sábado, 9 de junio de 2012

Capitulo 12.-


-¿Por qué iba a querer reírme? -preguntó él, muy seriamente.
- Bueno, ya sabes. Tengo veintidós años y nunca he... -comentó ella, encogiéndose de hombros.
- Miley -dijo él, quitándole la taza de las manos y tomándoselas entre las suyas-. No es tu edad... eres joven, muy joven. Es que, bueno... me sorprende un poco dada... no sé... tu profesión, supongo. La gente con la que tú debes de moverte y todo eso, a pesar de lo que tú digas... Y eres tan hermosa, tan deseable... Cuando entras en una habitación, todos los hombres que hay en ella te siguen con la mirada. No me vas a decir que ningún hombre ha tratado de...
- He tenido muchas dificultades permitiendo que los hombres se me acerquen, así que nunca he tenido el tipo de relación que puede llevar a... bueno, ya sabes, a que yo me enamorara de ellos. Siempre he creído que la primera vez... debería ser con alguien del que se está enamorado. -
Ah -dijo él, soltándole la mano y mirándola perplejo-. Entonces, anoche... bueno, antes de que lo estropeara todo, cuando estábamos... cuando tú y yo... Yo había asumido que tú tenías la intención de...
 -¿Acostarme contigo? En realidad, así fue. No porque esté enamorada de ti -añadió ella rápidamente, intentando parecer fría-. Porque, bueno, no lo estoy. No te ofendas.
 -No te preocupes -respondió él, inclinando cortésmente la cabeza.
-Pero llegué a pensar que talvez estaba siendo... demasiado discriminatoria. Decidí que si seguía siendo tan exigente, seguiría toda la vida siendo virgen.
-De acuerdo, creo que ahora sí que voy a empezar a ofenderme.
 -Ya sabes a lo que me refiero.
-Creo que sí -replicó, sonriendo-. Anoche tomaste la decisión impulsiva de no seguir esperando al amor. ¿Tengo que dar por sentado que eso significa que no he perdido mi toque especial?
-Eso -admitió ella-, y el hecho de que pensé que sentías algo por mí. Cuando me di cuenta de que no era así -añadió ella, apartando la vista, avergonzada-. Fue todo culpa mía. Mis pensamientos originales eran los correctos. Debería esperar hasta que me enamore, lo que probablemente nunca va a ocurrir, del modo en que voy con los hombres, pero creo que voy a esperar de todos modos. Probablemente creas que es una tontería pero...
-Al contrario. Lo admiro. Y lo respeto. ¿Por qué no deberías esperar a tu amor verdadero? Eso significa que quieres lo mejor para ti;,¿Qué hay de malo en eso? Si tienes tu virginidad en alta estima, bueno, eso se considera 'un bien muy preciado en muchas culturas. Y, si lo piensas, es algo muy valioso. Representa la inocencia, la pureza. Es el regalo más precioso que una mujer le puede dar a un hombre. Tú deberías dárselo al hombre adecuado, Miley y, probablemente, me voy a arrepentir de haberte dicho esto, pero... no creo que yo sea el hombre adecuado. Creo que después te arrepentirías.
-Es casi como si me estuvieras diciendo que no quieres arruinarme.
-Es algo parecido. No te equivoques. Te deseo igualmente. Mucho. Eres un bien escaso y exótico -dijo él, acariciándole la mejilla con los nudillos-. Una mujer intacta. Lo único que se consigue con eso es acrecentar tu atractivo, si eso es posible. Pero no me voy a aprovechar de ti y eso sería lo que ocurriría, especialmente dado que... no tienes esos sentimientos por mí.

-¿Te ha dicho alguien alguna vez que has nacido en el siglo equivocado
 -Oh, no creo que pueda haber duda alguna al respecto -respondió él, riendo.
-¿Significa eso que vas a volver a fumar?
-¿Por qué iba a hacerlo si eso significaría que tú no ibas a querer besarme? -replicó él, aparentemente sorprendido.
 -De acuerdo... pero eso no significa que vayamos a...
 -Sí, pero eso no significa que no nos podamos besar. No tiene por qué conducir a... algo más -concluyó él, sonriendo.
-¿Por qué quieres besarme, Nick? -preguntó ella, muy seria.
Él no pareció inmutarse, como si en realidad hubiera estado esperando aquella pregunta-. Quiero decir, hemos confesado que no sentimos nada el uno por el otro -añadió ella, mintiendo un poco en lo que se refería a ella-. ¿Es solo algo... físico?
-Si así fuera, ¿ibas todavía a permitirme que te besara? -preguntó él, eligiendo muy cuidadosamente sus palabras.
 -Solo si te vieras satisfecho con los besos , respondió ella, después de pensárselo un momento.
 -Claro que no me sentiría satisfecho, pero si otras personas pueden reunir e! suficiente autocontrol, yo también puedo.
 - Te tienes en mucha estima, ¿no?
-Bueno, ya sabes que soy el Señor del Autocontrol de todo el Universo -bromeó él-. ¿O es que no te habías enterado?
-¿Sabes lo que parece esto? - preguntó Miley, mirando a las lámparas de araña que colgaban del techo de la espectacular Sala de Cristal-. El interior de un pastel de bodas.
-¿El interior .de un pastel de bodas? -repitió Nick, sonriendo, mientras le hacía una seña al camarero para que les trajera la cuenta.
-Bueno, lo que quiero decir... En la vida real, el interior de un pastel de bodas es... bueno, de bizcocho, pero mira esto -dijo ella, mirando la decoración rococó del techo-. Si los pasteles de bodas tuvieran el mismo aspecto por dentro que por fuera, este sería el aspecto exacto que tendrían.
 -¿Te han dicho alguien alguna vez que tienes una extraña perspectiva de las cosas? -preguntó él, sonriendo. .
-No. Solo tú -replicó ella.
 Él le había dicho lo mismo, o variaciones de lo mismo, unas cuantas veces en los últimos días. Parecía encontrado algo peculiar, algo que a ella le agradaba. En la escuela de Oficios, siempre había sido de los más normales.
Hacía mucho tiempo que alguien le había dicho que tenía un punto de vista «extraño». Habían pasado dos semanas desde que Miley había sido atacada y habían asistido juntos a varias fiestas benéficas.
La Sala de Cristal había fascinado a Miley desde el momento en el que habían puesto el pie en ella. Igualmente encantador había encontrado el llamado «Jardín de Cristal», visible a través de las paredes de cristal que rodeaban el comedor. Los árboles habían sido cubiertos de luces, destacando sus contornos.
 - Me encanta este lugar -dijo ella.
-Ya me lo he imaginado.
-¿Es por eso por lo que hemos vuelto aquí esta noche?
 Aquella noche, se habían pasado la primera parte de la tarde en la Sala de Baile del hotel Plaza, asistiendo a una gala benéfica para la prevención del cáncer de mama. Después, en vez de llevada directamente a casa, Nick le había sugerido una cena en aquel lugar.
Era la primera vez que la había llevado a un sitio en el que no se celebrara una fiesta pública. En un gesto habitual, intentó buscar la cajetilla de cigarrillos en el bolsillo interior de la chaqueta. El dejar de fumar no era la única cosa sobre la que había tenido que contentarse últimamente. Llevaba dos semanas sin intentar besar a Miley. ¿Habría decidido que, después de todo, no era una buena idea?
-Te he traído aquí -respondió Nick- porque tenía un poco de hambre y pensé que a ti también te vendría bien cenar.
-No, pero, ¿por qué aquí? -insistió Miley, pensando que podrían haber cenado en el Plaza o en cientos de otros restaurantes-. Recuerdo que me dijiste que este lugar era un poco demasiado para ti.
-Está empezando a gustarme.
 Lo que él hubiera querido decir en realidad es que la había llevado a aquel restaurante solo para agradarla. A pesar de que durante las dos últimas semanas había sido muy amable, Miley había notado que se mostraba algo reservado con ella.
Recordó cómo se había preocupado de que él empezara a indagar sobre sus raíces cuando ella le había hablado de amor. Tanta preocupación no había sido necesaria. Aparte de algunas cosas, como lo de la granja del Tibet, él no había revelado mucho sobre sí mismo, ni le había preguntado a ella nada de su pasado.
Ella tampoco quería investigar al enigmático Nick Jonas, ya que sabía que, si lo hacía, él podría intentar lo mismo con ella. Por ello, limitaban su conversación a los tópicos normales.
El camarero entregó a Nick la cuenta en una pequeña carpeta de cuero, en la que él introdujo unos billetes.
 -Gracias, George. Quédate con el cambio.
 -Gracias, señor Jonas.
 -¿Nos vamos? -le preguntó Nick a Miley.
Mientras iban hacia la salida, muchas cabezas se volvieron para mirarlos, las mujeres a Nick y los hombres a Miley. Los dos juntos hacían una pareja perfecta. Diego llevaba, como siempre, un traje oscuro y ella se había puesto un vestido de cóctel del mismo color azul oscuro que el traje de él. Aquel era el último de los seis vestidos que Daniel le había dejado preparados antes de marchar de vacaciones. Ella lo había dejado para el último porque no se podía llevar con sujetador ni medias. En realidad, eran dos vestidos: una especie de tubo sin mangas que se le entallaba al cuerpo como un guante y le llegaba hasta la mitad de los muslos y una falda de seda transparente.
Una boa a juego completaba el conjunto. Aquella noche, Miley llevaba el pelo suelto y Nick parecía haber aprovechado todas las oportunidades posibles para tocárselo. Aunque se sentía algo insegura sin sujetador, tuvo que admitir que el conjunto era perfecto para una larga cadena de oro, con unos colgantes de ópalo, trabajados de manera que parecían unas uvas entrelazadas con hojas de viña.
 Aquella pieza le había ganado a ella, o a «su amiga» dos nuevos encargos. Aquel encargo, junto a los de las hermanas Van Aucken, le llenaba de alegría. El problema era que, cuanto más tiempo pasaba con Nick, menos podía trabajar en los encargos, ya que quería seguir manteniendo su oficio en secreto. Se consolaba diciéndose que, en realidad, él no quería saber nada de ella y que tampoco le importaba mucho su vida. ¿No había sido así? Media hora después, los dos entraban en el edificio de Cris y se dirigían al montacargas.
Aquella noche, como siempre, él la acompañaría al apartamento, se marcharía, Miley se haría una taza de chocolate caliente y se iría a la cama preguntándose si todavía tenía la intención de besarla y, si era así, cuándo lo haría. Se sentía algo frustrada pensando que él podría haber cambiado de opinión. O, ¿estaría él esperando que ella le hiciera alguna indicación? Recordó que él le había dicho que esperaría hasta que ella se hubiera recuperado del ataque.
 Los dos entraron en el montacargas y Nick apretó el botón del sexto piso. Él se metió las manos en los bolsillos y se mantuvo en silencio mientras la vieja máquina cumplía su cometido.
 -Bueno... -empezó Miley-. Cris y Daniel regresan mañana.
 -¿Sí? -preguntó Nick, concentrándose en el mecanismo de los cables del montacargas.

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