—¿Ah, sí?
—Mira, el año que viene estarán internos en un colegio —dijo
Delta—. Tendrán que acostumbrarse a una rutina entonces.
—Supongo que tienes razón —
Nick suspiró y silbó a sus perros, que volvieron corriendo hasta él—. Del, si no te importa, voy a dar un paseo. Volveré dentro de una hora más o menos.
—Nicholas, no me llames Del —le dijo
Delta—. Sabes que odio los diminutivos.
—Es cierto —
Nick asintió—. Bueno,
Delta me parece bien.
Solo que no le parecía bien.
Delta no le parecía bien a Nick. Aunque sabía que debía parecerle bien.
Delta era su prometida, por amor de Dios. Debería caminar por los campos de trigo pensando en
Delta...
Sin embargo,
Nick solo era capaz de pensar en una esbelta muchacha de ojos verdes llamada Miley Cyrus.
Nick cruzó el enorme campo de trigo con sus perros, siguiendo el camino que Matthew y Paddy habían seguido el otro día. Paddy había trazado una senda con su alocado galopar.
—Diablillo... —suspiró
Nick, recordando a su sobrino a lomos del enorme caballo.
Pero no podía enfadarse con él por eso. Ni tampoco por la tarta de cumpleaños malograda.
Sabía muy bien quién había estropeado la tarta. Pero cuando pensaba en sus sobrinos y en su cómplice, a
Nick le entraban ganas de echarse a reír.
Sobre todo cuando pensaba en la cómplice.
Cuando
Nick había sacado a
Miley de la bañera, algo se había desencadenado en su interior; algo que no le había pasado en treinta años.
Nick Jonas había sentido que perdía el control.
El recuerdo del cuerpo suave de
Miley, de cómo había cedido deliciosamente bajo sus manos y se había acurrucado a su cuerpo, le volvió a la memoria.
Miley tenia un cuerpo tan esbelto, tan suave, tan...
¡Tan perfecto!
¡Pero qué locura!
—Estás pensando en tonterías,
Nick—se dijo y los perros lo miraron con preocupación—. Sí, lo sé. Yo también soy cómplice del crimen —
Nick les sonrió—. Me quedé cruzado de brazos mientras vosotros pagabais el pato. Y ahora estoy aquí, hablando solo —
Nick hizo una mueca—. Venga, volvamos a casa, igual que ha hecho la señorita Cyrus.
Los perros sacudieron la cabeza y volvieron a mirarlos con curiosidad, como si su amo se hubiera vuelto loco. Nick sonrió. No podía volver aún a casa.
Siguió caminando, subió una colina y fue hacia el río. Si seguía andando, llegaría al límite de la finca de Jack Cyrus...
Tal vez
Miley estuviera montando a Paddy...
—Vuelve a casa y ayuda a Delta a limpiar —
Nick se dijo con empeño e intentó cambiar de dirección, pero no pudo.
Sabía que
Delta no lo necesitaba. Estaría dando órdenes a los camareros y cocineras; y no le gustaba que los hombres entraran en la cocina.
No le gustaba que se metieran en su parcela.
—Y por eso es por lo que me voy a casar con ella —dijo
Nick en voz alta, ignorando las miradas de sus perros—. Me voy a casar con ella porque es previsible, competente y muy adecuada. Sabe lo que deseo en una esposa. ¿Pero qué quiero exactamente en una esposa? —reflexionó un momento—. Quiero a alguien que cuide de los mellizos.
Jamás había pensado en otra cosa. Cuando su hermano había fallecido y se había quedado con los mellizos, le había entrado un pánico tremendo. Debía acostumbrarse a la vida de padre y esposo.
Pero no era solo a eso, sino también a las ideas que tenía
Delta sobre cómo debía transcurrir su vida. Sobre las fiestas y la organización.
—Mis padres también celebraban fiestas —les dijo a los perros—. Todo el tiempo. Es lo que hacen las parejas casadas.
Pero no recordaba que las fiestas de sus padres tuvieran algo que ver con la orquestada función de esa tarde. Recordaba que la gente solía divertirse en aquellas fiestas... El primero él.
¿Pero qué estaba pensando?
Delta había llegado a su vida en un momento caótico y le había quitado un gran peso de encima. Solo debía sentir gratitud hacia ella.
Pero
Nick no dejaba de pensar en
Miley. De pronto vio una sombra en el horizonte, algo moviéndose a toda velocidad, y
Nick se detuvo.
Era
Miley a lomos de Paddy. Galopaban en el prado más alejado de la finca de Jack.
Miley Cyrus... Vio su melena de rizos castaños agitándose al viento y pensó si todavía tendría el pelo húmedo.
Deseó acariciar esos bucles.
La chica era menuda, no le llegaba por el hombro, pero tenía un corazón de oro. Un corazón que había abrazado a Laura y a Matt, y a su abuelo Jack.
¿Qué tipo de mujer renunciaría a la gloria internacional para irse a vivir con su abuelo y salvar su granja?
«Una loca», pensó sonriendo.
Se sentía honrado de tener a
Miley Cyrus como amiga, decidió, y sabía que movería cielo y tierra para que le segaran el heno.
¿Sería suficiente?
Por supuesto que sí. ¿En qué más estaba pensando?
—¿Qué tipo de vida tendría si dejara a
Delta y formara una relación con esa... con esa... ?
No sabía cómo describir a
Miley.
—Tendría tres niños —se dijo con amargura—. Tres salvajes. Y a Laura y a Matt les hace falta disciplina. Son responsabilidad mía.
Así que no había más que decir. Nada más que pensar.
Nick Jonas echó una última mirada
Miley sobre su caballo y se dio la vuelta para irse a casa.
Tenía responsabilidades esperándolo. Tenía una vida cuidadosamente planeada. Todo estaba bajo control.
Se dio la vuelta para volver a
Delta.
Había llegado el momento de segar el heno. El lunes amaneció despejado, apacible y caluroso; estaban a finales de verano y el parte meteorológico no anunciaba más que calor para toda la semana.
Miley lo escuchó en la radio mientras desayunaba, y cuando estaba terminando, llegaron Dan y
Nick.
Ese día tocaba segar.
Miley había asumido que utilizaría el viejo tractor de Jack con la vieja segadora, pero tanto Nick como Dan llegaron conduciendo sendas y enormes segadoras modernas. ¡Con esa maquinaria podrían segar ambos prados en un día!
Miley llamó a Jack y salió al porche a recibirlos. A recibir a
Nick...
¿Por qué demonios le hacía sentirse así?, se preguntaba mientras empujaba la puerta mosquitera.
—Buenos días, señorita Cyrus.
Nick Jonas saltó del tractor con agilidad y se acercó a la barandilla del porche a saludarla. Al llegar miró el reloj que llevaba en la muñeca.
—Son las ocho, casi la hora del almuerzo.
—No pensé que fuerais a venir —dijo, intentando ignorar el efecto que le causaban los pantalones ceñidos y la camisa medio abierta de
Nick—. Pensé que esperaríais a que refrescara un poco.
—Nosotros no. Cuanto más calor, mejor. Hace la temperatura ideal para segar... o para ir a la playa, dependiendo de lo pausado que sea cada uno —
Nick señaló a Dan, sentado en su tractor—. Jack dijo ayer que primero deberíamos segar el prado del río. Nos vamos a hacerlo ahora, así que te veremos por la tarde... a no ser que Jack tenga algo que decirnos.
Esa tarde... Tenían la intención de segar el heno sin ella.
Otro día sin ver a
Nick.
—¿Pero y yo?
Miley se metió las manos en los bolsillos y se mordió el labio.
Su intención no había sido ponerse mimosa, pero así había hablado; como un niño que se va a perder algo bueno.
Nick sonrió.
—Puedes bajar a mirar si prometes no meterte en medio —dijo con generosidad.
Miley arrugó la nariz en señal de desagrado y fue hacia el tractor de Dan.
—¿Dan, tienes algo mejor que hacer esta mañana? —le preguntó en tono afable.
—Bueno, siempre hay cosas que hacer... —miró con vacilación a su jefe y después a
Miley—. Pero tu heno tiene prioridad. Ya deberías haber hecho la siega hace un mes o más.
—Sí, pero soy capaz de segar igual de bien que vosotros —
Miley le dijo de plano—. Si me confiarais uno de estos tractores...
—
Miley... —
Nick se plantó a su lado rápidamente y le puso las manos en los hombros—. ¿A qué estás jugando? ¿Crees que dejaríamos que una mujer hiciera nuestro trabajo?
¡Vaya!
—¿Estás diciendo que no soy capaz de segar en línea recta?
—Estoy seguro de que sí —Nick sonrió—. O tal vez hacer dibujos...
—Sí, y en espiguilla —dijo
Miley con sorna.
Las manos de
Nick le estaban poniendo nerviosa. Se apartó y se volvió hacia él.
—De verdad,
Nick. Puedo hacerlo igual de bien que Dan y tú... y quiero hacerlo. Es nuestro heno. Así Dan o tú podréis quedaros en casa y no os sentiréis tan culpables.
—
Miley...
—Podéis volver los dos para almiarar el heno —
Miley les prometió con dulzura—. Necesitaremos tres personas para eso, y últimamente el abuelo tiene bastante artritis.
—¿No está bien? —dijo
Nick mirando hacia la casa.
—Solo está cansado —le dijo
Miley—. Esta noche le ha dolido la espalda y no ha dormido correctamente. Ahora se le ha pasado, pero lo he convencido para que se quede en casa descansando.
—Escucha, jefe —dijo Dan mirando primero a
Miley y después a
Nick—. ¿Por qué no tomo prestada la camioneta de la señorita Cyrus y vuelvo a casa? Así podré limpiar el tanque, si la señorita Cyrus dispuesta a ocupar mi puesto. ¿Te parece bien? —entonces, antes de que
Nick pudiera abrir la boca, Dan se bajó del tractor y fue hacia
Miley—. ¿Las llaves de su camioneta?
Con su mirada le decía que lo hiciera rápidamente.
Miley le pasó las llaves, anonadada, y Dan se dirigió hacia la camioneta aparcada bajo unos árboles.
—¡Podrías esperar a que te dijera si me parece bien o no! —le gritó
Nick.
—¿Qué te parece bien? ¿Trabajar conmigo o con la señorita Cyrus? —Dan le sonrió y después le guiñó un ojo a Miley—. ¡Jesús, jefe, estarías loco si quisieras trabajar conmigo cuando tienes esta alternativa!
Dan puso en marcha la camioneta y se alejó a toda velocidad. Y
Nick y
Miley se quedaron solos.
—¿Qué diablos...? —Nick se le quedó mirando fijamente—. ¡Yo no diría que limpiar el tanque fuera tan urgente! —frunció el ceño—. Se está metiendo...
—¿En qué se está metiendo? —
Miley le preguntó y
Nick negó con la cabeza.
—A Dan no le gusta
Delta—reconoció—. Pero si cree que va a hacer de casamentero...
—No puede hacer de casamentero cuando tú ya has elegido a tu pareja —dijo
Miley, a pesar del esfuerzo que le costó hacerlo.
Otro, otro, otro!!!!
ResponderEliminarQuiero más!!!!
Sube pronto porfas!!!
Bye c: