Con los ojos cerrados, Miley se colocó delante del ventilador y se imaginó en una playa frente al océano. La imagen le relajó los nervios y calmó las náuseas que la atormentaban desde hacía semanas.
De pronto sonó el timbre.
Miley emitió un gruñido y se dirigió cautelosamente hacia la puerta. Al abrirla se encontró cara a cara con Nick. El corazón le dio un brinco, y se regañó mentalmente por haber acudido a abrir con tanta prisa.
Él se quedó mirándola y arrugó la frente.
—Estás pálida. Tienes un aspecto horrible.
Justo lo que Miley necesitaba oír.
—Se agradece la sinceridad —contestó— Estaré encantada de hablar contigo luego, pero en estos momentos estoy haciendo mi terapia anti náuseas —intentó cerrar la puerta, pero Nick la bloqueó con el pie.
—¿Terapia anti náuseas? —preguntó arqueando las cejas.
Sin ánimos para oponerse a un hombre que parecía poseer la fuerza de un dios, Miley lo dejó pasar.
—Con el ventilador —explicó mientras volvía a sentarse delante del aparato— Imagino que estoy en una playa, en invierno. El mar es precioso, y la caricia de la brisa me relaja.
—¿No puedes tomar ningún medicamento?
Al oír tan de cerca la voz de Nick, Miley tuvo serias dificultades para mantener la imagen de la playa. Percibía su aroma limpio y masculino, sentía su calor, y pensaba en el tacto de su piel. Recordaba el poder de su pasión y de su cuerpo cuando le hacía el amor.
—No puedo tomar medicamentos para combatir las náuseas —dijo al fin— Si esto no da resultado, tendré que recurrir a algún hechicero africano —notó cómo Nick le acariciaba el cabello.
—¿Sueles sentirte mal a menudo?
—Todas las mañanas.
—Estás demasiado pálida. ¿Seguro que te encuentras bien? —inquirió Nick en un tono de voz, bajo y preocupado, que le llegó al corazón.
—El médico afirma que el niño está bien. De hecho, algunos estudios defienden que sentir náuseas durante el primer trimestre es una buena señal.
Siguió un denso silencio, roto únicamente por el zumbido del ventilador.
Miley se giró para mirar de soslayo a Nick. Él soltó una risita y le sostuvo la mirada.
—¿Qué sucede? —preguntó ella.
Nick le pasó los dedos por el cabello.
—La primera vez que te vi, alborotaste mis hormonas más de lo normal.
Miley tomó aliento. Se sentía atrapada por la profundidad de su mirada, por el roce de su mano en su cabello. En sus ojos oscuros se reflejaba un destello de calor y de honda ternura.
Nick colocó la otra mano sobre la de Miley, rozando su suave piel con la palma ligeramente encallecida. Sus dedos se entrelazaron con los de ella, del mismo modo que se habían entrelazado sus vidas.
No obstante, las acusaciones de Nick aún reverberaban en los oídos de Miley. Se abrazó a sí misma instintivamente. No podía abrirse a él hasta ese punto de nuevo. Si hubiera confiado en su inteligencia, y no en sus emociones, la vida sería ahora distinta.
Pero, ¿sería mejor?, inquirió su conciencia. Miley sacudió la cabeza y se levantó.
—Ya me siento mejor.
Nick se acercó a ella.
—¿Quieres que te traiga algo para desayunar?
Ella frunció la nariz.
—No, gracias. No me gusta el olor del desayuno.
—¿Café?
Miley hizo una mueca de asco.
—Tampoco me gusta.
—Tienes que comer algo —insistió Nick.
—Sí como —dijo ella dirigiéndose a la cocina— Galletas y vitaminas. De hecho, voy a tomar unas cuantas ahora mismo.
—Quiero ir contigo al médico.
Miley lo miró pestañeando.
—¿Para qué?
La mandíbula de Nick se tensó.
—Quiero conocer a tu médico. Es conveniente que… conozca al padre de la criatura.
Miley se sintió invadida por una oleada de sentimientos contradictorios, pero trató de ser razonable.
—De acuerdo. Puedes acompañarme cuando quieras. ¿Quizá cuando me haga una ecografía?
Nick asintió.
—Sí, pero te acompañaré las demás veces.
Reacia a aceptar que Nick invadiera su vida de nuevo, Miley frunció el ceño mientras tomaba la caja de galletas.
—Las visitas son muy aburridas.
—A pesar de todo, iré —dijo él con voz firme.
—No me hacen nada del otro mundo, Nick. Me pesan, me toman la tensión, escuchan los latidos del niño…
Él abrió los ojos de par en par, sorprendido.
—¿Ya? ¿Ya has escuchado los latidos del niño?
La expresión maravillada de su rostro conmovió a Miley. No obstante, se sentía impulsada en dos direcciones distintas. Había conocido y amado a Nick demasiado para no permitirle que conociera y amara a su hijo. No obstante, cada minuto que pasaba a su lado le cortaba como una cuchilla. No sabía si podría soportarlo.
Nick encontró a Miley sentada delante del ventilador que le había enviado al despacho. El aire mecía su cabello rubio.
Pese al hecho de que había cambiado su vida en muchos sentidos, Nick aún se sentía atraído hacia ella. Era una mujer compleja, llena de color y de emoción. Había muchos aspectos de Miley que él aún no conocía. Ni conocería nunca, comprendió, pues su relación había cambiado irrevocablemente.
Sacudiéndose aquel sentimiento, dio un golpecito en la jamba de la puerta.
—¿Otra vez te has ido a la playa?
Miley se giró rápidamente con una expresión risueña.
—No. Mi madre me ha llamado hace poco, y he sentido un ataque de nostalgia. Recuerdo cuando me sentaba con mi hermano ante el ventilador de la cocina, cantando canciones infantiles. Gracias por el ventilador. Ha sido todo un detalle.
Nick asintió, acordándose del ventilador que había en el apartamento de su madre.
—¿Le has dicho que estás embarazada?
La sonrisa de Miley se desvaneció.
—Aún no. He creído conveniente esperar un par de semanas más. Todavía no sé qué voy a hacer. Al fin y al cabo, acepté este puesto sólo temporalmente.
Nick sintió que se le detenía el corazón.
—No vas a marcharte.
Ella retiró la mirada.
—Aún no lo he decidido. La universidad desea que me quede, lo cual me garantiza el seguro médico, pero…
Alarmado e impaciente, Nick la interrumpió de golpe.
—Si nos casamos, todos esos problemas desaparecerán.
Miley le sostuvo la mirada en silencio durante unos instantes.
—Pero surgirán otros —señaló al fin— Cuando el niño nazca y yo vuelva a trabajar…
—Contarás con mi ayuda —dijo Nick— Y contrataré a una niñera.
El tema quedó aparcado, de momento. Al cabo de una hora, Nick observó cómo una enfermera pesaba a Miley y le tomaba la tensión. Una mujer de mediana edad entró en la habitación y les dirigió una brusca sonrisa.
—Buenas tardes, doctora Cyrus. Todo está perfecto. Soy la doctora Smithson —añadió volviéndose hacia Nick.
—Me llamo Nick Jonas. Soy… —Nick titubeó— Soy el padre.
En ese momento, su destino quedó sellado. No necesitaría ninguna prueba de paternidad para estar seguro. Sabía la verdad en lo más hondo de su alma.
—Hola, papá —bromeó la doctora Smithson mientras se acercaba a Miley—. ¿Le gustaría escuchar los latidos de su hijo?
—Sí.
Tras realizar un breve examen, la doctora colocó el estetoscopio en el abdomen de Miley. Al cabo de un segundo, Nick oyó un ruidito silbante.
Su mirada se encontró con la de Miley, y supo que la expresión maravillada de su rostro era un reflejo de la suya propia.
—Qué rápido late, ¿verdad? —dijo Miley.
Asintiendo, Nick le tomó la mano. Notó una opresión en el pecho. Aquella mujer le daría un hijo. Lo convertiría en padre, un papel que creyó no haber deseado nunca. Pero ahora todo era distinto. Deseaba a su hijo.
Observó la sonrisa de Miley y notó un hormigueo en los dedos. Le apretó cariñosamente la mano. Incapaz de dejar de mirarla, sintió el estallido de una estremecedora revelación. Sí, quería al niño.
Y también quería a la madre.
—Deberías ir pensando en cambiar de coche —le dijo Nick tras presentarse de nuevo en su casa el domingo por la mañana.
Miley lo miró extrañada mientras le servía un croissant y una taza de té.
—De momento, mi coche me va bien. No empezará a nevar hasta dentro de un par de meses, ¿verdad?
Él le lanzó una mirada de conmiseración.
—Puede ponerse a nevar mañana mismo. Creo que necesitas un vehículo más espacioso.
Miley dio un bocado al croissant.
—Yo te lo compraré —siguió diciendo Nick.
—No hace falta —se apresuró a responder ella.
—Considéralo una inversión de cara a la seguridad del niño.
Miley frunció el ceño y tomó un sorbo de té.
—No quiero tu dinero.
Él dejó escapar un suspiro. Nunca había oído aquellas palabras en labios de ninguna otra mujer, ni había creído que oírlas lo irritaría tanto.
—Podemos ir a ver algunos. Por verlos no se pierde nada.
—Eso es cuestión de opiniones —musitó Miley, comprendiendo lo mucho que echaba de menos a Nick.
—Tenemos que cooperar —dijo él acercándose a ella— Vamos a ser padres del mismo niño.
Miley suspiró. Tenía razón, pero…
Nick se acercó aún más y le pasó el dedo índice por los labios.
Ella se quedó paralizada, y contuvo el aliento al ver cómo Nick se lamía el dedo a continuación. Fue un gesto tan íntimo, que Miley tuvo que tragar saliva para deshacer el nudo que sentía en la garganta.
—¿Por qué has hecho eso?
—Tenías azúcar en la boca —Nick clavó la mirada en sus labios, y ella se sintió terriblemente atraída hacia él— Sólo quería limpiarte —añadió con un rictus provocativo.
Después de echar un vistazo a tres concesionarios de automóviles, Miley se dijo que jamás compraría otro coche en su vida.
—El Buick era perfecto —dijo Nick.
—Parecía un tanque —respondió Miley mientras se instalaba en el asiento del Suburban.
—Has dicho lo mismo de todos —musitó él.
—De todos los que te gustaban a ti. Prefiero los coches pequeños. Son más fáciles de estacionar.
—¿Y el Cadillac?
—Ya tenemos uno —dijo Miley impulsivamente, e inmediatamente se sintió horrorizada de haber dicho «tenemos»— Ya tienes uno —se apresuró a rectificar— Además, no quiero que te gastes tanto dinero en un coche.
—Me gustaría comprarlo.
Miley puso los ojos en blanco.
—No quiero que lo compres.
—¿Por qué no?
—Porque yo no estoy bajo tu responsabilidad —respondió ella en tono orgulloso.
Nick se detuvo en un semáforo y se volvió para mirarla.
—¿Eso es lo que piensas? ¿Que no eres responsabilidad mía?
—No lo pienso. Lo sé —contestó Miley acaloradamente— La responsabilidad va unida a la obligación. Y no quiero ni un centavo tuyo. Jamás lo he querido. No era tu dinero lo que me interesaba de ti —los ojos se le llenaron de lágrimas. Se quitó el cinturón de seguridad y abrió la portezuela del coche— Lo siento, pero no puedo quedarme. Yo…
—¿Qué diablos te pasa? —Nick intentó sujetarla, pero ella se lo impidió cerrando la portezuela.
Mientras se alejaba, oyó cómo él la llamaba a voces. Tras cruzar la carretera, divisó una tienda de ropa infantil y entró en ella. Absorta, contempló una cunita blanca adornada con lunas y estrellitas brillantes. Pensó en cómo habrían podido ser las cosas con Nick, y de nuevo experimentó una infinita tristeza.
—Nunca he visto que una mujer se ponga tan furiosa cuando acaban de ofrecerle un Cadillac —dijo a su espalda una voz masculina muy familiar.
Miley notó que el corazón se le disparaba, como si acabara de recibir una inyección de cafeína. Siguió pendiente de las estrellitas. No quería mirar a Nick.
—Tú eres la psicóloga —siguió diciendo él— Apiádate de mí y dame una explicación.
Al verlo tomar un osito de peluche de la cuna, Miley sintió una punzada de compasión. Miró hacia otro lado.
—Está bien. Imagínate, por un momento, que yo soy la millonaria, y no tú. Que llevas un hijo mío en las entrañas. Al principio, no quiero creer que el hijo es mío y pienso que intentas engañarme para que me case contigo —Miley notó que el pulso se le aceleraba al recordar todo aquello, pero siguió adelante— Luego, por obligación, te ofrezco un lujoso coche que en realidad no deseas. ¿Cómo te sentirías?
Nick volvió a colocar el peluche en la cuna y se cruzó los brazos sobre el pecho.
—Si voy a pasar nueve meses seguidos de embarazo, me merezco mucho más que un Cadillac.
Miley exhaló un gemido y se volvió para marcharse.
—No tienes remedio. Nunca lo entenderás.
Nick la agarró del brazo y la atrajo hacia sí.
—El problema es que te equivocas en un par de cosas. Primero, no te he ofrecido un coche lujoso «por obligación». Ese pedazo de lata que tienes por coche quedaría totalmente destrozado en caso de accidente.
Miley por fin empezaba a comprender.
—Protección. Deseas brindarle protección a tu hijo.
—Exacto. Y a la madre de mi hijo. Para mí no se trata de una obligación, Miley. Lo que no pareces comprender es que has sido importante para mí desde el momento en que nos conocimos. Eso no ha cambiado, ni cambiará nunca.
En mitad de la tienda, Nick agachó la cabeza y reclamó la boca de Miley con un beso que provocó un verdadero revuelo entre los demás clientes.
Hace muchoo que no comento xD Pero amo esta Novela es super tierna <3 Pon mas capitulos :D
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