—¿Cómo está mi dormilona? —preguntó Nick a Miley, ofreciéndole una taza de café. Disfrutaban tanto en la balconada del tejado, que habían tomado por costumbre desayunar allí todas las mañanas.
Miley reprimió el impulso de arrugar la nariz. Por lo general, adoraba el olor y el sabor del café, pero últimamente nada le sabía bien. Alzó la mano y negó con la cabeza.
—No, gracias. Creo que tomaré un poco de zumo.
Nick se quedó mirándola.
—¿Te encuentras bien?
Ella sonrió y lo abrazó, preguntándose si habría llegado el momento de decírselo. Había estado esperando la ocasión propicia.
—Estoy bien. Pero no tengo hambre.
—Últimamente pareces muy cansada. Deberías aprovechar las vacaciones para dormir un poco más.
Miley asintió mientras divisaba un autobús escolar en el valle.
—Cierto. Me tienes agotada.
Nick le dio un pellizco suave.
—Es algo mutuo.
Miley le besó la mejilla y volvió a abrazarlo con fuerza. Luego señaló el autobús.
—La escuela pública ya ha empezado.
Él tomó un sorbo de café y asintió.
—Sí. Los chicos del campamento ya han terminado la casita del árbol y han escrito en ella sus nombres para la posteridad. Tuviste una idea excelente.
—Por algo soy psicóloga —dijo Miley sonriendo.
—Sí —convino Nick con un rictus cariñosamente burlón.
Miley procuró mantenerse serena, aunque el corazón le martilleaba en el pecho.
—¿Alguna vez has pensado en tener hijos?
Nick se puso rígido.
—Sí. Lo he pensado.
Ella contuvo la respiración.
—Y he llegado a la conclusión de que sería una idea horrible.
Miley sintió que el alma se le caía a los pies.
—¿Por qué?
—Soy el hombre de lata, ¿recuerdas? —respondió Nick con una sonrisa cínica, dándose un golpe en el pecho— No tengo corazón. Sería un padre nefasto.
—Eso no es cierto —protestó Miley— Eres un hombre muy compasivo. No sólo eso. Además, expresas tu compasión de forma práctica.
Nick hizo un ademán negativo y sonrió.
—Eso es lo que quieres hacerme creer.
—Lo único que intento es ponerte delante un espejo para que te veas tal como eres.
—Tú tendrás el espejo, pero yo tengo una bola de cristal, y no veo en ella la paternidad —le posó un beso en la frente— Pero no te preocupes, Miley. Soy muy cauteloso en ese aspecto.
Cinco días más tarde, Nick escuchó por enésima vez el mensaje que Miley había dejado en su contestador.
—«Hola, Nick. He decidido aprovechar el resto de las vacaciones para hacer un pequeño viaje. Sé que estás ocupado con la inauguración del nuevo restaurante, así que no me echarás mucho de menos. Ya hablaremos cuando regrese.»
Frunciendo el ceño, Nick cruzó de nuevo el estudio y volvió a activar el mensaje.
La voz de Miley parecía distinta. Tensa y, un poco áspera. Hablaba apresuradamente, como si quisiera huir. Aquella posibilidad lo molestó sobremanera.
Pero aún le molestó más descubrir que la echaba terriblemente de menos. Se había acostumbrado a despertarse con ella en los brazos. Se había acostumbrado a oír su risa, a contemplar el brillo de sus ojos.
Nick no trataba de engañarse. Sabía que Miley lo amaba. Si cualquier otra mujer le hubiese confesado algo semejante, no habría tardado en salir por la puerta. Si cualquier otra mujer le hubiera dicho que estaba enamorada de él, Nick habría sospechado de sus motivos.
Pero con Miley era distinto. Confiaba en ella. Quizá más de lo aconsejable.
¿Dónde estaba? ¿Por qué se había marchado de forma tan brusca?
La echaba de menos. Demasiado. La sensación de añoranza le oprimía las entrañas.
El reloj de la chimenea dio las diez. Si Miley llegaba a su casa tarde, no lo llamaría para no molestarlo.
Nick dejó escapar una risita ronca y salió en busca del coche.
Cuando vio el automóvil de Miley aparcado frente a su casa, sintió una sensación de alivio casi desconcertante. Aparcó el coche y llamó a la puerta.
Miley abrió enseguida. Llevaba un camisón y una bata.
—¿Cómo está la señorita trotamundos? —inquirió Nick, y sonrió al ver la súbita consternación que se reflejaba en el rostro de ella.
Miley meneó la cabeza y lo invitó a pasar.
—No me he ido a recorrer el mundo. Estuve en Cheyenne.
—¿Cheyenne? ¿A qué has ido allí?
—Tenía entendido que era un sitio muy tranquilo.
Nick la estrechó entre sus brazos, disfrutando de su aroma suave y limpio.
—Te he echado de menos —confesó— Debiste decirme que deseabas irte de viaje. Te habría acompañado.
—Estabas muy ocupado. Además, he pasado la mayor parte del tiempo durmiendo. Te habrías aburrido.
Nick volvió a percibir tensión en su voz, y se retiró ligeramente para mirarla. Tenía unas leves ojeras, y estaba más pálida de lo habitual.
—¿Estás enferma? —preguntó arrugando la frente.
Miley exhaló un suspiro y se retiró de él. Se abrazó a sí misma y caminó hasta el estudio.
—De momento, no.
Un hondo sentimiento de preocupación se adueñó de Nick. Corrió a su lado.
—¿Qué significa eso?
—Significa que tengo que hablar contigo, aunque esperaba hacerlo mañana.
Nick notó un pellizco en el estómago. No le gustaba en absoluto lo que acababa de oír.
—Será mejor que me lo digas ahora.
Ella se derrumbó en una silla y se cubrió el rostro con la mano.
—Siéntate. Lo necesitarás.
—¿Por qué?
—Siéntate, por favor —pidió ella con una impaciencia inusual.
Nick respiró hondo y se sentó.
—No me va a resultar fácil decírtelo —empezó a decir Miley, frotándose las sienes.
—Miley —la apremió él.
—Estoy embarazada.
Nick sintió como si acabaran de asestarle un golpe en la cabeza. Durante varios segundos fue incapaz de articular palabra.
—No.
—Sí —Miley reclinó la cabeza y miró hacia el techo.
—No es posible.
—Sí, lo es.
—Tomamos precauciones.
—Lo sé. Debieron de fallar en alguna ocasión.
—Sé que tomamos precauciones siempre. Siempre —Nick empezó a pasearse nervioso por la habitación— Suelo ser muy cuidadoso en ese aspecto.
—Lo sé.
Él se giró y la miró de frente.
—¿Estás segura de que es mío?
Miley abrió los ojos de par en par, dolida. Soltó una carcajada carente de humor.
—O es tuyo, o fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.
—Necesito que me digas la verdad. No puede ser mío —insistió Nick.
—Sólo puede ser tuyo. No obstante, si quieres hacer una prueba de paternidad…
Nick maldijo en voz alta. ¿Cómo había podido ocurrir algo así? ¿Por qué había permitido Miley que ocurriese? Una parte de él se rebeló contra aquella acusación injusta, pero se sentía demasiado furioso y dolido.
—Me preguntaste si quería tener hijos —dijo con la mayor tranquilidad de que pudo hacer acopio.
Miley asintió.
—Yo… —respiró hondo— Ya lo sabía, y tenía interés en ver cuál podía ser tu reacción.
—No quiero tener hijos.
—Ya es demasiado tarde.
—No, no lo es.
La mirada de Miley, se volvió fría como el hielo.
—Sí —dijo con una seguridad inamovible— Lo es.
Nick se sintió invadido por todas las emociones negativas que podía imaginar: dolor, desilusión, pérdida. Entornó los ojos. Otra vez lo habían engañado.
—Otra mujer me dijo que estaba embarazada de mí. Intentó engañarme para que me casara con ella, pero no lo consiguió. Ni tampoco lo conseguirás tú —le aseguró— No te pediré que te cases conmigo.
—Bien —respondió ella con una fortaleza asombrosa— Porque te habría contestado que no —se puso en pie, y su expresión lejana desgarró el corazón de Nick— Estoy cansada. Deseo que te marches ahora mismo.
Él se quedó mirándola, enojado consigo mismo, con Miley y con el mundo. ¿Por qué había ocurrido algo así? Todo había sido tan perfecto… Y, ahora, todo se había perdido.
En cuanto la puerta se hubo cerrado, Miley se dejó caer en el sofá. Jamás había experimentado una sensación de pérdida semejante. Tenía la garganta y el pecho tensos, y el corazón le dolía.
Debió haber tenido más cuidado, se dijo por enésima vez. No debió quedarse embarazada. Pero sabía que habían tomado precauciones en todo momento.
Los ojos empezaron a escocerle, y se enterró el rostro entre las manos. Se sentía tan sola, tan desamparada…
La imagen acusadora de Nick relampagueó en su mente. El corazón se le encogió. Sabiendo que él no deseaba tener hijos, debió haber previsto su reacción. Para eso se había ido a Cheyenne, para meditar a solas sobre el modo de decírselo.
En el fondo, no obstante, había albergado la esperanza de que todo fuese distinto. De que Nick estuviese tan enamorado de ella como ella lo estaba de él. De que pudieran ser felices, juntos, con su hijo.
La acometió una poderosa ráfaga de dolor. Nick le había hecho conocer una magia cuya existencia desconocía. Renunciar a él le dolía. Le dolía increíblemente. Dando rienda suelta a sus emociones, se echó a llorar.
—Oh, Nick —susurró entre lágrimas— ¿Por qué ha de salir todo tan mal?
Nick no logró conciliar el sueño hasta el amanecer. Antes de despertarse del todo, palpó las sábanas buscando a Miley. Abrió los ojos y sintió su ausencia como una puñalada en las entrañas.
Miley se había ido y jamás regresaría. La mente de Nick se inundó de recuerdos agridulces. Recordó su aroma, su sonrisa, su contacto. Los sentimientos que se reflejaban en su rostro cuando la poseía.
Pero también recordó que lo había engañado. Había sido un beep al pensar que Miley era distinta de las demás mujeres que habían pasado por su vida.
No deseaba que regresara, se dijo fríamente.
Retiró las mantas y se levantó. El sol del amanecer se filtraba radiante por las cortinas del dormitorio.
La vida seguiría, se dijo Nick mientras se metía en la ducha y abría el grifo a toda potencia. Quizá tardara un poco más de lo habitual, pero lograría olvidar a Miley Cyrus.
«Pero, ¿y el niño? », preguntó una vocecita en su interior.
Sintió que se le retorcía el corazón. Ya pensaría en eso más tarde. De momento, se concentraría en olvidar a Miley, y para ello se volcaría en sus negocios.
Durante la semana siguiente, Nick trabajó doce horas diarias. Por las noches, sin embargo, soñaba con Miley. Cada mañana se despertaba excitado, ansioso por contemplar su sonrisa y oír su voz. Cada mañana palpaba la cama, buscándola.
Conforme pasaron los días, Nick reflexionó más y más sobre lo ocurrido. ¿Y si algún preservativo había fallado y el hijo que esperaba era suyo? ¿Y si el embarazo había sorprendido a Miley tanto como a él mismo?
¿Podía abandonar a su hijo? La sola idea le producía ganas de vomitar. Después de haber visto el ejemplo de su padre, Nick jamás abandonaría a su hijo. Fuera cual fuese el precio.
Sentada en su despacho, Miley bebía un té de hierbas que en teoría debía proporcionarle paz y tranquilidad. Miró su reloj, agradeciendo que ya casi fuera la hora de salir. Dado que el semestre acababa de comenzar, eran pocos los estudiantes que acudían a última hora para pedirle ayuda.
Oyó que llamaban a la puerta.
—Adelante —dijo, y vio entrar a Nick. Miley casi se atragantó con el té. Tosió, tragó rápidamente y dejó la taza en la mesa— Qué sorpresa —logró decir.
Nick cerró la puerta y permaneció de pie, con las manos en los bolsillos.
—Me preguntaba cómo te iría —dijo.
Consciente de su intenso escrutinio, Miley resistió el impulso de arreglarse el cabello.
—El teléfono es ideal para eso, pero estoy bien. ¿Y tú?
—Bien —respondió Nick— Muy ocupado con el nuevo restaurante.
Sin saber si pedirle que se sentara o que se marchara, Miley dijo:
—Seguro que va muy bien.
—Sí —Nick se pasó la mano por el cabello— ¿Te ha visto algún médico?
Ella tragó saliva.
—Sí. Todo va perfectamente. Y estoy tomando vitaminas.
—Te he echado de menos.
«Yo también a ti», pensó Miley, pero no lo dijo. No podía decirlo. Se encogió de hombros.
—No sé qué decir. Dejaste bien claro cuáles eran tus sentimientos.
—En absoluto —murmuró Nick— Tu embarazo me pilló por sorpresa. He estado pensando, y he llegado a la conclusión de que quizá me dijiste la verdad. Quizá no querías echarme el lazo.
Miley notó que la sangre le hervía de indignación.
—Te dije la verdad —contestó— Y puedes estar seguro de que no intentaba echarte el lazo —cediendo a la frustración que la embargaba, se levantó y siguió diciendo—: Escucha, Nick. No quiero que me pidas que me case contigo. No deseo tu apoyo. Y, desde luego, no me importa nada tu dinero —tomó aliento y lo miró a los ojos—. Me las arreglaré sola. Tendré a mi hijo y lo criaré con amor. No te necesito a ti para hacerlo.
Él enarcó las cejas, sorprendido.
—¿Y si soy yo el padre?
Miley apretó los dientes, sintiendo que perdía los estribos.
—Tú eres el padre. Pero dado que no deseas tener hijos, podemos dar tu contribución por concluida.
Nick entornó los ojos y avanzó hacia ella.
—¿Y si he cambiado de opinión? ¿Y si deseo aceptar mis responsabilidades? —preguntó con un tono de voz decidido que estremeció a Miley.
Sorprendida, se sentó y luchó contra su confusión.
—No… no lo sé. Me dijiste que no deseabas tener hijos —dijo, incapaz de eliminar el tono acusador de su voz.
—La situación me pilló desprevenido. Necesitaba tiempo para hacerme a la idea.
Si había cambiado de opinión con respecto a su hijo, ¿habrían cambiado también sus sentimientos hacia ella? Miley cerró la puerta de inmediato a esa posibilidad. Si Nick no confiaba en ella, tampoco podría amarla.
—¿Estás diciendo que deseas este hijo?
Él respiró hondo y se pasó de nuevo los dedos por el cabello.
—Te seré sincero. No lo sé. Pero no quiero que mi hijo crezca sin padre.
A Miley le impactaron la confusión y el orgullo que se reflejaban en sus ojos castaños.
—Lo dices como si se tratara de una obligación.
—Se trata de una responsabilidad que cualquier hombre debe aceptar.
—No sé qué decir. Tendré que pensarlo.
Nick se inclinó sobre la mesa y la miró fijamente.
—Piénsalo cuanto quieras. Pero llevas a mi hijo en tu vientre. Y mi hijo conocerá a su padre.
Miley notó que el estómago le daba un vuelco al percibir el brillo decidido de sus ojos.
—Y piensa también en esto que te voy a decir —añadió Nick— Creo que mi hijo debe tener mi apellido. Igual que la madre de mi hijo.
El pánico se apoderó de Miley. Negó automáticamente con la cabeza y alzó la mano.
—Ah, no. No te negaré el contacto con tu hijo. Sería moralmente incorrecto. Pero no estamos en la Edad Media. No me casaré contigo para que nos pongas tu apellido a mí y al niño.
—Quiero que sea un hijo legítimo.
—No estoy dispuesta a casarme contigo por un anticuado concepto de la legitimidad. Hoy en día, las madres solteras constituyen un porcentaje bastante elevado de la población.
—Yo tuve una madre soltera. Sé lo que es. Conozco las carencias que padece un hijo en esas circunstancias.
Miley se mordió la lengua. No podía reprocharle a Nick su actitud.
—Mi caso es distinto del de tu madre —le dijo amablemente— Seguro que ella lo hizo lo mejor que pudo, pero mi educación y mi posición socioeconómica son distintas —notó una puñalada de dolor al recordar las acusaciones que Nick le lanzó días atrás— Es evidente que no me conoces —siguió diciendo— Porque mi caso también es distinto del de esa mujer que intentó engañarte para que te casaras con ella. En fin, supongo que eso ya no tiene remedio.
wow estuvo excelente el cap
ResponderEliminarsigue please
Hola!!!!
ResponderEliminarSooy una nueva seguidora y amo tu blog, me encantan las noveas que subes, me he leido todas hasta ahora, esta nove me enamoró a primera vista odsjsodjojd xDD Tambien te queria pedir que si podrias volver a subir la nove "Dulce castigo" que era increible y no está completa y me encantaria que subieras de esa :)
Bue... besis, cuídate, bye y sube lo más pronto posible porfas!!!! c: