Miley no dijo ni una palabra mientras atravesaban en coche Central Park. Desde que él le había dicho lo de la conversación, ella no había vuelto a decir palabra.
Era un silencio pesado, incómodo, ya que no se conocían lo suficiente como para disfrutar en su compañía.
Miley sintió que algo le pasaba.
Nick parecía nervioso y preocupado y no podía dejar de lanzarle miradas furtivas mientras conducía. Aun cuando él le hablaba, ella respondía con monosílabos, como si no le importara en absoluto que no hablaran. Por eso, cuando él le había preguntado si le importaría acompañarle a su apartamento para que él pudiera darle la lista de invitados para la gala de Cris, ella había accedido sin rechistar.
No le había preguntado por qué la lista - no podía esperar cuando Cris no estaría en la ciudad en dos semanas.
Aparcaron el coche y Nick la condujo a un imponente edificio de piedra, El Rialto, cuyo vestíbulo, de paredes de caoba, parecía el de uno de esos clubes de caballeros, con olor a humo de cigarros puros y vino de oporto.
-Buenas noches, Tom -le dijo Nick al hombre uniformado que estaba en la puerta.
-Buenas noches, señor Jonas. Señorita.
El espacioso ascensor, también de caoba, les llevó al quinto piso. Miley siguió a Nick hasta el apartamento 5E, mientras se imaginaba cómo sería la casa de Nick.
Al abrir la puerta, se sorprendió. Se había imaginado que sería palaciega, decorada con antigüedades.
Lo que descubrió fue un apartamento bastante pequeño, con tres o cuatro habitaciones como máximo, aunque estaba decorado con gusto. Por todas partes, había muestras de arte indígena. Máscaras africanas, pergaminos chinos, cerámica de los indios Navajos e incluso algo que parecía ser un montón de muñecas de vudú.
-¿Me da su chaqueta?
Ella se dio la vuelta, sin darse cuenta de que él estaba detrás de ella.
Él ya se había quitado la chaqueta. A Miley le extraño que él le hubiera pedido aquello ya que se suponía que aquello era solo una breve visita.
- Le serviré algo de beber mientras voy a buscar esa lista -dijo él, tomándole la chaqueta a Miley y poniéndola, junto con el bolso, encima de una silla-. ¿Whisky, jerez, vodka...?
-No quiero nada. Gracias -respondió ella, preguntándose por qué, de repente, él era tan amable.
- Eso ha sido casi una frase completa. ¿Es mucho suponer que eso marca el final del silencio?
-Según entendí, fue usted el que puso una moratoria sobre nuestra conversación.
-Ah, sí. «Sus deseos son órdenes» -repitió él, sonriendo de un modo que parecía implicar algo que los dos sabían-. Ahora que sé lo literalmente que usted interpreta eso, tendré mucho cuidado en elegir bien mis deseos. ¿Está segura de que no le puedo traer nada? ¿Una copa de vino...?
-Un refresco, si tiene.
-Si se refiere a cola o algo por el estilo, me temo que no tengo. Pero tengo soda. ¿Le apetece?
-Sí, gracias.
Mientras Nick estaba en la cocina sirviéndole el refresco, Miley se puso a curiosear un poco.
No había televisión, a menos que hubiera una en el dormitorio, pero había un equipo de sonido de primera y una maquina de fax. Había también un montón de libros que llenaban las estanterías.
Mirando los títulos, Miley encontró uno sobre la Compañía de las Indias, uno de religión, una biografía de Rockefeller y algunos libros escritos en idiomas extranjeros.
-¿Interesante? -preguntó él, saliendo de la cocina con un vaso de soda y algo que parecía whisky con hielo.
Se había remangado la camisa, quitado la pajarita y desabrochado el cuello.
-¿Sabe italiano? -preguntó, mostrándole una novela de Umberto Eco.
-Sí.
-¿Qué es esto? ¿Japonés?
-Sí y puedo leerlo pero no muy bien -observó él mientras ella examinaba un tercer libro, muy antiguo, encuadernado en piel y oro-.
- Es griego clásico.
-Sí -añadió, antes de que ella pudiera preguntarle-. Salud.
Miley cerró los ojos al beber un poco, disfrutando del olor de la lima que él había añadido a la soda.
No es que él estuviera siendo cortés sino que era terriblemente encantador. Algo no iba bien.
Al abrir los ojos, vio que él la estaba mirando por encima del borde de su vaso. Sin saber por qué, Miley se echó a temblar y dio un salto al notar algo contra la pierna.
- Está muy asustadiza esta noche -dijo él, agachándose para recoger al gato más grande que ella había visto jamás, una enorme bola gris de ojos amarillos-. Hortense, que desvergonzada. Has asustado a nuestra invitada.
El animal empezó a ronronear de felicidad mientras Nick la acunaba en los brazos, acariciándole la esponjosa piel.
El animal bostezó, revelando una enorme fila de dientes. Miley dio un paso atrás por si la gata se le tiraba.
-No tendrá miedo de los gatos, ¿verdad?
-No, no exactamente -replicó ella a pesar de que no le gustaban, ni siquiera los gallos de su granja-. Es solo que son tan... astutos y, no sé, crueles.. .
-Son depredadores -respondió él, rascando a Hortense detrás de las orejas-. Eso es parte de su naturaleza.
-Son innecesariamente crueles. ¿Ha visto alguna vez cómo juegan con un pobre animal antes de matarlo?
-Sí, lo encuentro fascinante. Deme la mano... -dijo él, tomándole una y dirigiéndola hacia la gata.
-No, no, no...
- Relájese -insistió él mientras le obligaba a abrir la mano encima de la enorme panza del gato.
Tras entrelazar sus dedos con los de ella, le guió la mano de una forma que a Hortense pareció encantarle.
Y Miley se relajó. La calidez de la mano de Nick y de la piel de la gata parecían subírle por el brazo.
De repente, se dio cuenta de que las manos no se movían más. Los dedos de él acariciaban los de ella de un modo sutil. Cuando ella levantó la mirada, él la estaba mirando otra vez.
Entonces, Nick se acercó un poco más. Automáticamente, ella sacó la mano de debajo de la de él y se dio la vuelta, poniéndose a beber su soda, preguntándose qué era lo que estaba pasando allí. Parecía que intentaba seducida, pero eso era imposible. Tenían un acuerdo.
Miley estaba segura de que, si no se hubiera apartado, él la habría besado. A su espalda, oyó un golpe sordo en el suelo. Él debía de haber puesto a la gata en el suelo.
-Tome, déjeme darle esto -dijo él, tras una pausa.
Miley se dio la vuelta y vio que él había ido a su escritorio y que estaba revolviendo en su maletín. Miley respiró aliviada. Le daría la lista y luego la llevaría a casa. Por eso, ella se acercó a la silla a recoger su chaqueta y su bolso.
Al levantar la vista, vio una colección de unas dos docenas de pinturas, algunas de las cuales eran antiguas y muy valiosas. Había arte japonés, de los indígenas americanos e incluso una de una mujer bañándose que podría haber sido un Degas, una página de un manuscrito iluminado bizantino, arte africano... Justo delante de ella había una pequeña pintura, de origen hindú que representaba a un hombre, con un turbante rojo y una mujer con pelo negro y hermosos ojos. Se estaban abrazando en una pila de almohadas multicolores, con las miradas unidas por la pasión y las extremidades retorcidas en posturas imposibles y las ropas descolocadas.. .
Miley parpadeó al ver una pequeña abertura en la ropa, se dio cuenta de que estaban copulando, pero de una manera que ella jamás hubiera podido imaginar. El hombre acariciaba los senos desnudos de la mujer, que curvaba los brazos por encima de la cabeza en evidente éxtasis.
Aquella posición tan poco usual intrigó a Miley pero incluso la postura del misionero le intrigaba ya que ella nunca había experimentado aquellas sensaciones. Parte de ella había deseado que Nick la besara y mucho más. Necesitaba sentir sus caricias.
Durante la semana anterior, ella se había imaginado lo que sería hacer el amor con él y lo que se sentiría al ser objeto de su pasión. Si no se hubiera dado la vuelta lo habría descubierto.
Según Cris, si un hombre mostraba interés en ella, Miley llegaba a la conclusión de que era solo lujuria y se echaba atrás. Aquello hacía que una relación fuera imposible, lo que la condenaba a una eterna virginidad.
¿Por qué se había apartado de Nick? ¿Por costumbre? Tenía que reconocer que, en realidad, había sido por la sorpresa.
Jamás hubiera esperado que él se le insinuara de aquella manera. Su relación era meramente platónica.
Sin embargo, si él se había decidido a romper las reglas, tal vez ella debiera darle el beneficio de la duda.
¿Sería posible que él estuviera sintiendo la misma fascinación y deseo que ella sentía por él? Pudiera ser así, pero probablemente ella estaba equivocada. Sin embargo, nunca se había sentido tan intrigada por un hombre antes. Y no quería morir siendo virgen.
-Aquí tiene -dijo él, acercándose a ella por detrás.
En el cristal de las pinturas ella vio que no era papel lo que llevaba en la mano-. ¿Le gusta el arte? -añadió, acariciándole levemente el brazo izquierdo.
Miley se echó a temblar de nuevo, sabiendo dónde acabaría todo aquello si ella lo permitía, por lo que estuvo a punto de contarle la verdad sobre sus estudios y su vida.
Y revelar que lo que él sabía de ella era mentira.
-Sí -respondió ella, callando lo que le pedía el corazón-. Es una colección sorprendente.
-Gracias -replicó él, acariciándole el brazo derecho, tan suavemente que casi la hizo temblar.
Entonces se dio cuenta de que no eran dedos, sino plumas, lo que la acariciaba.
-Veo que ha encontrado la aguja que perdí en el coche.
-Mmm. Casi me sentí tentado a no devolverla. -musitó él, llevándole las plumas hasta el hombro para luego hacerlo sobre la parte superior de los senos.
-¿Es un Degas? -preguntó ella, aferrándose a su chaqueta Y bolso como si le fuera la vida en ello.
-Sí.
-Es muy hermoso.
-Usted hubiese sido una buena modelo para él -susurró Nick.
Miley sintió la suavidad de la seda de su camisa contra su espalda.
Él estaba pegado a ella, muy, muy cerca. Con la silla delante y Nick detrás, Miley se sentía como aprisionada, pero el pánico que sintió solo valió para temblar de anticipación.
-No, no para Degas -musitó él, hablando entre el pelo de ella, mientras bajaba cada vez más las plumas por el escote.
Miley sintió que los pezones se le erguían bajo los confines de su sujetador de satén.
-Ingres. Ingres la debería haber pintado. Él hubiese podido capturar su voluptuosidad y ese brillo de la piel, esa luminosidad interior... Y sus ojos, la manera en que miras a un hombre, a través de él...
Nick la estaba mirando a través del cristal del cuadro.
Ella lo miró durante un segundo, lo que le bastó para dejar caer la chaqueta y el bolso otra vez encima de la silla.
Él inclinó la cabeza, dejando que ella sintiera el suave roce de sus labios sobre el cuello, una y otra vez... Entonces, le tomó los pechos entre sus manos.
Ella lo observó a través del cristal y permitió que él sintiera la carne de sus senos a través de la ropa, que acariciara los pezones mientras la estrechaba contra él.
- Es tan hermosa. He querido tocarla así desde la primera vez que la vi.
A pesar de la formalidad de aquellas palabras, Miley sintió que necesitaba con urgencia sus caricias.
Él pareció entenderlo porque levantó una mano y le aflojó una hombrera del vestido y del sujetador, deslizando a continuación la mano para acariciar la ardiente carne de Miley.
No hay comentarios:
Publicar un comentario