Y al verlo allí, Miley sintió que aquel era su hogar.
Miley tocó el claxon; la alegría y la emoción le atenazaban el corazón. Los sucesos de la última hora fueron olvidados. Iba a echar tanto de menos a sus padres que le dolía el corazón, a echar de menos el hogar y la vida que había dejado atrás, pero la decisión de volver a Australia era la correcta. La única. Llevaba tanto tiempo hablando de ello... y por fin el sueño se había convertido en realidad.
¿Por qué le resultaba tan especial aquel lugar?
La finca Cyrus no le llegaba a la de Jonas a la suela del zapato. La hacienda en sí debía de ser una décima parte del tamaño de la finca vecina, y la pequeña y deslucida casita parecía una choza en comparación con la del vecino.
Miley vio que su abuelo estaba muy contento. La granja de Jack le pareció la más maravillosa y especial de todas.
En el porche el abuelo había dejado de mecerse. En su rostro curtido y avejentado apareció una amplia sonrisa de bienvenida. Jack Cyrus bajó despacio los escalones del zaguán, pero antes de que llegara al último, Miley corrió a abrazarlo.
—Abuelo...
—Miley... Miley, cariño... Vaya, vaya... —Jack Cyrus abrazó a su nieta con fuerza y después se apartó de ella y la miró—. Deja que te vea.
—¡Deja que yo te vea a ti! —Miley estaba riendo y llorando al mismo tiempo entre sus brazos—. Oh, abuelo...
Era el mismo de siempre. Jack Cyrus estaba más viejo y desde luego más desgastado, santo cielo, tenía casi ochenta años ya, pero todavía había vida y vigor en su arrugado rostro.
—Oye, eres la viva imagen de tu madre —dijo Jack con afecto—. Me alegro de tenerte aquí, Miley.
—Y yo me alegro de estar aquí —Miley agarró a su abuelo del brazo y juntos subieron las escaleras—. Bueno, ahora lo único que nos queda por hacer es ponernos al día en los cotilleos de los diez últimos años.
—¿Y tendremos todo el tiempo del mundo... ?
—Vengo a quedarme, abuelo —dijo Miley con empeño—. Así que será mejor que te acostumbres a mí.
—Háblame de Nick Jonas —Miley aventuró después de su tercera taza de té y de la primera cerveza del abuelo.
Las sombras de los enormes árboles del caucho caían sobre la casa y pronto llegaría la hora de la cena, pero ninguno de los dos tenía ganas de moverse. Ambos sentían una gran alegría de estar allí sentados charlando, y Miley notó que la tensión en el rostro de su abuelo empezaba a ceder.
Debió de haber sido duro para él ver cómo su único hijo emigraba a los Estados Unidos. Su padre tuvo sus razones para marcharse a América con su familia y Jack las conocía y estaba de acuerdo con ellas. Pero llevaba solo mucho tiempo. Miley había tomado la decisión correcta al volver.
—¿Qué quieres saber de Nick Jonas? —Jack le preguntó con cautela y miró a Miley con cierto nerviosismo—. El chico está prometido en matrimonio, Miley.
Miley hizo una mueca al notar el nerviosismo de su abuelo. ¡Así que Jack Cyrus había notado el enamoramiento de su nieta diez años atrás! ¡Oh, Dios mío! Si el abuelo se había dado cuenta, seguramente los demás también.
Menos mal que Nick Jonas ni siquiera parecía recordarla. Menos mal...
—Abuelo, ya soy una mujer —Miley sonrió con esfuerzo—. Puedes dejar de pensar en mí como si tuviera catorce años.
Jack sonrió a su nieta con afecto.
—Bueno, desde luego estabas loca por Nick Jonas—vaciló—. Cuando recibí tu carta diciéndome que venías... bueno, se me ocurrió que... —negó con la cabeza—. Parece que tus padres se van a quedar ya en Pittsburgh para siempre. Tu madre me dice que tu padre no se recuperará lo suficiente para viajar. ¿Entonces... por qué has vuelto?
—No ha sido por Nick Jonas —dijo Miley con seguridad—. Bueno... reconozco que pasé bastante tiempo soñando con casarme con él. Con catorce años las niñas son así. Pero en realidad empecé a pensar lo que sería vivir aquí. Y no sé cómo... No sé cómo, pero no podía dejar de pensar en ello. Siento que este es mi hogar.
—Tus padres se marcharon a América cuando tú tenías cinco años —dijo Jack—. ¿Cómo puedes sentir que este es tu hogar?
—Lo siento —insistió Miley—. Nunca sentí que Pittsburgh fuera del todo mi hogar —se mordió el labio—. Abuelo, no me gusta la ciudad. Sabes que me he pasado todo el tiempo posible en granjas. Estudié ingeniería agrónoma.
—Mientras montabas caballos...
—Mientras montaba a caballo —coincidió—. Pero siempre supe que era aquí donde quería estar. Es el hogar de mi padre. Y a ninguno nos gustaba que estuvieras aquí solo.
—¿Tus padres están de acuerdo con tu decisión?
—Incluso mamá —Miley sonrió—. Ella está casada con un australiano y se ha resignado a tener una hija australiana.
—¿Pero y tus caballos... ?
—Puedo montar aquí.
—Pero no...
—Abuelo, no importa —Miley le tomó la mano—. Quiero vivir aquí. Lo he decidido yo sola.
—¿Y... Nick Jonas no tuvo nada que ver con esa decisión?
Miley negó con la cabeza y sonrió.
—De verdad, abuelo. Él no ha tenido nada que ver.
Bueno, al menos no demasiado.
Jack Cyrus sonrió, como si percibiera la sutil decepción de su nieta. Era un hombre sagaz, un perro viejo.
—¿Entonces por qué me preguntas por Nick Jonas? —le interrogó con delicadeza—. Si no has estado pensando en él.
—Porque hace un rato que lo he visto...
Brevemente, Miley le contó los acontecimientos de la tarde. Jack Cyrus la escuchó en silencio y asintió.
—Me apuesto lo que quieras a que Nick Jonas no sabía nada del corte de pelo hasta que estaba cortado ya —dijo despacio—. Nick es un buen chico. No le haría daño a propósito a ningún niño, y por aquí se dice que está loco por los mellizos. No. El asunto del corte de pelo me parece algo más típico de Delta Podger.
—Háblame de Delta —Miley se arrellanó cómodamente en una vieja butaca.
Jack Cyrus siempre había sido hombre de pocas palabras, pero muy sagaz de todas maneras. A nadie le contaba sus problemas, pero parecía conocer los de todos los demás.
El hombre se encogió de hombros.
—No te puedo contar mucho, niña. Solo lo que he oído comentar.
—Eso me bastará —se apresuró a decir Miley—. Creo recordar que tenías siempre información de primera mano.
—Fresca... —sonrió mientras miraba a su nieta.
—Venga, cuéntame.
—Delta Podger... —Jack asentó—. Bueno, la familia de la chica tiene una enorme finca al norte del estado, creo. No son muy queridos en la zona. Su padre trata a sus empleados como a animales y luego se pone a protestar porque no es capaz de encontrar mano de obra en condiciones. Según dicen, la hija es peor que el padre. Parece ser que tiene un genio endiablado, pero no lo demuestra delante de las personas que le interesan. Como Nick Jonas.
—¿Llevan mucho tiempo prometidos? —preguntó Miley, intentando que no se le notara demasiado el interés.
Jack la miró como diciéndole que no podía engañarlo.
—Tres meses —contestó y se encogió de hombros—. Nick lleva solo desde que murió su padre. Su hermano mayor no tenía interés en el campo y se fue a vivir a Sidney... Entonces él y su esposa se mataron en un accidente. Esos dos niños llegaron a la puerta de Nick al día siguiente —hizo una mueca—. A partir de ese momento Nick tuvo que dejar su vida de soltero.
—Él... —Miley se mordió el labio—. ¿Nick ha tenido unas cuantas novias?
—Bueno, he oído que le gustan las mujeres a nuestro Nick —Jack sonrió—. Pero no le culpo. Yo hice lo mismo antes de conocer a tu abuela. Sin embargo, cuando apareció tu abuela me quedé prendido de ella; parece ser que Nick ha elegido a su prometida por ser la más apropiada.
—¿Apropiada?
—Se mueven en los mismos ambientes —le dijo Jack—. Llevan años siendo el tema de conversación. Los habitantes de esta zona siempre han pensado que su relación era de conveniencia; pero de repente es algo más que eso. Ella ya tiene años, y él necesita una esposa. Delta se ha preparado bien para la tarea. Ha hecho un curso de cocina o algo así en Francia. Es una anfitriona estupenda y nadie la gana a organizar eventos sociales —hizo una mueca de asco—. Aunque a mí desde luego no me gustaría despertarme al lado de eso por las mañanas.
—Pero... abuelo, seguramente debe amarla. Quiero decir, para pedirle que se case con él.
—La gente dice que le entró miedo —respondió Jack despacio—. ¿Y quién lo culpa? Un hombre soltero al que de repente le caen encima dos niños de seis años que se han quedado sin padre y sin madre. Creo que cualquiera hubiera sentido miedo en su lugar. Grace Brown va a hacerle la casa dos mañanas por semana, pero ella tiene su marido, sus dos hijos y la granja. Para Nick Jonas, un hombre que no tiene ni idea de niños, Delta debió de parecerle la mejor solución. Y tal vez ella sea igual de práctica. He oído decir que su padre no anda demasiado bien de dinero últimamente. Delta no sabe hacer nada más que lo que te he dicho y la oferta de Nick debió de parecerle tan buena a ella como al padre.
—Puaj, qué asco.
Miley se estremeció y Jack Cyrus miró detenidamente a su nieta.
—Pero lo que esos terratenientes hagan con sus vidas no es asunto tuyo, Miley—dijo Jack en tono afable—. Y bien, ¿has dicho entonces que te vas a quedar aquí por un tiempo?
—Si tú me aceptas —Miley vaciló y después le dio la mano—. En tu última carta decías que estabas pensando en vender.
—No tengo elección —dijo el abuelo en tono brusco—. No puedo yo solo con la granja —miró hacia las lustrosas y verdes colinas que se extendían más allá de la ventana; aquella zona al oeste del distrito de Victoria, con sus verdes praderas y sus árboles rojos del caucho, era sin duda una de las zonas más bellas de toda Australia—. Aunque sé que se me partirá el corazón, niña —susurró—. No me importa reconocerlo.
—Bueno, por eso es por lo que estoy aquí —Miley le dio un apretón en la mano—. Abuelo, tú sabes que amo este lugar. Sabes que siempre me ha gustado. He estudiado ingeniería agrónoma durante dos años. He estado trabajando a tiempo parcial como peón en varias granjas y cuidando caballos desde que me independicé. Lo único que quiero... —aspiró hondo—. Lo único que quiero es vivir aquí y dirigir la granja para ti. Para nosotros. ¿Qué me dices, abuelo? ¿Podrás soportar tenerme aquí?
Al viejo se le llenaron los ojos de lágrimas.
—¿No te aburrirás como una ostra? —le preguntó con un hilo de voz.
—Te lo prometo.
—Por aquí no hay mucha vida social.
—No necesito vida social.
—Pero... una chica como tú debería ir a fiestas, divertirse. Conocer a algún joven y casarse.
Miley negó con la cabeza.
—Yo no, abuelo —le dijo con suavidad—. Créeme. No necesito a nadie, ni nada. Solo a ti, a Paddy y esta granja.
—Estás loca —susurró el viejo, sonriendo entre lágrimas.
—Loca o no, si me aceptas, me quedaré.
Miley durmió como un tronco en la misma cama donde había dormido de adolescente. Al amanecer la despertaron las urracas y los vencejos, y cuando abrió la ventana, se encontró con el hocico de una vaca de Hereford. El animal metió la cabeza e inspeccionó a Miley con interés.
Miley tenía ganas de pasar la mañana con los mellizos, y con su tío, pero en esa primera mañana Jack le enseñó a Miley los libros de contabilidad de la granja.
Miley se olvidó momentáneamente de los Jonas y escuchó a su abuelo con atención. Aquello era importante. Esa granja era su futuro. Mientras iban viendo los libros de contabilidad agradeció la formación que había recibido sobre explotaciones agrarias.
Había cosas de las que debía ocuparse, pero nada que no pudiera remediar. Hacia el mediodía tanto la nieta como el abuelo se sentían esperanzados. Jack y Miley almorzaron como compañeros y después Jack se echó una siesta. Finalmente, Miley se dejó llevar por sus deseos y fue a ensillar a Paddy.
—Tu primer galope en tierra australiana —le dijo mientras le ponía la montura—. Espero que te guste; creo que nos vamos a quedar aquí.
Debería de ir a ver el ganado de Jack, pensaba mientras cruzaba las praderas a lomos de Paddy hacia la finca de los Jonas. Desde allí la manada de reses parecía hermosa y bien alimentada, pero según lo que había visto en los libros Miley sabía que había problemas.
También estaba el asunto del heno...
Pero los problemas tendrían que esperar. Laura y Matthew ocupaban el primer puesto en su lista de prioridades.
¡El hecho de volver a ver a Jonas nada tenía que ver con todo ello!
alfin al corriente genial los cap el final tan lindo y esta obio onteresat xD sube pronto cuidate linda.
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