Primero habían oído un grito de rabia, después muchos gritos más, y finalmente un aullido. Los mellizos y
Miley se sintieron muy culpables por el aullido.
Esperaron a que alguien subiera las escaleras y llamara enfurecido a la puerta; pero eso no pasó.
Esperaron. A los niños les dio la risa y
Miley empezó a ponerse muy, muy nerviosa.
Esperaba que al menos fuera
Nick el que los encontrara en lugar de Delta.
Y, finalmente,
Nick llegó.
Le oyeron llamar a la puerta de la habitación de los mellizos y después su voz llamándolos después de abrir la puerta de una habitación limpia, aunque quizá también un poco húmeda.
—Laura... Matt... ¿Dónde estáis? —dijo
Nick con preocupación y
Miley les dio un codazo.
—Contestadle —les dijo—. Decidle dónde estamos. Y recordad. ¡No sabemos nada!
—Estamos en el cuarto de baño, en el jacuzzi, tío
Nick —contestó Laura—. Con
Miley.
Se oyeron unos pasos rápidos en el descansillo y
Nick Jonas abrió la puerta.
Entonces se quedó mirándolos muy sorprendido.
—¿Qué demonios... ?
Tres pares de ojos lo miraron inocentemente desde un mar de burbujas.
La bañera era enorme, para unas cuatro o cinco personas, así que
Miley y los pequeños solo ocupaban menos de la mitad.
Nick dio dos pasos y se paró en seco.
—¿Qué estáis haciendo en mi bañera? —dijo despacio sin apartar los ojos de
Miley.
—
Miley nunca ha estado en un jacuzzi, tío
Nick —balbució
Nick —.
Miley... quería probarlo.
—
Miley...
—Subió a hacernos una visita —se apresuró a decir Laura—. Qué detalle, ¿verdad?
—Sí, qué detalle —repitió
Nick automáticamente, mirándolos con perplejidad—. ¡Pero si estáis vestidos!
Matt no pudo más. Ahogó una risotada y se sumergió bajo las burbujas.
—No podíamos meternos en ropa interior —dijo
Miley virtuosamente al tiempo que miraba a
Nick con inocencia—. Yo no me he traído el bañador, y hay un caballero presente —añadió—. Matt, si no dejas de hacerme cosquillas en los pies dejaré de llamarte caballero. Sal inmediatamente.
Nick Jonas estaba atónito. Entonces fue hacia un asiento que había junto a la pared y se sentó.
—No creo que a Delta esto le haga mucha gracia —dijo en tono grave.
—Entonces creo que deberías decirle a Delta que los mellizos estaban entreteniendo a un invitado —dijo
Miley, desafiándolo con la mirada—. Subí a ver a los niños, me enseñaron el jacuzzi y les pedí si podía probarlo. ¿Qué más podían hacer dos niños educados?
Nick ahogó una sonrisa, pero
Miley se dio cuenta. Fue suficiente para saber que estaban a salvo.
—Hemos oído un grito abajo —dijo con cara de no haber roto un plato—. ¿Ha pasado algo?
—Y que lo digas —la miró fijamente a los ojos.
Miley se puso como un tomate.
—¿Puedes contarnos qué ha pasado? —le preguntó otra vez.
Al igual que Matt,
Miley estaba deseando echarse a reír a carcajadas. Cosa rara, consiguió aguantarse la risa.
—Un pequeño desastre —dijo despacio—. Gastronómicamente hablando.
—Ah —dijeron los pequeños y agacharon tanto la cabeza que enseguida se les notó.
Miley les dio una patada debajo del agua y Matt se echó a reír otra vez.
—Los perros se han comido mi tarta de cumpleaños —anuncio
Nick en tono grave, pero se le notó que le estaba costando trabajo aguantarse la risa.
—¡No me digas! —
Miley abrió los ojos como platos—. ¿Cómo, toda la tarta?
—Lo suficiente.
—Oh, no —dijo
Miley con solemnidad—. Y era una tarta tan maravillosa.
Silencio.
—¿Cómo sabes que era maravillosa,
Miley? —preguntó
Nick con cautela.
Miley se mordió el labio.
—
Nick —dijo con el mismo tono que él—, ¿cómo es posible que la tarta de tu treinta cumpleaños, hecha por tu prometida pueda ser menos que maravillosa?
Se quedaron mirándose a los ojos.
Miley estaba muy colorada.
—Entiendo...
Y
Miley supo que lo entendía.
—¿Y los perros, se han metido en un lío? —Laura preguntó sobrecogida.
—Sí.
—¿Muy gordo? —preguntó Matt angustiado.
—Bueno, digamos que Blackie aulló cuando Delta le lanzó algo —
Nick sonrió—. Cuando Blackie se dio cuenta de que era un pastel, se volvió y se lo comió antes de regresar a su caseta.
—Oh, Dios mío... —comentó
Miley en voz baja.
—Lo que no entendemos es quién les dejó entrar —
Nick miró a los mellizos y después a
Miley—. No les dejarías entrar en la casa cuando entraste a ver a los mellizos, ¿verdad?
—¿Quién, yo? —
Miley preguntó en tono dolido—. Ni hablar.
—¿Cómo entraste en casa?
—Trepé por el álamo.
—Trepaste... —la voz de
Nick se fue apagando.
—Por eso no me importó meterme en la bañera vestida—dijo
Miley amablemente—. Me ensucié el vestido trepando el árbol.
—¿Y qué vas a hacer ahora? —preguntó en tono incrédulo—. ¿Bajar a mi fiesta con el vestido empapado?
—No creo —Miley sonrió—. Pensé en bajar por el árbol, recoger al abuelo y marcharnos a casa. Eso es, si no te parece mal.
Nick sonrió y los miró a todos con calma. Los mellizos sonrieron entonces tímidamente.
—Supongo... Supongo que no me parece mal —les dijo y entonces se volvió y se quedó mirando a
Miley —. ¿Cuánto tiempo lleváis en la bañera?
—¿Cuándo encontrasteis la tarta destrozada?
—Sobre las cuatro menos cinco.
—Nosotros llevábamos ya mucho rato en el agua —
Miley dijo virtuosamente—. ¿Verdad, niños?
Nick sonrió.
—Vaya, vaya con los inocentes... —sonrió abiertamente—. Os vais a arrugar ahí dentro —
Nick se acercó, sacó a Laura de la bañera y le dio una toalla—. Desvístete, sécate y ve a tu habitación a vestirte —tras hacer lo mismo con Matthew,
Nick se volvió hacia
Miley—. Veamos, señorita Cyrus...
Miley se quedó quieta bajo la espuma observando a
Nick con sus sobrinos. De repente, sintió timidez. Tenía el vestido pegado a la piel, y desde luego no sabía lo decente que estaría cuando saliera del agua, siendo de una tela tan fina.
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