sábado, 2 de junio de 2012

Capitulo 4.-


- Tal vez tengas razón en lo de que la estaba escondiendo de mí, mamá -dijo Joe, tomando el abrigo de visón que le daba la muchacha del guardarropa-. Nick normalmente no deja de pasear por todas partes en este tipo de acontecimientos así que debe de haber estado evitándonos a propósito, o mejor dicho evitándome. Le intimida la competencia.
-¿Dónde está Demi esta noche, Joe? -preguntó Nick.
 -¿Qué Demi?
 -Demi Crane, tu novia.
-¡Qué raro! No recuerdo tener novia.
- Pues sí que es raro, considerando todos los años que lleváis juntos.
-Como amigos. Ella es como una hermana para mí.
- Es culpa mía -le dijo Beryl a Miley-. Lo he mimado demasiado al intentar darle todo lo que yo no tenía cuando era niña y ahora no quiere crecer. Estaba con esa mujer tan maravillosa, con la que había estado saliendo desde la adolescencia, una mujer que nunca había mostrado interés en ningún otro hombre y que hubiera accedido a casarse con él sin pensado. Sin embargo, él está demasiado ocupado jugando a Don Juan para darse cuenta de lo maravillosa que es esa mujer.
-Demasiado maravillosa como para estropearla intentando convertida en algo que no es –dijo él, con una sonrisa que le había etiquetado como el soltero más codiciado de la ciudad-. Me parece -añadió, dirigiéndose a Miley-, que mi avaricioso amigo ha estado intentando toda la noche reservada para él. Se dará cuenta de que ni siquiera nos ha presentado y, normalmente, él nunca se queda corto en lo que se refiere a las cortesías sociales.
-Beryl -dijo Nick, por fin-, me gustaría presentarte a la señorita Miley Cyrus. Señorita Cyrus, esta es la señora Beryl Van Aucken. El caballero que la está desnudando con la mirada es su hijo Joe.
Miley extendió la mano primero a Joe y luego a la señora Van Aucken.
-Encantada de conocerla, señora Van Aucken llameme Miles -dijo ella con una sonrisa.
 - Llámame Beryl. Nick es un poco encorsetado, pero dime que no te llama señorita Cyrus en privado.
Miley se echó a reír al notar la incomodidad que aquel comentario había provocado en Nick.
 - Eso sí que sería raro -afirmó Miley.
 -Cariño -dijo Nick, extendiendo la chaqueta de Miley-, no me gusta interrumpir toda esta diversión a mi costa pero creo que es mejor que...
-¿Qué tenemos aquí? -preguntó Beryl, mirando el collar de Miley-.Joe, mira esto.
-Yo lo vi enseguida -replicó Joe, con una sonrisa-. Cosas como esa no se me escapan.
Nick lo miró, como advirtiéndole por aquel comentario. No es que le atara nada con Miley, pero no iba a tolerar que otro hombre coqueteara en público con una mujer con la que se suponía que él estaba.
 - Es muy interesante -dijo Beryl -. ¿Está hecho a mano?
-Sí.
-Es tan elaborado. En verdad exquisito.
-¡Gracias! -exclamó Miley, con su hermosa sonrisa.
-¿Es la artista alguien que tú conoces? –le preguntó Beryl a Miley.
-U m... sÍ... Sí. Es una amiga mía –contestó ella, sonrojándose.
-¿Utiliza él alguna vez piedras talladas? ¿Algo con un poco de brillo?
-Es una mujer -aclaró Miley-. Sí, por supuesto. Tengo muchas piezas con... bueno, es decir, muchas de sus piezas con piedras semipreciosas talladas y algunas con piedras talladas y pulidas.
-Entonces, tú debes de ser una de sus mejores clientes.
 -Mm, sí. Bueno... quiero decir que le vendrían bien más clientes. Siempre está buscando personas a las que les interese su trabajo y que quieran...
-Comprar algo.
-¡Sí! .
-Es muy interesante -dijo Beryl-. Pero no es mi tipo de joyas. A mí me gustan más los diamantes y el platino. Pero es muy interesante. ¿Joe, tienes mi abrigo?
 -Estoy a tu servicio, mamá -dijo Joe, mientras le ayudaba a ponerse el abrigo y Nick hacía lo mismo con Miley-.. Sé que te he visto antes. ¿Ha podido ser el invierno pasado en Aspen?
-Mm... -¿Tal vez en el Club Caribú? -insistió Joe, ignorando las miradas de Nick.
 -No, yo nunca he estado allí.
 -Entonces, ha sido en el Mandalay. Sé que te vi el invierno pasado. Tuvo que ser en Aspen.
-Nunca he estado en Aspen.
- No veo motivo alguno para ir a Aspen –dijo Beryl-. O Gastaad, me da lo mismo. ¿Por qué hay que ir a buscar nieve en el invierno?
-Mi madre pasa el invierno en Palm Beach -confesó Joe, con un pequeño gesto de repulsión-. Demasiadas mujeres con el pelo teñido de azul al volante de Bentleys para mi gusto. .
- y para el mío también -admitió Beryl -, pero al menos allí puedo salir a la calle sin tener que encorsetarme en uno de esos malditos trajes espaciales que se llevan en Aspen. Y hablando de Palm Beach, mis hijas van a venir conmigo este año y sé que les encantaría tener alguna joya nueva que ponerse allí, algo diferente. A las dos parecen gustarle ese tipo de cosas -añadió, señalando el collar de Miley-. Sin embargo, son muy especiales, solo les gustan determinados tipos de piedras. ¿Acepta tu amiga encargos?
-¡Sí! Claro. Le encanta trabajar para sus clientes.
 -Ojalá las chicas estuvieran aquí esta noche para que pudieran ver ese collar. No se atreverían a encargarle nada a tu amiga sin ver una muestra de su trabajo.
 -Bueno, tal vez pudiera darte mi... bueno pudiera yo anotar sus números de teléfono -dijo Miley, muy azorada-, y dárselos a mi amiga para que puedan concertar una cita y ella pueda mostrarles algunas cosas.
 -Tú no conoces a mis hijas -dijo Beryl, haciendo un gesto con los ojos-. Están tan mimadas como Joe en sus cosas. Ninguna de las dos se molestaría en concertar una cita para ver las joyas y, aunque lo hicieran, no lo mantendrían. Pero si te vieran a ti puestas las joyas, sé que se interesarían. Probablemente entre las dos le encargue una docena de piezas a tu amiga. ¿Llevas cosas suyas a menudo?
-Son las únicas joyas que conozco.
- Entonces, no hay problema. las dos estarán en esa cosa que organizan en el museo de Arte Moderno la próxima semana. Ponte algo realmente espectacular y trae una tarjeta de tu amiga.
-Hmm -dijo Miley, muy triste de repente, mirando a Nick.
 -¿No me irás a decir que todavía no te ha invitado a la gala benéfica del museo? Pues yo sé que vas a ir -le dijo Beryl a Nick-. Lo has organizado tú. Pídela que vaya contigo y no te dirá que no. Conseguirá ayudar a su amiga a hacer una buena venta.
 -Lo pensaré.
-Saint Bart, ¿no es eso? -dijo Joe, cuya atención seguía fija en Miley-. Todas las modelos veranean allí. Te vi en ese lugar, en la locura de fiesta que se organiza en la playa de Saline.
-¿Qué te hace pensar que soy modelo?
 -¿Una mujer tan imponente como tú? -replicó Joe-. Me sorprendería que no te haya visto en Nueva York antes de hoy. ¿Con quién estás?
-¿Cómo? Ah, con «Boss».
-¿De verdad? El año pasado salí con una chica que acababa de firmar con ellos. Ganaba cuatro mil dólares todos los días, pero estoy seguro de que a ti te va mucho mejor. Esos pómulos valen por sí solos mil dólares más.
Nick siempre se había sorprendido del modo en el que los americanos hablan del dinero pero, antes de que pudiera intervenir y llevarse a Miley,
Beryl lo agarró con su pequeña mano huesuda y tiró de éL.
-Ven conmigo. Quiero hablar contigo.
Nick permitió que Beryl apartara hasta una esquina tranquila desde donde pudieran ver a Miley y a Joe pero sin que estos les oyeran.
-Si estás planeando llevar a otra mujer a la gala del museo es mejor que lo canceles y lleves a Miley-le espetó la mujer-. Ella vale mucho más que cualquiera de esas fulanas de ojos fríos con las que sales habitualmente.
-¿De ojos fríos? -repitió Nick, incrédulo-. No te contengas, Beryl, dime lo que piensas. Beryl recordaba a su abuela Sunny.
Su abuela había nacido en una familia humilde, hija de un minero de Yorkshire. Se había casado con alguien de clase superior pero nunca había dejado de tener los pies en la tierra y había sido la única de su familia que le había puesto los puntos sobre las píes cuando le molestaba algo de él. Por eso, la había querido y respetado de todo corazón.
- Déjame ver-dijo Beryl-. La primera de todas ellas tuvo que ser esa agente inmobiliaria, como quiera que se llame, que trajo los planos para las cooperativas del East Side a la gala benéfica del tincoln Centre y los extendió encima de la mesa.
 - Por eso la llevé a casa temprano y no volví a verla -contestó Nick, sin quitarle ojo a Joe y a Miley.
-Sí, le faltaba clase pero aquella pelirroja era más astuta. Me refiero a la que acababa de ser nombrada socia en el bufete y que estaba intentando jugar a dios. Solía entregar montones y montones de tarjetas de negocios cuando tú no mirabas. Te costó un poco más darte cuenta de lo que era esa.
-Tres citas.
- Pero la peor de todas fue esa reina de hielo que fue prometida tuya, la diseñadora. Delta algo... Goodrem Eso es Delta Goodrem
-Nunca estuvimos prometidos oficialmente -dijo él, sin querer confesar que le había faltado poco y querer confesar que ella solo le había utilizado para lanzar su carrera como diseñadora.
-Cada vez que la traías a una de estas galas sociales, yo creí que me daba algo -admitió Beryl-. En cuanto te dabas la vuelta, aquella mujer se ponía a trabajarse a todos los que había en la habitación. Era como una prostituta pero no vendía sexo, solo sus modelos. Y creo que le funcionó. No puedes ir a una de estas cosas sin que veas uno de sus modelitos. Y me he enterado de que va a presentar su primera gran colección en la primavera.
 -Yo también lo he oído-confesó Nick. Lo que más le había dolido de Delta era que, como las demás, ella le había utilizado para conseguir su éxito, pero le había hecho creer que estaba interesada en él-. Desde entonces, he sido mucho más... selectivo.
-Pues no lo debes de ser tanto -dijo Beryl-. Joe me ha dicho que la chica que llevaste a la subasta de la semana pasada intentó venderle un barco.
-Él también
 -me lo dijo esta mañana. Iba a traerla aquí esta noche pero cancelé la cita.
-Bien. Estás mucho mejor con Miley. Me parece muy real, muy genuina. Hay una cierta franqueza en ella, cierta dulzura... -dijo Beryl-. Pero ella es solo una acompañante, ¿verdad? Lo sabía -añadió ella, al ver la mirada de Nick-. Si te dejaran, elegirías a Cruella de Vil. Dado que Miley es como el antónimo de Cruella, es evidente que alguien la ha elegido por ti.
Nick se limitó a guardar silencio y se metió las manos en los bolsillos, tocando los cigarrillos con la punta de los dedos.
Beryl tenía razón. Su gusto por las mujeres había caído en picado últimamente.
- Mi única pregunta -continuó Beryl-, es por qué no asistes a estos actos sin pareja. Sería mucho menos complicado.
-o más porque entonces me etiquetarían de «disponible». Tarde o temprano me vería abocado en otra relación y he jurado que me mantendré al margen de todo eso.
 -¿Para siempre? ¿No crees que eso será un poco solitario?
- Es mejor estar solo que acostumbrarse tanto a hacer el tonto que acabe por convertirme en uno. ¿Crees que él lo sabe? -preguntó Nick, mirando a Joe y Miley.
 -¿Que ella solo es «golosina para tu brazo»? No. Es tan tonto como una farola cuando se encuentra con una mujer hermosa.
 -Entonces, ¿no se lo dirás?
-¡Dios mío! Claro que no. Si él supiera que ella está disponible, no perdería ni un segundo en llevársela a la cueva más cercana, lo que sería un obstáculo más en su relación con Demi. ¿Sabes que le dio un anillo la semana pasada?
-No creo que sea un anillo de compromiso.
- Él lo llama un anillo de la amistad, pero es un zafiro del tamaño de un puño. Sin embargo, a pesar de todo, es solo un regalo de amistad -dijo Beryl, haciendo un gesto de lo más concluyente con los ojos-. ¿Cómo me las he arreglado para criar tal tontaina? Ni siquiera se acuesta con esa muchacha y yo sospecho que ella se está reservando para él. Mientras tanto, él se dedica a corretear por ahí con cualquier niñata con silicona que se le cruza por el camino. ¿Te importaría hablar con él por mí?


1 comentario: