—Tú no —sonrió; las gotas le resbalaban por la cara y estaban tan cerca que casi se tocaban—. Tú también eres una rata de agua. Nunca he visto a nadie meterse en el agua con tanta alegría...
Adelantó la mano como para tocarla, pero Miley se volvió y se sumergió de nuevo.
De repente, Nick Jonas estaba demasiado cerca. Demasiado cerca para ser un hombre prometido a otra mujer.
No podía quedarse junto a él. ¡No podía!
Miley se alejó con resolución de aquellos ojos risueños. Entonces se lanzó río arriba, contracorriente, a pesar de lo mucho que le molestaba la camiseta para nadar. De lo único que era consciente era de que
Nick Jonas la seguía de cerca.
Poco a poco
Miley se dio cuenta de que estaba a espaldas suyas, a punto de alcanzarla.
Aquel hombre nadaba como un pez. Y poco a poco
Miley dejó de intentar escapar de él y nadaron juntos.
Experimentó una extraña sensación. Algo maravilloso.
Era como si estuvieran bailando. Cada vez que
Miley daba una brazada,
Nick lo hacía al tiempo que ella, surcando el agua con fuerza y elegancia.
No deberían estar así, haciendo eso. Aquel hombre se iba a casar con otra mujer.
Aunque, a decir verdad, solo estaban nadando.
Bueno, en realidad no. Al menos ella no. Lo que estaba haciendo
Miley era enamorándose cada vez más del hombre que tenía al lado. Enamorándose perdidamente.
Lo que estaba haciendo Miley era fundiéndose con Nick Jonas.
En un solo cuerpo. En una sola alma... ¡Pero era una locura!
Un tronco caído de un árbol les impidió continuar. Agradecida,
Miley dio la vuelta y dejó que la corriente la arrastrara.
No sabía si
Nick la seguía o no. Y tampoco le importaba. Solo sabía que ya no estaba nadando a su lado. Ya no sentía el movimiento de su poderoso cuerpo junto al de ella.
Finalmente, llegó al lugar donde
Nick había dejado la nevera.
Miley salió del agua y vio que
Nick llegaba detrás de ella.
¿Estaría sintiendo lo mismo que ella?, se preguntó
Miley. No pensaba que fuera posible. No podía sentir lo mismo que ella y seguir prometido a Delta Podger.
Se puso de pie y se retiró el pelo de la cara mientras
Nick iba hacia la orilla.
—Me has ganado —dijo sonriente.
Se puso de pie y
Miley lanzó una exclamación entrecortada.
A diferencia de
Miley,
Nick se había dejado los pantalones puestos, pero eso era todo. El pecho desnudo le brillaba bajo el sol que se filtraba entre el follaje de los árboles.
Tenía un cuerpo como los que salían en las revistas de mujeres. Un cuerpo de aquellos en los que su madre siempre le había dicho que no se fijara. Pero
Miley no podía dejar de mirarlo.
Y
Nick se quedó inmóvil al verla.
La miró fijamente y después se miró el pantalón.
—¿Llevo la cremallera abierta? —preguntó.
—No —
Miley frunció la boca y miró hacia otro lado—. Solo es que...
—¿El qué?
Miley se acercó a la nevera y quitó la tapadera; solo para tener algo que hacer a parte de mirar a
Nick.
—¿Levantas pesas? —preguntó sin mirarlo.
—No —
Nick sonrió; se acercó a ella y se agachó a su lado—. He echado estos músculos yo sólito —dijo sin dejar de sonreír—. Serán de cargar cientos y cientos de balas de paja, digo yo —se apartó y la miró—. Eres una mujer extraña,
Miley. No sabía que las chicas educadas hicieran comentarios sobre los cuerpos de los hombres.
Miley se sentó, sacó un sándwich y dio un mordisco. Así podría ir pensando una respuesta.
Tuvo que dar otros dos mordiscos más antes de sacar fuerzas para contestarle.
—¿No vas a comer? —dijo con enfado.
—Estoy disfrutando de verte comer. Jamás he visto a una mujer disfrutar tanto con la comida como tú.
—Te has movido en los círculos equivocados —
Miley dijo de mala gana sin poder evitarlo—. Con mujeres que no se fijan en los cuerpos de los hombres; con mujeres que fingen no disfrutar de la comida.
—Eso incluye casi la totalidad de las mujeres que fueron a mi fiesta de cumpleaños —dijo
Nick y
Miley dio otro mordisco.
—Es cierto, Jonas—le dijo
Miley—. Te mueves con la gente equivocada.
—Miley... —frunció el ceño con indignación.
—Me comeré todos los bocadillos si no empiezas —lo avisó—. Están buenísimos.
—Estoy seguro —dijo más tranquilo—. De acuerdo, señorita Cyrus. Vamos a recuperar energías y a ver qué más eres capaz de hacer aparte de segar, nadar, insultar... ¿Cuántos talentos más tienes?
Lo que
Miley hizo fue quedarse dormida. Comió su último sándwich, se bebió su tercer vaso de limonada y cerró los ojos mientras
Nick terminaba de comer.
Se despertó una hora más tarde.
Nick le estaba tocando el hombro. Por un momento
Miley se quedó helada. Estaba tumbado junto a ella, su cara a unos centímetros de la suya.
—Hora de volver al trabajo, dormilona —
Nick le sonreía—. A no ser que quieras que llame a Dan...
—No... —
Miley se puso de pie tambaleándose, absurdamente consciente de que no llevaba los pantalones puestos, y
Nick se los lanzó.
—Ha llegado el momento de vestirse —sonrió.
—Yo...
—Lo sé —se puso de pie y empezó a ponerse la camisa—. Preferirías segar desnuda. Aunque no es muy cómodo, créeme.
—¿Lo has intentado? —le preguntó y él sonrió.
—No. Siempre he sido bastante sensato.
—Y crees que yo no soy nada sensata, ¿verdad? —dijo despacio, mirándolo a los ojos—. Crees que estoy un poco... un poco loca, ¿a que sí?
—Eres algo impulsiva —respondió
Nick en voz baja—. Pero aún eres joven...
—¿Quiere decir eso que se me pasará la tontería?
—Bueno... —
Nick suspiró mientras se abotonaba la camisa y se volvía a cerrar la nevera—. Un día te despertarás y te darás cuenta de que la vida te exige un precio —la miró a los ojos—. Supongo que finalmente tenemos que enfrentarnos a nuestras responsabilidades. Y a veces... es tan repentino.
—Como te ha pasado a ti —
Miley dijo en voz baja—. Ahora tienes a los mellizos; así que has dejado de hacer tonterías. Has dejado atrás la niñez. Has aceptados tus responsabilidades junto a Delta...
Él puso mala cara.
—No metamos a Delta en esto.
—¿La amas? —
Miley le preguntó de repente.
Pero enseguida deseó haberse mordido la lengua.
—
Miley... —
Nick le agarró de la muñeca; en sus labios había una sonrisa pesarosa.
Miley se quedó quieta, mirando la mano de
Nick.
—¿Sí? —susurró y entonces lo miró a los ojos.
—Miley... —
Nick hizo ademán de soltarla, pero en lugar de eso tiró de ella con fuerza de modo que estaban pegados el uno al otro—.
Miley, esto es una locura.
—¿El qué? —la proximidad de
Nick no le dejaba respirar—. ¿Qué es una locura? —dijo—. ¿Qué me agarres?
—Lo que sentimos...
Entonces a
Miley el corazón le dio un vuelco.
Así que él también lo sentía. No solo era ella.
Aquella emoción no solo era fruto de su tontería, sino algo entre un hombre y una mujer; algo de lo más natural y tan antiguo como el mundo.
Un sentimiento tan valioso como el oro. Mejor aún. Mil veces mejor...
Pero
Nick estaba negando con la cabeza.
—Miley, no puedo...
—¿No puedes el qué?
Sentía el calor de su cuerpo bajo los pechos, aplastados contra los fuertes pectorales.
—¿Qué es lo que no puedes?
—No puedo mantener una relación contigo —susurró, pero sus manos la agarraban con fuerza, delatando la falsedad de sus palabras—.
Miley, ya no soy ni joven ni estoy soltero. Tengo responsabilidades.
—Cierto —dijo con voz entrecortada.
—Lo entiendes, ¿verdad? —se apartó de ella, pero no la soltó—. Debes entenderlo,
Miley. Los mellizos son responsabilidad mía ahora. Una gran responsabilidad. Debo educarlos tal y como lo habrían hecho sus padres. Necesitan una madre... una madre...
—Adecuada —dijo
Miley, a pesar de lo que le dolía decirlo—. Con eso te refieres a Delta.
Delta.
Aquel nombre se interponía entre los dos. Delta se interponía entre ellos.
—Es lo que sus padres habrían querido para ellos —dijo
Nick en tono grave—. Delta es organizada. Sensata. Estable.
—Y pertenece a la clase social adecuada —
Miley dijo antes de poder evitarlo, y
Nick asintió lentamente.
—Es... Es importante que sepa comportarse. Que sepa enseñar a los niños. Que eduquemos a los niños para que sean...
—Sensatos —dijo
Miley con amargura—. Aburridos. Dos personitas que figuren mucho en sociedad. Me apuesto a que Laura nunca podrá hablar de los pectorales de un hombre.
—Supongo que no —
Nick esbozó una sonrisa pesarosa—. Yo me ocuparé de eso. O más bien, será Delta la que se ocupe.
—Estoy segura —dijo
Miley con rabia—. Suéltame,
Nick... —seguían tan cerca, que Miley temió que
Nick pudiera percibir los alocados latidos de su corazón.
—No hasta que esté seguro de que me has entendido —
Nick le agarró la muñeca con más fuerza—.
Miley, desde la noche que vine a tu granja he querido decirte esto. Quería decirte que de haber estado libre... Dios sabe que es una tontería pensarlo, ¿verdad? Pero si estuviera libre... si hubieras venido hace tres meses... antes de que pasara todo esto... Tú y yo... —se encogió de hombros—. Bueno, nos habríamos divertido.
—Quieres decir que habrías tenido un lío conmigo —dijo
Miley con cautela.
—Me hubiera gustado —
Nick sonrió—. Eres una mujer muy deseable,
Miley.
—Pero no te habrías casado conmigo.
—Maldita sea,
Miley, no había ni siquiera pensado en casarme —dijo
Nick con sinceridad—. Quiero decir... el matrimonio no es un capricho.
—No —dijo
Miley en voz baja—. No lo es, ¿verdad? ¿Qué es lo que dice el cura cuando casa a una pareja? Algo de entrar en el matrimonio de manera reverente...
—Exactamente —
Nick murmuró con determinación—. No dice nada de entrar en el matrimonio por pasión. Casarme contigo... Casarme con alguien como tú sería una locura. Divertido durante un tiempo... hasta que hubiera que enfrentarse a las responsabilidades...
—Sí —
Miley coincidió en tono grave—. Por ejemplo, cuando quisieras que me pusiera a cocinar.
Nick suspiró y la miró. Su mirada grave se tornó algo más risueña.
—Te estás burlando de mí...
—O se hace con alegría o con mal humor —dijo
Miley en voz baja—. Yo siempre he preferido enfrentarme a las responsabilidades con alegría en lugar de con pesar. El dejar mi puesto en el equipo hípico nacional, el abandonar a mi padres... Tú no eres el único que ha tenido que tomar decisiones difíciles,
Nick. Me tratas como... como a una cabeza hueca —aspiró hondo—. Y creo... Bueno, creo que lo que me estás diciendo es insultante.
—No tengo intención de insultarte.
—Decir que soy el tipo de mujer que querrías para tener un lío amoroso, pero no para casarte es un insulto —susurró
Miley—. Es como si me dijeras que soy inferior...
—Yo no he dicho eso.
—¿Entonces qué estás diciendo?
—Bueno, para empezar no sabes cocinar —dijo
Nick exasperado—. ¡Los gemelos y yo nos moriríamos de hambre!
—Viviríamos de sándwiches. O, peor aún, tú tendrías que aprender a cocinar. Tal vez pudiéramos aprender juntos. Sería... Sería divertido. Pero tú le tienes miedo a la diversión,
Nick. ¿Y, quién sabe? Tal vez la diversión no os haga ningún daño.
—Pero...
—¿Pero qué? —
Miley le soltó y enseguida se apartó horrorizada.
Santo cielo. Era casi como si estuviera... como si estuviera proponiéndole matrimonio.
—
Miley...
Miley dejó de sonreír y se quedó muy seria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario