—Puedo salir sola —consiguió decir—. Yo ya soy mayor...
—No lo eres —
Nick se echó a reír, la agarró por las axilas y la sacó del agua.
Miley salió del agua y
Nick la agarró para que no se cayera.
—Ves. No eres tan mayor —dijo en voz baja.
Nick no la soltó, sino que siguió agarrándola como si
Miley fuera a escapar.
Miley pensó que debía apartarse de él, pero en lugar de eso se relajó contra su cuerpo, sabiendo que lo estaba empapando.
Nick le bajó las manos hasta la cintura, sin ceder ni un momento, como si quisiera protegerla.
—
Miley...
Miley tenía el vestido tan pegado que era como si no existiera. Sintió la potente masculinidad del cuerpo de
Nick junto al suyo, y de repente
Miley notó que no podía respirar.
—
Nick... Suéltame... —susurró.
—No sé si debo —sonrió—. Tal vez debería apresarte y encadenarte.
—¿Qué dices? —dijo con un hilo de voz.
—Mis perros han estado toda la tarde conmigo —dijo
Nick pausadamente—. Normalmente son leales, no se apartan de mi lado. Pero a eso de las cuatro menos diez oí un silbido que salía de la casa. Ambos perros se largaron a investigar... y no volvieron. A los cinco minutos descubro que están de nata y toffee hasta los bigotes. ¿Extraño, verdad, señorita Cyrus?
—Mucho...
Tal vez fuera extraño, pero no tanto como lo que
Miley sentía en esos momentos. Era como si
Nick Jonas y ella estuvieran hechos el uno para el otro.
—Solo conozco a una persona que silba de ese modo —le dijo al oído y
Miley consiguió sonreír.
—Debes salir con personas muy extrañas —dijo
Miley —. En los círculos en los que yo me muevo, ese tipo de silbidos son muy comunes.
—¿Qué círculos son esos, señorita Cyrus?
—Los de personas agradables —dijo con convencimiento—. Mi abuelo. Mis padres. Los mellizos y Paddy.
—Los silbidos son normales.
—Desde luego.
—Entiendo...
Se hizo silencio.
Miley estaba chorreando y mojando el suelo, pero ni ella ni
Nick parecieron darse cuenta.
Miley solo era consciente de los latidos de su corazón.
—Había manchas húmedas sobre las camas de los niños —
Nick dijo por fin—. Como si se hubieran lavado. ¿Cómo vas a explicar eso?
—¿Manchas húmedas? —
Miley se apartó de
Nick y lo miró fingiendo indignación—. ¿Bueno, qué esperas,
Nick Jonas Acabas de enviar a dos niños empapados a su habitación para que se sequen y se vistan.
—Ya estaban antes.
—No —
Miley negó con la cabeza—. Es imposible. Siento corregirte, pero debes de haberte equivocado —entonces hizo una pausa—. O tal vez... Sí, creo que envié a Matt a la habitación para que buscara un patito de goma... Y seguramente la mojó entonces.
—
Miley...
—¿Sí? —le sonrió.
Nick miró detenidamente la cara risueña de
Miley y esbozó una medio sonrisa. Parecía como si no estuviera muy seguro de lo que le estaba ocurriendo.
—Estás totalmente loca, Miley Cyrus —dijo por fin—. Llevas aquí menos de una semana... y ya me has vuelto la vida del revés.
—¡No! —
Miley fingió desolación—. ¿De verdad? Espero que no sea por mi culpa.
Pero, de repente,
Miley lo miró y dejó de sonreír. En sus ojos vio un interés por el que se habría vuelto loca diez años atrás; y en ese momento no sabía cómo responder.
Sabía cómo quería responder, y cómo su cuerpo estaba respondiendo. Sentía la necesidad de sentirse amada por el hombre que amaba.
Nick la miró con intensidad. Sus ojos la devoraban, como un hombre deseoso de algo que estaba fuera de su alcance, y
Miley entendió que él sentía lo mismo que ella.
Santo cielo... Sentía su necesidad...
Y aquel hombre estaba prometido en matrimonio a otra mujer. A
Delta Podger, una esposa razonable y conveniente.
Así que
Miley se apartó de él, no sin gran esfuerzo. Entonces alcanzó una toalla, se la echó por encima y fue hacia la puerta.
—
Nick... Si me disculpas —dijo con voz temblorosa—. Me marcho. Gracias por la fiesta. Ha sido estupenda —consiguió sonreír tímidamente—. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto.
—Pero... —
Nick fue tras ella, pero
Miley ya había salido—.
Miley...
Cuando Nick llegó a la habitación de los mellizos, ella ya estaba junto a la ventana.
—¿Dónde demonios vas? —le preguntó confundido.
—Ya te lo he dicho —Miley sonrió a los atónitos mellizos mientras echaba una pierna por encima del alféizar—. Voy a bajar por el árbol.
—¡No puedes!
—Observa cómo puedo —dijo Miley sin más y se agarró a una rama; entonces se volvió para sonreírles—. Yo en vuestro lugar —dijo con amabilidad— limpiaría el cuarto de baño. Y me cambiaría la camisa,
Nick La tienes toda mojada por la parte de delante. Y si Delta encuentra el suelo lleno de espuma... Bueno, quién sabe a quién podría acusar.
Nick y los mellizos limpiaron el cuarto de baño en silencio para que nadie se enterara. Después,
Nick se cambió de camisa, dejó a los mellizos jugando al Monopoly y bajó a la fiesta.
Caía la tarde y Delta estaba despidiendo a algunos de sus invitados.
Nick se puso a su lado para hacer lo mismo.
—Feliz cumpleaños.
Feliz cumpleaños...
Aquel día cumplía treinta años, pero le parecía increíble.
Miley Cyrus le había dicho que parecía como si tuviera ochenta... Y así era como se sentía en realidad.
Había decidido que deseaba aquel tipo de vida,
Nick se dijo con firmeza mientras sonreía al lado de
Delta hasta dolerle la cara.
Nick recordaba las fiestas que su madre había organizado cuando era pequeño. Margaret Jonas había sido una estupenda anfitriona y una buena madre; y los mellizos tenían derecho a disfrutar del mismo estilo de vida que había disfrutado su padre.
Ese era el papel de
Delta.
Les daría a los mellizos una infancia estable, y sería esposa y madre...
—¿Te ha gustado la fiesta? —le preguntó
Delta cuando el último de los invitados se despedía de ellos por la ventanilla de su BMW.
—Por supuesto —
Nick le echó el brazo a la cintura, pero solo porque le parecía lo correcto.
Fue un gesto previsible; su corazón no deseaba a
Delta.
Pero aquella era la vida que llevaría de entonces en adelante. Una vida previsible, planeada, controlada. El tipo de vida en la que unos niños podrían crecer sabiendo lo que se esperaba de ellos.
Hasta la semana pasada no había tenido ningún problema con la educación de los niños. ¿Entonces por qué de pronto todo le parecía tan funesto?
—Siento lo de la tarta de cumpleaños —
Delta dijo con pena—. Me ha dado tanta rabia. Uno de los camareros ha debido de dejarse la puerta abierta; a pesar de que todos lo niegan.
—No tiene solución ya.
—Si pudiera probar que ha sido un descuido suyo, podríamos restárselo de su salario.
—Dudo que sepamos quién ha sido —
Nick murmuró pensando en el limpio cuarto de baño del primer piso y en el montón de toallas húmedas esperando en el cesto de la ropa sucia para que la señora Brown se ocupara de ellas al día siguiente.
La señora Brown sabría guardar el secreto.
Delta miró el reloj.
—Los mellizos se han portado bien —sonrió con aprobación—. Son casi las cinco y no se les ha visto el pelo.
—Subí antes a ver cómo estaban —le dijo
Nick—. Estaban leyendo y un poco aburridos. Les metí en la bañera y luego les puse el pijama.
—No me digas... —
Delta frunció el ceño—. ¿Mientras estaban aquí nuestros invitados?
—Se sentían un poco abandonados,
Delta —dijo
Nick con gravedad—. No creo que se lo hayan pasado demasiado bien en mi fiesta de cumpleaños —suspiró—. Me parece un poco injusto no dejar a los niños participar en estas cosas...
Ohhh Shiii :)
ResponderEliminarAcaso Nick no se da cuenta que Miley sería la madre perfecta... ya creo que no :/
Bobo, pero dioss como me hacen reír ese trio xDD
Sube pronto, bye c: