en una pesada, pero la respuesta es no. No voy a pedirle que me acompañe mañana.
-¿Y tú te crees que me voy a rendir así por las buenas? -le desafió Beryl-. ¿Con quién te crees que estás tratando, Nick? Soy la hija de un luchador de Brooklyn, no de uno de esos ricachones, y no acepto bien la derrota. No es que no sepa perder con gracia, es que no sé perder.
 -¿Me estás diciendo que siempre te sales con la tuya? -preguntó Nick, sonriendo con indulgencia-. ¿El cien por cien de las veces?
- Nick, tengo más de un millón de años, más dinero que Trump y me he asegurado de que todo el mundo que conozco me debe al menos un favor. Tú, por ejemplo, me debes como medio millón de favores.
-Ah.
-Eso es lo que digo yo. Ah. Esos cheques tan sustanciosos que te extiendo en cuanto me haces una señal se podrían acabar de la noche a la mañana.
-Tú no serías capaz de hacer eso. Además de ser su amiga, Beryl era una de las pocas personas con las que siempre se podía contar para donar dinero generosamente cuando había causas que lo necesitaran en cualquier lugar del mundo.
Nick estaba en una posición ideal para darle el toque de alerta a todas esas personas como Beryl y conseguir una buena inyección de dinero para aliviar esas crisis. Sin comisión para él. En esos casos, el trabajo era estrictamente humanitario. .
-¿No? -preguntó ella-. Mi chequera siempre ha estado abierta para ti, Nick. Lo que quieres, tienes. Pero yo te pido que hagas una cosita de nada y...
 -No me puedo creer que serías tan obstinada como para negarte a dar dinero a gente que lo necesita...
 -Tienes otros benefactores. No dependes solo de mí.
-Beryl, ya sabes que tú eres la única que no me fríe a preguntas para lo que es, nunca me hace esperar o me somete a un papeleo interminable.
-Yo te he mimado. Es uno de mis malos hábitos, darle todo a las personas a las que amo. Bueno, eso ya se acabó. El pozo se ha secado, Nick. Afronta la realidad.
-Me rindo, Beryl -dijo por fin Nick, apagando su cigarrillo-. llevaré a la señorita Cyrus a la gala del museo. Eso, si ella quiere venir conmigo.
-¿Ya las otras dos galas?
 -Lo pens...
-Creo que oigo cómo se me cierra la chequera.
 - Tú ganas, Beryl. ¿Estás contenta?
-Muchísimo. Nunca te arrepentirás, Nick.
 -Ya me arrepiento.
Después de despedirse de ella, Nick colgó el auricular con no demasiados buenos modos y se cubrió la cara con las manos, musitando una serie de palabras no muy amables.
De repente, vio el adorno del pelo y se descubrió la cara. Con un suspiro de resignación, extendió la mano y lo sacó para ponerse a juguetear con él encima de la mesa. La aguja tenía la forma de una ramita de árbol ligeramente curvada, con pequeños brotes. La cabeza de la aguja estaba adornada con varias piedras semi preciosas y unas pequeñas plumas.
Evidentemente, estaba hecho a mano, probablemente por la misma persona que hacía el resto de las joyas de Miley. Había algo en la rústica elegancia de aquel adorno que le recordaba a ella. Había algo en él que le atraía. Se acercó las plumas a la nariz y aspiró. Por haber estado en contacto con el pelo de ella, olía a lavanda, el olor de su niñez en los campos de Inglaterra, de los macizos que había en el jardín de su tía Enid.
El aroma era suave y sencillo, justo como ella. Sin embargo, Nick pensó que no había nada de sencillo en Miley Cyrus. El aura de ingenuidad solo conseguía incrementar su atractivo físico.
Todo estaba muy calculado en ella. ¿De verdad había accedido a llevarla a tres galas más? Tras dejar la aguja en la mesa, se mesó los cabellos.
Sus planes, pensados tan cuidadosamente, se estaban haciendo trizas. La idea de salir con «golosina para el brazo» era evitar una relación personal con una mujer.
Aquello ya era suficiente, sobre todo teniendo en cuenta que Miley Cyrus ya le había capturado en la trampa de su sexualidad. Parecía como una obra en la que Nick representara el papel del hombre que hace todo lo posible por evitar relaciones románticas y lo consigue de tal modo que es capaz de alinear a la ingenua muchacha de su vida.
Sin embargo; en el acto 11, entra en escena Lady Beryl Van Aucken, la celestina. Como el hombre le debe mucho dinero, tiene que aceptar el chantaje de escoltar a la ingenua por la ciudad.
Tal y como estaba entonces, Nick corría verdadero peligro de convertirse en el bufón de la corte.
Odiaba la sensación de verse controlado por las circunstancias, especialmente cuando esas circunstancias estaban conspirando para lanzarle a otra relación no deseada. David deseaba mantener esa relación completamente impersonal, completamente mercantil. y para hacer eso, tendría que guiarse con mano de hierro, a pesar de lo que Beryl o Miley pudieran desear. El tercer acto estaba todavía por escribir.
-Señora Watley -le dijo a su secretaria, tras apretar el botón del intercomunicador -, póngame con Cristian Cyrus.
Encontrará su número con el resto de mis tarjetas de negocios, llame a su teléfono móvil, no a su apartamento. Con aquel gesto, Nick quería evitar que Miley contestara el teléfono y también que el asunto fuera más como un trato comercial.
-Tengo al señor Cyrus por la línea uno, señor Jonas.
-Gracias -respondió Nick, apretando el botón de la línea uno-. Buenos días, Cris.
 -¿Cómo va todo, Nick? -preguntó Cris, con un trasfondo de ruidos de la calle-. Llevo días con la intención de llamarte para contarte algunas ideas que se me han ocurrido para organizar fiestas. Pero había pensado que era mejor es esperar hasta que volviera de las islas. Nos marchamos mañana por la mañana, yo y Daniel, y volveremos el día veinticinco. Dos semanas de tranquilidad para asarnos como cerdos...
-Suena... fenomenal...
-¿Qué tal te fue con Miley en la gala de la Cruz Roja?
-Estoy seguro de que ella ya te lo ha contado todo.
 -No, no le hemos podido sacar mucho. Ha estado tan callada que he estado... bueno, ya sabes, un poco preocupado de que no hubiera ido realmente bien. En realidad, ha sido por eso por lo que no te he llamado antes.
-Pues ella es la razón de mi llamada. He organizado una velada de las de mil dólares en el Museo de Arte Moderno para favorecer su proceso de expansión. Es mañana por la noche y me preguntaba si... tu prima estaría interesada en acompañarme. Con las mismas condiciones de la vez anterior.
- Es decir, que quieres que te sirva de «golosina en el brazo».
 -Efectivamente. De hecho, incluso se me había ocurrido que tal vez sería mejor hacerla algo habitual, ya sabes, al menos durante un tiempo.
-Algo habitual... ¿Como si fuera una novia estable?
-Supongo que a los extraños les parecería que estamos saliendo pero, los dos sabemos que solo sería... Bueno, ya sabes, una mera acompañante. ¿Crees que ella estaría interesada? –preguntó Nick, rebuscando sus cigarrillos.
-No sé, Nick. Ella pensó que iba a ser solo una vez, ¿sabes?
 -Bueno, ¿crees que podrías convencerla?
- Tal vez. ¿Sabes una cosa? -añadió Cris, después de una pausa-. Creo que no hay ninguna razón para que no nos podamos reunir hoy para que yo te pueda contar esas ideas mías. No es necesario esperar a que vuelva de vacaciones. ¿Estás libre para comer? Ya sé que probablemente eres más bien un tipo de club privado pero hay un nuevo restaurante de sushi entre la Sexta y la Séptima Avenida.
Se llama Nishino. .
Nick comprendió enseguida las intenciones de Cris.
 Él estaba dispuesto a pedirle a Miley que siguiera acompañándole pero solo si Nick accedía a escuchar sus ideas.
-He dado por sentado que comes sushi -insistió Cris-.Alguien me dijo que viviste en Japón hace algún tiempo.
Nick se dio cuenta de que aquello era lo que Cris había planeado desde un principio. Dándole «golosinas» esperaba congraciarse con él para que Nick se animara a contratarle para organizar una de sus galas.
No era nada nuevo, pero le molestaba verse manipulado por otro de los actores de aquella pequeña farsa.
 -Yo te invito -comentó Cris. ¿Acaso necesitaba Nick tan desesperadamente el dinero de Beryl? No, no tanto. Había otras millonarias en la ciudad.
De repente, su mirada fue a parar al adorno de pelo de Miley. Estaba encima de un montón de papeles. Tras apagar el cigarrillo, se llevó las plumas a los labios.
-¿Nick?
- Estaré allí a mediodía -concluyó Nick, colgando el teléfono antes de que Cris pudiera decir adiós.

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