—La enfermera la llevó al baño para que yo pudiera hablar con Miley. Fui tonto al pensar que estaría preocupada —dijo Nick sin apartar la vista de Miley.
—Aquí estamos —dijo la enfermera con tono animado mientras entraba con Hannah en la sala de espera.
Nick le dio las gracias a la enfermera y tomó en brazos a su hija.
—Mira, Miley, el médico me ha puesto una escayola. Me duele el brazo.
—Lo siento —dijo Miley sintiéndose muy mal.
—Vamos a casa, cariño —le dijo Nick a su hija.
—Dijiste que me comprarías un helado. A Miley también —Hannah miró a Greeley—, ¿Y tú quién eres?
—Soy la hermana de Miley. Me llamo Greeley.
—¿Quieres un helado?
—No, gracias. Moonie puede comerse el mío.
—Papá, a Moonie le gustan los helados.
Miley miró a Greeley con cara de pánico mientras ella se volvía hacia la puerta.
—Tienes que llevarme a casa de Nick. Me dejé allí el equipo y dejé a Copper en el picadero. Nick tenía que cuidar de Hannah mientras yo conducía su camión.
—Yo te llevaré —dijo Nick—. No tiene sentido que Greeley conduzca hasta allí, si yo voy para allá.
Miley respiró hondo.
—Tienes razón. Gracias por cuidar de Amber y Moonie, Greeley —ella la miró dubitativa y Miley asintió. No es que quisiera irse con Nick, pero encerrado en el camión, él tendría que escucharla.
Moonie se volvió loco cuando los vio salir del hospital. Greeley abrió la puerta de su camioneta y el galgo salió corriendo.
—El perro no viene con nosotros —dijo Nick.
—Quiero que venga Moonie —gimoteó Hannah—. Es mi amigo.
—No le hará daño. Es muy tranquilo —Miley le ordenó que se sentara y él obedeció.
Nick metió a Hannah en la silla de niños que estaba en el asiento trasero de la camioneta. Hannah volvió a decir:
—Quiero a Moonie.
Miley soltó a Moonie, el perro se metió en el camión y se tumbó apoyando el hocico en la pierna de Hannah.
—Ponlo delante contigo —dijo Nick.
—Quiero que venga conmigo.
—Quizá así se olvide de su brazo —dijo Miley.
Nick le echó una mirada fulminante a Miley pero no dijo nada más sobre el perro. Hannah se quedó dormida poco antes de que salieran a la autopista, tenía la mano apoyada sobre Moonie.
Mirando hacia delante, Miley dijo:
—Parece que se ha dormido. El helado tendrá que tomárselo otro día.
Sin hacer caso de sus palabras, Nick giró cerca de Castle Creek y se alejó de Aspen.
Miley tenía que hacerlo. Respiró hondo y dijo:
—Sobre lo que has escuchado antes, me gustaría…
—No me interesa. Cuando lleguemos, guardas a tu perro y a tu caballo y te marchas. Si me ves por la calle, no te molestes en saludarme. Yo haré lo mismo.
—Si dejas que te explique —le tocó el brazo.
Él se sobresaltó, movió el volante con brusquedad y blasfemó, después volvió a tomar el control del camión. Minutos más tarde dijo:
—No me toques, y no digas nada más. Si no, te vas andando. Así que cállate.
Su negativa a escuchar enfadó a Miley.
—No pienso callarme, y no me vas a dejar tirada en ningún sitio. Ya lo hiciste justo antes de la boda. Así que por lo menos, tienes la obligación de escucharme.
—Venga, habla. Suéltalo.
—No sé qué es lo que escuchaste en el hospital.
—Lo suficiente como para saber que culpas a una niña inocente. Maldita seas, Miley, mi hija no tiene la culpa de lo que ocurrió. ¿Cómo puedes culparla de haber nacido?
—¿Cómo pudiste hacerme lo que me hiciste?
—Es por eso, ¿verdad?
—Esto no tiene que ver con nosotros. Tiene que ver con tu hija, me avergüenzo de haber rechazado, de haber odiado a una niña que ni siquiera conozco. Esta tarde, cuando Hannah estaba tan orgullosa de ser buena… —Miley se mordió el labio y miró por la ventana, después continuó—. Parecía tan poca cosa y era tan valiente… Lo que pensé y dije… no tiene excusa, y sé que probablemente no haya nada que pueda decir para convencerte, pero siento de veras lo que le pasó a Hannah.
Miley no esperaba que Nick reaccionara ante su disculpa. No podía culparlo por su enfado. Ella había dicho cosas horribles. Odiaba como se había comportado. ¿Cómo pudo haber centrado toda su ira y su dolor en una niña pequeña? Si por lo menos pudiera convencerse a sí misma de que inconscientemente no había deseado que Hannah desapareciese del medio.
Miley miró por la ventana. En el cielo aparecían las primeras estrellas. Nick y ella solían tumbarse en una pradera a observar el cielo. Él intentó enseñarle los nombres de algunas estrellas y constelaciones, pero nunca consiguió aprendérselas porque él siempre acababa besándola.
Sus labios eran cálidos y excitantes.
Ella conocía la mandíbula de Nick a la perfección. Sabía qué se sentía al pasar la lengua por la hendidura de su barbilla. Reconocía el sabor de su piel. Miley cerró los ojos mientras su cabeza se llenaba de recuerdos. Habían pasado cinco años y era capaz de recordar el tacto y el sabor de su boca como si acabara de besarla cinco minutos antes.
Nick detuvo el camión frente a su casa.
—¡Maldita sea! —dijo golpeando el volante—, ahora no.
Miley vio que había un coche aparcado allí.
—¿Tienes visita?
—No exactamente —respiró hondo y abrió la puerta—. Despierta, cariño. Estamos en casa.
Bajó del camión y se apresuró a abrir la puerta de la casa. Moonie entró con ellos.
—¡Déjame! ¡Vern! ¡Quítamelo! ¡Vern!
Los gritos provenían de la casa.
El galgo estaba sentado y miraba con curiosidad a la mujer que estaba de pie encima del sofá haciendo aspavientos para ahuyentar al perro.
—Siento que te haya asustado —dijo Miley—. No hace nada. Es muy bueno. Moonie, ven aquí.
El perro miró a la señora una vez más y corrió hasta donde estaba Miley.
—Un perro tan grande debía de estar atado —le dijo la señora a Miley—. ¿Y tú quién eres?
—Miley Cyrus—en vista de que Moonie había asustado a la mujer, Miley toleró su comportamiento.
La mujer se volvió para mirar a Nick, ignorando a Miley. Cuando vio el brazo de Hannah dijo:
—¿Te ha mordido el perro, niña mía?
—Me he roto el brazo, abuelita Taylor —contestó Hannah orgullosa.
«¿Esta mujer gorda y maleducada es la suegra de Nick?», pensó Miley.
—¿No nos vas a presentar?
—Miley —dijo Nick con desgana— ésta es Edie Taylor.
Antes de que Miley pudiera contestar, apareció un hombre corpulento.
—¿Por qué gritas? Ruthie no sabe nada —al ver a Nick dijo—, ¿dónde os habíais metido?
—Me he roto el brazo, abuelo Taylor.
—Hola, Vern. Me alegro de verte.
Miley notó que Nick lo decía con sarcasmo. Le pareció que nadie más se había dado cuenta.
—¿No oíste que te llamaba, Vern? Cada día estás más sordo. El perro podía haberme comido y tú ahí en la cocina sin enterarte.
—Edie, Ruthie se empeñó en que probara su pastel de zanahoria, no iba a decirle que no ¿no crees?
—Dile a Nick a qué hemos venido.
—Ya sé para qué venís —dijo Nick—, y podéis olvidarlo. Un niño tiene que estar con su padre.
¿Los padres de Kim querían llevarse a Hannah? Miley vio cómo Hannah se abrazó más fuerte a su padre. Miraba a Nick y luego a sus abuelos, una y otra vez. Era evidente que sentía la tensión que había en la habitación. A Miley le dolía el corazón sólo de pensar en la pequeña. Los abuelos deberían de saber que cuando un niño pierde a su madre, lo que teme es que el padre también desaparezca. Hannah necesitaba a Nick.
—Vern tiene algo que decir al respecto.
—Tendrá que esperar, Hannah aún no ha cenado.
—Nick llevó a la niña a la parte trasera de la casa.
Los Taylor se sentaron en el sofá dejando claro que no se marcharían hasta que no hubieran dicho lo que tenían que decir.
Miley no tenía nada que hacer allí. Los abuelos maternos de Hannah no eran asunto suyo. Se habría marchado si cualquiera de los dos se hubiese preocupado por el brazo roto de la pequeña. Ninguno de los dos se acercó a darle un beso a su nieta. Le daba igual lo que ocurriera entre Nick y los padres de Kim, Miley se aseguraría de que Hannah tuviera lo que necesitaba. Se lo debía.
Nick regresó al salón.
—Ruth le va a dar de cenar. Te lo diré por última vez, Edie. Hannah es mi hija y se queda conmigo.
—Aquí vivís muy lejos —dijo Edie—. Lo que necesita es vivir en una ciudad donde pueda ir a la escuela.
—Es muy pequeña para ir al colegio —dijo Nick.
—No hay razón para que no actuemos como personas civilizadas. Sólo queremos lo mejor para ella. Mi niña necesita una madre, y como no la tiene, una abuela. Si la quisieras tanto como dices, dejarías que la criara yo.
—Agradezco tu preocupación —dijo Nick—, pero Hannah se queda conmigo.
—No puedes ocuparte de ella tú solo —dijo Vern.
—Ruth me ayuda.
—Ruth —repitió Edie—. No sirve de mucho.
—Bueno, Edie. Ruth hace un pastel de zanahoria muy rico.
—Ruth cuida muy bien a Hannah —dijo Nick.
—Mi pobre niña se ha roto un brazo. No sé cómo le ha podido pasar.
—Me parece que nadie se ocupa mucho de ella —dijo Vern.
—Se ha caído de un columpio.
—Eso es lo que tú dices. Sabemos lo mal que tratabas a Kim —soltó Edie.
—Ya te lo he dicho. No voy a discutir contigo acerca de mi matrimonio, y Hannah se queda conmigo. Se acabó el tema.
—No, no se acaba aquí. Díselo, Vern.
—Hemos hablado con un abogado. Dice que no está bien que tú te quedaras con todo cuando Kim murió porque nunca escribió un testamento. Seguro que nos habría dejado algo a nosotros.
—Os dije que os llevarais lo que quisierais y os di el dinero que había en su banco.
—No era mucho para ser la mujer de uno de los rancheros más importantes de la zona. Algo de ropa, algunas tonterías y unos dos mil dólares.
—A Kim no le gustaba ahorrar.
—Ella decía que eras un tacaño. Le dijimos que se divorciara. Los tribunales le habrían dado la razón. Supongo que tuviste suerte de que se matara —añadió Edie con rencor—. Quizá ella te dijo que iba a marcharse y que se llevaría a la niña. Igual Vern y yo deberíamos contratar a un detective privado para que investigase ese supuesto accidente.
Miley nunca había sospechado del accidente de Kim Taylor. La mujer de Nick se mató porque se saltó un stop y se chocó contra un camión.
—Es nuestro dinero —dijo Vern.
—Claro que sí. Díselo, Vern.
—El abogado dijo que podíamos obtener la custodia de la niña.
Edie Taylor le echó una mirada triunfal a Nick.
—Kim nos contó cosas. Sabemos lo que pasaba. Y ahora la niña se ha roto el brazo. El juez nos hará caso, créeme.
—Soy su padre. Hannah se queda conmigo.
Miley notó tensión en la voz de Nick. Igual que en la expresión que puso cuando Edie Taylor hizo el cometario acerca de que ella sabía lo que había ocurrido. Miley no se imaginaba qué quería decir con eso. Nick lastimaría a una mujer, estaba claro que él sí sabía a qué se refería.
—No seas beep, Jonas —dijo Vern—. Si por lo menos pensaras casarte y darle una madre a la niña.
Miley miró a Vern Taylor sorprendida. Mary Cyrus decía que las respuestas se encuentran en los lugares más insospechados si uno está un poco atento. Miley recordó que no era mucho mayor que Hannah cuando se preguntó si su madre se iría para no volver. Como lo había hecho su padre. Con pocas palabras, podría desquitarse de las cosas horribles que había sentido hacia Hannah. No ayudaría a Nick, pero sí a su hija. La niña necesitaba a su padre.
Se acercó a Nick y le agarró el brazo.
—Creo que es hora de que les contemos nuestros planes. En vista de que están realmente preocupados por Hannah.
Nick observó la falsa sonrisa de Miley y dijo:
—Díselo tú.
—Está bien —Miley miró a los Taylor y dijo—, Nick y yo vamos a casarnos —Nick tensó los músculos al oírlo.
—¡Casaros! —Edie y Vern dijeron al unísono.
—Nunca dijiste nada de que te ibas a casar —añadió Edie en tono acusador.
—Lo hemos decidido esta noche mientras volvíamos del hospital —dijo Miley—. Como usted dijo, señora Taylor, Nick necesita una madre para Hannah.
—Siempre dices que estás muy ocupado con el trabajo, ¿de dónde has sacado tiempo para conocer a esta mujer? —preguntó Edie.
—Nuestras familias son amigas desde hace años —contestó Miley rápidamente—. Nick y yo no nos veíamos desde hace años, y cuando nos vimos en la boda de mi hermana, bueno… —se las arregló para mirar a Nick de forma amorosa.
Él la miró pensativo y dijo:
—Bueno, ahora que ya lo saben, vamos a cenar con Hannah. Me muero de hambre.
—¿Cuándo os casáis? —preguntó Edie.
—Todavía no lo hemos decidido —contestó Miley.
—Miley, podemos decírselo. La boda es el lunes.
Miley lo miró sorprendida. ¿No se daba cuenta de que la única razón por la que dijo que se iban a casar era para darle la oportunidad de defenderse de los Taylor? No pensaba casarse con él.
—No veo por qué tenéis que daros tanta prisa —dijo Edie—, ¿también está embarazada?
Miley se quedó boquiabierta.
—Estamos locamente enamorados —contestó Nick. A ella le hubiera gustado darle una patada en la espinilla—. Miley no quiere agobiar a su madre con otra gran boda justo después de la de su hija mayor. Será una boda familiar. Estáis invitados, por supuesto. Os llamaré para deciros los detalles.
A Miley le entraron ganas de asesinar a Nick. Cuando llegara el lunes y no se celebrara la boda, los Taylor se enterarían de que todo era un engaño y lo utilizarían en su contra para conseguir la custodia de Hannah. ¿Qué le pasaba a Nick? Solía ser más inteligente.
—Tenemos cosas que hacer —dijo Edie—. Vámonos, Vern.
—Un momento —dijo Nick con voz fría—. Miley no está embarazada, pero aunque lo estuviera, no es asunto vuestro. Como me entere de que vais diciendo mentiras por ahí acerca de ella, nunca más seréis bien recibidos en esta casa. ¿Entendido?
Salieron dando un portazo.
Por un momento Miley olvidó su propia queja.
—¿Qué clase de abuelos son? Ni siquiera se han molestado en despedirse de Hannah. Ningún juez en su sano juicio les daría la custodia —dijo esto y se acordó del padre—. ¿Y qué es esa tontería de que la boda es el lunes? Sabes muy bien que no vamos a…
—Primero vamos a cenar —interrumpió Nick—, Ruth ha preparado suficiente. Después llevaré a mi pequeña lesionada a la cama y luego hablaremos.
«Lesionada. ¿Y de quién era la culpa?», mientras seguía a Nick hasta la cocina, Miley experimentó en su estómago una sensación de desasosiego que no tenía nada que ver con el hambre.
Miley se fue al piso de abajo y dejó que Nick acostara a su hija. Hannah había insistido en que Miley los acompañara arriba. Miley aceptó porque se imaginó que con el brazo escayolado, la pequeña necesitaría más ayuda. Pero Nick demostró arreglárselas perfectamente.
Sentada en el sofá, observó el salón de la casa mientras acariciaba la cabeza de Moonie. No había estado en esa casa desde hacía cinco años, pero todo estaba igual. Kim Taylor alteró la vida de Miley y de Nick, dio a luz a una hija, pero desde luego no dejó huella alguna en la casa donde vivió su corto matrimonio. La habitación tenía los mismos muebles y en las paredes colgaban las mismas fotos.
Sólo había cambiado una cosa. Miley ya no deseaba vivir allí el resto de su vida.
—Gracias por acompañarla hasta la cama. Te pido disculpas por cómo se comportó en la mesa —Nick se sentó en un sillón de cuero—. Suele ser una niña buena. Le dolía el brazo y hemos cenado demasiado tarde. Intento no mimarla, pero puede que muchas veces la deje hacer lo que quiere. Edie tiene razón, necesita una madre.
—No.
—Todos los niños necesitan una madre.
—No, no me voy a casar contigo pasado mañana. Me da igual que tengas que criar a una docena de niños sin madre.
Nick miró a Moonie.
—Supongo que éste es uno de esos galgos que la gente adopta para que no los sacrifiquen. ¿Era demasiado lento o demasiado viejo?
—Demasiado lento. Dijiste que después de cenar hablaríamos de lo que les dijiste a tus suegros, así que habla.
—Estamos hablando. ¿Cómo está aquel labrador negro? ¿Cómo se llamaba? ¿Shadow? Aquel que apareció en Double Nickel con una cadera rota y muerto de hambre.
—Está viejo. Casi sordo, pero lo lleva bien. Eso sí, pasa casi todo el día tumbado al sol. Si no quieres hablar del tema, perfecto. Yo no tengo nada que decir, aparte de que no pienso casarme contigo.
Nick apoyó la cabeza en el respaldo y cerró los ojos.
—Juraría que les dijiste a Edie y a Vern que lo harías.
Parecía que estaba rendido. A ella no le importaba.
—La única razón por la que he dicho que me iba a casar contigo ha sido para estropearles los planes.
creooo que va haber boda prontooo
ResponderEliminarporfa siguela
haha no le quedara de otra a Miley que casarse ya vez x intentar ayudar aun que t veneficiara hehe me encanto el cap sube pronto cuidate.
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