martes, 12 de junio de 2012

Capitulo 20.-


-Sí, eso será cuando los cerdos empiecen a volar -replicó Nick, dándole otra calada al cigarrillo. Aquella vez consiguió no toser.
 - Porque yo tengo alguien en mente -añadió Beryl-. Demi Crane.
Aquella vez sí que Nick no pudo evitar romper a toser. Se sentó en la cama y se desahogó con un estrépito de proporciones de tuberculosis.
-Me imagino que ya sabes –prosiguió Beryl-, que Demi le ha dado puerta a Joe. Él está desconocido. Le envió unas flores, pero ella se las devolvió. Intentó llamarla, pero ella le colgó el teléfono. Por fin ella está demostrando algo de coraje y eso ha dejado a Joe en estado de Shock. Él dice que va a darle espacio para que se le pase el disgusto, pero es que no se entera. Ella ha terminado con él, o al menos eso es lo que ella cree. Si él no hace algún gesto heroico muy pronto, y con eso me refiero a una pequeña caja de terciopelo con un pedrusco enorme dentro y no a una docena de rosas y una disculpa, la va a perder para siempre. Sé que estarás pensando que eso será lo mejor, pero eso es solo porque estás demasiado implicado en tu pena como para ver lo que está en juego aquí. Joe y Demi están hechos el uno para el otro. Solo espero que ese beep de hijo mío recobre el sentido común antes de que ella empiece a salir con otro. Y aquí es donde entras tú.
. Beryl sonaba como una mujer muy decidida y eso hizo que Nick se sintiera algo nervioso por lo que ella iba a pedirle.
-Quiero que le pidas a Demi que salga contigo -explicó Beryl-. Es el modo perfecto de mantener a otros hombres a raya hasta que Joe despierte y le haga la preguntita. Y, del modo en el que yo me lo imagino, es que hay poco riesgo de que vosotros os liéis de verdad. No creo que haya ninguna química entre Demi y tú.
 Efectivamente era así. Aunque Demi era muy bonita y una persona encantadora, ella carecía de atractivo sexual para Nick. De hecho, siempre había sido un misterio para él el que Joe estuviera tan colgado con ella. Sin embargo, el corazón humano tiende a tomar decisiones algo irracionales.
- y creo que tú también te beneficiarías añadió Beryl-. Llevarías una mujer del brazo y de ese modo, no parecería que estás disponible.
 Era un argumento de lo más atractivo. Nick tenía que admitirlo.
-Bueno, eso es todo. Esa es mi sugerencia. Y creo que es buena. ¿Lo tomas o lo dejas? Entonces, Beryl colgó el teléfono.
 Nick se fumó su cigarrillo hasta el filtro y luego, lleno de nauseas, encendió otro con la colilla y se lo fumó también.
-Buenas noches, señor Jonas -dijo, Tom, el portero del Rialto, al abrirle a Nick la puerta de entrada-. ¿Viene de otra de sus galas benéficas, señor? -añadió, al ver que Nick llevaba un esmoquin.
-Efectivamente -respondió Nick.
-¿No es un poco temprano para que regrese a casa, señor? Ni siquiera son las diez.
 -Sí, bueno... Antes de marcharse a Palm Beach la semana anterior, Beryl había convencido para que sacara a Demi Crane. Después de varias semanas de asistir a sus galas en solitario, él mismo había visto lo conveniente que era aquel plan para evitar, por lo menos de momento, el interés de otras mujeres.
Al recordar que tenía responsabilidades de trabajo, había tenido que sacar fuerzas de flaqueza. Había sido la primera cita de Demi desde que había roto con Joe y no había dejado de hablar de él toda la noche. Al final, se había deshecho en lágrimas cuando Nick la llevaba a casa.
Él la había abrazado mientras lloraba, la había escoltado a su apartamento y se había marchado tan rápido como había podido con una sensación de alivio. Debería haber sido el hombro de Joe el que ella debiera haber humedecido con sus lágrimas.
 Joe llevaba sumido en la más profunda de las tristezas desde que ella había roto con él. Además, durante ese mes, no había mirado a ninguna otra mujer. Además del aburrimiento, la cita con Demi le había recordado dolorosamente lo mucho que le encantaba estar con Miley. Como Beryl y su abuela Sunny, ella le había hablado siempre con franqueza, sin envolver los comentarios en una sábana de cortesía solo para salir del paso, como muchas de las otras mujeres que conocía solían hacer.
Echaba de menos su maravillosa sonrisa y el modo en que reía, cualidades que le habían alegrado más de una noche de sopor. Algunas veces, simplemente con mirarla era suficiente. Y cuando por fin había podido tocarla... Nick se pasó una mano por el pelo y miró los buzones.
 -¿Recogí el correo esta mañana o...?
-No, se le ha olvidado otra vez -dijo Tom, sacándose del bolsillo una novela, con una pareja apasionadamente abrazada en la portada.
Nick abrió el buzón, recriminándose por el estado de olvido en el que había vivido en los últimos días. Parecía que estuviera funcionando con el piloto automático.
 -Señor Jonas -añadió Tom, desde el vestíbulo-. Si no le veo mañana, espero que pase un buen día de Acción de Gracias.
 - Tú también, Tom -respondió Nick, sacando las cartas y la publicidad del buzón.
-¿Va a pasar el día con esa novia tan guapa que tiene?
- Hace más de un mes que hemos terminado -explicó Nick, poniéndose las gafas para poder ordenar el correo.
 -Vaya... Ahora que me paro a pensado, hace mucho que no la he visto. Me parecía que estaba un poco triste, pero no sabía que ella le había dejado. ¡Madre mía! Realmente se hace uno a ellas, ¿verdad? Seguro que estará mejor sin ella. Pájaras tan hermosas como esa solo buscan un tío viejo con pasta.
Nick frunció el ceño. No le gustaba que se hablara en ese tono de las mujeres en su presencia, pero especialmente le disgustaba que se hablara de Miley de ese modo, como si fuera una cazafortunas.
Ella tenía sus defectos pero al menos estaba intentando abrirse camino por sí misma y no del brazo de los demás.
-Ella no era así, Tom. En realidad... -explicó, sin poderse creer que estuviera dispuesto a hablar de temas personales con su portero-. Yo fui quien la dejó.
-¿En serio? -preguntó Tom, atónito-. ¿Está loco? -añadió.
Nick recordó que Beryl había dicho lo mismo-.
- No estoy de broma. Es decir, comparada con esa diseñadora con la que usted solía salir, que era, si me perdona la expresión, la mayor fulana de Nueva York. Y aquí hay muchas, créame.
-Si has terminado la fascinante autopsia de mi vida amorosa, creo que yo... -dijo Nick, dirigiéndose al ascensor.
 -Lo que yo dije antes, sobre la otra, la rubia,  cuando le comenté que le había dejado por un tío viejo con pasta era solo por hablar. Se ha dado cuenta, ¿no? Es decir, solo estaba intentando que se sintiera mejor. Era como un consuelo típico que se da de hombre a hombre. No significaba nada.
-Gracias por la experiencia. Ahora, si no te importa...
-Lo que ocurre es que -insistió Tom-, teniendo en cuenta lo triste que ha estado últimamente, no me parece que esté muy contento por haberla dejado, a pesar de que fuera usted quien lo hiciera. Tal vez este sea uno de esos casos en el que se puedan volver a arreglar los dos.
 -No hay manera de solucionar esto, Tom.
-¿Es eso lo que le parece a ella?
-La vida real no es como uno de esos libros que tú lees -replicó Nick, sintiéndose algo impaciente.
-¿Es que se cree que no lo sé? -le espetó Tom-. ¿Por qué se cree que los leo?
-¿Por el sexo, tal vez?
-¡Diablos, no! -exclamó Tom, como si Nick le hubiera afrentado-. Bueno, quizás un poco, pero principalmente es porque todo siempre sale bien al final.
-Son cuentos de hadas -dijo Nick, apretando el botón del ascensor.
Tom abrió su libro y murmuró algo cuando se abrieron las puertas del ascensor-.
- ¿Qué has dicho?
 -He dicho que serían cuentos de hadas si el final feliz viniera, por así decirlo, por arte de magia. Ya sabe, con el hada madrina y todo eso. Pero en estos casos son un hombre y una mujer. Ellos son los que consiguen que haya un final feliz - añadió Tom, concentrando toda su atención en el libro-. Los dos.
 Lo primero que Nick hizo después de cerrar la puerta de su apartamento fue servirse un whisky solo y bebérselo de un trago. Solo entonces fue cuando se quitó la chaqueta, la pajarita y los zapatos. Luego se puso a contemplar la chimenea y estudió la madera que tenía apilada a un lado y sopesó los pros y contras de encender un buen fuego.
 Al final, se apartó de la chimenea y se fue al cuarto de baño, donde se pasó cinco minutos contemplando el pequeño alfiler del pelo de Miley, que todavía seguía junto a los cepillos de dientes.
Nick lo tomó, algo que no había podido hacer durante el mes que no la había visto y lo dio vueltas lentamente entre los dedos, observando cómo relucían las pequeñas joyas a la luz del baño.
 Luego, abrió la palma de la mano y se la acarició con las plumas, lo que le produjo una sensación que le atravesó directamente el corazón.
- Maldita sea... Estuvo a punto de poner el alfiler otra vez donde estaba, pero cambió de opinión y se lo quedó, para retornar al salón. Allí, no pudo evitar contemplar el pequeño cuadro hindú de una pareja haciendo el amor en la posición del loto, sin poder apartar los ojos de la mujer.
Su expresión estaba llena de deseo y se concentraba atentamente en su amante. Los ojos se parecían a los de Miley cuando la había penetrado aquella segunda vez, cuando se había tomado su tiempo y lo había hecho bien.
Eran los ojos de una mujer embelesada. Los ojos de una mujer enamorada. Nick no había visto a Miley desde hacía más de un mes ni había hablado con ella desde aquella terrible última conversación telefónica. Aquello era lo mejor. Era mejor cortar por lo sano.
No quería volver a verla ni escuchar el sonido de su voz. Se sirvió otro whisky y se sentó en un sillón para pensar cómo podría sacarse a Miley Cyrus de la cabeza. Hortense se subió a su regazo y empezó a acurrucársele sobre las piernas.
Él se puso a juguetear con el alfiler para despertarla, pero la gata lo miró de un modo letárgico y se acomodó, con un ronroneo a todo volumen. Nick sabía que debía concentrarse en su trabajo, planear la siguiente gala, algo que fuera excitante y diferente, algo para los jóvenes filántropos que cris había conseguido atraer con tanto éxito. Sorprendentemente, Cris no le había llamado para venderle una nueva idea desde la fiesta de Halloween, pero eso no suponía que Nick no pudiera proponerle algunas.
El llamaría a Cris para pensar en algo nuevo. Tras dejar el vaso encima de la mesa y poner a la indignada Hortense en el suelo, se dirigió a su escritorio y consultó su agenda hasta que encontró la tarjeta de Cris Cyrus.
Había dos números, el del apartamento y el móvil. Nick levantó el auricular de su máquina de fax y marcó el número del apartamento. Si Miley contestaba el teléfono, hablaría con ella. No era como si él la hubiese buscado deliberadamente.
 Podrían intercambiar unos comentarios corteses y él sería amable con ella a pesar de lo que le había hecho. Para él, todo eso era agua pasada. A pesar de todo, sintió que el corazón se le saltaba del pecho al sentir que el teléfono sonaba una, dos veces...
-¿Dígame? -preguntó Cris.
- Cris -dijo Nick, tragándose su estúpida desilusión-. Soy Nick Jonas. Espero que no sea demasiado tarde para llamar.
 -Vete a hacer puñetas, Nick -le espetó Cris. Y luego colgó el teléfono.
 Nick se quedó con el auricular en la oreja durante varios segundos antes de poder asimilar lo que Cris le había dicho y lo que había hecho.
 -El muy cerdo me ha colgado...
Nick volvió a marcar el número. Cris respondió, con el mismo saludo de antes.
- Te he dicho que te vayas a hacer puñetas, Nick. ¿Me entiendes?
-Sé lo que me has dicho, Cris. Entiendo las palabras perfectamente. Lo que no entiendo es por qué te comportas de un modo tan hostil conmigo -le explicó Nick, que no entendía tal actitud después de lo solícito que había sido con él.

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