viernes, 17 de agosto de 2012

Capitulo 9.-

Miley se quedó mirando la oscuridad, imaginando la cara de su padre. Si Nick supiera de los sacrificios que había hecho su padre...
De todos los hombres, aquel debería saberlo. Por alguna razón le dolía que  Nick Jonas juzgara a su padre con dureza.
Se quedó mirando sus manos unidas un momento. Parecía algo natural y, sin embargo, no era más que un gesto de consuelo.
Finalmente, encontró la fuerza para apartar la mano. Se levantó y fue hacia la barandilla con paso tembloroso.
Nick la observaba en silencio desde su asiento y se quedó donde estaba, como si hubiera percibido su necesidad de apartarse un momento.
Durante dos o tres minutos Miley permaneció en silencio, pero se la veía tan desolada que Nick cambió de opinión y fue hacia donde estaba ella.
— Miley... por favor... Me gustaría que me contaras por qué tu padre se marchó de aquí.
Miley se estremeció y  Nick equivocó su reacción.
—Lo siento —dijo en voz baja mientras retrocedía un paso—. No ha sido mi intención ser indiscreto.
—No lo has sido...
¿Cómo explicar que había sido la dulzura en el tono de  Nick lo que la había conmovido? Llevaba tanto tiempo anhelando la ternura de aquel hombre que le parecía un bello sueño.
Eran tonterías, por supuesto. Un sueño de lo más tonto.
Vaciló y siguió mirando las praderas, el horizonte plateado bajo la luz de la luna.
Tenía que decírselo. Era como si algo la empujara a hacerlo. No podía soportar que aquel hombre condenara al padre que tanto amaba.
—Mi padre tiene enfisema —dijo al fin.
—Enfisema...
—Eso es lo que he dicho — Miley dijo en tono grave—. Por eso es por lo que esta comunidad lo ha condenado tanto durante tanto tiempo. Nació con ello. Un tremendo crimen.
— Miley...
—Es cierto, ¿verdad? — Miley dijo y se volvió a mirar a Nick—. Mi padre, Richard Cyrus, había partido para los Estados Unidos y había abandonado a su padre sin mirar atrás. Y según los habitantes de este lugar, todas las razones que tuvo mi padre fueron egoístas. ¿Cómo se había atrevido a dejar solo a su padre para enfrentarse a la vejez sin una familia? Eso es lo que dijo todo el mundo, ¿verdad?
—Sí —contestó Nick sin levantar la voz—. Pero solo porque no sabíamos la verdadera razón —avanzó y agarró a  Miley de ambas manos con fuerza—.  Miley, olvida la rabia por un instante. Háblame sobre la enfermedad de tu padre.
—No hablamos de eso.
—Sé que no lo hacéis —dijo Nick con tristeza—. Igual que no habláis de las medallas olímpicas. Pero tal vez, solo tal vez, deberías hablar de ello.
—¿Por qué? No es asunto tuyo.
—No. Y la felicidad de tu abuelo tampoco es asunto mío. Pero llevo varios años preocupándome por él y he sentido su soledad, así que a lo mejor por eso he sido sentencioso.  Miley, háblame de tu padre.
Miley miró sus manos unidas. Intentó soltarse, pero él la agarró con fuerza.
No parecía quedarle otra elección.
—Mi padre tuvo asma cuando era niño —susurró por fin—. Fue leve, pero ocultaba un problema aún peor. Había nacido con un tipo poco común de enfisema; con un enfisema bulloso.
Nick frunció el ceño.
—Bulloso...  Miley, no sé lo que es eso.
—Casi nadie lo sabe — Miley vaciló, buscando las palabras adecuadas—. Supongo que la manera más fácil de explicarlo es como comparar los pulmones con una esponja. Así es cómo se ven los pulmones por el microscopio; miles de pequeñas celdas como las de una colmena. Solamente que en los pulmones de mi padre esas celdas son demasiado grandes. Las células aumentadas siempre corren peligro de estallar. Cuando lo hacen, mi padre no puede respirar. Tienen que operarlo de urgencia para que no muera.
—Pero... — parecía como si Nick luchara por entenderla—. ¿Tu padre lo tenía de nacimiento?
—Sí, pero nadie lo sabía —dijo  Miley con tristeza—. A menudo se quedaba sin aliento, pero todos lo atribuían al asma.
—¿Entonces siempre ha estado expuesto a una muerte repentina?
—Sí. Los médicos dicen que tuvo suerte de que ninguna de las células estallara cuando era pequeño — Miley miró a  Nick y bajó la vista rápidamente; en su mirada había visto lástima y terror, y no podía soportar ninguno de esos sentimiento viniendo de aquel hombre—. Nick, sabes, mi madre es americana. Cuando yo tenía cinco años mis padres y yo fuimos a los Estados Unidos a visitar a los padres de mi madre. El cambio de presión del avión hizo que una de esas celdas estallara. Mi padre estuvo a punto de morir.
—No puedo creerlo — Nick dijo con pesar—. ¿Por qué no nos hemos enterado nunca?
Miley se encogió de hombros.
—El abuelo lo sabía, por supuesto; pero tal vez le afectó tanto que no fue capaz de contárselo a nadie. Y después papá dijo que no quería que la gente lo supiera. Ves, estábamos allí encerrados, sin posibilidad de movernos. A papá le hicieron toda serie de pruebas. Había perdido capacidad pulmonar, así que cada vez se fatigaba más, y le dijeron que no debía realizar trabajos que conllevaran un esfuerzo físico. Le prohibieron volar, ni siquiera aquí a casa, y le dijeron que siempre debía estar cerca de un hospital grande por si más adelante se le presentaban más problemas. Hasta ahora le han estallado tres celdas, y todas las veces ha sido aterrador, pero aparte de eso ha llevado una vida bastante normal.

Nick la miraba con verdadero asombro.
—Mi padre no lo sabía. Y él y tu padre eran amigos.
—Papá no quería que sintiera compasión por él —le explicó  Miley—. Aún ahora no quiere que nadie lo sepa. Así que él y el abuelo se pusieron de acuerdo. Papá no podía trabajar en la granja; ni siquiera podía volver aquí. Así que le dijeron a todo el mundo que nos quedábamos en América... y seguimos adelante —sonrió—. Papá ha vivido bien, a pesar de haber echado mucho de menos la granja. Se lo ha pasado bien. Encontró un empleo de agente en una empresa australiana de cría de ganado y explotaciones agrarias en Pittsburgh, así que se ha dedicado a vender granjas desde la mesa de una oficina. Le gusta su trabajo. Y yo... —se encogió de hombros—. A mí siempre me ha gustado el trabajo de la granja. Llevaba los caballos en la sangre. Afortunadamente, mis abuelos maternos tenían una pequeña granja a las afueras de la ciudad. Me pasaba allí casi todos los fines de semana.
—¿Pero... tu padre está bien?
—Ha tenido un par de episodios graves —le dijo  Miley —. Pero ahora está bien; incluso contento. Hasta que recibió la carta del abuelo diciéndonos que vendía la granja.
—¿Y entonces?
—Papá no puede volver — Miley dijo en voz baja—. Eso lo sabemos todos. Así que lo hablamos detenidamente y decidimos que yo vendría en su lugar.
—Esto... entiendo —dijo Nick desapasionadamente—. Entonces has cruzado medio mundo porque tu abuelo te necesita.
—Sí.
—Y seguramente tu padre te echará de menos.
—Supongo que sí — Miley se puso triste—. Mis padres y yo estamos muy unidos... pero también al abuelo. Y de este modo hay dos miembros de la familia en cada sitio, en lugar de tres en América y uno aquí solo.
—¿No podría venir tu padre para acá en barco, al menos de visita? ¿Tal vez acompañado de una enfermera? —preguntó Nick.
Miley suspiró.
—No. No creas que no nos lo hemos planteado. Mi padre no solo necesitaría traerse a una enfermera, sino también a su propio cirujano. ¡Imagina cuánto costaría eso! Supongo que una fortuna, y nosotros no la tenemos.
Nick sacudió la cabeza.
—Pero debió de costar una fortuna llevarte a las olimpiadas; y después venirte aquí con Paddy.
—No — Miley sonrió con tristeza—. Tengo un tío materno que pensó que mi preparación olímpica sería algo de lo que poder presumir.
—¿Presumir? — Nick repitió.
—Sí. Presume de mí sin parar delante de sus clientes y, como es corredor de apuestas de caballos él cree que mi medalla le ha hecho mucho bien a sus credenciales —sonrió—. Es estupendo, y también se le dio de maravilla buscarme patrocinadores. En cuanto a venir Paddy y yo aquí... Hice un trato —sonrió—. Excelente, además.
—Un trato...
Nick le soltó las manos y la miró de hito en hito. Las trasformaciones de las que era capaz aquella muchacha le resultaban fascinantes. En su tímida sonrisa no había rastro de lástima, a pesar de la historia que acababa de contarle.
—Háblame de ese trato,  Miley.
—Un amigo iba a traer un grupo de sementales de carreras a Australia — Miley le sonrió—. El hombre que normalmente empleaba para ello no podía venir porque su esposa estaba a punto de dar a luz; así que me vine yo en su lugar. Me pagué mi billete, el de Paddy y los gastos de la cuarentena cuidando de los caballos de mi amigo mientras estaban confinados —volvió a sonreír—. Por eso estaba tan sucia cuando llegué. Todos los caballos terminaron la cuarentena al mismo tiempo y el trato era que trabajaría hasta ese momento. Tuve que limpiar diez compartimientos antes de venirme para acá con Paddy.
—Entiendo... —aunque se veía que  Nick  no entendía por el modo en que la miraba—. ¿Y ahora qué?
—Y ahora Paddy, el abuelo y yo queremos vivir felices en la granja — Miley  suspiró—. Ese es el plan.
—¿Quieres decir... vivir en la granja para siempre?
—Sí.
—¿Qué demonios sabes tú de una granja?
—Sé un poco — Miley se sintió algo molesta.
—¿Ah, sí?
—Sí, he estudiado y leído y he practicado un poco. Además, el abuelo me va a enseñar.
—¿Sabes las dificultades económicas que tiene esta granja?
La pregunta hizo que  Miley se pusiera en guardia.
—Sí —contestó despacio—. Las conozco. ¿Tú también?
—Sé que tu abuelo tiene problemas.
—Supongo que también lo sabe toda la comarca — Miley comentó con rabia—. El abuelo dice que estás interesado en comprar.
—Eso es.
—¿Es por eso por lo que te interesa tanto lo que quiero hacer?
—No, no es por eso. ¿Tienes que ser tan susceptible?
—No soy susceptible, sino que quiero proteger a mi abuelo de...
—¿De terratenientes ricos que solo quieren acaparar más tierra? —dijo Nick en tono irónico—. ¿Es eso lo que crees que soy?
—No estoy seguro de lo que eres.
Pero sí que lo sabía.  Nick Jonas era peligroso para ella, quisiera comprar la granja de su abuelo o no. Y era un peligro por lo que le hacía sentir.
—Oye  Miley —dijo en tono afable—. Debes saber que no puedo comprarle le granja a tu abuelo sin su consentimiento. Solo es que... Bueno, no puede uno vivir al lado de una granja sin darse cuenta de que lleva años ya sin producir beneficios. Y las cosas van a peor.
—Me doy cuenta — Miley dijo con preocupación.
—¿Entonces qué vas a hacer al respecto? —le preguntó Nick.
—Arreglarlo.
—Entiendo, pero vamos a mirarlo a corto plazo. Como por ejemplo el invierno que viene. ¿Cuánto alimento tenéis para el ganado?
—Me apuesto a que lo sabes — Miley dijo con amargura—. Tenemos forraje fermentado, pero no tenemos heno.
—Hay montones de heno en las praderas de abajo esperando a que alguien lo recoja.
—Sí, pero no podemos permitirnos contratar a segadores. Yo haré un poco, pero lo cierto es que contamos con que el invierno no sea demasiado duro. Si no es así, entonces venderemos el ganado.
—Tengo una idea mejor.
—¿Sí?
—Deja que te envíe a mis hombres para que sieguen el heno.
Miley se mordió el labio.
—Bueno, no creo...
—¿No crees que tu abuelo querrá aceptarlo? — Nick dijo—. Estoy seguro de que no. Y lo sé porque ya se lo he ofrecido. ¿Te habló de mi oferta antes de que empezaras a acusarme de querer quedarme con sus tierras?
—No.
—Pues es así — Nick se encogió de hombros—. Tu abuelo me dijo que podría hacerme con el control cuando él vendiera, pero no antes — Miley  puso cara de consternación y  Nick le tocó la mejilla.
Lo hizo para consolarla, nada más, como una caricia.
—No te pongas así,  Miley. Tu abuelo es un viejo malhumorado, pero lo entiendo. Tiene miedo de perder el mando y de perder su granja. Si de verdad has venido a quedarte, no sabes el regalo que le has hecho; y yo tengo intención de darte todo el apoyo posible.
— Nick... —lo miró con desesperación—. Es muy amable por tu parte, pero mi abuelo no aceptará.
—Lo hará si pagas.
Miley no entendía nada; tampoco por qué estaba allí bajo las estrellas en el porche con aquel hombre.
—¿Qué te parece un año de clases de equitación a Matthew y a Laura a cambio de la siega,  Miley? Tus lecciones valen mucho más dadas tus calificaciones. El trato me parece justo, ¿no crees? Y podremos renegociar dentro de un año cuando llegue el momento de la siega otra vez.
Miley se quedó perpleja.
El heno segado y las balas listas. Alimento para todo el ganado que quisiera durante todo un invierno. Y si tenía suerte, quizá sobrara algo de heno para vender.
Podría convencer al abuelo si tenía la seguridad de que podía pagarle con sus conocimientos. Y desde luego lo haría bien.
—Yo... Es muy amable por tu parte.
—No es amable en absoluto —dijo  Nick con firmeza y le dio la mano—. Es un negocio. Bueno, acompáñame a la valla y comentaremos los detalles. Tengo que volver. Dan, mi capataz, está viendo una película en la cocina y vigilando a los mellizos, pero le prometí que estaría de vuelta en una hora.
—Yo no...
—Vamos, Miley —saltó la barandilla y la ayudó a hacer lo mismo—. Hay luna llena y no está lejos de la casa para volver sola. O bien... —se echó a reír—. ¿Tienes miedo de los fantasmas?
—De los fantasmas no.
—¿De mí? —sonrió de oreja a oreja—. Estoy felizmente prometido,  Miley , y con tantas personas a mi cargo que ya he perdido la cuenta —sonrió—. Así que... iremos juntos hasta la valla, Miley, pero me comportaré correctamente. A pesar de lo mucho que me gustaría no hacerlo.
Miley se lo quedó mirando.
—¿No lo dirás en serio? —dijo mientras  Nick tiraba de ella, de camino ya hacia la cerca.
Nick vaciló y se volvió hacia ella. Estaban bajo uno de los árboles del caucho más altos, cuya densa copa los protegía de la luz de la luna.
—Supongo que no — Nick dijo despacio—. Eres una mujer atractiva,  Miley Cyrus. Estoy seguro de que no te quedarás con tu abuelo para toda la vida, como dices tú.
—Eso... —dijo Miley despacio— Eso no es asunto tuyo, desde luego —miró las manos unidas, aunque apenas podía verlas en la oscuridad—. Por favor,  Nick, suéltame... —susurró—. Tú tienes a... a Delta y yo al abuelo.
Aquel hombre la miraba con pasión. Se notaba que estaba acostumbrado a conquistar a las mujeres y que aún no se había habituado a los límites que imponía un compromiso.
— Nick... suéltame... — Miley retrocedió y para alivio suyo él la soltó—. No voy a... No voy a acompañarte más. No creo...
—No crees que sería prudente — Nick asintió despacio—. Tal vez tengas razón. No debo dejar de recordarme a mí mismo que ya no estoy soltero.
—Creo que eso sería lo más razonable — Miley respiró hondo; el corazón le latía a cien por hora.
—¿Vas a venir a comer el domingo?
—El domingo...
—Delta ha invitado a unos cuantos amigos a una comida informal —le dijo  Nick—. Nos encantaría que Jack y tú vinierais.
—Yo... Tengo que preguntárselo a Jack.
—Hazlo —le contestó  Nick.
Al avanzar un paso sobre las hojas y las ramas secas  Miley aguantó la respiración y se estremeció.
Tal y como se sentía, medio esperaba que Nick la agarrara de los hombros y la abrazara. En realidad, medio lo deseaba también.
Nick no hizo tal cosa. Levantó la mano y le tocó la mejilla con delicadeza.
—Los mellizos cuentan con tu presencia. No nos defraudes.
Miley lo miró con los ojos muy abiertos, sobrecogida.
—No lo haré...
Retrocedió un paso y entonces Nick se adelantó, le agarró de la cintura y tiró de ella hacia delante.
—No... —dijo sin aliento.
—Eh, Miley — Nick la miraba sonriente—. Que no te voy a violar.
—Entonces suéltame.
—Deja que te aparte...
—No — Miley tiró con fuerza y dio un paso atrás...
Pero fue para hundir la bota en una boñiga de vaca recién hecha.
—Yo he intentado evitarlo —dijo Nick, a punto de echarse a reír.
—Desde luego... — Miley sacó el pie de la plasta y lo miró con rabia.
—Menos mal que no eres de la realeza. Si no, me habrían cortado la cabeza.
—Quizá lo haga si sigues riéndote de mí —le dijo  Miley—. Me voy para casa.
—¿A darte un baño? — Nick asintió—. Muy sensato. Desde aquí,  Miley, diría que estás un poco maloliente —sonrió—. ¿Entonces te veo el domingo? Con o sin boñiga de vaca.
—Te veré el domingo —dijo  Miley molesta y al momento se volvió y marchó hacia la casa con toda la dignidad posible, a pesar del ruido que iba haciendo al pisar.

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