Las dos estaban sentadas a la mesa de un pequeño café.
—No mires mi ensalada. La vas a estropear —dijo Selena haciendo la señal de la cruz con los dedos.
Miley sonrió ligeramente.
—Perdona. Estaba pensando.
—En Papá Warbucks —dijo Selena mientras pinchaba lechuga con el tenedor—. Hay mucho que pensar. No puedo creer que no te hayas acostado con él desde agosto.
—Eso me confundiría.
—¿Y acaso no estás confundida? —preguntó Selena.
—Tienes una manera tan cálida y gentil de decir las cosas, Sel. ¿No crees que deberías cambiar de ocupación y dedicarte, por ejemplo, a cobrar deudas?
—Desviar la atención hacia mí no va a funcionar. ¿Qué vas a hacer con Nick?
Miley le dio un mordisco a un trozo de zanahoria y se quedó pensativa.
—No lo sé. Cuando lo miro, automáticamente pienso en libros de autoayuda como Hombres que temen al compromiso, Diez maneras de complicarse la vida, Mujeres que aman demasiado, El mago de Oz.
selena arrugó la frente, confundida.
—¿El mago de Oz?
—El hombre de lata —contestó Miley—. ¿Lo recuerdas? Ése que necesitaba un corazón.
Selena se encogió de hombros.
—Bueno, no hay duda de que Nick tiene corazón. Si no, mira cuánto se esfuerza para que tu embarazo te sea más llevadero. Si lo necesitaras para algo, estaría aquí en un abrir y cerrar de ojos.
—Puede ser —dijo Miley todavía dudosa—. No lo he visto mucho por las noches últimamente.
—¿Crees que está saliendo con otra mujer?
A Miley se le cayó el alma a los pies.
—No lo sé. Pudiera ser, pero es más probable que esté trabajando. No puedo evitar preguntarme si me culpa aún por lo del bebé —Miley pensó en lo que más le molestaba y dejó el tenedor a un lado—. Nunca me ha dicho que me ama.
Bueno, ya lo había confesado. Debía habérselo confiado a alguien antes, pues sabía mejor que nadie que una pena compartida era más fácil de sobrellevar. Exhaló un suspiro.
—Lo que quieres decir es que nunca ha utilizado esas palabras —corrigió Selena—. Porque, por su aspecto, parece que lo estuviera gritando.
Las palabras de Selena resonaron en su interior. Había verdad en ellas, pero Miley no se sentía mejor. Al contrario, estaba más confundida, porque había llegado a la conclusión de que con Nick no podía tener lo que quería o necesitaba.
—No quiero quedar atrapada en ese ciclo de desear algo de él y no querer pedirlo. Es horrible, pero no puedo pedirle que me diga que me ama. Preferiría afeitarme la cabeza.
Selena ladeó la cabeza ligeramente.
—No estoy segura de que eso resolviera tu dilema. Escucha, esto no me incumbe —dijo Selena—. Por supuesto que eso nunca me ha impedido hablar de ello. Nick no tiene un doctorado en psicología. Es un hombre de acción. Puede que no quieras contar con él. Sabía que encontró algo bueno cuando te conoció, y parece que está haciendo todo lo posible por mantenerte a su lado. Te toca a ti decidir si eso es lo que quieres o no.
—Confía en mí —dijo Nick.
Miley gruñó mientras le ataba el pañuelo sobre los ojos.
—¿Por qué tengo la sensación de haber vivido esto antes?
—Es diferente —le aseguró Nick—. Confía en mí.
—Siempre he odiado que la gente me diga eso. Mi madre me dijo «confía en mí» después de que me extirparan las amígdalas, y el primer helado que probé llevaba un jarabe camuflado.
—Esta noche no habrá helados ni jarabes —dijo Nick al tiempo que arrancaba el motor y aceleraba.
—Mi hermana me dijo en una ocasión «confía en mí, no hay medusas» y, una me picó.
Él sonrió.
—Tampoco hay medusas. Estamos en tierra firme. Dime una cosa, ¿durante cuánto tiempo has tenido problemas por confiar en la gente? Has mencionado a tu madre —dijo con un atroz acento alemán.
—Eres malísimo imitando a Sigmund Freud —refunfuñó Miley. Estaba en el segundo trimestre de embarazo, se acercaban las fiestas navideñas, se sentía magnífica físicamente, su nivel de energía era óptimo, y el bebé estaba estupendamente. Estaba como flotando.
Nick le acarició ligeramente el cuello con la mano, y ella sintió como si estallaran fuegos artificiales a su alrededor.
—¿Y qué significa la venda?
Nick le apretó con suavidad.
—Más que algo sexual. ¿Satisfecha?
—No del todo.
—Podría ser hipnosis. En realidad no había pensado en ello. Empecemos con algo fácil. Repite después de mí. Quiero conducir un Volvo. Quiero conducir el coche que tenga los índices mayores de seguridad. Quiero deshacerme de mi Honda civic y conducir el Volvo que Nick me va a regalar.
Miley, se echó a reír.
—No funcionará si no sigues mis instrucciones. Repite después de mí.
—Me gusta mi Honda. Me gusta mi Honda. Me gusta mi…
—¡Calla! —dijo él poniéndole la mano en la boca—. Después de todo lo que me ha costado encontrar un coche más pequeño…
—Por un precio mayor —añadió Miley.
Nick suspiró profundamente, y ella notó cómo el coche giraba.
—Nunca pensé que diría esto, pero… cariño, creo que estás obsesionada con el dinero.
—¿Yo? —gritó ella.
—Sí, tú. ¿No te enseñó tu madre cómo aceptar un regalo? Da las gracias y cállate —dijo él con una sonrisa.
—Mi madre estaba demasiado ocupada cantando la canción de los Beatles para dormirme.
—¿Qué canción? —preguntó Nick mientras paraba el coche.
—El dinero no puede comprar mi amor —contestó ella sonriendo al recordar aquella situación.
—Es verdad, pero puede comprar casi todo lo demás. Muy bien, mi pequeña demócrata. Es la hora de la sorpresa.
Lo oyó salir del coche y abrirle la portezuela.
—Dame la mano —pidió Nick, y ella sintió una extraña sensación de anticipación.
—¿Estás seguro de que esto no es helado? —preguntó ella, casi deseando que lo fuera. Tenía la sensación de que algo muy importante estaba a punto de ocurrir.
—Esta vez no.
En cuanto se apeó del coche, supo que estaba en el garaje de Nick. Había evitado ir a su casa porque allí se había dejado muchos de sus deseos y sueños secretos.
La guió a través de la puerta, y oyó los pasos de Dixie en el suelo. Un momento después sintió cómo el perro se restregaba contra ella. Miley se agachó para acariciarlo.
Nick la agarró más fuerte de la mano y la guió escaleras arriba.
—No estoy segura de esto, Nick. No creo que sea una buena idea. La última vez…
—Esto es diferente, por desgracia —contestó él.
Miley contuvo la respiración al pasar por delante de la puerta de su dormitorio.
—¿Qué estás…?
Entraron en una habitación, y Nick fue a encender una lámpara. Ella se llevó las manos al pañuelo.
—Espera un momento.
Miley permaneció de pie en la oscuridad, expectante.
Una suave música empezó a llegar hasta sus oídos.
Miley escuchó y sonrió.
—Brilla, brilla, pequeña estrella —dijo, reconociendo sin dificultad la canción de su niñez. De nuevo, se llevó las manos al pañuelo.
—Todavía no —dijo Nick.
Otra melodía siguió a la anterior. Miley escuchó atentamente.
—La canción de cuna de Brahm.
—¿Conoces ésta? —preguntó él al tiempo que se oía otra melodía.
—Habla con los animales —contestó ella con lágrimas en los ojos.
Sintió que Nick se acercaba a ella. Le quitó el pañuelo, y Miley parpadeó. Una docena de imágenes le impactaron a la vez. El papel con motivos del Arca de Noé. Una lámpara con animalitos de porcelana que yacía encima de una cómoda de madera clara. Y una cuna con sábanas y almohada de color verde.
A Miley se le encogió el corazón.
—No puedo creer que hayas hecho todo esto —dijo casi temerosa de mirarlo—. ¿De dónde has sacado el tiempo?
—He tenido mucho tiempo libre últimamente. Sobre todo, por la noche. ¿Lo he hecho bien?
—Es perfecto. No puedo creerlo. Es una maravilla. No sé qué decir.
—Di que te vendrás a vivir aquí —dijo él con la voz quebrada.
A Miley se le subió el corazón hasta la garganta.
—Oh, Nick —exclamó, consciente de la batalla que se libraba dentro de él.
—No tienes que compartir mi cama. Puedes tener tu propia habitación —dijo Nick con los ojos entornados.
Miley estaba perpleja. No sabía qué decir.
—Es… ¿es eso lo que quieres?
—No me preguntes lo que quiero —dijo él en un tono de voz peligroso.
Miley dio un paso adelante, irresistiblemente atraída por él.
—¿Por qué?
Él alzó la mano para tocarle el cabello. Luego la dejó caer, como si intentara reprimirse.
—No me preguntes lo que quiero, a menos que realmente desees saberlo.
Desde el primer momento en que vio a Nick, quiso conocerlo. Era como si se hallara al borde de un acantilado. Si daba un paso hacia delante, ¿sería capaz de nadar de vuelta a la orilla?
Miley respiró profundamente y le acarició la cara.
—Deseo saberlo.
Nick puso la mano sobre las suyas y atrajo a Miley hacia sí. Ella notó inmediatamente su excitación.
—¿Ves lo que me haces sentir? —preguntó él—. Te quiero. Quiero tenerte en mi cama cada noche, y quiero hacerte el amor todas las mañanas. Quiero verte y sentirte.
Nick recostó su frente en la de ella.
—No te gustará lo que voy a decirte, pero me has convertido en un hombre muy avaricioso. Quiero poseerte.
Se trataba de un comentario machista, pero, tal como lo expresó, parecía más bien un arrebato de necesidad.
—¿Por cuánto tiempo?
—Tanto como me tengas tú a mí.
Como si no pudiera esperar más, le levantó el vestido y le introdujo las manos bajo las medias para acariciarle la piel desnuda.
Miley se estremeció.
—Déjame tenerte —rogó Nick con una voz que la derritió—. He soñado contigo.
Reclamó su boca, y Miley sintió que la cabeza le daba vueltas. Aquella confesión había sido tan primitiva y fuerte, que no pudo resistirse.
—Te he echado de menos —añadió él mientras le desabrochaba el vestido y lo dejaba caer al suelo. Luego, siguió el sujetador.
Los besos de Nick despejaron las dudas de Miley y encendieron su pasión. Ella le desabotonó la camisa, se la quitó y dirigió las manos hacia el cinturón.
—Yo también te he echado de menos —susurró, deseando demostrárselo.
Sus inhibiciones desaparecieron, y lo besó de la manera en que él la había besado. Palpó su pecho desnudo y deslizó la boca hasta él. Con la lengua le acarició los pezones, que se endurecieron de excitación.
—Miley—dijo Nick con un punto de advertencia en la voz.
Ella hizo oídos sordos. Era como si hubiera probado por primera vez el agua después de haber pasado sed durante mucho tiempo.
Él la echó hacia atrás para besarle la boca y, mientras su pecho tocaba con suavidad sus sensibles pezones, sus manos iniciaron un erótico viaje por entre sus muslos.
Miley estaba hinchada y húmeda. Nick la acarició con suavidad hasta que la hizo temblar de excitación. Luego le introdujo el dedo y Miley gritó.
De repente, nada era ya suficiente. Con la boca, ella empezó a recorrerle el cuerpo. Le besó el pecho, el vientre, y le introdujo la lengua en el ombligo.
—Miley —dijo Nick de nuevo con la voz quebrada.
Sintió los dedos de él en su pelo. Cualquier mujer en su sano juicio habría parado. En cambio, ella deslizó la boca hacia abajo hasta encontrarse con su sexo.
Miley se volvió loca de placer, y le hizo el amor con los labios.
Allí, en aquella habitación que él había hecho para ella y para el niño, Miley había vivido la experiencia más erótica de su vida, y empezó a temblar.
—Oh, cariño, ven aquí —dijo él al tiempo que la levantaba con los brazos.
La llevó hasta el baño y abrió los grifos de la ducha.
—No creo que pueda mantenerme en pie —confesó ella.
—Yo te sostendré —añadió él.
Nick se metió en la bañera. Su ternura hizo que a Miley se le saltaran las lágrimas.
Nick la dejó encima de la cama como si se tratara de fina porcelana. Estaba envuelta en una toalla, y él la prefería desnuda, pero no iba a quejarse. Por fin estaba allí de nuevo. Su pelo dorado y húmedo contrastaba con el azul oscuro de las sábanas.
—¿Quieres beber algo?
—Sí, gracias. Un poco de zumo.
En el minibar, preparó un zumo de naranja y un vaso de vino para él. Luego, volvió a la habitación. Observó cómo Miley se tomaba el zumo en un santiamén.
—Estabas sedienta, ¿verdad?
—Sí, mucho.
—¿Quieres más?
—Sí, pero no zumo.
A Nick se le paralizó el corazón al ver aquella atrevida petición reflejada en los ojos de Miley. ¿Sería posible que ella lo quisiera aunque sólo fuera la mitad de lo que él la quería? Tomó un sorbo de vino puso los dos vasos encima de la mesita de noche.
Ella se quitó la toalla y él bebió de su desnudez. Sus pechos estaban hinchados y los pezones oscuros y alargados a causa del embarazo. El cuerpo de Nick se endureció por el deseo, y bajó la cabeza para acariciarle la punta con la boca. Le encantaba sentir cómo los pezones se endurecían bajo la caricia de su lengua.
Miley gimió y restregó sus muslos contra los de él.
—¿Te gusta?
—Sííí —contestó ella.
—Si continúo —dijo Nick—, creo que casi podría hacerte…
—Oh —suspiró Miley—, oh… Dios mío…
Le deslizó la mano entre los muslos y vio que estaba preparada.
Miley pronunció su nombre y aquello fue como música para él.
Ella le retiró la mano y se frotó suavemente contra él. Quería penetrarla y tomarla de manera que ella nunca lo olvidara, que supiera siempre que le pertenecía.
—No quiero herirte.
—No lo harás —dijo Miley con los ojos llenos de pasión.
Pero Nick no confiaba en sí mismo. Quería tomar de ella tanto como pudiera.
Con manos temblorosas la colocó encima. Ella lo miró con ojos sensuales. Luego se alzó ligeramente y lo dejó entrar en su interior.
Era la escena más sexy que Nick nunca había visto.
Miley, desnuda, con el pelo cayéndole por los hinchados pechos, y con el vientre redondeado por el embarazo. Sus azules ojos estaban fijos en él, como si fuera todo su mundo.
Nick estuvo a punto de explotar. Entonces vio la expresión de su cara. No era suficiente. Ella empezó a moverse con una ondulación tan voluptuosa que le hizo perder la razón. Luchó para aguantar un poco más. Quería que aquel momento durara siempre. En algún momento creyó oírla susurrar «te quiero».
Justo antes del amanecer hicieron de nuevo el amor, y Nick cayó en un profundo sueño.
Cuando se despertó de nuevo, estaba solo y el sitio de Miley se había enfriado. Oyó el vago sonido de una caja de música al otro lado de la puerta.
Se levantó deprisa, se puso unos vaqueros y la llamó.
—¿Miley?
—Estoy aquí —contestó ella un momento después con voz dubitativa—. En el cuarto del bebé.
Llevaba puesto su albornoz y estaba de pie en medio del dormitorio, escuchando una canción. Le dirigió una mirada triste.
—Ayer no pusiste una de las canciones. Edelweiss es una de mis favoritas.
—No pude encontrar una sobre narcisos —dijo Nick refiriéndose a la antigua comparación que había hecho de ella.
La sonrisa de Miley desapareció.
—Es preciosa. Son todas muy bonitas.
Nick respiró profundamente. Esperaba oír algún «pero» de un momento a otro, y sabía que no sería muy bueno.
—¿Te apetece que subamos a la balconada?
Miley desvió la mirada.
—Ahora no. Yo…
—Quieres desayunar —Nick hizo una afirmación en lugar de una pregunta.
—No.
Miley lo miró, y lo que él vio en sus ojos lo partió en dos. Ella tenía miedo.
Apretó la mandíbula y se acercó a ella.
—¿Qué ocurre?
Miley suspiró y meneó la cabeza.
—No lo sé. No estoy segura de que podamos… —estaba dudosa, no encontraba las palabras adecuadas—. Anoche, no debimos…
Nick se sintió herido y enfadado consigo mismo por importarle tanto que ella se marchara o no.
—No te estarás arrepintiendo de lo que ocurrió, ¿verdad, Miley? Nos conocemos desde hace mucho tiempo y demasiado bien para eso, ¿no te parece?
—No me arrepiento de nada. Anoche ocurrió algo maravilloso.
—Entonces, ¿qué es, Miley? ¿Cuál es el problema?
—No lo sé. No sé si podremos darnos el uno al otro lo que de verdad necesitamos.
La frustración afloró al rostro de Nick. Medio herido y medio enfadado, se enfrentó a ella.
—¿Qué pasa conmigo? ¿Qué echas de menos?
Ella abrió los ojos, sorprendida.
—Nada.
—Debe de haber algo. ¿Soy demasiado alto? ¿Demasiado bajo? ¿Demasiado moreno…?
—No, eres extremadamente atractivo y lo sabes. No estoy hablando de características físicas.
Nick enarcó las cejas.
—Entonces debe de ser mi carácter, mi personalidad. Tengo cambios bruscos de humor. Tengo demasiado dinero —dijo con sarcasmo.
—No —contestó ella—. Sé que tienes cambios de humor, pero eso me gusta. Lo que ocurre es que no sé si podremos conseguir que lo nuestro dure.
—¿Cómo puedo convencerte de que quiero que te cases conmigo? Tú y el niño pertenecéis a esta casa. Puedo manteneros y…
—El dinero no tiene nada que ver —dijo Miley con una expresión tensa en el rostro.
Él la miró y se sintió derrotado.
—Tienes razón. No es el dinero. Es la seguridad. La razón por la que no quieres quedarte conmigo es porque no soy una persona digna de confianza.
carambas ya confiesen que se aman no es tan dificil (eso creo)agg me frustran hehe me encanto el cap sube prontico cuidate.
ResponderEliminarwow me encantooo
ResponderEliminary ya porfa que no nos
estresen masss
Dios!!!!!!
ResponderEliminarComo mierda hay que hacerle para que se digan un puto "Te amo" !!!! 77'
Ok antes de que me enoje más bye c: