martes, 21 de agosto de 2012

Capitulo 15.-


Había llegado el momento de segar el heno. El lunes amaneció despejado, apacible y caluroso; estaban a finales de verano y el parte meteorológico no anunciaba más que calor para toda la semana. Miley lo escuchó en la radio mientras desayunaba, y cuando estaba terminando, llegaron Dan y Nick.
Ese día tocaba segar. Miley había asumido que utilizaría el viejo tractor de Jack con la vieja segadora, pero tanto Nick como Dan llegaron conduciendo sendas y enormes segadoras modernas. ¡Con esa maquinaria podrían segar ambos prados en un día!
Miley llamó a Jack y salió al porche a recibirlos. A recibir a Nick...
¿Por qué demonios le hacía sentirse así?, se preguntaba mientras empujaba la puerta mosquitera.
—Buenos días, señorita Cyrus.
Nick Jonas saltó del tractor con agilidad y se acercó a la barandilla del porche a saludarla. Al llegar miró el reloj que llevaba en la muñeca.
—Son las ocho, casi la hora del almuerzo.
—No pensé que fuerais a venir —dijo, intentando ignorar el efecto que le causaban los pantalones ceñidos y la camisa medio abierta de Nick—. Pensé que esperaríais a que refrescara un poco.
—Nosotros no. Cuanto más calor, mejor. Hace la temperatura ideal para segar... o para ir a la playa, dependiendo de lo pausado que sea cada uno — Nick señaló a Dan, sentado en su tractor—. Jack dijo ayer que primero deberíamos segar el prado del río. Nos vamos a hacerlo ahora, así que te veremos por la tarde... a no ser que Jack tenga algo que decirnos.
Esa tarde... Tenían la intención de segar el heno sin ella.
Otro día sin ver a Nick.
—¿Pero y yo?
Miley se metió las manos en los bolsillos y se mordió el labio.
Su intención no había sido ponerse mimosa, pero así había hablado; como un niño que se va a perder algo bueno.
Nick sonrió.
—Puedes bajar a mirar si prometes no meterte en medio —dijo con generosidad.
Miley arrugó la nariz en señal de desagrado y fue hacia el tractor de Dan.
—¿Dan, tienes algo mejor que hacer esta mañana? —le preguntó en tono afable.
—Bueno, siempre hay cosas que hacer... —miró con vacilación a su jefe y después a Miley—. Pero tu heno tiene prioridad. Ya deberías haber hecho la siega hace un mes o más.
—Sí, pero soy capaz de segar igual de bien que vosotros — Miley le dijo de plano—. Si me confiarais uno de estos tractores...
— Miley... — Nick se plantó a su lado rápidamente y le puso las manos en los hombros—. ¿A qué estás jugando? ¿Crees que dejaríamos que una mujer hiciera nuestro trabajo?
¡Vaya!
—¿Estás diciendo que no soy capaz de segar en línea recta?
—Estoy seguro de que sí — Nick sonrió—. O tal vez hacer dibujos...
—Sí, y en espiguilla —dijo Miley con sorna.
Las manos de Nick le estaban poniendo nerviosa. Se apartó y se volvió hacia él.
—De verdad, Nick. Puedo hacerlo igual de bien que Dan y tú... y quiero hacerlo. Es nuestro heno. Así Dan o tú podréis quedaros en casa y no os sentiréis tan culpables.
— Miley...
—Podéis volver los dos para almiarar el heno — Miley les prometió con dulzura—. Necesitaremos tres personas para eso, y últimamente el abuelo tiene bastante artritis.
—¿No está bien? —dijo Nick mirando hacia la casa.
—Solo está cansado —le dijo Miley —. Esta noche le ha dolido la espalda y no ha dormido correctamente. Ahora se le ha pasado, pero lo he convencido para que se quede en casa descansando.
—Escucha, jefe —dijo Dan mirando primero a Miley y después a Nick—. ¿Por qué no tomo prestada la camioneta de la señorita Cyrus y vuelvo a casa? Así podré limpiar el tanque, si la señorita Cyrus está dispuesta a ocupar mi puesto. ¿Te parece bien? —entonces, antes de que Nick pudiera abrir la boca, Dan se bajó del tractor y fue hacia Miley—. ¿Las llaves de su camioneta?
Con su mirada le decía que lo hiciera rápidamente.
Miley le pasó las llaves, anonadada, y Dan se dirigió hacia la camioneta aparcada bajo unos árboles.
—¡Podrías esperar a que te dijera si me parece bien o no! —le gritó Nick.
—¿Qué te parece bien? ¿Trabajar conmigo o con la señorita Cyrus? —Dan le sonrió y después le guiñó un ojo a Miley—. ¡Jesús, jefe, estarías loco si quisieras trabajar conmigo cuando tienes esta alternativa!
Dan puso en marcha la camioneta y se alejó a toda velocidad. Y Nick y Miley se quedaron solos.
—¿Qué diablos... ? — Nick se le quedó mirando fijamente—. ¡Yo no diría que limpiar el tanque fuera tan urgente! —frunció el ceño—. Se está metiendo...
—¿En qué se está metiendo? — Miley le preguntó y  Nick negó con la cabeza.
—A Dan no le gusta Delta—reconoció—. Pero si cree que va a hacer de casamentero...
—No puede hacer de casamentero cuando tú ya has elegido a tu pareja —dijo Miley, a pesar del esfuerzo que le costó hacerlo.

—No —dijo Nick enfadado—. Además, no sabía que quisieras dejar solo a tu abuelo estando enfermo como está —dijo.
—El abuelo está bien solo —le aseguró Miley, y sonrió a pesar de la cara de enfadado de Nick—.Nick, el abuelo ha pasado veinte años solo. Le cuesta soportarme, sobre todo porque me paso el día cantando. Le gusta, pero seguro que agradecerá estar un par de horas solo.
—¿Tú cantas? — Nick le preguntó y Miley sonrió de oreja a oreja.
—Por supuesto. Todo el tiempo. ¿Tú no?
—No... No demasiado. ¿Qué es lo que cantas?
—Oh, cualquier cosa —se apresuró a decir—. Esta mañana canté El Mesías de Handel en la ducha y cuando cerré el grifo el abuelo puso la radio a todo volumen para no escucharme.
Nick negó con la cabeza y esbozó una sonrisa de pesar.
—Estás loca, Miley Cyrus—le dijo con firmeza, olvidándose del enfado; aquella chica era mitad mujer, mitad duende, y la resolución de Nick empezaba a tambalearse un poco... o quizá bastante—. El hombre que se encargue de ti será un valiente.
—Entonces, menos mal que tengo al abuelo — Miley le respondió, desafiándolo con la mirada—. Y me alegro de que él no sea tan exigente como tú, Nick... ¿Bueno, empezamos ya?
—Estoy deseando —dijo Nick con solemnidad.
Esa fue la última vez que hablaron durante toda la mañana. Podrían haberse separado, encargándose cada uno de uno de los prados de heno seco. Pero sin necesidad de hablarlo decidieron trabajar en equipo. Iban segando un tractor junto al otro, Miley algo más lenta que Nick. De ese modo había que prestar más atención, pero resultaba mucho más divertido que hacerlo sola.
¿Más divertido?
Miley era tan consciente del hombre que ocupaba el tractor de al lado que se pasó toda la mañana agarrada al volante con fuerza.
Miley se esforzó al máximo para no quedarse atrás, y al terminar la mañana, el primer prado estaba plano y el heno segado y secándose al sol. Tres días de sol y estaría listo para almiarar. Eso significaba que tendrían alimento para el invierno, más un poco para vender.
Al terminar la última fila, apagó el motor del tractor y saltó al suelo en el mismo momento en el que Nick se detenía junto a ella.
El enorme tractor de Miley había pasado toda la mañana vibrando y al bajar le pareció como si pisara tierra firme después de muchos meses en el mar.
A Miley le fallaron las piernas y se agarró al tractor para no caerse.
— Miley...
Nick se adelantó rápidamente y la agarró de la cintura con sus manos fuertes. La miraba con cierta preocupación.
—Parece que no eres tan capaz como pensabas, ¿no, señorita Cyrus?
—Soy capaz...
Miley intentó apartarse de él, pero las piernas no le funcionaban. Cosa rara, la cercanía de Nick no le estaba ayudando a recuperar el equilibrio.
—Solo tengo... calor.
Nick sacó un enorme pañuelo para que se limpiara el sudor de la cara.
—Debería haber parado antes. Necesitamos cabinas con aire acondicionado —dijo Nick con pesar mirando la cara congestionada de Miley con inquietud—. Las tenemos en las cosechadoras.
—Qué suerte tienen los que cosechan el trigo —consiguió articular Miley—. Es una pena que esto sea heno en lugar de trigo.
—Es cierto —la miró detenidamente—. Ya has hecho suficiente. ¿Quieres que llame a Dan para que siga esta tarde?
—No —aunque su respuesta pareciera grosera, no pensaba reconocer que estaba cansada—. Puedo hacerlo. Aunque no me importaría comer algo. ¿Quieres venir a casa a tomar un sándwich?
—¿Le importará mucho a Jack si no lo hacemos?
Miley intentó pensar, pero solo era consciente de la sensación que le producían las manos de Nick Jonas.
—No —dijo al fin—. Jack está tan acostumbrado a hacerlo todo solo que a menudo come antes de que llegue yo. Pero... —vaciló—. La verdad es que necesito media hora de descanso.
—¿Pero, estás segura de que podrás continuar?
—Estoy segura.
Nick sonrió con admiración.
—Una hora de descanso sería mejor —decretó—. Y una hora al abrigo de este sol. Bajemos al río.
—Debería haber traído sándwiches...
—No hay necesidad —dijo Nick alegremente—. La señora Brown ha venido temprano hoy y aquí tenemos todo lo necesario —dijo a Miley y fue hacia la cabina del tractor, de donde sacó una nevera portátil—. El almuerzo está servido, señora —le dijo a Miley; le tomó la mano y echó a andar—. ¿Puedes llegar hasta el río?
El río estaba en la base del prado que habían segado. Altos árboles del caucho bordeaban la ribera, y desde donde estaban a pleno sol, Miley percibió el suave murmullo de las aguas.
—Claro que puedo llegar hasta allí —dijo con dignidad—. Por llegar al río... sería hasta capaz de correr.
Tardaron dos minutos en llegar al río, donde las tupidas copas de los árboles resguardaban la zona del sol.
El río era precioso. Miley se detuvo cerca de la orilla y contempló su belleza.
—Deberíamos habernos traído el bañador —dijo Nick con pesar; la miró con una expresión de duda dibujada en su rostro y Miley adivinó lo que estaba pensando.
De no haber estado ella presente, se habría quitado la ropa y se habría metido en el agua a toda velocidad.
Y ella habría hecho lo mismo. No podía nadar con los pantalones vaqueros y las botas de cuero. Si Nick no estuviera allí...
Bueno, desde luego no pensaba perderse el chapuzón solo porque él fuera hombre y ella mujer.
Aunque no era eso lo que en realidad le echaba atrás, sino más bien el que ese nombre fuera Nick Jonas.
¡Qué ridiculez!
—No voy a dejar que eso me detenga —dijo con firmeza—. Sobre todo con el calor que tengo. Tengo el trasero ardiendo de haber pasado tantas horas sentada en ese asiento de plástico, y el resto no puedo decir que esté mejor.
— Miley...
—Suéltame, Nick —le ordenó, retirando la mano—. Tengo cosas más importante que hacer que quedarme aquí a discutir contigo.
Entonces, antes de que Nick pudiera contestar, Miley  se había quitado las botas y los pantalones y corría hacia el agua.
Con una camiseta que le llegaba por debajo de las caderas, Miley estaba mucho más respetable que si hubiera ido en bikini, pero aun así sintió cierta timidez. Aunque solo fue hasta que se metió en el río.
Echó a correr y se sumergió en el agua fresca y deliciosa. La frescura del agua la envolvió como una bendición, limpiándola de todo el polvo, la suciedad y el polen de una pasada. La goma que le sujetaba el pelo se le soltó y la rizada melena flotó a su alrededor.
Bendita liberación...
Buceó un poco más al fondo. Se estaba quedando sin aire y tendría que emerger pronto.
En la superficie estaría Nick Jonas, observándola.
Bueno, no podía quedarse debajo del agua para siempre. Miley era una buena nadadora, pero todo nadador tenía su límite. Tomó impulso y subió a la soleada superficie.
Al hacerlo, encontró a Nick exactamente donde lo había dejado; con la nevera en la mano y observándola mientras sacaba la cabeza del agua, como si fuera un extraterrestre.
—¿Qué estás haciendo ahí fuera? —le preguntó, jadeando por haber pasado tanto tiempo sumergida—. El agua está muy rica.
—Yo no... —el hombre parecía desconcertado.
—¿No sabes nadar? ¡Pues métete en donde no cubre y chapotea!
Desde el centro del río, Miley le salpicó antes de volver a sumergirse con rapidez.
Cuando salió de nuevo a la superficie, Nick Jonas ya no estaba en la orilla. Miley respiró hondo tres veces, miró a su alrededor y volvió a desaparecer bajo el agua.
Pero no fue voluntariamente.
Un par de fuertes manos tiraron de ella hasta que tocó el fondo arenoso con las puntas de los dedos, y después la soltaron de modo que pegó un bote como si fuera un tapón de corcho.
Sacó la cabeza del agua, tosiendo y riéndose al mismo tiempo.
—Rata de agua... —la cabeza de Nick apareció junto a ella y Miley se volvió para mirarlo—. ¿Cómo te atreves? Podría haberme ahogado...

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