—Hoy tenemos que apilar el heno, así que, no sé cuándo volveré. Si llego tarde no me esperes para cenar.
—Vale —parecía que llevaban mucho tiempo casados.
—Que tengas un buen día.
—Tú también.
Nick no se marchó. Se quedó allí mirándola.
Él tenía rasgos duros. Una barbilla adorable.
Ella quería que él la besara. Se sonrojó y bajó la vista para que Nick no leyera sus pensamientos.
Él rodeó la mesa.
—Ha sido el mejor desayuno de mi vida.
—Tendré que acordarme de que te gusta el bacón muy hecho.
—Acuérdate de algo más —y la besó.
Miley lo abrazó y le acarició la cabeza. Él la agarró por las caderas y continuó besándola.
—¡Maldita sea el heno! Si no me voy, Wally vendrá a buscarme. Igual se sorprende si nos encuentra haciendo el amor sobre la mesa de la cocina.
—Y no te digo lo que pensaría Ruth.
—Es culpa tuya por estar tan sexy por las mañanas.
—Eres un diablo —dijo Miley riendo—. Vete a trabajar.
—Miley recordó la historia que Nick le contó a Hannah y antes de que él se marchara le dijo—, no recuerdo que hubiera ningún príncipe cuando me llevé a esos pajaritos a casa.
—Estoy seguro de que sí había uno.
Ruth entró en la cocina.
—Habláis de las historias de Jane Donut. Hay un príncipe en todas ellas.
—Ya friego yo —dijo Miley.
—Deja, tengo mucha práctica.
—Gracias —Miley le dio un beso a Ruth—. Me voy a duchar antes de que Hannah se despierte. ¿Hay un príncipe en todas ellas?
—Supongo que ya que no pudo tener a la chica en la vida real, decidió tenerla en los cuentos.
En la ducha, Miley se alegró de no haber hecho el amor con Nick en la mesa de la cocina.
Hecho el amor. No sexo.
Miley no sabía cuándo había comenzado a amar a Nick. Demi tenía razón. Miley podía llenar su vida de amargura y venganza, o, podía olvidar el pasado y aprovechar la oportunidad.
Nick nunca sería un santo. Tenía defectos. Como ella. Eso no importaba. Lo que importaba era que Miley lo amaba. Habían discutido, pero, se habían reconciliado.
¿A quién le importaba el pasado si el futuro era tan prometedor? Ya no pensaba que casarse con Nick significara la vida perfecta. Habría momentos malos, pero, Nick estaría a su lado.
Él no la amaba. Miley lo tenía en cuenta. Ella lo amaba. Y amaba a Hannah. Sería suficiente para empezar.
Nick había insistido en casarse con ella y tendría que asumir las consecuencias. Tendría que aprender a amar a su esposa.
Alguien golpeó en la mampara de la ducha.
—¿Miley?
Miley vio a Hannah a través del cristal. Era la esposa de Nick, y por tanto, la madre de Hannah.
Agarró la toalla y salió de la ducha.
Ruth levantó la vista del fregadero y vio entrar a Nick.
—Llegas pronto.
—Hemos terminado antes de lo previsto. Le he dicho a tu marido que se tomara libre el resto del día, así que si quieres puedes ir a reunirte con él.
—Wally tendrá una cerveza en una mano y el mando de la tele en la otra. No somos recién casados, como otros…
Nick se rió. Nunca había podido engañar a Ruth.
Ella lo conocía desde que era pequeño. Kim quería despedirla, pero, Nick se negó. Ruth y él nunca hablaban de Kim. A Ruth le gustaba Miley. Mientras que a Kim la trató como si fuera una invitada, a Miley la trataba como a una amiga.
—¿Dónde está mi familia? —le encantaba decir eso.
—Miley se ha ido a Aspen y se ha llevado a Hannah.
—¿Se ha llevado a Hannah?
—¿Ocurre algo?
—No, no pasa nada —esa mañana Miley se había comportado de forma extraña. Le había preparado el desayuno. Nick no se preguntó por qué. Había tensión en el ambiente. Él creyó que era sexual—. Sólo que Miley no mencionó nada.
—Decidió irse cuando Hannah estaba desayunando. Llamó a la peluquería para pedir hora y le dijeron que podía ir esta tarde. Pensó que a Hannah le gustaría ir con ella.
—Ya sabes que no me gusta que Hannah vaya en coche sin su silla.
—Miley colocó la silla de mi coche —Ruth se quitó el delantal y lo colgó—. Volverán pronto. Miley no permitirá que le pase nada a Hannah. Ya sabe como librarse de los Taylor. No te preocupes.
—Tienes razón. Seguro que no pasa nada. Llegarán antes de que salga de la ducha.
«Hannah está segura con Miley», pensó Nick mientras se metía en la ducha. «Es igual que cuando Ruth se la lleva al supermercado». Él nunca se preocupaba cuando Hannah salía con Ruth.
No tenía ni idea de lo que Miley pensaba esa mañana. No tenía por qué preocuparse. No estaba preocupado. Estaba contrariado.
Miley tenía que haberle consultado antes de llevarse a Hannah. ¿Y si él tenía planes?
Sí, le había dicho a Miley que volvería tarde, pero… Ella podía haber pasado por donde él estaba trabajando y preguntárselo.
Llevaba al menos una hora paseando de un lado a otro del porche cuando vio llegar el coche de Miley. Hannah lo saludó desde el asiento trasero. Él bajó las escaleras y se acercó:
—¿Dónde habéis estado?
—En Aspen, ¿no te lo ha dicho Ruth? —dijo Miley. Al ver que ya se había cambiado de ropa preguntó— ¿Has llegado temprano?
—¡Papá! ¡Mira mi sombrero nuevo!
—Muy bonito —había bolsas en el asiento de atrás.
—¿Qué es todo eso?
—Miley y yo hemos estado de compras.
—¿Habéis comprado toda la tienda?
—Más o menos. Lo hemos pasado bien.
—Tengo unos zapatos amarillos y ropa nueva para la escuela.
—¿La escuela?
—La guardería —dijo Miley—. Una vez por semana.
—La guardería —repitió Nick.
—Voy a jugar y a cantar, papá.
—Nadie me ha dicho nada de la guardería.
De camino hacia la casa, Miley le dio un beso en la mejilla.
—Se me ha ocurrido de repente. Nos hemos encontrado con una amiga que trabaja en una muy buena. Ha admitido a Hannah a cambio de que yo trabaje allí los días que la llevemos. Será divertido.
—Miley y yo vamos a ir al colegio.
—Tenías que habérmelo consultado.
—Pensé que era mejor aprovechar la oportunidad antes de que Darla cambiase de opinión. La guardería está bien porque los niños se relacionan entre sí y cuando llegan a preescolar están más preparados. Sé que tú quieres lo mejor para Hannah.
—Quizá me gustaría decidirlo a mí.
—¿Ocurre algo? —preguntó Miley al entrar en la casa.
—No, sólo que soy su padre.
—¡Mira papá! —Hannah le sonrió—. Soy como Miley.
Nick se quedó mudo. Su niña. Le habían cortado su precioso cabello rojizo.
—No se me ocurrió que te importaría —dijo Miley. Nick se había tranquilizado lo suficiente como para disimular en la cena y acostar a Hannah.
—¿Cómo se te ocurre cortarle el pelo? Puedo pasar que la metieras en el colegio, pero, ¡cortarle el pelo! ¿En qué estabas pensando, Miley? Dímelo. ¿Qué clase de persona le rapa el pelo a una niña? Ya lo sé. Es tu manera de vengarte. No puedes olvidar el pasado.
—Nadie le ha rapado la cabeza.
—No conseguiste que perdiera a mi hija, así que has decidido robármela. Quieres convertirla en un doble tuyo en miniatura —Nick se dio la vuelta y miró por la ventana.
—No pretendía…
—Es mi hija, Miley. No la tuya. Yo le compro la ropa. Yo decidiré cuándo irá al colegio, o cuándo se cortará el pelo. ¿Entendido? Yo decido. Hannah no es tu hija.
—Entendido. Nunca será mi hija, ¿verdad? No comprendí lo que querías de mí. Pensé que querías que fuera la madre de Hannah. Me equivoqué —se dirigió a la habitación.
—¿Dónde vas?
—A hacer las maletas. Hoy no podré llevármelo todo, llámame cuando pueda venir a por el resto. Ya se lo explicarás a Hannah.
—¿Te marchas? —Nick la siguió arriba.
—Por supuesto que me voy —Miley sacó una maleta y comenzó a meter ropa.
—¿Por qué? Está bien, lo siento. Me he exaltado. Pero, ¿cómo le has cortado el pelo? Tenías que saber que no me gustaría.
—Si lo hubiera sabido, ¿por qué iba a cortárselo? No fue mi idea. Ella quiso cortárselo.
—Para parecerse a ti.
—¿Eso es lo que te molesta? ¿Que quiera parecerse a mí? ¿Estás celoso? ¿Te da miedo que me quiera más a mí?
—No seas tonta.
—Soy tonta, ¿no? Eso no tiene nada que ver. No confías en mí con respecto a Hannah. No importa lo que yo diga. Crees que quiero hacerle daño por lo que tú me hiciste. Da igual lo que yo haga, siempre te preocupará mi venganza.
—Yo no he dicho eso. Sólo he dicho que es mi hija y que creo que debías de consultarme antes de tomar decisiones.
Miley enfureció. Se quitó el anillo, lo lanzó encima de la cama y agarró la maleta.
Moonie y Amber la siguieron hasta la puerta.
—Si quieres, puedo encontrar otra mascota para Hannah.
—Déjalo. No necesitamos nada de ti.
—Lo sé —no iba a llorar. Allí no.
Ya en el coche, Miley llamó a casa de su familia. Contestó Worth.
Miley comenzó a llorar.
—¿Miley? ¿Qué ocurre?
—Me he ido.
—¿Estás en Aspen?
—De camino.
—Deja de llorar.
—No puedo.
—Deja de llorar. Ya llorarás cuando llegues a tu casa. Nos vemos allí.
Cuando llegó a su casa, Worth ya había llegado. Le abrió la puerta del coche, esperó a que saliera y la abrazó.
—Se habrá casado contigo por algo —dijo Greeley.
—Creía que tener una esposa le serviría para ganar la custodia de su hija. Y quería sexo.
—Me temo que puede conseguir el sexo que quiera sin tener que casarse con nadie.
—Nick Jonas, no. Tiene una hija. Imagínate si su hija lo descubre. Y no digamos si lo descubren los jueces.
—¿No crees que a lo mejor has sacado conclusiones muy rápido?
—Yo no las he sacado. Nick me empujó a ello. Tenías que haberlo visto, Greeley. Durante todo el tiempo era «su» casa, «sus» caballos, «su» hija. No ha dicho la palabra «nuestra» ni una sola vez.
—Hannah llamó ayer. Ruth la ayudó a marcar. Le preguntó a mamá que dónde estabas.
Miley apretó los labios. Lamentaba haber dejado a Hannah.
—Iba a marcharme tarde o temprano. Es mejor hacerlo así.
—Al menos podías llamarla.
—¿Y qué le digo? ¿Que me he marchado porque su padre tiene miedo de que la estrangule?
—Estás enamorada de él.
—¿Y qué?
—¿Se lo has dicho?
—¿Para qué? ¿Para que tenga algo más por lo que gritar?
—Tenías miedo de decírselo. Miedo de confiar en él.
—Pensaba hacerlo. Estaba esperando el momento. La confianza no tiene nada que ver con esto. Ya me ha despreciado antes ¿recuerdas?
—A ver. Estás enfadada con Nick porque no confía en ti, ¿no?
—No es lo mismo.
—Quieres decir que Nick tiene que confiar en ti y que un día de éstos tú confiarás en él.
—Si hubieses visto su cara. Yo nunca le haría daño a Hannah. ¿Cómo puede pensar eso? Le dije que cambié de opinión. Que intentaría que nuestro matrimonio funcionara. Él no se lo cree. No podía quedarme. Tenía que marcharme. Por Hannah. Por Nick. Por mí.
Nick no sabía por qué todo el mundo le echaba la culpa. Él no le había cortado el pelo a Hannah. Miley no contestaba el teléfono. Una de las veces, habló con Demi, pero dudaba que le hubiera dicho nada a Miley. Ruth no le hablaba y Wally era muy sucinto en sus intervenciones. Su madre no se creía que Hannah estuviese tan mal con el pelo corto y su padre le había dicho que era un beep.
Hannah estaba todo el día enfadada. Se quejaba de que echaba de menos a Miley, ¿Cómo le explicas a una niña que alguien no la quiere sólo por las circunstancias en las que nació?
Él había intentado olvidar que Miley admitió que no le gustaba Hannah. Quería olvidarlo porque la deseaba.
Nick no podía negar que Miley había sido sincera. Que había admitido que quería venganza.
¿Cómo podía culparlo por querer proteger a su hija de ella?
—No me gusta —dijo Hannah apartando el plato—. No voy a comérmelo.
—Los macarrones te gustan.
—Los odio. Miley no me haría comérmelos.
—Miley ya no está aquí.
—Quiero que vuelva.
Nick no tenía respuesta. Él también lo quería.
Si Miley intentara comprenderlo. Hannah era su hija. Él la había cuidado cuando estaba enferma, le había cambiado los pañales… Había nacido gracias a él y tenía que encargarse de que no le pasara nada.
Hannah puso los pies encima de la mesa.
—¿Qué estás haciendo, jovencita? Y no me digas que Miley te dejaba poner los pies encima de la mesa.
—Tengo los dedos muy feos.
Nick se dirigió hacia ella. Le agarró los pies y dijo:
—No son feos, pero no tienen que estar en la mesa.
—Son feos. Quiero que Miley me pinte las uñas. Nick le miró los pies. Las uñas ya casi no tenían esmalte.
—Tengo una idea. ¿Por qué no te las pinto yo?
—Miley se llevó el esmalte.
—Podemos comprar más.
—No quiero más. Quiero el de Miley.
Sube mas porfass!! Esta muuyyy interesante me ENCANTA esta nove :)
ResponderEliminarPobre Nick, sé que este sufrimiento, pero es tan terco!
ResponderEliminarla novela es perfecta, siguela!
um beso!
nick es un terco obstinado
ResponderEliminary pobre miley , todo por que nick no confia en ella...
me encanto porfaaa