-¿Te he mencionado ya que siento la manera en que ocurrió? -preguntó Nick, acariciando el pelo de Miley.
Estaban desnudos en la cama, acurrucados tranquilamente el uno contra el otro. A ella le encantaba la áspera sensación del vello del pecho de él contra su mejilla.
-Solo una docena de veces. Yo te incité a que lo hiciéramos. Incluso el hombre que lo tiene todo bajo control tiene sus límites. En realidad, me excitó mucho verte perder el control de esa manera.
- Hubiera tenido que sujetarme más -suspiró él-. Ninguna mujer debería ser tratada así en su primera vez.
-Todas las mujeres deberían ser tratadas así en su primera vez.
-Te podría haber hecho daño, Miley. Y todavía no estoy convencido de que no lo haya hecho.
Después de hacer el amor de una forma tan explosiva, Nick se había retirado de dentro de ella, quedándose pálido al ver que tenía sangre. Había sido entonces cuando había empezado a arrepentirse. Luego le había invitado a darse un baño caliente, regañándola por su timidez cuando él se desnudó, al mismo tiempo que alababa su belleza cuando por fin consiguió que ella se desnudara delante de él.
Nick se había sentado en el suelo, al lado de la bañera y le había dado conversación mientras ella se remojaba en la cálida y relajante espuma e iba sintiendo que el dolor que tenía entre las piernas desaparecía.
Después, él la había secado con una enorme toalla y la había llevado a la cama. Miley no creía haber visto nunca nada tan elegante como el cuerpo desnudo de Nick, largo y esbelto pero con sólidos músculos. Era un cuerpo de atleta. Miley no había podido evitar preguntarle cómo se mantenía en forma, aparte de utilizar el banco de abdominales que tenía en su apartamento.
Él le había confesado que el banco de abdominales solo le servía para ponerse en forma para jugar al juego de pelota y al tenis, lo que hacía tres veces por semana. Los domingos, le gustaba jugar al baloncesto en la calle. Cuando le dijo dónde iba a practicar aquellos deportes, Miley había palidecido y le había preguntado si no tenía miedo de ir a aquellos barrios.
Él se había limitado a contestarle que había estado en sitios peores. Nick no dio más detalles y Miley tampoco le obligó. Ya había sido bastante raro que él se pusiera a revelarle tanto sobre sí mismo. A pesar de todo el tiempo que habían pasado juntos, Diego seguía siendo muy reservado.
Como resultado, Miley sabía tan poco sobre él, como él sobre ella. Ella dio por sentado que aquel era su modo de evitar implicarse emocionalmente con ella. No le gustaba poner aquellas barreras, pero sabía que era lo mejor para no tener que revelarle nada suyo. No quería imaginar su reacción si ella le decía que le había estado engañando durante casi dos meses.
Antes, cuando su relación era exclusivamente platónica, más o menos, a ella no le había importado demasiado aquel subterfugio. Nunca iban a compartir nada. Por eso no importaba.
Por eso, Miley estaba algo perpleja por la razón que le habría llevado a él a ofrecerle aquellos retazos de su vida. Tal vez hacer el amor con ella le había impulsado a reconocer lo que sentía por ella, tal y como Demi había especulado. Si era así, Miley tendría que encontrar el modo de decirle quién era ella realmente. No era algo que quisiera hacer, pero le aliviaría infinitamente dejar de mentir.
-No creo que esa sea la manera de iniciar a una virgen -continuó Nick-. Hay otras cosas que podemos hacer, modos en los que el acto puede resultar más cómodo para una mujer la primera vez.
- La comodidad no era una de mis prioridades.
- Debería haber ido más lentamente -dijo él, besándole la nariz-, haber sido más tierno. Tenía que haber hecho cosas que te prepararan para que no fuera tan doloroso. -Casi no me di cuenta del dolor -afirmó ella.
Efectivamente, el dolor había venido después, pero el baño lo había aliviado.
- Eso es porque estabas a punto de alcanzar el orgasmo, una afortunada coincidencia, te lo prometo. Yo estaba demasiado desbocado como para encargarme de que tú también sintieras placer.
-Pero yo sentí mucho placer.
-No porque yo hiciera algo al respecto. Si tuviera que hacerlo de nuevo, me hubiera pasado mucho tiempo besándote y acariciándote. Te hubiera besado y acariciado por todas partes -dijo él, tocándola por todas partes-, hubiera dado placer a cada centímetro de tu cuerpo hasta que hubieras estado temblando de deseo, hasta que tu feminidad hubiera estado húmeda y lista y tú me hubieras suplicado que te poseyera.
ella tragó saliva al sentir que él le tiraba suavemente de un pezón mientras con la otra mano se encargaba de la entrepierna y el vientre.
-Suena... muy completo.
-Claro que hubiera sido muy completo.
Entonces la besó de un modo muy completo, besándole los pechos y dándole luego caricias más íntimas.
-¿Te duele? -preguntó él.
-No... no. Por favor, no pares y él no lo hizo pero cambió de postura para poder besarle de nuevo la boca.
- También te hubiera hablado -murmuró él, casi contra los labios de ella-. Te hubiera dado confianza, te hubiera tranquilizado. Te hubiera dicho lo que esperar, todo lo que iba a hacerte -añadió él, mientras ella deslizaba una mano entre sus cuerpos para tocar la húmeda punta de la erección de Nick-. No, no hagas eso. Si me tocas así, no durará mucho y quiero que esta vez dure mucho, aunque nos lleve horas. Aquí te hubiera dicho que iba a hacerte alcanzar el orgasmo con la mano. Y luego te besaría aquí... -susurró, tocándole la parte más sensible de su feminidad con un dedo-. Te haré el amor con la boca hasta que te vuelva loca, hasta que llegues otra vez al momento en que grites para que yo te posea.. Miley se aferró a él, sintiendo que la espiral de placer que iba sintiendo ante sus caricias se iba acercando poco a poco al fin...
-Y luego, me tumbaré entre tus piernas -dijo él-, y entraré solo un poco en ti, para hacerte que te acostumbres a mí. Y, mientras tanto, te estaré tocando de esta manera para que vuelvas a alcanzar de nuevo el clímax. Cuando lo hagas, no por eso dejaré de seguir tocándote.
No me empujaré más dentro de ti hasta que tú no me lo pidas, y entonces, solo lo haré un poco más, lo justo para que te vayas abriendo. Tardaré mucho en entrar dentro de ti y para entonces estaré listo para estallar, así que me tendré que tumbar un poco, sin moverme y, cuando lo haga, será muy lentamente: Lo haré hasta que estés al borde del orgasmo otra vez, lo mismo que yo. Aguantaré todo lo que pueda pero, cuando tú pases el umbral del placer, te sienta temblar y oiga tus gritos, seguro que aquello me hará perder el control.
Nick le introdujo un dedo dentro de su feminidad, detonando en ella un placer indomable.
Ella oyó un sonido gutural y se sorprendió mucho al darse cuenta de que había sido ella quien lo había emitido y se abandonó al placer sensual que sintió.
Nick la abrazó, susurrándole hermosas palabras al oído hasta que ella dejó de temblar y entonces, él la besó... primero la boca, luego la garganta, los pechos el vientre y más abajo. «¿Horas?», pensó Miley.
-Horas... -murmuró ella, contra el pecho de Nick mientras estaba tumbada entre sus brazos, húmeda y agotada bajo el cálido edredón.
-¿Hmm? -susurró él, contra su pelo.
- Pensé que era una exageración.
-Yo nunca exagero.
-¿Aprendiste todas esas cosas del Kama Sutra? -Preguntó ella.
-Bueno... en parte -dijo él, dudando un momento-. Hay otro antiguo texto hindú que se llama El jardín encantado que es también bastante esclarecedor. Y, por supuesto, no debemos olvidar la práctica. Pero, créeme si te digo que nunca, nunca antes había disfrutado tanto como contigo.
-Ah, sí... siempre tan diplomático -replicó ella, riendo-. Tienes una vena bastante caballeresca, Nick.
-¿Ahora es una vena caballeresca? Y yo que pensaba que estábamos en la época Victoriana y ahora resulta que me mandas directamente a la Edad Media.
-Puedo verte claramente vestido con una brillante armadura, con los penachos al viento, listo para batallar por Dios y por el rey.
- Me gusta esa imagen, considerando lo irresponsablemente que te he utilizado.
-Vaya -dijo ella, incorporándose en la cama, cubriéndose el pecho con el edredón. Si recuerdas, era yo la que te estaba utilizando.
-Al principio -respondió él, sentándose también-. Recuerda que dijiste que te ibas a retirar a tiempo. Tal vez podrías haberlo hecho si yo no hubiera tomado el asunto entre mis propias manos. Cuando la segunda vez, me di cuenta del daño que había hecho, por decirlo de algún modo, pero... no me gusta correr riesgos. No estoy en una época muy fértil del mes.
- Puedes quedarte embarazada en cualquier momento del mes. ¿Has pensado alguna vez lo que harías si...?
-Tendría el bebé.
Él asintió, mirando el enorme tapiz que había en la pared opuesta. Representaba el banquete de una boda medieval.
-Quiero que sepas que, si te quedas embarazada, haré lo que debo.
-¿Lo que debas? ¿Te refieres...?
-Me refiero a casarme contigo -dijo él, brevemente-. Para dar legitimidad a ese niño.
-¿Te casarías conmigo solo para cumplir con tu deber? -preguntó ella, pensando que aquello sonaba más bien como una terrible transacción financiera.
-Incluso hoy en día, queda lugar para cumplir el deber.
-Sí, claro.
¿De verdad había esperado ella que él le declararía sus sentimientos cuando hicieran el amor? Tras oír aquellas palabras, Miley pensó que no había sentimientos que declarar. Dándose la vuelta, alcanzó la blusa y se la puso.
- El deber. Esa es otra de tus virtudes, junto con el honor y el autocontrol, ah, sí, y también la de mantener las apariencias.
-¿Miley...? -preguntó él, sin comprender.
Ella se levantó de la cama y recogió las polainas. Al recordar que estaban rasgadas, se puso una de las enaguas.
-No debes permitir que tu corazón albergue sentimientos, ni debes dejarlos salir si es que sientes algo.
-¿Es eso lo que piensas de mí? -preguntó él.
- Para mí, eres un extraño en muchos sentidos, Nick -dijo ella, volviéndose para mirado una vez que hubo recogido la ropa-. Tal vez si te abrieras un poco, me contaras algo sobre tu vida, compartieras conmigo algo personal, tal vez entonces sabría lo que pensar de ti. Tal Y como están las cosas…..
Ella sacudió la cabeza y cruzó la habitación hasta la puerta que llevaba a su dormitorio.
- Miley -exclamó él, saltando de la cama y acercándose a ella-. Quédate, Miley. Estás solo cansada. En realidad, no ha pasado nada.
-Ojala eso fuera cierto -dijo ella, con la mano en el tirador de la puerta.
- Miley, sea cual sea el problema, estoy seguro de que podemos arreglarlo.
-El problema es que yo estoy enamorada de ti -confesó ella, cerrando los ojos.
Él se quedó quieto y el aire pareció detenerse entre ellos-.
- Ese es el problema y no hay nada que pueda hacer al respecto, así que, por favor, no me pidas que me quede y te escuche mientras hablas... sobre el daño que has podido hacer y el deber y el sentido de hacer lo que debes. Eso puedo soportado solo hasta ciertos límites.
-Miley... -repitió él, tomándola por la cintura.
-Por favor, déjame marchar -susurró ella, apoyando la cabeza contra la puerta-. No puedo soportar esto, esta noche no, no después de... No puedo.
Nick apretó un poco las manos y luego la dejó marchar.
Ella abrió la puerta y salió, cerrándola detrás de ella. «Eres una hipócrita», se dijo Miley, a la mañana siguiente, mientras contemplaba la salida del sol sentada en un banco de hierro, al lado de una de las orillas del Hudson.
En el hotel, que estaba a unos cien metros de distancia, los asistentes a la fiesta, muy desaliñados, o bien se iban a la cama o se tomaban un café bien cargado antes de regresar a Manhattan.
Miley se recogió el pelo detrás de las orejas y se metió las manos en los bolsillos de su parka. Se alegró mucho de haberla llevado ya que la predicción había sido de tiempo frío y así había resultado ser.
Era una de esas típicas mañanas de otoño en las que uno presiente la llegada del invierno. Miley no dejaba de recriminarse por haber acusado a Nick de ser distante cuando ella misma se había alegrado de que así fuera para poder seguir con su pequeña mentira.
Aquello era muy complicado. Tal vez Nick había sido, desde el principio, el único que había conservado la cabeza fría. Él nunca se había querido implicar emocionalmente, nunca había querido hablar de sus vidas. ¿Por qué no había podido ella seguir con esas reglas? ¿Por qué había tenido que enamorarse? Sin embargo, no pudo reprimir una sonrisa de amargura.
¿Cómo iba a haber podido evitar el no hacerlo?
De repente, notó que alguien se le acercaba por un leve crujido de las hojas. La medida cadencia con la que se le acercaban, sugería un paso masculino que ya le resultaba muy familiar.
Cuando los pasos se detuvieron, ella, sin mirar atrás, dijo:
-Lo siento, Nick. Pensé que me bastaría con tener solo una parte de ti, pero no lo es. Lo quiero todo, tu cuerpo, tu alma... Evidentemente, tenemos diferentes prioridades, y yo no puedo echarte la culpa de eso. Tú nunca has demostrado querer nada de mí excepto mi cuerpo. Así que me imagino que lo que estoy diciendo es... que realmente me gustaría si pudieras olvidar lo que te dije anoche. Todo.
-Crees que soy Nick Jonas, ¿verdad?
Ella giró rápidamente la cabeza.
Efectivamente era Nick, vestido con una chaqueta de tweed y un jersey de lana Shetland. Tenía el pelo revuelto y llevaba las manos metidas en los bolsillos.
-Es una equivocación comprensible -dijo él, rodeando el banco para ponerse frente a ella. Eso ocurre con frecuencia.
Nick no se había afeitado aquella mañana y, a juzgar por las profundas bolsas que tenía bajo los ojos, tampoco había dormido mucho, como ella.
- En realidad, soy el primo bueno de Nick añadió él, acercándose a Miley. Entonces, extendió la mano. Soy Bob. Sí, claro dijo Miley, dándole la mano.
-Tú debes de ser Miley Cyrus.
- Sí. - La gente nos confunde constantemente -dijo él, rascándose la barbilla. En realidad, me fastidia un montón, si quieres que te diga la verdad, porque ya sabes cómo es. ¿Quién querría que le confundieran con un pedante, arrogante y ante diluviano?
-Sí...
-¿Te importa si me siento contigo? -preguntó él, señalando el banco.
- No, claro que no respondió ella, haciéndole sitio. Y, desde luego -dijo él, sentándose a una distancia muy prudente de ella-, es un completo imbécil en lo que respecta a las mujeres. No reconocería algo bueno ni aunque lo tuviera en la palma de la mano. Pero supongo que tú ya lo sabes -añadió él.
Ella sonrió-.
- En realidad no sé cómo se ha podido convertir en el primo malo y yo ser el bueno. Lo que quiero decir es que nos educaron del mismo modo. La casa en el campo, la de Londres, el cricket, el polo, Eton, Oxford, arriba y abajo... Bueno, ya me comprenderás si has visto la serie de televisión.
-Sí, claro -dijo ella, sin poderse creer que Nick hubiera crecido en aquel ambiente.
- Nick siempre había formado parte de ese mundo -continuó él, apoyando los codos en las rodillas-. Se acostumbró del modo en que lo hicimos todos, con la misma sensación de tener derecho a todo. Era, y todavía es, un mundo en el cual está mal considerado tomar parte en algo demasiado en serio. Pero Nick no pensaba así. No es que él no se excediera en ciertas cosas. Era bastante buen deportista y siempre le fue bien en los estudios. Era como uno de esos caballeros del siglo diecinueve que acaban con un montón de vitrinas llenas de fósiles y escarabajos y animales disecados. Sin embargo, no pudo encontrar nada sobre lo que realmente se interesara.
me encantooo
ResponderEliminarnick y sus trucos e a cercarse a miley
siguela porfaaa...