—Llevamos mucho tiempo esperándote —le anunció Laura con importancia—. ¡Desde el amanecer!
—¿Desde el amanecer? —Miley silbó, impresionada—. ¡Vaya!
—Nick nos ha dicho que tenemos que avisarlo en cuanto llegues; y le pedimos a la señora Brown que preparara unos bollos de pasas antes de marcharse a casa. Solo tenemos que meterlos en el horno y esperar doce minutos —ambos niños la miraron con nerviosismo, como si fuera a clavarle las espuelas a Paddy y salir de allí al galope—. Puedes quedarte doce minutos, ¿verdad?
—Por supuesto que sí —Miley desmontó sonriente—. Por unos bollos de pasas recién hechos me quedaría una hora entera.
Pero los niños no la oyeron; iban ya corriendo hacia la casa, gritando de alegría.
—Tío Nick... Nick, Miley ha llegado ya. Nick... Está aquí, y ha traído a Paddy.
Los niños avanzaban con los brazos en cruz, como si fueran aviones, corriendo de un lado a otro. Miley pensó que eran dos niños de seis años sanos y felices. El cambio del día anterior a ese era espectacular.
Dos segundos después salieron de la casa, cada uno de ellos agarrado a una mano de Nick, que salía riéndose.
—Venga, habla con Miley —dijo su sobrina en tono pomposo, soltándolo un poco más adelante—. Matthew y yo vamos a preparar los bollos —vaciló—. Pero tú vienes luego y los sacas del horno cuando te lo digamos, ¿vale? —dijo con expectación—. La señora Brown nos dijo que no lo podemos hacer solos.
—Pues claro que iré —Nick le acarició el cabello a su sobrina antes de que ambas avionetas siguieran avanzando por el patio en dirección a la casa. Los miró con afecto y después se volvió hacia Miley. La sonrisa que Miley conocía tan bien le iluminó el semblante.
—Gracias por venir —le dijo—. Los mellizos contaban con ello.
Jonas siguió sonriendo, pero de repente dejó de hacerlo, como si algún pensamiento le hubiera atemorizado.
—Yo... Bueno, se lo prometí.
—Es cierto.
No había rastro de Delta. El alivio de no tener que ver a esa mujer hizo que Miley se sintiera algo aturdida. Nick Jonas aún tenía la capacidad de hacer que se sintiera distinta. Especial.
—Paddy es un buen caballo.
Nick Jonas parecía hablar con el mismo nerviosismo que Miley. Ambos miraban hacia el caballo para distraer otros pensamientos. Miley se había pasado media hora cepillándole el pelo y el animal tenía el lomo reluciente. El granjero lo miró con interés.
—Parece... Parece casi como un caballo de carreras.
—Solía participar en carreras de obstáculos —le dijo Miley sonriente.
Siempre que hablaba de Paddy Miley lo hacía con afecto y orgullo.
Aparte de mirar a Paddy, parecía también estar estudiándola a ella detenidamente. Llevaba puestos unos vaqueros y una camiseta limpios y el cabello bien peinado y recogido con un pañuelo. Estaba casi del todo limpia. Y solo casi porque no podía estarlo totalmente después de haberse pasado media hora cepillando al caballo.
—He estado intentando acordarme de usted —Nick tomó las riendas de Paddy y lo llevó junto a la valla—. Miley Cyrus... No sabía que Jack tuviera parientes en el país.
—Me tiene a mí —dijo.
—Pero no la ha visto demasiado —dijo Nick despacio—. Lleva unos cuantos años bastante abandonado.
Había cierto tono de crítica en su voz y Miley se sintió molesta.
—Habría venido antes —dijo en tono bajo y sin mirarlo a los ojos—. Pero no me fue posible.
—Usted debe de ser la hija del hijo de Jack.
—Sí.
—Su cara me resultó familiar —dijo despacio—. El hijo de Jack se marchó a los Estados Unidos hace unos veinte años y Jack nunca habla de él. Pero usted... Usted vino de visita una vez cuando era una chiquilla...
—Eso es.
—Lo recuerdo vagamente. Pero lo hizo sola —Nick seguía pensativo—. ¿Es que a su padre no le ha sido posible venir a visitar a Jack? —dijo con reproche y Miley ya no pudo soportarlo más.
—No.
—Por problemas económicos, supongo.
Por Dios... Miley dio un paso atrás. Nick Jonas no dejaba la ironía y Miley estaba cada vez más furiosa. Si él supiera la verdadera razón...
Pero no pensaba decírsela ni loca. No quería que Nick sintiera lástima.
—Las finanzas de mi familia no son asunto suyo, señor Jonas... —aspiró hondo para poder controlarse—. Pero no debería preguntar. Supongo que puede imaginárselo. Los mendigos no pueden costearse un viaje al otro extremo del mundo.
—¡Caramba!
Nick pestañeó al ver el carácter de Miley y sonrió con pesar.
—Touché, señorita Cyrus —el sarcasmo había desaparecido y la miraba sonriente—. Supongo que, a pesar de haber tenido abandonado a su abuelo, le debo una disculpa por lo de ayer. Delta estaba alterada. La desaparición de los niños le tenía muy preocupada.
—Sí, me di cuenta de ello —contestó Miley, furiosa aún—. Salió a peinar los alrededores con usted, ¿verdad? ¿O estuvo quizá sentada junto al teléfono, muerta de ansiedad?
Entonces fue Nick el que se enfadó y dejó de sonreír.
—Tiene una lengua viperina.
—Es que me han educado muy mal —dijo Miley en tono suave—. No fui a buenos colegios.
—Oh, por amor de Dios... —Nick extendió las manos y suspiró—. ¿Señorita Cyrus, podríamos hacer las paces? Hace un día demasiado bueno para pelearse y los mellizos están preparando unos bollos de pasas. Entre conmigo y vayamos a ver qué están haciendo.
La media hora siguiente fue maravillosa. La conversación entre Nick y Miley degeneró en un montón de disparates, y los mellizos se unieron con gusto.
—A ver, qué modales son esos, jovencitos —Nick ordenó cuando él y Miley entraron en la cocina—. Sabéis que Australia, Canadá e Inglaterra tienen la misma reina, ¿no?
—¿Ah, sí? —los dos niños miraron a su tío aturdidos.
—Bueno, esta señorita es de América —Nick sonrió—. Y los americanos se portaron tan mal con el pago del té, hace ya muchos años que la reina no los quiso. Así que... es nuestro cometido enseñarle modales; demostrarle que aquí en las Antípodas estamos bien educados.
Los niños miraron a Nick y a Miley algo angustiados. No entendían lo que estaba diciendo Nick, pero al ver que su tío estaba sonriente y relajado, tuvieron ganas de unirse a la broma.
Los mellizos y la señora Brown se habían superado con los bollos de pasas. Estaban ligeros, esponjosos y deliciosos. Para acompañarlos había un cuenco enorme de nata de la granja y mermelada de fresas que parecían directamente sacadas del jardín.
—La señora Brown preparó mermelada de fresas el lunes pasado —Laura le dijo a Miley dándose importancia, mientras se servía un cuarto bollo—. Nosotros la ayudamos.
—¿Es que Delta tampoco viene los lunes?
Silencio.
Matthew negó despacio con la cabeza y ambos niños se quedaron mirando los platos.
Entonces los mellizos se pusieron de pie al mismo tiempo.
—Te veremos fuera —dijo Laura—. Vamos a ver a Paddy.
El mensaje estaba claro; si tenía intención de hablar de Delta, ellos no querían estar allí.
La puerta se cerró de un portazo y Miley se volvió despacio hacia Nick.
—Lo siento...
Había dejado de sonreír.
—Te agradecería que no hicieras eso —le dijo con rabia—. Criticar a Delta delante de los niños...
—No la he criticado —dijo Miley en voz baja—. Solo he preguntado si venía los lunes.
—Sabes exactamente lo que has hecho.
Miley se puso de pie y empezó a recoger los platos y a llevarlos a la pila. Aquel hombre no era su mentor, aunque tuviera más dinero que ella. Ni siquiera tenía veinte años y ella catorce.
No le debía nada, y había llegado el momento de que escuchara la verdad. Se volvió y lo miró a la cara.
—Sé lo que he hecho. Me he dado cuenta de que los mellizos no se lo pasan bien cuando Delta está por aquí. Es cierto, ¿no?
—No.
—¿No? —Miley se encogió de hombros—. Parecen tenerle mucho miedo, al menos a mí me lo parece.
—Solo porque es disciplinaria con ellos —contestó Nick despacio—. Conmigo... Conmigo están como salvajes. Sobre todo Laura. Matt se queda callado; a veces durante días y días. Y yo me preocupo por él. No sé qué hacer con él.
Extendió las manos.
—¿Tienes idea de lo difícil que es, Miley, que de repente le caigan a uno encima unos niños de seis años desolados por el fallecimiento de sus padres? No tienes idea, ¿verdad? Tuve que tomar un avión a Sidney y recogerlos en casa de la chica que los cuidaba la misma noche en que sus padres se mataron. Yo estaba en una fiesta cuando me avisaron de la desgracia —suspiró y extendió los brazos—. Mira, lo estoy haciendo lo mejor que puedo, pero no soy padre. Delta hace ese papel y yo se lo agradezco. Se asegura de que sean respetables y de que aprendan disciplina y... y de que estén bien. Y yo estaría loco si me quedara tan tranquilo y dejara que la criticases. Los dos estamos haciendo todo lo posible en una situación muy difícil, Miley, y tu intervención no ayuda en absoluto.
—¿Entonces debería haberlos dejado en mitad de la carretera ayer? ¿Debería haber continuado sin detenerme?
—Eso no es a lo que yo me refería, y lo sabes.
—Yo no podría haber continuado sin detenerme —dijo en voz baja—. Sencillamente no soy así.
—Tal vez no seas así, pero sí que lo llevas en la sangre —Nick dijo con dureza—. Tu familia abandonó a tu abuelo hace veinte años, y que yo sepa solo ha recibido una visita desde entonces.
Miley alzó la barbilla.
—Eso es —lo miró a los ojos—. Me enviaron aquí con catorce años.
—Te recuerdo vagamente —dijo pensativo—. Con tu aparato corrector de los dientes y toda llena de pecas —sonrió—. Las pecas las sigues teniendo —entonces la miró con más detenimiento—. Si tú eres la niña que recuerdo, me parecías una chiquilla solitaria. Una niña solitaria e infeliz. ¿Eres hija única?
—Sí.
—Y tus padres te enviaron sola —hizo una mueca—. Estoy seguro de que no te gustó demasiado.
—Estás juzgando a mi padre, ¿verdad? —Miley le dijo en tono bajo—. Lo tienes ya condenado.
—Mira, pueden haber razones que yo desconozca...
—Las hay —dijo Miley con pesar—. Si le hubieras preguntado a mi abuelo, entonces quizá te las hubiera contado.
—Tu abuelo no habla de su familia —le dijo Nick—. Hace mucho que somos vecinos, pero cuando le pregunto sobre su familia se cierra en banda. Pero está tan solo. En los últimos dos o tres años ha estado muy triste y su salud se ha resentido, y cada vez que alguien le pregunta sobre su familia se pone muy triste. Me doy cuenta de lo mucho que echa de menos a su familia, y tal vez sea por eso por lo que muestro esta actitud tan sentenciosa.
—No tienes derecho...
—Bueno, si no quieres que me muestre así, entonces quizá deberías contestarme algunas preguntas —Nick la miraba fijamente—. ¿Por qué no habéis tenido contacto con él durante tanto tiempo? ¿Y de repente, un mes después de que Jack decida vender su granja, por qué el repentino interés por parte de la familia?
Miley se quedó mirándolo fijamente. Nick la desafiaba con la mirada, y vio claramente lo que se escondía detrás de su pregunta.
Le costó hablar, pero lo consiguió.
—Crees que me han enviado a conseguir lo que pueda para la familia, ¿verdad? ¿Es eso lo que piensas?
—Es la conclusión más obvia —dijo Nick con calma—. El agente inmobiliario local me dijo que Jack estaba pensando en vender porque sabía que a mí me interesaría comprar la granja. Entonces, de repente, la familia empieza a interesarse. Resulta que después de veinte largos años un viejo solitario tiene familia.
—Un viejo solitario de repente me tiene a mí —susurró Miley con pesar.
Aquel hombre estaba juzgando a las personas que ella amaba; juzgando a su padre.
Se preguntó si su padre sabría lo que pensaba de él la gente del lugar que él aún consideraba hogar. ¡Cuánto le dolería si lo supiera! Su padre amaba esa tierra mucho más que ella...
—Miley... —Nick se levantó de la silla al ver el dolor reflejado en su mirada.
Se acercó despacio por detrás y le puso las manos sobre los hombros.
—Miley, no te pongas así. No tienes la culpa de lo que sea tu padre.
El roce de sus manos le calentó la piel. Deseaba tanto que la consolara... Pero se apartó de él angustiada.
—No me toques —le susurró—. No...
—Yo solo...
—Pensaste que podrías consolarme.
¿Consolarla? Nick Jonas lo había hecho una vez diez años atrás y Miley había pagado un alto precio. Desde luego no pensaba dejar que la consolara en ese momento.
—No necesito tu consuelo —dijo con tristeza—. No necesito nada de ti, Nick, y mi padre no necesita tu opinión. Mi padre se crió junto a vosotros, era el mejor amigo del tuyo y, sin embargo, después de irnos a Pittsburgh todas las cartas que mi padre le envió a tu padre quedaron sin responder. Se preguntó por qué sería. Y ahora lo sé. Fue por culpa de las malas lenguas y de los juicios precipitados. Juzgasteis sin saber nada. Pues mira, tú y todas las demás personas de este distrito podéis iros al infierno por mi parte. A mí solo me importa mi abuelo.
Y, para horror suyo, empezó a llorar. Pero pestañeó y pestañeó y se enjugó las lágrimas. No quería llorar delante de Nick Jonas.
¡Además, ella nunca lloraba!
Nick le pasó un pañuelo que sacó de uno de sus bolsillos y se la quedó mirando, como si mirara a una criatura extraña con la que no sabía lo que hacer.
Miley aceptó el pañuelo, se sonó la nariz y lo miró enfadada. Para desgracia suya, Nick Jonas sonreía.
—Puedes quedarte con el pañuelo.
—Gracias... —susurró al tiempo que la rabia daba paso a una tremenda tristeza.
Había mostrado abiertamente sus sentimientos delante de aquel hombre, y eso no le hacía ninguna gracia.
Como siempre hacía cuando se sentía mal, Miley intentó reír.
—¿Estás seguro de que quieres que me lo quede? —dijo—. ¿La mitad del pañuelo aún está bien?
—Totalmente seguro —contestó Nick mirándola con admiración.
—Bueno... me voy a casa ya —susurró—. Diles a los mellizos que pueden venir a visitarme cuando quieran. La mejor manera para llegar a la granja de mi abuelo es tomando un atajo por la pradera; pero yo no volveré aquí.
Nick asintió, como si hubiera esperado que ella dijera eso.
—Se lo diré.
—¿Les dejarás que vayan a verme? —dijo algo angustiada, aunque sin saber por qué.
—Los niños podrán ir a verte cada vez que quieran —contestó él con calma—. Y estoy seguro de que les encantaría volver a verte.
Claro que también implicaba que él no quería. Miley lo notó en la frialdad de su tono de voz.
—Bien —Nick la observaba con calma, sin sonreír—. Me voy ya.
Se volvió hacia la puerta, pero esta se abrió antes de poner la mano en el pomo.
—Nick... Miley..., venid enseguida —Laura entró pálida como una muerta en la cocina—. Miley, Matthew se montó en Paddy y Paddy salió al galope por la pradera con Matthew encima.
:o que no le pase nada al pequeñin bueno el cap aver como van arreglando las cosas ellos cuidate.
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