Miley se quedó inmóvil, y se volvió para mirarlo.
—Porque tenía que hacerlo.
—¿Sin ni siquiera tratar de arreglar las cosas? ¿Tan incompatibles nos hemos vuelto que ni siquiera podemos comunicarnos?
Miley apartó la mirada y fue a quitarse el abrigo y a sentarse en el salón.
Estaba limpio, sin polvo, ni juguetes en el suelo.
El único rastro de Sam eran un par de libros que había sobre la mesita.
Los giró para mirar la portada con cariño.
—¿Tu madre ha estado aquí encargándose de la casa?
—Sí —dijo Nick, secamente—. ¿Tu comentario implica que podría haber sido otra persona? ¿Sigues enfadada con Anna? Dios mío, no me digas que se trata de eso —dijo Nick, lleno de rabia.
—¡No! ¡Claro que no!
—¿Entonces?
Miley se remangó las mangas del suéter. De repente, tenía frío, y quiso frotarse los brazos.
—Lo siento, pero no puedo decírtelo.
—¿Y eso qué quiere decir?
—Por favor, no sigas, Nick. No puedo decírtelo.
Nick se puso furioso.
—Echas a perder nuestras vidas, me vuelves loco de preocupación y luego tienes la temeridad de decir que no puedes decirme por qué. Dios mío, Miley, ¿cómo puedes hacernos esto? ¿Cómo puedes ser tan cruel?
—No lo soy. Quiero decir, no quiero hacerte daño deliberadamente —dijo Miley y cerró los puños, apoyándolos en las sienes—. Oh, ¿por qué has tenido que seguirme? Te rogué que no lo hicieras.
—¿De verdad esperabas que me quedara ahí sentado viendo cómo se destrozaban nuestras vidas? Te marchaste de aquí sin dar ninguna explicación y…
—Te dejé una nota.
—Sí, tan breve que me parecía un insulto —espetó Nick—. Y ni siquiera has llamado, supondrás lo preocupado que estaba. Puse un anuncio en el periódico, esperando que lo vieras. ¿Lo viste?
Miley no respondió, pero Nick se acercó a ella, poniéndole las manos sobre los hombros.
—¡Lo viste! —exclamó con desprecio—. Nunca hubiera creído que pudieras ser tan cruel. Sea lo que sea lo que nos va mal, lo que tú creas que yo he hecho, no me merezco esto.
—Oh, pero no se trata de algo que tú… —dijo Miley, y se interrumpió—. No es culpa tuya, claro que no. Se trata de mí. Necesitaba irme, estar sola.
—¿Y por qué no fuiste a casa de tu tía?
—Porque habrías ido a buscarme. Porque habríamos tenido… esta discusión mucho antes —dijo y se calló un instante—. ¿Crees que me habría ido dejándote aquí y dejando a Sam si no hubiera estado completamente desesperada? Tenía que irme. Y, si lo hubieras pensado, si hubieras pensado en mí, habrías respetado mis deseos y me habrías dejado en paz.
—Yo sabía que las cosas no iban bien —dijo Nick con rabia contenida—. Sé que las cosas no iban bien, que iban cada vez peor desde hace algunos meses, pero decir que estabas desesperada… No te entiendo, Miley—dijo Nick, y trató de sacudirla por los hombros otra vez—. ¡Tienes que decirme qué pasa, tienes que decírmelo! ¿Es que no te das cuenta?
—¡No puedo! Maldita sea, Nick. Déjame en paz —gritó Miley.
Nick se quedó mirándola, con la mandíbula apretada y los puños cerrados, tratando de contener su furia. Se dirigió a la bandeja de las bebidas y se sirvió un whisky.
—¿Quieres uno?
Le temblaban las manos, por la rabia que sentía.
—No, no, gracias.
Nick dio un largo trago y pareció calmarse un poco.
Le dio la espalda a Miley durante al menos un minuto, jugando con el vaso entre los dedos.
Cuando la miró, sus ojos tenían una expresión distinta, especulativa, casi calculadora.
—La policía me dijo que estabas utilizando otro nombre; ¿por qué si lo único que querías era estar sola unos días?
Miley se alegró de ver que se había tranquilizado.
—Porque sabía que así te sería más difícil encontrarme.
—Así que sabías que iba a ir a buscarte.
—Sí —dijo Miley acercándose a un sillón y dejándose caer en él.
Quería estar sola para pensar en qué podía hacer.
Rick debía saber que se había marchado.
Al no dejar el dinero, habría tratado de ponerse en contacto con ella y entonces habría sabido que se había ido, que había huido de él. Con suerte, tardaría en buscarla algún tiempo, de modo que tal vez tuviera una semana, pero luego seguiría de chantajeándola. Quizás pudiera volver a huir, con más éxito esa vez.
Había cerrado los ojos momentáneamente y al abrirlos vio a Nick a su lado, inclinado sobre ella, apoyado en los brazos del sillón. Miley giró la cabeza, como si tuviera miedo de que hubiera sorprendido sus pensamientos. Pero Nick seguía su propio tren de pensamiento.
—Sí, debías haber sabido que si me hubieras pedido tiempo, si hubiéramos hablado racionalmente, habría hecho lo que me hubieras pedido. Podrías haber ido a casa de tu tía y nadie se hubiera preocupado tanto por ti. Así podrías haber hablado por teléfono con Sam, tener toda la paz que hubieras querido. Y probablemente así no habrías sufrido tanto como yo. A lo mejor, sólo querías preocuparme, por lo de Anna, pero no sueles ser tan irracional, ni tan cruel, y menos con Sam. Así que he pensado que tal vez no huías de mí —dijo Nick, con un involuntario respingo—. Sí, tengo razón. ¿Quién es, Miley? ¿De quién huías?
—De nadie. Te equivocas. Me asombra que llegues incluso a…
Nick la agarró por las muñecas.
—¡No me mientas! ¡Sé que hay alguien! —exclamó Nick, y presa de la furia se dirigió a la mesa de su despacho—. ¿Tiene algo que ver con esto? ¿Tiene algo que ver?
Le echó en la cara un puñado de papeles.
Miley los recogió y los fue leyendo, lentamente.
Estaban sin firmar, pero era evidente que eran de Rick.
Un fax decía: «Hoy no he recibido nada. Espero a mañana». También había una carta, dirigida a ella pero que Nick había abierto: «No juegues conmigo. ¿Quieres que vuelva a tu casa? ¿O quieres que vaya a buscar a Sam como la otra vez?»
Luego había varios mensajes manuscritos de Nick, que debía haber anotado del contestador automático. Todos los mensajes, de nuevo, eran ambiguos. Ninguno de ellos abiertamente amenazador.
Rick había sido muy cuidadoso, por si Nick los interceptaba. Miley trató de tranquilizarse, de no dejar traslucir sus pensamientos, pero estaba muy pálida y le temblaba la mano cuando dejó los papeles sobre la mesita.
—¿Y bien? ¿Tienes alguna explicación? —exigió Justin—. ¿De quién son?
Miley negó con la cabeza.
—No… están firmados, ¿cómo voy a saberlo? —dijo, y profirió un ahogado quejido, porque Nick la apretaba por las muñecas y le estaba haciendo mucho daño.
—¡Maldita cobarde y mentirosa! Son del mismo hombre que te mandó las flores. Te estabas viendo con otra persona, te estabas acostando con él, desde hace meses, desde que empezaste a cambiar —dijo Nick, su voz y su rostro daban muestras del más profundo dolor y desprecio.
—Pero no es…
—¡No me mientas! ¡No me insultes diciéndome más mentiras! —exclamó Nick con una mueca de angustia—. Me has mentido desde el principio, ¿verdad? Me hiciste creer que estabas enferma cuando, en realidad… —se interrumpió, retrocedió unos pasos y tiró el vaso contra el suelo.
—Oh, Nick, no, por favor —dijo Miley, y empezó a llorar, porque no podía soportar verlo sufrir tanto—. Por favor —suplicó, y se levantó.
Trató de tocarle el brazo, con la intención de consolarlo.
Pero él la apartó.
Estaba a punto de estallar y sólo con un supremo esfuerzo de voluntad fue capaz de controlarse.
Cuando miró a Miley de nuevo, sus ojos estaban llenos de un frío desprecio.
—¿Te has acostado con él?
Miley retrocedió, desolada, sin saber qué decir.
—Ya veo —dijo Nick, interpretando su silencio como una respuesta afirmativa.
Luego soltó una carcajada, que hizo añicos el corazón de Miley—. Pero también huiste de él. ¿Por qué. Miley? ¿No te decidías por ninguno de los dos? ¿Tan difícil era saber quién de los dos es mejor en la cama? —dijo Nick, dominado por el odio y la cólera—. ¿O es que tenías remordimientos? Qué cobarde eres —dijo, y soltó otra carcajada—. Demasiado cobarde para decirme la verdad y demasiado cobarde para comprometerte con otro. Ahora comprendo por qué huiste, era lo más fácil, ¿no? Y te importaba un bledo el infierno por el que Sam o yo pudiéramos pasar. Dios, casi siento pena por ese hombre, sea quien sea, si es que realmente le importas. No eres más que una zorra barata.
Miley retrocedió igual que si le hubiera dado un puñetazo.
Tuvo que agarrarse a una silla para no perder el equilibrio.
Todo había terminado; Nick había terminado con todo, porque ya nunca la querría a su lado, no después de aquella noche. Ella había tratado de irse, pero aquella noche era Nick quien la echaba, pediría el divorcio y ella no volvería a verlo nunca más.
Pero debía estar contenta, había conseguido lo que estaba buscando.
Sam y él podían construir una nueva vida.
Y no habría ningún escándalo, ninguna desgracia.
Nick podría hacer lo que quería, llegar a la cumbre, si tenía suerte.
Y eso era también lo que ella quería, ¿o no?
Era trágico que la hubiera encontrado y que hubieran pasado por aquello, pero, de otro modo, nada había cambiado. Sam y él se habían librado de todos los años de infelicidad que les hubiera deparado seguir con ella.
De modo que por qué sentirse desolada, por qué se sentía como muerta en su interior.
Sin embargo, todavía no habían terminado; tenía que asegurarse de matar cualquier sentimiento que a Nick le pudiera quedar.
—De acuerdo, ya lo sabes. Lo admito. Me fui para pensar, para decidir con quién quería quedarme.
—¿Y todavía te crees que tienes elección? —dijo Nick con sarcasmo.
—Ya había decidido antes de que me encontraras —dijo Miley, y respiró profundamente, pero evitó mirar a Nick—. Había decidido dejarte y marcharme con él.
Hubo un largo y pesado silencio.
Miley agachaba la vista, sin querer ver el daño que había hecho.
Lo quería tanto, tanto.
Cuando el silencio empezaba a ser insoportable, Miley recogió su chaqueta y se la puso, y se dirigió al recibidor para marcharse.
—¿Dónde te crees que vas?
—No creo que quieras que me quede. Me voy y…
—¡No! —gritó Niclk, y la miró como si fuera capaz de matarla—. Te traje también para que Sam te viera y te vas a quedar aquí hasta que vuelva a ser feliz, hasta que sepamos qué vamos a hacer, pero no vas a hacerle más daño.
Miley lo miró con temor.
—Pero no puedo quedarme. ¿Me oyes? No puedo quedarme.
Nick se acercó a ella con la intención de echarle las manos al cuello, como si quisiera estrangularla, pero antes de que la tocara sonó el timbre de la puerta y los dos se sobresaltaron.
Durante un instante se miraron, y el timbre volvió a sonar.
Al cabo de unos segundos, Nick fue a abrir.
—¡Mamá, mamá! —dijo Sam, que entró corriendo para echarse en brazos de su madre, que lo levantó, lo abrazó y lo besó, sin dejar de llorar y de reír—. He visto tu coche y sabía que estabas en casa —dijo el niño y comenzó a sollozar—. Por favor, no te vayas, no te vayas.
Miley le dio un beso y murmuró palabras cariñosas.
Luego se lo llevó al piso de arriba, dejando a Justin con su madre, que había traído a Sam del colegio, nadie se había percatado de que un coche que estaba aparcado en la acera de enfrente arrancaba y se marchaba en aquellos momentos.
A la mañana siguiente, Miley estaba en la cocina con Sam y sonó el teléfono.
Sam corrió a responder.
—Dígame. Sí, sí está. Es para ti, mamá.
Miley miró el auricular y la voz que habitaba todas sus pesadillas sonó al otro lado del hilo telefónico, con profunda satisfacción.
—Así que has vuelto...
Hola! Estoy hace unos mese siguiendo este blog (creo) Y ya termine de leer todas las Noves , Me Encantan! Bueno ahora volviendo a esta novela... Cuando va a decirle Miley la verdad a Nick??? Dios me muero de nervios! Bueno solo sube pronto :)
ResponderEliminarSaludos
aaaa sube ya esta muy buena esa miley por que no le dice a verdad
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