jueves, 30 de agosto de 2012

Capitulo 20.-


A Delta se le revolverían las tripas al verla. Le había dicho a Nick que Miley se sentiría fuera de lugar. Pero Miley sabía que todo el mundo la acogería con cariño, excepto Delta Podger.
Por otra parte, Nick Jonas pensaba que era tan inútil, solo porque no era elegante ni ama de casa. Ni una sola vez había visto lo que en realidad era capaz de hacer.
—De acuerdo, Sadie —Miley acarició las orejas doradas del labrador y el animal ronroneó de placer—. ¿Te apetece dar un paseo hasta los establos? Vamos a preguntarle a Paddy lo que piensa que debo hacer.
Nunca hubo duda alguna de lo que Paddy pensaría.
Miley se pasó la mayor parte de la semana realizando ejercicios rutinarios con Paddy y el viejo caballo cambió de humor visiblemente.
Pero Miley lo llevaba a practicar detrás del granero cuando los mellizos no estaban delante, y tampoco dejaba que Jack se acercara.
—No quiero que nos veas hasta el sábado. Tú me has metido en esto y lo haremos a mí manera.
Tenía que hacerlo bien.
Jack estaba tan orgulloso de ella que tenía que hacerlo bien por el bien de su abuelo. Y no solo por eso; Nick Jonas también estaría presente.
Miley se pasó el sábado por la mañana sintiéndose igual que cuando había participado para la plata olímpica: muerta de miedo.
Ella y Jack habían estado levantados desde el amanecer preparando a Paddy. El caballo estaba en ese momento resplandeciente y glorioso, con las crines trenzadas y la cola también trenzada hasta la mitad de manera que el resto caía como una cascada de seda. Lo habían lavado, acondicionado y cepillado hasta que brilló como un diamante negro bajo el sol de la mañana. Miley se apartó para admirarlo. A pesar de ser viejo ya, Paddy valía su peso en oro. Más que eso, pensaba Miley con afecto mientras le acariciaba el morro.
Y Paddy estaba tan contento. Tenía el cuerpo erguido y los ojos brillantes y alertas. Aquella era la planta de un caballo preparándose para encontrarse con su querido público.
—De acuerdo abuelo —había cargado a Paddy y se volvió hacia Jack, con una sombra de incertidumbre en la mirada—. ¿Listo?
—Desde luego —Jack se sentó en el asiento del pasajero de la camioneta de Miley y miró hacia delante con satisfacción—. Adelante. Vamos a dejarles atónitos, niña.
Las primeras personas a las que Miley vio al llegar al recinto fueron a los mellizos. Vieron la camioneta de Miley a lo lejos y fueron corriendo hasta ella a toda velocidad.
—¿Qué estás haciendo aquí, Miley? ¿Por qué has traído a Paddy? ¿Vas a participar? —le preguntaron muy emocionados.
—Se me ocurrió que quizá sí —Miley vaciló mientras se bajaba de la camioneta, y después miró hacia atrás y vio a Nick y Delta caminaban agarrados de la mano.
Miley tuvo ganas de volver a meterse en la camioneta y largarse de allí. Pero consiguió quedarse donde estaba y sonreír.
Desde luego hacían una bella pareja. Nick iba con pantalón y camisa de lino. Se iba riendo por algo que le había dicho Delta.
No tenía oportunidad alguna allí, pensó con amargura. Nick Jonas iba a casarse con la mujer que llevaba a su lado en unas cuantas semanas... Y  Delta Podger era preciosa.
Iba vestida de amazona, con un traje blanco y negro y unas botas altas que realzaban su espléndida figura. En la mano llevaba un látigo.
Miley frunció el ceño al verlo, temporalmente distraída. El costoso traje de montar de Delta sugería un nivel de Gran Premio, a pesar de que ella había dicho que tenía un nivel intermedio. Pero ningún participante a nivel intermedio debía competir utilizando el látigo.
—Miley... —Nick le sonrió, dándole la bienvenida.
Le soltó la mano a Delta y se la dio a Miley. Maldito Nick. ¿Acaso no sabía lo que eso le hacía sentir por dentro? Miley le dio la mano un momento y después la retiró, como si le quemara.
—Me alegro de que hayas decidido venir —le dijo con amabilidad; entonces miró hacia el trailer—. ¿Vas a competir?
—No —contestó Miley y se volvió a saludar a Delta—. Hola.
—Si estás pensando en competir, tendrás que pedir prestado un traje en condiciones —le dijo Delta con frialdad—. Este club tiene sus normas...
—Os lo he dicho —Miley se obligó a sonreír—. No voy a competir.
—¿Entonces por qué te has traído al caballo?
—Paddy tenía ganas de dar un paseo —le soltó Miley, y entonces suspiró y sonrió de nuevo—. Lo siento, es que yo...
—No importa —dijo Delta con rabia—. No tengo tiempo para charlar. Debo montar dentro de diez minutos.
—Habías dicho que tenías un nivel intermedio, ¿no?
Miley miró el látigo y Delta siguió su mirada.
—Ah, no utilizo esto en la pista —Delta se volvió y le dio a Nick un beso formal en la mejilla—. Pero el maldito caballo debe saber quién manda antes de aparecer delante de los jueces.
Delta se alejó, y Miley no fue la única que respiró aliviada. Los niños sonrieron de oreja a oreja al verla marchar.
—Ven a ver la competición con nosotros —le sugirió Nick—. Tenemos asientos reservados en tribuna.
Miley desde luego no quería pasar dos horas sentada junto a Nick. Además, tenía cosas que hacer.
—Al abuelo le encantará acompañaros —dijo en tono bajo—. Si pudieras cuidar de él, te lo agradecería. Pero yo... prefiero ver la función sola —miró aquellos ojos que la interrogaban—. Tal vez vaya a charlar un rato con los participantes. A ver si conozco a alguien.
—¿Por qué te has traído a Paddy? —Nick  le preguntó, fijándose en el pelo recogido de Miley.
—Ya te lo he dicho —dijo Miley—. Quería venir a darse una vuelta.
Y se marchó apresuradamente antes de que le hicieran más preguntas.
Miley se pasó las dos horas siguientes evitando a los Jonas y a Delta, recibiendo los calurosos saludos de los miembros del comité organizador, y preparándose para salir y enfrentarse a un público por primera vez en casi un año.
Se vistió en los servicios de señoras, temiendo todo el tiempo que Delta pudiera entrar. Pero gracias a Dios no apareció.

Miley se volvió hacia el espejo. Al igual que Delta, Miley también llevaba el uniforme estándar en blanco y negro, pero el suyo no de la misma calidad que el de la prometida de Nick.
No hacía falta gastarse una fortuna en el equipo de montar. Un jinete debía pasar desapercibido, pues lo importante era el caballo. En cambio Delta iba vestida para que todas las miradas se fijaran en ella. Miley, por otra parte, se había vestido cuidadosamente de modo que jinete y caballo se fundieran en uno solo.
Se miró de nuevo, intentando hacerlo con los ojos de Nick. No podía compararse con Delta. Era más menuda y no tan alta, y desde luego mucho menos guapa.
Bueno, al menos no llevaba un látigo en la mano.  Miley se puso el sombrero de copa, se lo prendió al cabello con un gran alfiler y se echó una última y triste mirada.
Había llegado el momento de ir a buscar a Paddy.
Si Miley se ponía nerviosa, Paddy no lo aceptaría.
El viejo caballo la saludó con alegría, como dándole la bienvenida.
—Sí, bueno, vamos a por ello —dijo Miley.
Le colocó la montura con los colores de los Estados Unidos y se subió con agilidad. Pasearon durante unos minutos por el patio. Antes Miley solía montar a Paddy durante una hora antes de competir para tranquilizar al caballo. Pero en ese momento Paddy parecía más tranquilo que ella.
Finalmente la competición de la mañana terminó. Delta, Miley se alegró de oír, no estaba entre los finalistas. Tal vez su caballo se la hubiera jugado de nuevo.
Entonces la mujer que estaba a cargo de las cintas de música le hizo una señal a Miley y ella asintió. Por el altavoz se produjo un anuncio.
—Damas y caballeros, hoy tenemos el placer de tener entre nosotros a la señorita Miley Cyrus, medalla de plata en las Olimpiadas y finalista en la Copa del Mundo, desde los Estados Unidos, montando a Magia Negra...
Ni ella ni Paddy estaban escuchando. Ambos se estaban poniendo a punto, tensando cada músculo, cada fibra de su ser, atentos a la primera nota de la cinta de Miley para empezar con la rutina.
Para dar paso a la magia.
Y fue mágico.
Si Miley hubiera montado así en las Olimpiadas, se habrían llevado el oro. Tal vez Paddy se estuviera haciendo viejo, pero ese día actuó como si quisiera entregarle todo su corazón a su querido público; y Miley no le decepcionó.
Magia Negra, conocido como Paddy, era el mejor caballo del mundo.
Su demostración aún tenía la capacidad de dejar a todos boquiabiertos. Aquello era el arte de montar en su expresión más exquisita.
Miley no tuvo necesidad de mover sus manos enguantadas. La muchacha y el caballo se conocían tan bien que cada uno se anticipaba a los deseos del otro, y Miley no sabría decir quién tenía la última palabra en aquella exhibición tan maravillosa.
Paddy no perdió el paso ni una sola vez. Una tras otra, trazó todas las piruetas con garbo mientras el público los observaba en silencio, sobrecogido.
Aquel público estaba contemplando algo maravilloso, una experiencia única en la vida. La unión de un caballo perfecto y un jinete perfecto en el momento perfecto.
Y cuando terminó y Miley había saludado a los jueces, que por una vez habían podido relajarse y disfrutar, salió de la pista con los ojos llenos de lágrimas. Se bajó de Paddy y lo abrazó con tanta fuerza que el viejo caballo le restregó con el morro con inquietud.
—Oh, Paddy... Oh, eres maravilloso. Paddy...
Y entonces se vio rodeada por un montón de admiradores, y Jack se llevó a Paddy antes de que aquello fuera demasiado para el animal. Los mellizos se abrieron paso entre la gente y se abrazaron a sus piernas.
— Miley, estuviste maravillosa. Y Paddy... Dijeron que se llamaba Magia. No nos habías dicho que supiera bailar...
Y  Miley estaba de pronto allí a su lado, mirándola con dulzura y asombro. Le tomó la mano y no la soltó.
Miley miró a aquel hombre que tanto amaba con los ojos brillantes de las lágrimas, y se dio cuenta de que no podía hablar.
—Miley...
Nick tampoco pudo decir más. El zumbido a su alrededor pasó a un segundo plano. Solo estaban un hombre y una mujer mirándose a los ojos y viendo la inmutable verdad.
Viendo que lo que había entre ellos era algo tan valioso que no podía ser ignorado.
Pero no podían hacerlo allí, ni en ese momento.
—¡Nicholas!
De algún modo Miley consiguió soltarse de la mano de Nick, y sin saber cómo se volvió hacia Delta  Podger.
Pero por supuesto fue demasiado tarde. Delta había visto sus manos unidas, el modo en que Miley y Nick se miraban. Sabía lo que sentían el uno por el otro. Se quedó rígida delante de Miley, rezumando odio y rabia por cada poro de su piel.
—¡Perra! —dijo claramente y las risas, felicitaciones y conversaciones se apagaron al momento.
—¿Perdona? —Miley susurró débilmente, y miró a Nick con desconsuelo.
—¡Delta! ¿Qué...?
Nick no pudo seguir. Delta Podger estaba pálida de rabia y humillación, y nada de lo que Nick Hiciera o dijera la detendría.
—Has hecho esto hoy para dejarme en ridículo — Delta le susurró en tono ácido, ignorando totalmente a Nick—. Me has humillado. Me la has jugado.
—Yo no...
Delta no la estaba escuchando.
—Este no es lugar para ti —escupió—. Nunca lo ha sido y nunca lo será. Tu padre se largó de este distrito hace años y nos lo quitamos bien de encima. ¿Así que por qué no sigues tú su ejemplo? Y si no lo haces, entonces los que manejamos el cotarro por aquí, los que tenemos peso en esta sociedad, te obligaremos a marcharte.
Y entonces, antes de que nadie se diera cuenta de lo que la mujer tenía planeado, Delta levantó la mano con el látigo firmemente agarrado y lo chasqueó con rabia. La punta del látigo hirió a Miley la mejilla.
Fue Nick el que se lanzó a agarrar inmediatamente a  Delta antes de que pudiera asestarle un segundo latigazo. Nick le agarró de la muñeca y le arrebató el látigo mientras alrededor de ellos la gente los miraba sin dar crédito a lo que estaban viendo. Entonces, Nick arrastró bruscamente a su prometida, lejos de la asombrada concurrencia
Los estupefactos miembros de comité se llevaron a  Miley a los vestuarios, le limpiaron la sangre que le brotaba de la mejilla y fueron a buscar al médico para asegurarse de que no necesitaba puntos. Todos le dijeron que una cosa así jamás había ocurrido y se mostraron visiblemente horrorizados... tremendamente horrorizados...
Miley sentía lo mismo.
Se sentó en un banco muy aturdida, intentando averiguar de dónde salía aquel odio tan atroz que había visto en los ojos de Delta.
¿Qué había hecho ella para merecer tanto odio?  Delta la había odiado desde el primer momento.
Quizá debería marcharse de allí. No sabía si podía ver al hombre que tanto amaba casándose con una mujer como aquella.
¿Y dejar al abuelo?
La cabeza le daba vueltas.
De repente, Miley oyó una voz infantil que la llamaba desde la puerta.
—Miley...
Era Laura.
Miley levantó la cabeza, vio la mirada aterrorizada de la niña y de pronto todo se le hizo insoportable. No podía soportar que Delta fuera a ser la madre de Laura... Se levantó, dio dos tímidos pasos en dirección a Laura, y al momento la estaba abrazando con fuerza, intentando consolarla.
—Calla, Laura. No debes llorar. ¿Ves? —Miley sonrió débilmente—. Estoy bien. Solo ha sido un rasguño.
—No debería haberte golpeado. No debería...
—No, no debería haberlo hecho —respiró hondo—. Pero, Laura... Debería haberle dicho a tu tía Delta que iba a montar hoy. Tal vez... —hizo una mueca de dolor—. Si eres la mejor en todo y la gente no para de decírtelo, y de repente viene alguien que es mucho mejor que tú... Bueno, supongo que por un momento te sientes sobrecogida, y a lo mejor también muy enfadada.
—No lo suficiente como para pegar a nadie. Y Delta no es la mejor —le susurró Laura—. Se pasa el día pegando a su pobre caballo...
—Laura, tal vez cuando Delta lo piense bien se sentirá mal y avergonzada por lo que ha hecho. Pero yo no estoy herida de verdad ni nada, ¿no crees?
Laura retrocedió un poco y miró a Miley con más tranquilidad.
—¿Todavía te sangra?
—No.
—Vale —se soltó—. Iré a decírselo a Nick y a Matthew. No han podido entrar porque es el vestuario de señoras. Y Nick me ha dicho que me dé prisa porque tenemos que llevar a Delta a su casa, no a la nuestra. Pero Matt y yo hemos decidido que no vamos a hablarle. Ni una sola vez. Nunca más. Y no vamos a hacer lo que ella diga ni a vivir con ella. Tanto Matt como yo estamos seguros. ¡Jamás! —miró a Miley y consiguió sonreír—. Pero, si tú nos dices que tenemos que hacerlo, supongo que... que podremos perdonarla.

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