viernes, 3 de agosto de 2012

Capitulo 10.-

La había perdido.
Sabía el momento exacto en que ocurrió. Sabía las palabras exactas que había pronunciado. Había dejado que la ira y la confusión que sentía hablaran por él.
Nick se paseó por el silencioso estudio, pendiente de la curiosa mirada de Dixie.
No quería ir a su habitación. Aunque habían pasado semanas desde que había dormido con ella, todavía buscaba su presencia durante la noche. Cada mañana se despertaba con las manos vacías y con un terrible sentimiento de soledad.
Miley lo había llenado por completo y lo había hecho sentirse como si hubiera encontrado su lugar en el universo. De una manera agradable pero firme al mismo tiempo, lo había obligado a verse de un modo diferente. Tenía que haberla retenido a su lado. Tenía que haberla protegido.
Se sentó en el sofá y se quedó mirando al vacío. Ni siquiera podía asomarse a la balconada. Recuerdos de escenas de amor con ella le hacían detenerse a mitad de camino.
Tenía que hacerla volver. Se frotó la cara con frustración. Tenía que hacerla volver, pero no sabía cómo.

Nick sonrió al oír la risa de Miley al otro lado de la puerta de la oficina. Estaba entreabierta, y pudo verla de pie entre Selena y un hombre que le pasaba las manos por el vientre, que ya empezaba a notarse.
—Mira —dijo Miley con los ojos llenos de excitación. Su aspecto era inocente y sexy al mismo tiempo—. ¿Lo has sentido?
Selena entornó los ojos para concentrarse.
—No lo sé —dijo—. ¿Tú qué piensas, Kevin? ¿Cómo se puede ver la diferencia entre el movimiento de un bebé y una indigestión?
—¡Se ha movido otra vez! —dijo Miley.
—Lo he notado —murmuró Kevin al tiempo que pasaba ligeramente la mano por el vientre de Miley. Ver la mano de otro hombre tocándola hizo que a Nick le hirviera la sangre. Sintió el impulso de romperle la mano a aquel tipo. Respiró profundamente y meneó la cabeza.
—Puede que la camisa sea un obstáculo —sugirió Kevin.
—¿Tú crees?
Parecía como si Miley estuviera realmente considerando la idea de levantarse la camisa. «Eso será en otra vida», pensó Nick al tiempo que entraba por la puerta.
La mirada de ella se encontró con la suya. Sus brillantes ojos le hicieron sentir el amo del mundo.
Pero aquella sensación no duró mucho. La chispa se oscureció, como si Miley hubiera recordado que no debía tener aquellos sentimientos hacia él.
Nick cerró el puño en señal de frustración.
—El bebé se está moviendo —le dijo Miley—. Está dando pataditas. Kevin y Sel querían sentirlo.
Nick se acercó a ella sin apartar la mirada de sus ojos.
—A mí también me gustaría sentirlo. ¿Todavía se mueve?
Miley asintió con la cabeza y le guió la mano hasta su vientre. Nick vio cómo Kevin apartaba la mano, y eso le hizo sentirse mejor. Un profundo silencio invadió la habitación. Nick cerró los ojos para concentrarse y sintió un suave movimiento procedente del interior de Miley.
Abrió los ojos, atónito.
—Lo he sentido. ¿Ese es el bebé? —preguntó.
—Sí —contestó Miley con una amplia sonrisa—. ¿Qué te parece, futbolista o gimnasta?
—Las dos cosas —contestó él con decisión.
Kevin se aclaró la garganta.
—O a lo mejor tienes un campeón de boxeo —añadió mientras lanzaba a Nick una mirada desafiante. Luego, se dirigió a Miley—. Dime algo acerca de mi propuesta para el sábado por la noche, ¿de acuerdo? He dejado mi número en tu escritorio.
—De acuerdo —contestó Miley ligeramente inquieta.
—Ha sido un golpe bajo bastante acertado —comentó Selena una vez que Kevin se hubo marchado—. Esto parece una competición.
—Selena—dijo Miley— en tono de advertencia.
Selena sonrió y tamborileó los dedos sobre una hoja de papel que había encima del escritorio.
—No te preocupes. Una pequeña competición es algo muy saludable. ¿No es eso lo que dicen los capitalistas, Nick? —Selena se dirigió despacio hacia la puerta—. Que paséis una buena tarde.
Nick sonrió y apretó el puño dentro del bolsillo del pantalón.
—Lo mismo digo, Sel —dijo Miley. Luego, cerró la puerta de la oficina y suspiró—. Está loca —dijo mirando a Nick.
—Quizá. ¿Cuánto tiempo lleva Kevin viniendo por aquí?
—Es uno de los profesores —respondió Miley encogiéndose de hombros—. Un buen chico.
—¿Cuánto tiempo lleva detrás de ti?
—¿No te parece una manera un poco brusca de decirlo? El único interés que tiene es halagarme, considerando que me siento tan capaz de despertar excitación como una barra de pan.
—¿Por qué? —preguntó Nick incrédulo.
—He tenido náuseas durante seis semanas. Ahora, estoy perdiendo cintura. Estoy en la fase de engorde —comentó Miley.
—No, no lo estás. Simplemente se te está empezando a notar.
Ella meneó la cabeza y sonrió.
—Eres muy amable.
—No tienes ni idea de lo sexy que estás.
Miley se sonrojó y levantó la mano en señal de protesta.
—No tienes que intentar hacerme sentir mejor. Yo…
Nick la atrajo hacia sí y la besó hasta que ella se relajó. Le deslizó una mano hasta el cuello y le acarició la oreja con los labios.

—Noto tus pechos más llenos, y seguro que están más sensibles —musitó al tiempo que le acariciaba los senos. Notó la señal de excitación en sus pezones.

Quería ir más lejos. Quería tocarla con la boca y degustarla con la lengua. Quería quitarle la ropa y hacerla suya de todas las maneras posibles. Pero sintió que ella dudaba. Sus sentimientos contradictorios eran fuertes, y él no podía tomarla en aquel estado. La quería totalmente abierta a él.

Nick bajó la mano hasta la cintura.
—Tienes más curvas que nunca. Los hombres te miran y ven a una mujer madura y sensual. Aún conservas tu cintura, pero el bebé está creciendo. ¿Sabes cuánto me excita saber que tienes a mi hijo creciendo dentro de ti?
Miley respiró con suavidad.
—Me resulta difícil de creer. Dijiste que no querías…
No la dejó seguir hablando. No quería oír de nuevo aquellas palabras absurdas que una vez pronunció.
—Ahora pienso de otro modo.
Miley lo miró con ojos inquisitivos. Algo desconfiada, elevó la mano para acariciarle la barbilla.
—¿Ah, sí? ¿De veras piensas de otro modo?
—Sí. Deja que te lo demuestre.
Miley cerró los ojos y se estremeció. Se inclinó hacia él, y Nick sintió la embriagadora anticipación de la victoria. Pero ella se echó hacia atrás. Sus temblorosas manos le ofrecieron un escaso consuelo. El la quería entera.
Miley dio un paso atrás y desvió la mirada.
—¿Qué te ha traído aquí esta noche?
—Necesito hablar contigo —contestó él.
Ella debió de percibir el tono pesimista de su voz, pues lo miró con expresión burlona.
—¿De qué?
—Preferiría hablar en otro sitio. ¿Te parece bien después de cenar, en mi casa?
Nick quería presionarla. A pesar de las repetidas invitaciones que le había hecho, ella no había pisado su casa desde que se fue a Cheyenne.
—¿Por qué no tomamos comida china en mi casa? Invito yo —dijo Miley con una sonrisa tentadora.
—Yo pagaré —respondió Nick sin dilación.
—No —respondió ella, sorprendiéndolo con su firmeza—. El hecho de que seas rico no significa que siempre tengas que pagar.
Nick pestañeó. ¿Una mujer pagando por él? Aquello no tenía precedentes.
—Parece que te hubiese dado una bofetada.
Luchando contra la perspectiva de que ella pagara, Nick meneó la cabeza sin saber qué contestar.
—No sé qué decir.
Ella se aferró a los bordes de su chaqueta.
—¿Qué te parece: «Gracias. Tomaré setas con bambú»?
De nuevo, Miley había conseguido darle la vuelta a la situación. Nick asintió con la cabeza.
—Está bien. Gracias. Tomaré pollo con almendras.
—Nos veremos en mi casa —dijo ella con una sonrisa.
Una hora más tarde, cuando terminaron el último bocado, Miley se llevó las manos al estómago y, dijo con voz quejumbrosa:
—No puedo creer que haya comido tanto. Hace sólo un par de semanas, apenas podía tomar unas cuantas galletas.
Nick la miró mientras tomaba un sorbo cerveza.
—El bebé está acelerando su proceso de crecimiento.
—O lo estoy haciendo yo —dijo ella con ironía, previendo la tabla de ejercicios que tendría que hacer el verano siguiente—. Pero me ocuparé de eso más adelante. Cada cosa a su tiempo. Primero, la ropa de premamá. Estoy, pensando también en el dormitorio, pero no creo que haga nada definitivo hasta el último trimestre.
—El dormitorio —dijo Nick meneando la cabeza—. No se me había pasado por la cabeza hasta aquel día que estuvimos en la tienda de ropa infantil.
Sus miradas se cruzaron, y Miley supo que él estaba recordando el preciso momento en que la besó. Respiró profundamente. El efecto que Nick producía en ella era aún tan poderoso, que le resultaba difícil mantener la cabeza fría. Incluso en la oficina, había deseado estar con él, tenerlo más cerca. Pero no podía ser, se decía una y otra vez. Todo había acabado.
—¿Cómo decora una psicóloga el cuarto de un bebé? —preguntó él, devolviéndola a la realidad.
Miley bajó un poco la cabeza y fue a tirar los envases de cartón a la basura.
—Tengo planeado usar un enfoque científico con los colores para que el entorno del bebé evoque una atmósfera de seguridad y confort.
Nick la miró con escepticismo.
—¿Un enfoque científico con los colores?
—Sí —afirmó ella volviendo a sentarse—. Se han llevado a cabo muchos estudios para encontrar el color más relajante.
—Me muero de curiosidad. ¿Cuál es?
«Seguro que va a refunfuñar», pensó Miley.
—El rosa chicle.
Los ojos de Nick se abrieron horrorizados.
—¿Bromeas?
—En absoluto. Los estudios realizados en las prisiones demuestran que el color rosa chicle es el que produce efectos más calmantes en los presos.
¿Presos? Nick se pasó una mano por la cara.
—¿Y si tienes un niño? No le pondrás la habitación rosa, ¿verdad? Sus compañeros lo llamarán afeminado.
—¿Tienes idea de lo sexista que suenan tus palabras?
—¿Y tú? ¿Quieres que tu hijo quede marcado para siempre porque le pintaste la habitación de rosa? —preguntó Nick enfatizando la última palabra con disgusto.
—Bueno, puede que haya otra elección.
—Amarillo.
—No —dijo Miley con un movimiento de cabeza—. Los estudios demuestran que los bebés lloran más fuerte y por más tiempo cuando están en habitaciones pintadas de amarillo. Estaba pensando en el verde. Se supone que el verde tiene también efectos relajantes.
Nick se sintió aliviado.
—No me sorprende. ¿Por qué crees que hacen el dinero verde?
Miley puso los ojos en blanco y se echó a reír.
—A veces no entiendo la manera en que funciona tu mente.
—Lo mismo digo —Nick le devolvió la sonrisa ¿Qué más vas a poner en la habitación?
—Creo que la decoraré con motivos de animales para bebés. He visto un papel precioso que representa el Arca de Noé. Y también quiero poner varias cajas de música… —Miley se interrumpió, tratando de apaciguar su excitación—. Sé que no es muy práctico. Si fuera una persona práctica, me centraría en el aspecto educativo.
—Eso puedes hacerlo más adelante, ¿no? —dijo él colocando la mano sobre la de ella.
Un cúmulo de emociones embargó a Miley al sentir su contacto. Se sintió desesperada. Cerró los ojos unos segundos, y luego volvió a abrirlos. ¿Lograría alguna vez olvidar a aquel hombre?
Súbitamente, recordó que Nick deseaba hablarle de algo.
—¿Qué querías decirme?
Los ojos de él se oscurecieron. Tardó unos momentos en contestar.
—Quería que supieras que si muero o resulto incapacitado, hay una póliza de seguros a favor de ti y del niño.
A Miley se le encogió el corazón.
—¿De qué estás hablando?
—Es un seguro de vida. Si muero o sufro algún accidente que me incapacite para trabajar, el niño y tú estaréis bien atendidos. Recibirás un cheque mensual, y el bebé recibirá una cantidad considerable cuando cumpla dieciocho años. Una especie de sueldo hasta que cumpla los veinticinco. Luego, a los treinta, recibirá el resto.
Miley intentó quedarse con los detalles, pero estaba totalmente absorta con la idea de que Nick resultara herido.
—¿De verdad crees que esto es necesario?
—Lo es para mi paz mental. También habrá que pensar en alguien que cuide del niño en caso de que a nosotros nos ocurra algo. Pasé la mitad de mi niñez aterrorizado, temiendo que mi madre muriera y me enviaran a un orfanato.
Miley meneó la cabeza. La mente le daba vueltas.
—¿Cómo he podido olvidarme de todo eso? Y yo preocupada pensando en tomar vitaminas y en la decoración del dormitorio.
—Habrías caído en la cuenta, antes o después —dijo Nick encogiéndose de hombros—. Hoy he ido a…
Miley esperaba que le dijera por qué había ido aquel día, pero él no dio más explicaciones.
—¿Por qué hoy?
Chris Nick entornó los ojos y ladeó la cabeza.
—Supongo que podríamos considerarlo como un aniversario. Hoy hace diez años que murió mi madre.
—Oh —Miley se recostó la cabeza en la mano—. Imagino que tendrás muchos recuerdos.
Él esbozó una leve sonrisa y asintió con la cabeza.
—No todos son malos. Recuerdo una vez que intentó enseñarme a pescar, pero odiaba la idea de usar gusanos, así que utilizamos diferentes cosas. Cuando conseguimos pescar un pez, gritó tan alto como si hubiésemos atrapado un atún de cinco kilos. Y sólo era un pececillo insignificante.
Miley percibió el flujo de emociones que se reflejaba en los oscuros ojos de Nick, y sintió lo mismo en su interior.
—¿Te pareces a ella?
—En los ojos —contestó él mirándola fijamente.
—¿Qué personalidad tenía?
—No sé cómo sería antes de tenerme a mí. Pero recuerdo que deseaba verla sonreír más a menudo. La mayoría de las veces su aspecto era serio, y siempre estaba cansada.
Miley pensó en aquel pequeño muchachito y en cómo habría lamentado ser una carga para su madre. Se le formó un nudo en la garganta.
—No quiero que eso te ocurra a ti —dijo Nick.
—¿Que me ocurra qué? —preguntó ella frunciendo el ceño.
—No quiero que pierdas tu sonrisa. No quiero que dejes de reír. Y no quiero que te sientas cansada todo el tiempo.
El poder que había en su mirada la estremeció.
—No soy como tu madre, Nick. Estaré bien.
—Puedes estar segura de que lo estarás —él se levantó y empezó a pasearse por la habitación—. Todavía no he solucionado todos los detalles, pero también quiero abrir una cuenta para que recibas un cheque cada mes.
Confusa, Miley observó su rostro preocupado.
—¿Te refieres al seguro de vida?
—No. Este cheque lo recibirás mientras yo esté vivo.
Miley se puso de pie al comprender sus intenciones.
—No. Ya te he dicho que no quiero…
—Mantendré a mi hijo —la interrumpió Nick con firmeza.
Miley suspiró.
—Pero tú no elegiste esta situación.
—Ni tú tampoco.
Se miraron a los ojos durante varios segundos.
—Mi abogado dice que puedo establecerlo como desee. Cuando le dije que no te casarías conmigo, me comentó que podía estipular un bono de cien mil dólares en caso de que nos casáramos. Si creyera que iba a funcionar lo haría, Miley.
La tristeza la invadió. Nick no comprendía nada.
—No quiero tu dinero.
—Lo sé.
La soledad que Nick sentía en aquel momento penetró en ella. Detestaba verlo sufrir, y sabía que no podía evitarlo. Sintió un enorme deseo de acercarse a él.
Le acarició el brazo y percibió su tensión. Él le tomó la mano y se giró para mirarla.
—Todavía te quiero —dijo con la voz quebrada.
A Miley se le encogió el corazón. Tragó saliva para deshacer el nudo que sentía en la garganta, y respondió:
—No quiero que te sientas solo.
Nick la abrazó.
—Entonces quédate conmigo.
Ella exhaló un suspiro.
—Eso nos acarrearía otros problemas.
—No veo cuáles —repuso él al tiempo que acercaba su boca a la de ella.
Miley olió su perfume y sintió cómo su sentido común se desvanecía. Le rodeó el cuello con los brazos.
—Oh, Nick, ¿qué estamos haciendo? —susurró.
—Sólo nos estamos besando.
La lengua de Nick se adentró en su boca. Para Miley, aquello era algo más que un simple beso. Su cuerpo se estremeció y sus manos desearon explorarlo, proporcionarle placer. Quería poseerlo y ser poseída por él.
Se echó hacia atrás y posó la cabeza en la barbilla de Nick. Necesitaba respirar para aclarar su mente, pero el aroma de él se lo impedía.
—Quiero estar contigo, pero no estoy segura de que sea lo mejor.
—Siempre ha sido lo mejor —respondió Nick con una risita desprovista de humor—. Siempre ha sido lo correcto. ¿De verdad creíste que lo que sentimos el uno por el otro podía desaparecer? —preguntó tomándole la barbilla con los dedos.
Miley recordó la horrible conversación que habían tenido sobre su embarazo. En aquellos momentos, había perdido toda esperanza.
—Sí, lo creí.

3 comentarios:

  1. Awwwwwsssss *-* Quiero el siguiente!!!!! Me encantó el capi y el final me dejó como ... O.o
    Cúidate, besis, bye c:

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  2. hay que arreglen sus problemas los dos están sufriendo x el bebe ojala y se reconcilien sube prontico cuídate.

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