lunes, 13 de agosto de 2012

Capitulo 7.-

—¿Entonces por qué no se le ve por aquí? —preguntó Nick con curiosidad—. No lo entiendo.
—Yo sí —Miley le contestó rotundamente—. El abuelo dice que la última vez que pasó por aquí fue hace tres meses. Delta lo vio saltando por encima de una valla en el extremo sur de la finca. Entonces se acercó a él y le dijo con mucha educación que eso era propiedad privada. Por eso no ha vuelto.
—Eso es ridículo —dijo Nick enfadado.
—Entonces debo de habérmelo inventado —Miley le dijo con educación, y sonrió.
Había cosas que Nick Jonas no entendía sobre su preciosa Delta, y no era Miley quien iba a informarle, pero no estaba mal dejar caer unas cuantas indirectas.
—Mira, si Delta hizo eso, seguramente no se daría cuenta de quién era.
—Por supuesto que no —accedió Miley fingiendo que ignoraba su rabia—. ¿Entonces... me dejas que enseñe a los mellizos?
—Mira... Miley...
—¿Sí... Nick...?
Nick estaba furioso.
—Mira, Miley, eres muy amable al ofrecerte a enseñar a los mellizos a montar...
—Bueno, en realidad Matt ya sabe montar —su pícara sonrisa provocó a Nick—. Lo único que haré será enseñarle a afinar la técnica, como por ejemplo a detener el caballo.
—¿Me dejas decir una cosa? —Nick estaba a punto de explotar.
—¡Sí, señor!
El la miró furibundo.
—¿Querías decir algo? —Miley le pinchó en tono cortés—. Estoy callada...
Aquello fue demasiado para los mellizos. Se echaron a reír, se taparon la boca para controlar el ataque de risa y miraron disimuladamente a su tío.
Nick no sonreía. En realidad estaba muy serio.
—Miley, gracias por tu ofrecimiento —gruñó por fin—. Pero no necesitamos las lecciones.
Los mellizos dejaron de reírse y Miley frunció el ceño.
—¿Por qué no?
—Porque los mellizos llevan dos meses dando clases con el mozo de cuadra de Delta y quiero que tengan cierta continuidad.
—¿Y qué quiere decir eso? —Miley estaba asombrada.
—Pues que tú te marcharás pronto.
Miley lo miró con perplejidad.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Mira, no tengo ni idea de cuánto tiempo vas a quedarte, pero supongo que venderéis la granja y volverás a largarte...
—Con mi parte del botín...
—No he dicho eso.
—¡Es lo que has implicado! —exclamó Miley tranquilamente—. Que estoy aquí para quedarme con mi parte de la granja de mi abuelo. Y no me gusta esa implicación.
—Pero estás aquí solo de vacaciones, ¿no? —le preguntó Nick, desalándola con la mirada.
—Pues no —contestó Miley despacio—. ¿Crees que me habría molestado en poner a Paddy en cuarentena si solo fuera a quedarme unas semanas?
—¿Paddy es un caballo americano? —Nick le preguntó con incredulidad, y Miley asintió.
—Eso es —sonrió y acarició el largo cuello del animal—. Y ha venido a codearse con los colonos de por aquí, además de a servir a su ama, por supuesto.
—¿Entonces... cuánto tiempo piensas quedarte?
—Estaré aquí todo el tiempo que me aguante mi abuelo —dijo en tono bajo y sus miradas se encontraron—. Así que... Tal vez sea una espina que tendrás clavada durante mucho tiempo.
—¿Te quedas para siempre? —preguntó Laura sobrecogida, y Miley la miró y sonrió.
—Sí —dijo sin más y volvió a mirar a Nick—. Así que puedo enseñar a montar a los niños si ellos quieren.
—Nick, por favor... —suplicó Matthew colgándose del brazo de su tío y mirándolo con anhelo—. Por favor, tío Nick. Tienes que dejarnos. Por favor...
—Lo comentaré con Delta.
—Pero ella no nos dejará. Lo sé muy bien. No nos dejará, además ella no importa. Eres tú quien decides. Por favor, tío Nick.
Nick lo miró inexpresivamente.
—Delta sí que importa —le dijo brevemente a su sobrino y seguidamente miró con dureza a la muchacha que estaba ya montada sobre el caballo.
—Gracias por la oferta, Miley —le dijo—. Te lo haré saber.
Miley se lo quedó mirando un buen rato y finalmente asintió.
Sin decir más arreó a Paddy, y Miley y su caballo tomaron el camino a casa.

Nick se lo comunicó esa misma noche. Jack se retiró temprano, siguiendo las costumbres de un viejo acostumbrado a vivir solo. Miley limpió la casa y después salió al porche. Sadie, el viejo labrador del abuelo, saludó a Miley con calma y juntos se sentaron a ver salir las estrellas.
Miley se arrellanó en la mecedora del abuelo y sintió que ese era su hogar.
Pero no todo estaba bien.
Se suponía que aquel era el momento de relajarse, pero el episodio de esa tarde con Nick Jonas la había descentrado totalmente.
La noche era templada y agradable. Los ruidos de la granja se habían ido apagando, dejando aquel silencio que solo se podía escuchar en el campo, lejos de la ciudad.
Era un silencio por el que Miley había cruzado medio mundo, sin embargo, no era capaz de disfrutar de él. Y cuando el viejo perro que estaba junto a ella se puso alerta y se acercó a las escaleras del porche, Miley sabía quién se acercaba antes de que la imponente figura de Nick emergiera entre las sombras.
—¿Miley?
Sadie emitió un débil ladrido, como si reconociera al visitante. Nick Jonas debía de haber estado allí antes.
—¿Qué es lo que quieres? —susurró Miley.
No fue una bienvenida demasiado calurosa, pero a Miley no le salió decir nada más. La mecedora del abuelo se quedó quieta, pero Miley no se levantó; estaba como paralizada. No sentía deseos de levantarse a saludar a aquel hombre; era como si lo temiera.
—He venido a hablarte de las lecciones de montar.
Miley comenzó a mecerse de nuevo.
—¿Tienes el permiso de la tía Delta, entonces? —preguntó.
Nick suspiró con fuerza. Saltó la valla del porche con facilidad, despreciando las escaleras, y se quedó mirando a Miley.
Detrás de ellos estaba la ventana del vestíbulo, cuya luz iluminaba levemente a Miley; pero Nick estaba totalmente a oscuras.
—Yo no le pido permiso a Delta —dijo con rabia.
Miley se estremeció. Se sentía muy incómoda allí, como un prisionero cuyo verdugo lo interrogaba desde la sombra.
—Lo siento —dijo despacio—. No debería haber dicho eso —respiró hondo—. Supongo que... Solo es que Delta no me cayó demasiado bien...
Se produjo un momento de silencio.
—Entonces quizá sea una suerte —dijo por fin—. Porque tú tampoco le has caído demasiado bien.
—¿No? —a pesar de su fastidio, Miley se animó—. ¿Me preguntó por qué podría ser?
—¿No será que fuiste descortés con ella?
Miley fingió pensárselo.
—No —dijo por fin—. Delta fue grosera conmigo antes de que yo lo fuera con ella; así que supongo que su desagrado hacia mí debió de basarse en una primera impresión. En mi pinta de mendigo.
—La criticaste.
—Pues sí —Miley concedió en tono cordial—. Bueno, eso ya está aclarado. ¿Qué quieres que haga al respecto? ¿Batirnos en duelo al amanecer? —sonrió—. Debo avisarte de que tengo muy buena puntería.
—¿Qué te parece venir a comer el domingo en lugar de eso?
Nick la miró con determinación, pero el humor de Miley era contagioso y Nick sonrió sin remedio.
—Eso no es justo —Miley negó con la cabeza—. Delta me ganará siempre en las comidas de los domingos. Jack dice que ha hecho un curso de cocina francesa y yo soy la peor cocinera del mundo.
—No serás peor que yo —Nick pareció relajarse; agarró una silla y se sentó junto a Miley.
—Estoy segura de que lo soy —dijo Miley.

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